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José Saramago

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BIOGRAFIA

1922-José de Sousa, más conocido por José Saramago, nace en Azinhaga, Ribetejo (Portugal) en una familia de labradores y artesanos.

-Fue A la escuela en Lisboa

-Cursó los estudios de Secundaria, pero no pudo acabarlos a causa de las dificultades económicas de sus padres

1939-Su primer empleo fue el de cerrajero mecánico, aunque más adelante también ejerció de diseñador, funcionario de la salud y asistente social (importante en el origen de su ideología comunista),editor, traductor y periodista.

-Durante doce años trabajó realizando funciones de productor literario y director de una editorial

-Colaboró en la revista Seara Nova como crítico literario

1972-Participó en la redacción del periódico Diario de Lisboa como comentarista de política y coordinando el suplemento cultural

1975-Entre los meses de abril y noviembre ocupó el cargo de director adjunto del Diario de Noticias

1992-Premio Internacional Literario Mondello (Palermo)

1992-Premio Literario Brancatti (Sicilia)

1993-Premio Vida Literaria de la Asociación Portuguesa de Editores (APE)

1993-Desde este año vive en Lanzarote (España) tras un serio disgusto con el Gobierno de Portugal, por el veto que le impuso a la presentación de "El evangelio según Jesucristo" al Premio Literario Europeo

1995-Premio Consagración de la Sociedad Portuguesa de Autores (SPA)

1998-Premio Nobel de Literatura

OBRAS

1977-"Manual de pintura y caligrafía"

1980-"Alzado del suelo"

1982-"Memorial del convento"

1983-"Casi un objeto"

1985-"El año de la muerte de Ricardo Reis"

1986-"La balsa de piedra" (Novela)

1989-"Historia del cerco de Lisboa" (Novela)

1991-"El Evangelio según Jesucristo" (Novela)

1996-"Ensayo sobre la ceguera"

1997-"Cuadernos de Lanzarote"

1998-"Todos los nombres"

0000-"Viaje a Portugal"

0000-"El libro de las tentaciones"

0000-"Os poemas possiveis" (poesía)

0000-"Provavelmente alegria" (poesía)

0000-"Las maletas del viajero" (crónica periodística)

0000-"Que farei com este livro?" (Teatro)

0000-"A segunda vida de Francisco de Assis" (Teatro)

1993-"In nomine Dei" (Teatro)

2000-"La caverna"

2002-"El hombre duplicado"

 

 

Su visita a Acteal hace un par de semanas dejó al escritor portugués afincado en Lanzarote hondamente impresionado. Éstas son sus impresiones, narradas en primera persona.

He visto el horror. No el que hemos observado en lugares como Bosnia o Argelia. No. Éste es otro tipo de horror. Estuve en Acteal, en el mismo lugar de la matanza... escuchando a los supervivientes. Es difícil expresar lo que se siente cuando uno sabe que se encuentra con los pies sobre el mismo lugar donde hace tres meses asesinaron a estas personas.

Me imaginaba la escena... La gente tratando de escapar... los paramilitares disparando a discreción... las mujeres y los niños gritando, huyendo entre la maleza... el lamento de los heridos...

En Chiapas se vive una situación de guerra o una ocupación militar, que al final es casi lo mismo. No es una guerra en el sentido común, con un frente y dos partes confrontadas. Yo nada más he visto una parte confrontada: el Ejército y los paramilitares. La otra parte, las comunidades indígenas, no están enfrentándolos, no tienen medios. Están rodeados, no tienen comida ni agua... Viven en condiciones infrahumanas. Son casi campos de concentración. No los reunieron allí a la fuerza, es cierto, pero cuando huyeron a esos lugares (se refiere a los campos de refugiados) los rodearon los paramilitares y el Ejército. Entonces esos campamentos se convirtieron en una especie de campo de concentración.

Si alguna vez hubo en la historia de la humanidad una guerra desigual, no la hubo nunca como ésta. Es una guerra de desprecio, de desprecio hacia los indígenas. El Gobierno esperaba que con el tiempo se ¡acabaran! todos, simplemente eso.


"Me llevo no sólo el recuerdo, me llevo la palabra misma... la palabra Chiapas no faltará ni un solo día de mi vida"


Pero ellos sobreviven, alimentándose de su propia dignidad. No tienen nada, pero lo son todo. Enfrentan la guerra con ese estoicismo que me impresionó tanto, un estoicismo casi sobrehumano que no aprendieron en la universidad, que consiguieron tras siglos de humillación. Han sufrido como ninguno y mantienen esa fuerza interior, una fuerza que se expresa con la mirada... La mirada de ese niño al que le han destrozado para siempre la vida... (Saramago conoció al pequeño de cuatro años Gerónimo Vázquez al que los paramilitares amputaron cuatro dedos en Acteal) Es algo que no se me borrará jamás de la memoria... Las miradas serias, severas, recogidas de las mujeres, de los hombres... son algo que está por encima de todo. Los indígenas no tienen nada, pero lo son todo. ¿Cómo es posible que después de tanto sufrimiento ese mundo indio mantenga una esperanza? ¿Cómo puede sonreír ese hombre de Polhó que nos acaba de decir "mañana puede que nos maten a todos, pero bueno, aquí estamos"? Es algo que no alcanzo a entender.

En Chiapas encontré un mundo que no comprendo. El mundo indio es un mundo donde el europeo no puede entrar fácilmente. Es como si me asomara a una ventana que da a otro mundo y, aunque lo tengo enfrente, no lo puedo entender.

También descubrí otra realidad, la de un territorio ocupado militarmente. Un territorio donde los paramilitares y el Ejército son la uña y la carne juntas. Por una razón muy sencilla: de no ser así, los paramilitares no podrían haber hecho lo que hicieron y lo que siguen haciendo. Yo vi camiones del Ejército transportando a civiles que seguro no viajaban allí por la amabilidad de los militares. Minutos después de que abandonáramos Acteal hubo un acto de intimidación e hicieron hasta 30 disparos al aire. Esto sólo puede ocurrir si el Ejército da su bendición. Nada más fácil para el Ejército que identificar a los paramilitares y desarmarlos.

Me parece esquizofrénico que el Congreso pueda estar debatiendo una ley (el Proyecto de Ley sobre Autonomía Indígena propuesto por el ejecutivo) supuestamente para resolver los problemas de las comunidades indígenas, como si fuera una ley normal, en situaciones normales para objetivos consensuados, cuando al mismo tiempo hay miles de desplazados que no pueden volver a sus tierras, con miedo a ser asesinados, mientras hay una ocupación militar clara en el territorio de Chiapas. Y mientras los paramilitares se pasean tranquilamente y hacen lo que quieren.

¿Cómo es que no se empieza por pacificar la situación para después discutir una ley donde participen todos los sectores y todas las comunidades?

Todo se ha hecho sometiendo a los indios de Chiapas a una presión incalificable y esto no puede llamarse humanidad.

El pueblo de México tiene que reclamar a su Gobierno una paz justa y digna. Yo no puedo, sólo soy un escritor extranjero acusado de injerencia. El pueblo mexicano no puede quedarse parado, dejando que los gobernantes lo decidan todo, hay que bajar a la calle... no estoy pidiendo un levantamiento sino simplemente que las conciencias se manifiesten... estoy pidiendo una insurrección moral, desarmada, étnica...

Acteal es un lugar de la memoria que no puede de ninguna manera desaparecer. Sabemos lo que ocurrió y no lo queremos olvidar. Chiapas es el cuerpo de México. La sociedad civil debería admirar no sólo a los indios sino a los que se levantaron para defender a esos mismos indígenas.

De Chiapas me llevo no sólo el recuerdo, me llevo la palabra misma... Chiapas... La palabra Chiapas no faltará ni un solo día de mi vida. Si tenemos conciencia pero no la usamos para acercarnos al sufrimiento ¿de qué nos sirve la conciencia? Volveré a Chiapas, volveré".

El laberinto y su metáfora

Manuel Vázquez Montalbán

El Premio Nobel por fin premia a un escritor en lengua portuguesa, un escritor difícil, reñido con lo literariamente correcto y que ahora, más que nunca, necesita presentación para escapar del imaginario construido por los tópicos, como si se tratara del fumetto de un cómic. El imaginario Saramago reproduce a un escritor tardío, como Buffalino o Camileri, periodista y comunista, nacido a la sombra de la estética de Pessoa en El año de la muerte de Ricardo Reis, constructor de utopías irónicas imposibles en La balsa de piedra, interpretada como una parábola antieuropeísta, ejemplo de escritor comprometido con la literatura y con la ideología, pero poseedor de esa verdad literaria que no depende de la ideológica. Ensayo sobre la ceguera introduce en el Saramago actual, en busca de un discurso en el que Vida, Historia y Muerte se hacen parsimonia expositiva, como si el escritor se autoconcediera un tiempo sin límites de exposición literaria, en contradicción con los límites biológicos e históricos. Puede decirse incluso que Saramago parece alejarse de la esperanza laica, de la Historia, del optimismo histórico pero forcejeando, tratando de no rendirse ante la tendencia al pesimismo biológico. Todos los nombres me parece una de las obras más reveladoras de la relación ética-estética en el actual Saramago. Vida, mundo, tiempo, espacio encuentran en esta novela el plutónico referente del archivo donde todo está escrito

Escenografía

El protagonista busca y rebusca en la geometría hilada del archivo de la Conservaduría General del Registro Civil concebido como un universo de archivos o como el universo archivado, materialización de la relación del espacio con el tiempo, el uno y el otro embalsamados. Si para Borges el Universo era o merecería ser una Biblioteca, Saramago nos propone que sea la Conservaduría General del Registro Civil con dos sujetos dominantes: el jefe y don José, el llamable probo funcionario, de la estirpe de los funcionarios decimonónicos pasado por la náusea del autodidacta y la indeterminación de Josep K. Saramago se recrea en la reconstrucción de una novela de oficinistas en atmósfera decimonónica, como buscando una escenografía falsamente naturalista, una escenografía enterrada, sepultada, prekafkiana, uno de los mayores logros del libro. Si en la novela ensimismada de los años sesenta y setenta los protagonistas tardaban 30 páginas en subir una escalera y 40 en abrir una ventana, en Todos los nombres don José tarda 40 en abrir una carpeta, desde la íntima satisfacción de propietario de la memoria de las vidas de todos en sus datos más obvios. El lector se ve sometido a la intriga del desvelamiento esperado y asume la aproximación hasta que llega a la luminosidad de la noticia de una mujer que va a llevar a don José y al lector fuera del Registro, tal vez con la esperanza de salir del laberinto. Ya hay que decir que si la metáfora del mundo es la Conservaduría, el laberinto es la de la vida. Tal vez esa mujer que llama a don José desde la sustancia misma de un papel enmohecido, sea Ariadna ofreciéndole el hilo redentor. El laberinto interior está separado del exterior por la piel, pero Valery escribió que lo más profundo en el hombre es la piel. Don José, Saramago mismo, piensa que no tomamos decisiones, sino que las decisiones nos toman a nosotros. He aquí la primera presencia de Beckett: "Esto no es moverse, esto es ser movido". En sus recorridos en pos de la construcción de una mujer real, don José la está deconstruyendo, porque la indagación le llevará a la muerte, dentro de los dos hemisferios separados de la Conservaduría de Registros, el de los muertos y el de los vivos. El jefe, sabedor de todas las pequeñas, angustiosas transgresiones que don José ha tenido que perpetrar para atravesar el sutil tabique que separa la vida de la muerte, le propone contemplar los dos hemisferios como uno solo. En una patética escena casi final, la indagación le permite escuchar la voz de la mujer buscada en una banal grabación de contestador telefónico. El protagonista confiesa haberse quedado sin pensamientos y la voz de la cinta es la segunda aportación de Beckett, el referente de La última cinta. La vida está grabada, sólo grabada, y apenas tiene sentido alrededor de esa voz. Novela de intriga morosa al paso lento de un funcionario. Novela, literatura de amor, toda la de Saramago, por encima de lo sensorial y los cuerpos concretos: se trata de construir un mito emocional con la parsimonia de un burócrata incapaz de asumir que su angustia se llama angustia. O el lector asume ese tiempo moroso, identificación de la relación del tiempo y el espacio embalsamados, o no entrará en el laberinto y su metáfora. Le han dado el Nobel de Literatura a un gran escritor y a una gran literatura que se lo merecían. Porque la noticia no sólo es el premio a Saramago, sino que por primera vez se ha dado el Nobel a un escritor en lengua portuguesa, a pesar de Eça de Queiroz, de Torga o de Jorge Amado.

 

"Temo que los derechos humanos queden condicionados por la burocracia total"

saramgvangrd.jpg (22958 bytes)"'Todos los nombres', mi última novela, no es pesimista, aunque sí es una obra que se enfrenta a algo muy duro, la relación que tenemos con la vida, donde el presente es lo único que cuenta"

Llegó a Lanzarote a comienzos de 1993, tras un serio disgusto con el Gobierno de su país, Portugal, por el veto que éste le impuso a la presentación de "El evangelio según Jesucristo" (l991) al premio Literario Europeo. También había escrito en 1986 "La balsa de piedra", dedicada a una península Ibérica convertida en isla, y, casualidades del destino, terminó en una isla atlântica que él llama "un barrio del hombre". José Saramago (Azinhaga. Ribajeto, 1922) acaba de publicar "Todos los nombres", después del "Ensayo sobre ta ceguera" (l995), y prepara el título "La caverna", marcado, al igual que las otras dos obras, por su preocupación obsesiva por la condición humana.

En A Casa, nombre que le ha dado a la vivienda lanzaroteña donde vive, Saramago, siempre crítico con la cultura del espectáculo, se muestra condescendiente con la Exposición Universal en Portugal, pero rechaza por falsa y poco representativa la polémica que promueven los llamados patriotas portugueses, indignados por una cada vez mayor colonización española. El autor de "Cuadernos de Lanzarote" vuelve a atacar la idea de Europa, y se asoma desde su despacho una y otra vez al mar para rescatar la memoria de su infancia para una autobiografia especial, cuyo limite está en los 14 años. Se siente a gusto siendo hijo adoptivo de Lanzarote; en una tierra limpia, abierta, llana, llena de luz y muy diferente a esos personajes herméticos, anónimos y absurdos que nos ha hecho conocer Saramago.

Cree que es justo aplicar el calificativo de novela de amor a "Todos los nombres"? Parece, a primera vista, una definición un tanto simple.
No, yo no la llamaría novela de amor. Hay que tener en cuenta que para que haya amor se necesita el encuentro de dos personas. Ahora, sí se puede, en una interpretación amplia, considerar y entender que el hecho de que un personaje de una novela busque a otro pueda tener algo que ver con el amor. Don José (protagonista de la obra) va más allá, aunque de una forma no consciente: él busca ai otro. Quién es? Hay ahí un deseo nunca satisfecho.

Pero más importante parece ese final que usted elige para hacer ver al protagonista que la burocracia, la moral que le rodea, es un fraude.
Toda la burocracia, toda la jerarquía es falsa. Se trata de un sistema por el que yo acepto que una persona determinada es un superior mio, y esto lo aceptamos como una condición misma del funcionamiento de la sociedad. Si pensamos en nuestra relación con el poder, ya sea el de Dios o el de la policia, vemos que nos acomodamos a su nivel de autoridad, de forma que se supone que el superior ejerce una autoridad sobre todos los demás, y cada nivel inferior la ejerce sobre otro más inferior. Bueno, si lo vemos con una mirada crítica, todo esto es falso...

Hay, entonces, un cuestionamiento del orden, de la jerarquía, de lo establecido por la costumbre...
Ellos, los personajes, se dan cuenta de la falsedad del mundo que les rodea, pero eso no quita que, al dia siguiente, don José o el conservador vuelvan ai trabajo, y todo seguirá igual. Por quê? Porque en el fondo no se trata tanto de cuestionar la burocracia, como ha dicho algún critico... Las interpretaciones, claro, son variadas. Se puede decir, superficialmente, que es una novela sobre la muerte y tos muertos, y en la que hay hasta un cementerio enorme, disparatado. Pero no, no es así, es una obra sobre la vida, y la prueba es que al final don José vuelve a entrar en el archivo de los muertos para borrar la muerte de esa mujer. Claro, él no puede devolverle la vida, pero desde el punto de vista de la burocracia si el papel desaparece, si el certificado de defunción es destruido, ella seguirá viviendo. Ahí, en ese aspecto, cuenta con la complicidad del jefe, que se da cuenta de que es absurdo separar la muerte de la vida y anuncia la creación del archivo de la humanidad. Es decir, todos los que han vivido, todos, los vivos y los muertos, deben estar ahí, porque la humanidad no es sólo los que viven.

sarmgvangrd2.jpg (22890 bytes)Y por quê se ha dicho que es su obra más pesimista? Quizás habría que pensar en la capacidad suya para crearle a un personaje mediocre y absurdo un mundo feliz, a su medida.
No tanto una felicidad, aunque sí una razón para vivir, para existir en la acción. Es cierto que se ha dicho mucho que es una obra pesimista. Bueno, el hecho de que yo sea pesimista no quiere decir que la novela lo tenga que ser. Una novela pesimista es "Ensayo sobre la ceguera" y, pese a ello, al final hay una pequeña claridad con la que trato de decir a los protagonistas: "Vosotros, que habéis vivido esta experiência, tal vez habéis aprendido". No, no estoy de acuerdo... No es una novela pesimista. Sí es una obra que se enfrenta con algo muy duro, que es la relación que tenemos con la vida, donde el presente es lo único que cuenta. Vivimos de una forma esquizofrénica: es decir, si cada uno de nosotros tiene un pasado, cómo es que queremos separarmos todos de él? Como si lo que pasó no contara nada... Como si el ayer no fuera la causa dei hoy, y en ese caso, en lo que se refiere a "Todos los nombres", lo que se viene a decir en un momento determinado es que la muerte definitiva no es el olvido. Don José, el protagonista, lo que quiere al final es mantener la vida de la mujer, de manera que no se trata sólo de mantener la vida de un libro, sino la memoria.

"La caverna" es el título con el que usted piensa cerrar el ciclo abierto con "Ensayo sobre la ceguera" que ha seguido com "Todos los hombres".
Aún no la estoy preparando. Hay un tiempo en que no hago nada en concreto, porque todavia no es el momento de empezar a escribir, aunque ya la novela está ahí.. Es como una madre que ya está embarazada, que ya tiene el bultito. Digamos que en mi caso el bultito aún no está.

Es posible que nos sorprenda con respecto a los títulos anteriores? Quizás no tenqa ese tono de ensayo filosófico, reflexivo, y vaya por unos derroteros más descriptivos, de ruptura.
La verdad es que yo nunca he pensado en un ciclo. Es decir, no he trabajado a partir de tres o cuatro ideas para trabajar con ese sentido o finalidad. En el fondo es una trilogía porque son tres nombres, pero no porque yo lo haya pensado. Y "La caverna", si la llego a escribir, será una novela más donde nadie tiene nombre- Bueno, en la última está don José, pero, como yo digo, no deja de ser un nombre insignificante.

Insisto, el cambio hacia una obra distinta podría estar en esa autobiografia que tiene proyectada? A lo mejor hay menos desasosiego, menos tensión psicológica...
Si, es algo más que un proyecto. Vamos a ver: es una autobiografia hasta los 14 años con la que trato de no separarme de la memoria, del nino que he sido, de los recuerdos. Además, me he dado cuenta de que cuando uno se pone a recordar llega a mundos sorprendentes colocados en el archivo de la memoria: olores, paisajes, nombres, situaciones. Me voy a preguntar qué niño era aquél. Se llamará "El libro de las tentaciones", porque el niño está rodeado de tentaciones, en un mundo que quiere conocer y que está colmado de sensaciones.

Hablemos de la actualidad de Portugal. Es curioso que su país prepare la celebración de un acontecimiento tan internacional, tan vinculado a la modernidad, como es la Exposición Universal,, y que a la vez resurja un movimiento denominado "los patriotas", contrario a una supuesta colonización cultural española.
Todo eso son tonterias y no me gustaría nada que se creara en España la idea de que Portugal quiere contribuir a una vuelta al siglo XIV. Eso es un disparate... Lo que pasa es que siempre, en situaciones como estas, hay unos cuantos patriotas, y esto habría que ponerlo entrecomillado porque no lo son, a los que no les importa nada, por poner sólo un ejemplo, que las multinacionales sean hoy las dueñas del vino de Oporto. Es decir, no tenemos, como no la tiene ningún país de Europa, una política propia, nuestra, que tenga en cuenta las necesidades reales de lo que ocurra mañana; no lo tenemos, porque lo único que hay es lo que piensa la Comisión Europea. Todo eso no les preocupa a los patriotas, y sólo por el hecho de que España, haciendo lo que tenía que hacer, como cualquier país invitado, se presente en Lisboa con lo mejor que tiene, van media docena de señores y dicen: "Ya vienen otra vez los invasores". Bueno, pues lo que yo digo a España es que no le dé la más mínima importância al asunto porque no la tiene.

Está usted de acuerdo con la afirmación de que su país vive una situación de optimismo cultural y social similar a la que vivió España en los años ochenta?
Hay algo de cierto... Pero lo malo es cuando nos ponemos a generalizar sobre casos particulares. No podemos olvidar que Portugal tiene, y no se sabe hasta cuándo, las subvenciones de la Unión Europea, y gracias a eso hay una situación de relativo desarrollo económico que es una especie de caldo de cultivo para que aparezcan manifestaciones de carácter artístico. Pero eso no es, ni mucho menos, euforia.

Qué lugar ocupa Lanzarote en su vida y en su obra?
Cuando publico en 1986 "La balsa de piedra", recojo la idea del transiberismo. No el iberismo tradicional, sino una relación nueva de los pueblos, y de ahí que en ese libro la península Ibérica se convierta en una isla que se queda estacionada en el sur, en un lugar de encuentro entre África y América. Hay coincidências, quizá simetrias. Claro, es que uno no se pudo imaginar, y todavia me cuesta creerlo, que en un momento dado estuviese escribiendo "La balsa de piedra", y que años después estuviese viviendo en Lanzarote, que es una "balsa de piedra". He venido aquí por unas circunstâncias vitales que tienen que ver con la literatura, relacionadas con toda la cuestión que se desencadenó con el Gobierno portugués por mi libro "El evangelio según Jesucristo". Si no fuera por eso, yo no estaria en Lanzarote. Pero tampoco estaria aquí si no fuera por el hecho de que ha estado viviendo, y vive aún en la isla, una hermana de Pilar, mi esposa...

Muchos piensan, y no habrán faltado invitaciones desde su país en este sentido, que su estancia en Lanzarote es provisional, y que algún dia volverá.
Yo mantengo una relación intensa con mi país, con todo lo que significa de pertenencia a una cultura, a una historia y a un idioma. También es verdad que yo, tras una etapa en Lanzarote, podía haber vuelto a Portugal. Pero no, la verdad es que me he adaptado muy bien, y nunca me hubiese imaginado que Lanzarote me negara a tener como hijo adoptivo. Estoy aquí para quedarme y no para irme. Voy a Portugal todos los meses...

Estará usted en la Exposición Universal o nos volveremos a encontrar con una postura crítica, de discordia con la cultura del espectáculo, de las grandes inversiones?
Iré a la Expo... En cuanto a lo otro, yo creo que se ha aprendido con la de Sevilla; es decir, no es que no vayan a surgir errores, porque siempre los hay, aunque no serán los mismos que en España. También hay algo muy importante, que es que esa parte de Lisboa donde se va a celebrar el acontecimiento era un área abandonada, muy degradada, y el hecho de que se haya decidido hacer allí la Expo va, no diré a desplazar el centro importante de Lisboa, pero sí a equilibrar. Con la misma consideración me refiero también al hecho de que las instalaciones creadas van a ser utilizadas en un futuro para otros fines que, en el fondo, van a mantener vivo y activo el recinto. Si eso se consigue, pues me parece muy bien...

Se le ve menos crítico que cuando Lisboa fue elegida capital cultural...
Vamos a ver, qué es una capital cultural? Lo que cuenta no es lo que pasa ese año. Yo hablaría de una especie de celebración artificial que dura un periodo de doce meses y se acabó.

Tanto "Todos los nombres" como "Ensayo sobre la ceguera" recuerdan un país sórdido, oscuro, de posguerra, donde los derechos humanos son ultrajados y violentados. Cree usted que este siqlo que se acaba, que ha sido tremendo para Europa, cierra toda una etapa desdichada para el hombre?
Mire usted, hay distintas formas de poder y algunas cambian mucho. A veces hay obviedades, como cuando no hay libertad para hacer ciertas cosas, en fin, regímenes dictatoriales impuestos por la policía o por una determinada censura. Ahora, lo que yo temo, y creo que es algo que ocurre ya, es que entremos en una era donde los derechos humanos, desde un punto de vista formal, aparezcan recogidos, plasmados, pero que en el fondo estemos siendo condicionados por la invisibilidad pública, por la burocracia total... Es decir, cuando yo estoy en Tokio y compro algo y lo pago con tarjeta de crédito, alguien sabe lo que he adquirido y está claro que dentro de dos altos tendrá mi perfil de consumidor. Creo que la intimidad se está acabando, y todo eso nos puede llevar a una dictadura que no tiene la cara de la otra, que era obvia, terrible, pero que, en cambio, sabíamos dónde estaba y ello nos permitía luchar. Sin embargo, ésta no es así. No nos engañemos.

Estoy casi seguro de que su próximo libro, "La caverna", hablará de esta situación.
Bueno, más o menos va a ir por ahí..

En todo caso, Platón también tenía una parte autoritária.
No, no, pero no es eso lo que me preocupa. No, es el sentir de la caverna, es decir, mirar la imagen y no mirar la realidad. En "Ensayo sobre la ceguera" no ves lo que está y en "La caverna", más o menos, seria ver lo que no es.

José Saramago 
José Saramago, fotografía de C. Quesada 
La literatura en lengua portuguesa (en sus diversas modalidades: portugués, brasileño y portugués de África) presenta hoy aspectos de inusitada novedad y propuestas muy válidas para la narrativa del siglo XX. La riqueza y diversidad de ambientes reflejados en estas narrativas, junto con la plasticidad idiomática que se manifiesta en formas dialectales de especial riqueza, hacen de la literatura creada en lengua portuguesa una de las más sorprendentes y cargadas de novedad en el mundo actual. 

La figura de José Saramago, nominado un año tras otro para el Premio Nobel de Literatura, y el escritor portugués de mayor proyección fuera de las fronteras de su país- es testimonio de esta creatividad idiomática y de la riqueza y variedad de temas que caracterizan a la narrativa portuguesa de hoy. 

José Saramago nació en 1922 en una aldea de Ribetejo, en el Portugal profundo, en una familia de labradores y artesanos. Su carrera literaria se inicia en 1947. Trabajaba entonces como administrativo en una Caja de Pensiones. Había terminado en 1939 sus estudios medios y, por dificultades económicas, no pudo proseguir los universitarios. Posteriormente trabajó como traductor, asesor editorial, corrector y periodista. Publica algunos libros que anticipan lo que va a ser su obra fundamental a partir de 1975. José Saramago, entonces ya notable periodista y militante conocido en el PC portugués, se quedó sin trabajo -paradójicamente con el triunfo de la Revolución o, por mejor decir, de la post-Revolución. Fue entonces cuando se convirtió en escritor profesional. 

La novela Manual de Pintura y Caligrafía (1977), obtiene un gran éxito de público y de crítica, pero es Levantado do Chao (Alzado del suelo) la obra en que revela Saramago su madurez estilística. Obra de denuncia social centrada en la represión salazarista contra los campesinos y los sindicatos agrarios, muestra la emergencia de un gran escritor y su constante compromiso con los oprimidos. Seguirán luego Memorial do Convento (1982), O año da morte de Ricardo Reis (1984), A Jangada de pedra (1986), fábula en la que el autor plantea sus dudas sobre la Unión Europea y propone una vinculación de la Península Ibérica a su área natural de integración : África y América. Historia do cerco de Lisboa (1989) y O Evangelho segundo Jesús Cristo (1991), esta última rodeada de una escandalosa polémica, obtienen premios relevantes en todos los países donde fueron publicadas y revelan a Saramago como uno de los narradores más interesantes y comprometidos de la literatura europea actual. 

LA ISLA DESCONOCIDA

Por

José Saramago (Novel de Literatura 1998)

UN hombre llamó a la puerta del rey y le dijo, Dame un barco. La casa del rey tenía muchas más puertas, pero aquélla era la de las peticiones. Como el rey se pasaba todo el tiempo sentado ante la puerta de los obsequios (entiéndase: los obsequios que le ofrecían a él), cada vez que oía que alguien llamaba a la puerta de las peticiones se hacía el desentendido, y sólo cuando el continuo repiquetear de la aldaba de bronce subía a un tono, más que notorio, escandaloso, impidiendo el sosiego de los vecinos (las personas comenzaban a murmurar, Qué rey tenemos, que no atiende), daba orden al primer secretario para que fuera a ver lo que quería el impetrante, que no había manera de que se callara. Entonces, el primer secretario llamaba al segundo secretario, éste llamaba al tercero, que mandaba al primer ayudante, que a su vez mandaba al segundo, y así hasta llegar a la mujer de la limpieza, que, no teniendo en quien mandar, entreabría la puerta de las peticiones y preguntaba por el resquicio. Y tú, qué quieres. El suplicante decía a lo que venía, o sea, pedía lo que tenía que pedir, después se instalaba en un canto de la puerta, a la espera de que el requerimiento hiciese, de uno en uno, el camino contrario, hasta llegar al rey. Ocupado como siempre estaba con los obsequios, el rey demoraba la respuesta, y ya no era chica señal de atención al bienestar y felicidad del pueblo cuando pedía un informe fundamentado por escrito al primer secretario, que, excusado será decirlo, pasaba el encargo al segundo secretario, éste al tercero, sucesivamente, hasta llegar otra vez a la mujer de la limpieza, que opinaba sí o no de acuerdo con el humor con que se hubiera levantado. Sin embargo, en el caso del hombre que quería un barco, las cosas no ocurrieron así. Cuando la mujer de la limpieza le preguntó por el resquicio de la puerta, Y tú qué quieres, el hombre, en vez de pedir, como era la costumbre de todos, un título, una condecoración, o simplemente dinero, respondió, Quiero hablar con el rey, Ya sabes que el rey no puede venir, está en la puerta de los obsequios, respondió la mujer, Pues entonces ve y dile que no me iré de aquí hasta que él venga personalmente para saber lo que quiero, remató el hombre, y se tumbó todo lo largo que era en el rellano, tapándose con una manta porque hacía frío. Entrar y salir sólo pasándole por encima. Ahora bien, esto suponía un enorme problema, si tenemos en consideración que, de acuerdo con la pragmática de las puertas, sólo se puede atender a un suplicante de cada vez, de donde resulta que mientras haya alguien esperando una respuesta, ninguna otra persona podrá aproximarse para exponer sus necesidades o sus ambiciones. A primera vista, quien ganaba con este artículo del reglamento era el rey, puesto que al ser menos numerosa la gente que venía a incomodarlo con lamentos, más tiempo tenía, y más sosiego, para recibir, contemplar y guardar los obsequios. A segunda vista, sin embargo, el rey perdía, y mucho, porque las protestas públicas, al notarse que la respuesta tardaba más de lo que era justo, aumentaban gravemente el descontento social, lo que, a su vez, tenía inmediatas y negativas consecuencias en el flujo de obsequios. En el caso que estamos narrando, el resultado de la ponderación entre los beneficios y los perjuicios fue que el rey, al cabo de tres días, y en real persona, se acercó a la puerta de las peticiones (...) Abre la puerta, dijo el rey a la mujer de la limpieza, y ella preguntó, Toda o sólo un poco. El rey dudó durante un instante, verdaderamente no le gustaba mucho exponerse a los aires de la calle, pero después reflexionó que parecía mal, aparte de ser indigno de su majestad, hablar con un súbdito a través de una rendija, como si le tuviese miedo, sobre todo asistiendo al coloquio la mujer de la limpieza, que luego iría por ahí diciendo Dios sabe qué, De par en par, ordenó. El hombre que quería un barco se levantó del suelo cuando comenzó a oír los ruidos de los cerrojos, enrolló la manta y se puso a esperar. Estas señales de que finalmente alguien atendería y que por tanto el lugar pronto quedaría desocupado, hicieron aproximarse a la puerta a unos cuantos aspirantes a la liberalidad del trono que andaban por allí, prontos para asaltar el puesto apenas quedase vacío. La inopinada aparición del rey (nunca una tal cosa había sucedido desde que usaba corona en la cabeza) causó una sorpresa desmedida, no sólo a los dichos candidatos, sino también entre la vecindad que, atraída por el alborozo repentino, se asomó a las ventanas de las casas, en el otro lado de la calle.

LA única persona que no se sorprendió fue el hombre que vino a pedir un barco. Calculaba él, y acertó en la previsión, que el rey, aunque tardase tres días, acabaría sintiendo la curiosidad de ver la cara de quién, nada más y nada menos, con notable atrevimiento, lo había mandado llamar. Dividido entre la curiosidad irreprimible y el desagrado de ver tantas personas juntas, el rey, con el peor de los modos, preguntó tres preguntas seguidas, Tú qué quieres, Por qué no dijiste lo que quería, Te crees que no tengo más nada que hacer, pero el hombre sólo respondió a la primera pregunta, Dame un barco, dijo. El asombro dejó al Rey hasta tal punto desconcertado, que la mujer de la limpieza se vio obligada a acercarle una silla de Enea, la misma en que ella se sentaba (...) Mal sentado, porque la silla de Enea era mucho más baja que el trono, el rey buscaba la mejor manera de acomodar las piernas (...) Y tú para qué quieres un barco, si puede saberse, fue lo que el rey preguntó (...) Para buscar la isla desconocida, respondió el hombre, Qué isla desconocida, preguntó el rey, disimulando la risa, como si tuviese enfrente a un loco de atar, de los que tienen manías de navegaciones, a quien no sería bueno contrariar así de entrada, La isla desconocida, repitió el hombre, Hombre, ya no hay islas desconocidas, Quién te ha dicho, rey, que ya no hay islas desconocidas, Están todas en los mapas, En los mapas, están sólo las islas conocidas, Y qué isla desconocida es esa que tú buscas, Si te lo pudiese decir, entonces no sería desconocida, A quién has oído hablar de ella, preguntó el rey, ahora más serio, A nadie, En ese caso, por qué te empeñas en decir que ella existe, Simplemente porque es imposible que no exista una isla desconocida, Y has venido aquí para pedirme un barco, Sí, vine aquí para pedirte un barco, Y tú quién eres para que yo te lo dé, Y tú quién eres para no dármelo, Soy el rey de este reino y los barcos del reino me pertenecen todos, Más les pertenecerás tú a ellos que ellos a ti, Qué quieres decir, preguntó el rey inquieto, Que tú sin ellos eres nada, y que ellos, sin ti, pueden navegar siempre, Bajo mis órdenes, con mis pilotos y mis marineros, No te pido marineros ni piloto, sólo te pido un barco, Y esa isla desconocida, si la encuentras, será para mí, A ti, rey, sólo te interesan las islas conocidas, También me interesan las desconocidas, cuando dejan de serlo, Tal vez ésta no se deje conocer, Entonces no te doy el barco, Darás. AL oír esta palabra, pronunciada con tranquila firmeza, los aspirantes a la puerta de las peticiones, en quienes, minuto tras minuto, desde el principio de la conversación iba creciendo la impaciencia, más por librarse de él que por simpatía solidaria, resolvieron intervenir en favor del hombre que quería el barco, comenzando a gritar, Dale el barco, dale el barco. El rey abrió la boca para decirle a la mujer de la limpieza que llamara a la guardia de palacio para que estableciera inmediatamente el orden público e impusiera disciplina, pero, en ese momento, las vecinas que asistían a la escena desde las ventanas se unieron al coro con entusiasmo, gritando como los otros, Dale el barco, dale el barco. Ante tan ineludible manifestación de voluntad popular y preocupado con lo que, mientras tanto, habría perdido en la puerta de los obsequios, el rey levantó la mano derecha imponiendo silencio y dijo, Voy a darte un barco, pero la tripulación tendrás que conseguirla tú, mis marineros me son precisos para las islas conocidas. Los gritos de aplauso del público no dejaron que se percibiese el agradecimiento del hombre que vino a pedir un barco (...) Vas al muelle, preguntas por el capitán del puerto, le dices que te mando yo, y él que te dé el barco, llevas mi tarjeta. El hombre que iba a recibir un barco leyó la tarjeta de visita, donde decía Rey debajo del nombre del rey, y eran estas las palabras que él había escrito sobre el hombre de la mujer de la limpieza, Entrega al portador un barco, no es necesario que sea grande, pero que navegue bien y sea seguro (...)

CUANDO el hombre levantó la cabeza, se supone que esta vez iría a agradecer la dádiva, el rey ya se había retirado, sólo estaba la mujer de la limpieza mirándolo con cara de circunstancias. El hombre bajó del peldaño de la puerta, señal de que los otros candidatos podían avanzar por fin, superfluo será explicar que la confusión fue indescriptible, todos queriendo llegar al sitio en primer lugar, pero con tan mala suerte que la puerta ya estaba cerrada otra vez. La aldaba de bronce volvió a llamar a la mujer de la limpieza, pero la mujer de la limpieza no está, dio la vuelta y salió con el cubo y la escoba por otra puerta, la de las decisiones, que apenas es usada, pero cuando lo es, es. Ahora sí, ahora se comprende el porqué de la cara de circunstancias con que la mujer de la limpieza había estado mirando, ya que, en ese preciso momento, tomó la decisión de seguir al hombre así que él se dirigiera al puerto para hacerse cargo del barco. Pensó que ya bastaba de una vida de limpiar y lavar palacios, que había llegado la hora de mudar de oficio, que lavar y limpiar barcos era su vocación verdadera, al menos en el mar el agua no le faltaría (...) Andando, andando, el hombre llegó al puerto, fue al muelle, preguntó por el capitán, y mientras venía, se puso a adivinar cuál sería, de entre los barcos que allí estaban, el que iría a ser suyo, grande ya sabía que no, la tarjeta de visita del rey era muy clara en este punto (...) Un poco apartada de allí, escondida detrás de unos bidones, la mujer de la limpieza pasó los ojos por los barcos atracados. Para mi gusto, aquél, pensó, aunque su opinión no contaba, ni siquiera había sido contratada, vamos a oír antes lo que dirá el capitán del puerto.

EL capitán vino, leyó la tarjeta, miró al hombre de arriba abajo, y le hizo la pregunta que al rey no se le había ocurrido, Sabes navegar, tienes carné de navegación, a lo que el hombre respondió, Aprenderé en el mar. El capitán dijo, No te lo aconsejaría, capitán soy yo, y no me atrevo con cualquier barco, Dame entonces uno con el que pueda atreverme, no, uno de ésos no, dame un barco que yo respete y que pueda respetarme a mí, Ese lenguaje es de marinero, pero tú no eres marinero, Si tengo el lenguaje, es como si lo fuese. El capitán volvió a leer la tarjeta del rey, después preguntó, Puedes decirme para qué quieres el barco, Para ir en busca de la isla desconocida, Ya no hay islas desconocidas, Lo mismo me dijo el rey, Lo que él sabe de islas, lo aprendió conmigo, Es extraño que tú, siendo hombre de mar, me digas eso, que ya no hay islas desconocidas, hombre de tierra soy yo, y no ignoro que todas las islas, incluso las conocidas, son desconocidas mientras no desembarcamos en ellas, Pero tú, si bien entendí, vas a la búsqueda de una donde nadie haya desembarcado nunca, Lo sabré cuando llegue, Si llegas. Sí, a veces se naufraga en el camino, pero si tal me ocurre, deberás escribir en los anales del puerto que el punto a donde llegué fue ese, Quieres decir que llegar, se llega siempre, No serías quien eres si no lo supieses ya. El capitán del puerto dijo. Voy a darte la embarcación que te conviene, Cuál, Es un barco con mucha experiencia, todavía del tiempo en que toda la gente andaba buscando islas desconocidas, Cuál, Creo que incluso encontró algunas, Cuál, Aquél. Así que la mujer de la limpieza percibió para donde apuntaba el capitán, salió corriendo de detrás de los bidones y gritó, Es mi barco, es mi barco, hay que perdonarle la insólita reivindicación de propiedad, a todo título abusiva, el barco era aquel que le había gustado, simplemente. Parece una carabela (...), después pasó por arreglos y adaptaciones que la modificaron un poco, Pero continúa siendo una carabela, Sí, en el conjunto conserva el antiguo aire, Y tiene mástiles y velas, Cuando se va en busca de islas desconocidas, es lo más recomendable. La mujer de la limpieza no se contuvo, Para mí no quiero otro, Quién eres tú, preguntó el hombre, No te acuerdas de mí, No tengo idea, Soy la mujer de la limpieza, Qué limpieza, La del palacio del rey, La que abría la puerta de las peticiones, No había otra, Y por qué no estás en el palacio del rey, limpiando y abriendo puertas, Porque las puertas que yo quería ya fueron abiertas y porque de hoy en adelante sólo limpiaré barcos. Entonces estás decidida a ir conmigo en busca de la isla desconocida, Salí del palacio por la puerta de las decisiones, Siendo así, ve para la carabela mira cómo está aquello después del tiempo pasado debe precisar de un buen lavado, y ten cuidado con las gaviotas, que no son de fiar, No quieres venir conmigo a conocer tu barco por dentro, Dijiste que era tuyo, Disculpa, fue sólo porque me gustó, Gustar es probablemente la mejor manera de tener, tener debe ser la peor manera de gustar. El capitán del puerto interrumpió la conversación, Tengo que entregar las llaves al dueño del barco, a uno o a otro, resuélvanse, a mí tanto me da, Los barcos tienen llave, preguntó el hombre, Para entrar, no, pero allí están las bodegas y los pañoles, y el camarote del comandante con el diario de a bordo, Ella que se encargue de todo, yo voy a reclutar la tripulación, dijo el hombre, y se apartó.

 

La mujer de la limpieza fue a la oficina del capitán para recoger las llaves, después entró en el barco, dos cosas le valieron, la escoba del palacio y el aviso contra las gaviotas, todavía no había acabado de atravesar la pasarela que unía la amurada al atracadero y ya las malvadas se precipitaban sobre ella gritando, furiosas, con las fauces abiertas, como si la fueran a devorar allí mismo. No sabían con quién se enfrentaban. La mujer de la limpieza posó el cubo, se guardó las llaves en el seno, plantó bien los pies en la pasarela, y, remolineando la escoba como si fuese un espadón de los buenos tiempos, consiguió poner en desbandada a la cuadrilla asesina. Sólo cuando entró en el barco comprendió la ira de las gaviotas, había nidos por todas partes, muchos de ellos abandonados, otros todavía con huevos, y unos pocos con gaviotillas de pico abierto, a la espera de comida (...) Tiró al agua los nidos vacíos, los otros los dejó, luego veremos. Después se remangó las mangas y se puso a lavar la cubierta. Cuando acabó la dura tarea, abrió el pañol de las velas y procedió a un examen minucioso del estado de las costuras, pasado tanto tiempo sin ir al mar y sin haber soportado los estirones saludables del viento. Las velas son los músculos del barco, basta ver cómo se hinchan cuando se esfuerzan, pero, y eso mismo les sucede a los músculos, si no se les da uso regularmente, se aflojan, se ablandan, pierden nervio, Y las costuras son los nervios de las velas, pensó la mujer de la limpieza (...) Encontró deshilachadas algunas bastillas, pero se conformó con señalarlas (...) En cuanto a los otros pañoles, enseguida vio que estaban vacíos (...) Ya le enfadó, y mucho, la falta absoluta de municiones de boca en el pañol respectivo, no por ella, que estaba de sobra acostumbrada al mal rancho del palacio, sino por el hombre al que dieron este barco, no tarda que el sol se ponga, y él aparecerá por ahí clamando que tiene hambre (...)

NO merecía la pena preocuparse tanto. El sol acababa de sumirse en el océano cuando el hombre que tenía un barco surgió en el extremo del muelle. Traía un bulto en la mano, pero venía solo y cabizbajo. La mujer de la limpieza fue a esperarlo a la pasarela, pero antes de que abriera la boca para enterarse de cómo había transcurrido el resto del día, él dijo, Estate tranquila, traigo comida para los dos, Y los marineros, preguntó ella, Como puedes ver, no vino ninguno, Pero los dejaste apalabrados, al menos, volvió a preguntar ella, Me dijeron que ya no hay islas desconocidas, y que, incluso habiéndolas, no iban a dejar el sosiego de sus lares y la buena vida de los barcos de línea para meterse en aventuras oceánicas a la búsqueda de un imposible, como si todavía estuviéramos en el tiempo del mar tenebroso. Y tú qué les respondiste, Que el mar es siempre tenebroso, Y no les hablaste de la isla desconocida, Cómo podría hablarles de una isla desconocida, si no la conozco, Pero tienes la certeza de que existe, Tanta como de que el mar es tenebroso, En este momento, visto desde aquí, con las aguas color de jade y el cielo como un incendio, de tenebroso no le encuentro nada, Es una ilusión tuya, también las islas a veces parece que fluctúan sobre las aguas y no es verdad, Qué piensas hacer, si te falta una tripulación, Todavía no lo sé, Podríamos quedarnos a vivir aquí, yo me ofrecería para lavar los barcos que vienen al muelle, y tú, Y yo, Tendrás un oficio, una profesión, como ahora se dice, Tengo, tuve, tendré si fuera preciso, pero quiero encontrar la isla desconocida, quiero saber quién soy yo cuando esté en ella, No lo sabes, Si no sales de ti, no llegas a saber quién eres, El filósofo del rey, cuando no tenía nada que hacer, se sentaba junto a mí, para verme zurcir las medias de los pajes, y a veces le daba por filosofar, decía que todo hombre es una isla, yo, como aquello no iba conmigo, visto que soy mujer, no le daba importancia, tú qué crees, Que es necesario salir de la isla para ver la isla, que no nos vemos si no nos salimos de nosotros, Si no salimos de nosotros mismos, quieres decir, No es igual (...) Dijo el hombre, Dejemos las filosofías para el filósofo del rey, que para eso le pagan, ahora vamos a comer, pero la mujer no estuvo de acuerdo. Primero tienes que ver tu barco, sólo lo conoces por fuera, Qué tal lo encontraste, Hay algunas costuras de las velas que necesitan refuerzo, Bajaste a la bodega, encontraste agua abierta, En el fondo hay alguna, mezclada con el lastre, pero eso me parece que es lo apropiado, le hace bien al barco, Cómo aprendiste esas cosas, Así, Así cómo, Como tú, cuando dijiste al capitán del puerto que aprenderías a navegar en la mar, Todavía no estamos en el mar, Pero ya estamos en el agua, Siempre tuve la idea de que para la navegación sólo hay dos maestros verdaderos, uno es el mar, el otro es el barco. Y el cielo, te olvidas del cielo, Sí, claro, el cielo, Los vientos, Las nubes, El cielo, Sí, el cielo.

EN menos de un cuarto de hora habían acabado la vuelta por el barco, una carabela, incluso transformada, no da para grandes paseos. Es bonita, dijo el hombre, pero si no consigo tripulantes suficientes para la maniobra, tendré que ir a decirle al rey que ya no la quiero. Te desanimas a la primera contrariedad, La primera contrariedad fue esperar al rey tres días, y no desistí. Si no encuentras marineros que quieran venir, ya nos las arreglaremos los dos, Estas loca, dos personas solas no serían capaces de gobernar un barco de éstos, yo tendría que estar siempre al timón, y tú, ni vale la pena explicarlo, es un disparate, Después veremos, ahora vamos a cenar (...) Es realmente bonita nuestra carabela, dijo la mujer, y enmendó enseguida. La tuya, tu carabela, Supongo que no será mía por mucho tiempo, Navegues o no navegues con ella, la carabela es tuya, te la dio el rey, Se la pedí para buscar una isla desconocida, Pero estas cosas no se hacen de un momento para otro, necesitan su tiempo, ya mi abuelo decía que quien va al mar se avía en tierra, y eso que él no era marinero, Sin marineros no podremos navegar, Eso ya lo has dicho, Y hay que abastecer el barco de las mil cosas necesarias para un viaje como éste que no se sabe dónde nos llevará, Evidentemente, y después tendremos que esperar a que sea la estación propia, y salir con marea buena, y que venga gente al puerto a desearnos buen viaje, Te estás riendo de mí, Nunca me reiría de quien me hizo salir por la puerta de las decisiones, Discúlpame, Y no volveré a pasar por ella, suceda lo que suceda. La luz de la luna iluminada la cara de la mujer de la limpieza, Es bonita, realmente es bonita, pensó el hombre, y esta vez no se refería a la carabela. La mujer, ésa, no pensó nada, debía haberlo pensado todo durante aquellos tres días, cuando entreabría de vez en cuando la puerta para ver si aquél aún continuaba fuera, a la espera (...) La sirena de un paquebote que salía para el mar soltó un ronquido potente, como debieron ser los del leviatán, y la mujer dijo, Cuando sea nuestra vez, haremos menos ruido. A pesar de que estaban en el interior del muelle, el agua se onduló un poco al paso del paquebote, y el hombre me dijo, Pero nos balancearemos mucho más. Se rieron los dos, después se callaron, pasado un rato uno de ellos opinó que lo mejor sería irse a dormir, No es que yo tenga mucho sueño, y el otro concordó, Ni yo, después se callaron otra vez, la luna subió y continuó subiendo, a cierta altura la mujer dijo, Hay literas abajo, y el hombre dijo, Sí, y entonces fue cuando se levantaron y descendieron a la cubierta, ahí la mujer dijo, Hasta mañana, yo voy para este lado, y el hombre respondió, Y yo para éste, hasta mañana, no dijeron babor o estribor, probablemente porque todavía están practicando en las artes. La mujer volvió atrás, Me había olvidado, se sacó del bolsillo dos cabos de velas, Los encontré cuando limpiaba, pero no tengo cerillas, Yo tengo, dijo el hombre. Ella mantuvo las velas, una en cada mano, él encendió un fósforo, después, abrigando la llama bajo la cúpula de los dedos curvados, la llevó con todo el cuidado a los viejos pábilos, la luz prendió, creció lentamente como la de la luna, bañó la cara de la mujer de la limpieza, no sería necesario decir que él pensó, Es bonita, pero lo que ella pensó, sí, Se ve que sólo tiene ojos para la isla desconocida, he aquí como se equivocan las personas interpretando miradas, sobre todo al principio. Ella le entregó una vela, dijo, Hasta mañana, duerme bien, él quiso decir lo mismo de otra manera, Que tengas sueños felices, fue la frase que le salió dentro de nada, cuando esté abajo, acostado en su litera, se le ocurrirán otras frases, más espiritosas, sobre todo más insinuantes, como se espera que sean las de un hombre cuando está a solas con una mujer. Se preguntaba si ella dormiría, si habría tardado en entrar en el sueño, después imaginó que andaba buscándola y no la encontraba en ningún sitio, que estaban perdidos los dos en un barco enorme, el sueño es un prestidigitador hábil, muda las proporciones de las cosas y sus distancias, separa a las personas y ella están juntas, las reúne, y casi no se ven una a otra, la mujer duerme a pocos metros y él no sabe cómo alcanzarla, con lo fácil que es ir de babor a estribor.

LE había deseado buenos sueños, pero fue él quien se pasó toda la noche soñando. Soñó que su carabela navegaba por alta mar, con las tres velas triangulares gloriosamente hinchadas, abriendo camino sobre las olas, mientras él manejaba la rueda del timón y la tripulación descansaba a la sombra. No entendía cómo estaban allí los marineros que en el puerto y en la ciudad se habían negado a embarcar con él para buscar la isla desconocida, probablemente se arrepintieron de la grosera ironía con que lo trataron. Veía animales esparcidos por la cubierta, patos, conejos, gallinas, lo habitual de la crianza doméstica (...), el viento dio una cabriola, la vela mayor se movió y ondeó, detrás estaba lo que antes no se veía, un grupo de mujeres que incluso sin contarlas se adivinaba que eran tantas cuantos los marineros, se ocupan de sus cosas de mujeres, todavía no ha llegado el tiempo de ocuparse de otras, está claro que esto sólo puede ser un sueño, en la vida real nunca se ha viajado así. El hombre del timón buscó con los ojos a la mujer de la limpieza y no la vio, Tal vez esté en la litera de estribor, descansando de la limpieza de la cubierta, pensó, pero fue un pensar fingido, porque bien sabe, aunque tampoco sepa cómo la sabe, que ella a última hora no quiso venir, que saltó para embarcadero, diciendo desde allí, Adiós, adiós, ya que sólo tienes ojos para la isla desconocida, me voy, y no era verdad, ahora mismo andan los ojos de él pretendiéndola y no la encuentran. En este momento se cubrió el cielo y comenzó a llover, y, habiendo llovido, principiaron a brotar innumerables plantas de las filas de sacos de tierra alineados a lo largo de la amurada, no están allí porque se sospeche que no haya tierra bastante en la isla desconocida, sino porque así se ganará tiempo, el día que lleguemos sólo tendremos que transplantar los árboles frutales, sembrar los granos de las pequeñas cosechas que van madurando aquí, adornar los jardines con las flores que abrirán de estos capullos. El hombre del timón pregunta a los marineros que descansan en cubierta si avistan alguna isla desconocida, y ellos responden que no ven ni de unas ni de otras, pero que están pensando desembarcar en la primera tierra habitada que aparezca, siempre que haya un puerto donde fondear, una taberna donde beber y una cama donde folgar, que aquí no se puede, con toda esta gente junta. Y la isla desconocida, preguntó el hombre del timón, La isla desconocida es cosa inexistente, no pasa de una idea de tu cabeza, los geógrafos del rey fuero a ver en los mapa y declararon que islas por conocer es algo que se acabó hace mucho tiempo, Debíais haberos quedado en la ciudad, en lugar de venir a entorpecerme la navegación, Andábamos buscando un lugar mejor para vivir y decidimos aprovechar tu viaje, No sois marineros, Nunca lo fuimos, Solo, no seré capaz de gobernar el barco, Haber pensado en eso antes de pedírselo al rey, el mar no enseña a navegar. Entonces el hombre del timón vio tierra a lo lejos y quiso pasar adelante, hacer cuenta que ella era el reflejo de una otra tierra, una imagen que hubiese venido del otro lado del mundo por el espacio, pero los hombres que nunca habían sido marineros protestaron, dijeron que era allí mismo donde querían desembarcar, Ésta es una isla del mapa, gritaron, te mataremos si no nos llevas. Entonces, por sí misma, la carabela viró la proa en dirección a tierra, entró en el puerto y se encostró a la muralla del embarcadero, Podéis iros, dijo el hombre del timón, acto seguido salieron en orden, primero las mujeres, después los hombres, pero no se fueron solos, se llevaron con ellos los patos, los conejos y la gallinas (...) El hombre del timón contempló la desbandada en silencio, no hizo nada para retener a quienes lo abandonaban, al menos le habían dejado los árboles, los trigos y las flores, con las trepadoras que se enrollaban a los mástiles y pendían de la amurada como festones. Debido al atropello de la salida se habían roto y derramado los sacos de tierra, de modo que la cubierta era como un campo labrado y sembrado, sólo falta que venga un poco más de lluvia para que sea un buen año agrícola. Desde que el viaje a la isla desconocida comenzó, no se ve al hombre del timón comer, debe ser porque está soñando, apenas soñando, y si en el sueño le apeteciese un trozo de pan o una manzana, sería un puro invento, nada más. Las raíces de los árboles están penetrando en el armazón del barco, no tardará mucho en que estas velas hinchadas dejen de ser necesarias, bastará que el viento sople en las copas y vaya encaminando la carabela a su destino.

ES un bosque que navega y se balancea sobre las olas, un bosque en donde, sin saberse cómo, comenzaron a cantar pájaros, debían de estar escondidos por ahí y de repente decidieron salir a la luz, tal vez porque la cosecha ya esté madura y es la hora de la siega. Entonces el hombre fijó la rueda del timón y bajó al campo con la hoz en la mano, y, cuando había segado las primeras espigas, vio una sombra al lado de su sombra. Se despertó abrazado a la mujer de la limpieza, y ella a él, confundidos los cuerpos, confundidas las literas, que no se sabe si ésta es la de babor o la de estribor. Después, apenas el sol acabó de nacer, el hombre y la mujer fueron a pintar en la proa del barco, de un lado y de otro, en blancas letras, el nombre que todavía le faltaba a la carabela. Hacia la hora del mediodía, con la marea, La Isla Desconocida se hizo por fin a la mar, a la búsqueda de sí misma.

 

 Izquierda Unida Alhaurín de la Torre
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