Germinal Sánchez Prieto, nacido en Guadahortuna ( Granada ) en mayo 1.935. hijo de padres republicanos y como tal, infancia de privaciones y sinsabores. Hizo estudios primarios en Málaga, escuelas del Ave María bajo la dirección del sacerdote D. Jesús Corchón Martínez y pudo cursar hasta 4º de bachiller gracias a la banda de música que allí organizó D. Perfecto Artola Prats, director al mismo tiempo de la banda municipal de esta capital. Después de vivir unos años en Sabadell, se trasladó con su familia de nuevo a Málaga, en el año 71. Más tarde a Alhaurín de la Torre donde escribió casi toda su obra. Tras unos años felices en ese pueblo, por problemas familiares, fija su actual residencia en la capital de la Costa del Sol donde actualmente reside aprisionado en el cemento de la gran urbe. Jubilado desde hace unos años, su economía sólo le ha permitido publicar un libro: El Verso se Confiesa, aunque en su cajón duermen varios esperando la mano de nieve que sepa arrancarlos. Gran admirador de Miguel Hernández, encontró en su trayectoria a otro Miguel, Gámez Quintana que le animó a seguir esta tarea y con quien colaboró en algunos de sus libros y escritos. Sus primeros contactos con el P.C.E. fueron en Sabadell, allá por los años sesenta. Tiempos duros de represión y clandestinidad. Infiltrado en el Sindicato Vertical, participó en el movimiento sindical de C.C.O.O.. Cuando se desplazó a Málaga perdió todo contacto con el P.C.E., hasta su legalización. En Málaga militó en la agrupación de Carretera de Cádiz hasta que cambió su residencia a Alhaurín de la Torre donde comenzó a participar en el año 85. Como poeta ( o como hacedor de versos, como prefiere que lo llamen) ha formado parte de varios colectivos, tanto en la capital como en el pueblo. El ayuntamiento de Alhaurín de la Torre propuso a varios poetas del pueblo, la publicación de sus libros en años sucesivos, y así lo hizo con otros, pero cuando le llegó el turno a Germinal, contó más su filiación política que su calidad de poeta y no le publicaron su poemario, por lo que tuvo que hacerlo con sus propios escasos recursos de pensionista. El propio concejal de Cultura del Ayuntamiento en aquellos años del A.S.I.A.T, le dio siempre excusas y llegó a decirle que cuando su grupo político ( I.U.) consiguiera la gobernabilidad, que entonces pidiera que se lo publicara. Algunos meses, I.U. estuvo en el equipo de gobierno, pero nunca Germinal pidió ni solicitó le publicaran el libro. Según sus propias palabras: yo no me afilié a I.U. para recibir nada, sino para darlo todo.

A pesar de su edad sigue siendo un militante muy activo de IU en Alhaurín de la Torre , donde nos gratifica siempre su presencia ,su templanza al hablar, sus buenas maneras, su compañerismo y sobre todo hacernos sentir a los más jóvenes y menos mayores que merece la pena luchar por los demás para dignificar nuestras vidas.


 He aquí su obra : (próximamente incluiremos su libro "El verso de confiesa")

SIEMPRE CONTIGO ALHAURIN     EL CALIZ INFINITO    GERMINALIAS   

LOS  JOCOSOS  GERMINALES      DECIMAS     LIRAS DE ENTRENAMIENTO

 SONETO CON ESTRAMBOTE   LA SANGRE DE AFRICA

 

AÑORANZAS DE ALHAURIN DE LA TORRE

 

Dejé con pena tu suave encanto

Y en la inmensa ciudad ando perdido:

Tu monte Jabalcúzar tan querido

Es perenne recuerdo de mi llanto.

 

Cuando estuve contigo te amé tanto

Que no encuentro rincón para el olvido,

Y apuro en mi cemento dolorido

Soledad, amargura y desencanto.

 

Me raptó la ciudad en donde habito

(vivir es un decir, más bien vejeto)

y triste de nostalgia hoy te escribo

 

Las lágrimas sin voz de mi soneto.

Alhaurín de la Torre, al mundo entero

Pregono con orgullo que te quiero.

 

LA  HIERBA  DEL  PRADO

 

Le brindas al prado verde y amaranto

Y acunas sus flores con fértil regazo,

Igual que la madre arrulla en su brazo

Al nuevo nacido que mece en el canto.

 

La brisa al besarte ondea tu manto

Cual ola armoniosa que enseda su lazo

Y pleno de aroma tu cándido abrazo

Me torna en sonrisas la pena y el llanto.

 

Los cálidos rayos del sol matutino

Asean tu cara de escarcha pulida

Peinándote el pelo con hilos platino.

 

Y en noches de magia tu alfombra rendida

Del baile continuo de un vals peregrino,

Se viste con plata de luna dormida.

    EL  BOSQUE

 

Un fantástico mundo en miniatura

Aseado en flores y en maleza

Donde todo, con cantos y belleza

Reluce en sus trinares de hermosura.

 

En tu seno se mezclan con cordura

La arboleda que crece sin pereza

Y el perfume que embriaga y adereza

El vivir de la hierba y la criatura,

 

En tus fuentes de agua limpia y pura

Se refleja la fiel naturaleza

Con amores de cálida ternura,

 

Pero a veces se llora con tristeza

Cuando seres de pérfida alma dura

Al bosque van robando su pureza.

 

EL  ESPARRAGO

 

Acariciado por el sol de enero

Esbelto un tallo entre las hierbas vela,

Como airoso y apuesto centinela

Embriagado en aromas de romero.

 

Amparando su esencia en el otero

Una corte de espinas lo tutela,

Que aconseja una brizna de cautela

Al que intente en hacerlo prisionero.

 

Al cielo mira con su lanza erguida

Cuando la aurora por oriente nace

Y de rocío su peinado brilla.

 

Y como último halago de su vida

Al paladar más sibarita place

Su sabrosa fragancia en la tortilla.

 

 

 

 

 

 

EL  ARROYO

 

Arrullado entre arpegios y entre trinos

De un esbelto concierto en clarinetes,

El arroyo se adorna en molinetes

Bordados en espejos acuarinos.

 

La luna tremolando entre los pinos

Tornasola brillantes ramilletes

Que chispean en briznas de cohetes

Sus nocturnos festejos vespertinos.

 

Parpadea incrédulo el lucero

Al verse reflejado en la corriente

Que serpea azulada en blanca plata,

 

Y el aroma de azahar del limonero

Embriaga en su perfume dulcemente

Las notas de una lúdica sonata.

 

LA  PALMERA

 

Reina del oasis, dama soberana,

De tu esbelta estampa el sol se enamora,

Tienes el embrujo de princesa mora

Y el heroico encanto de bella sultana.

 

La armoniosa duna tu curva engalana

Cuando viste el aire de púrpura aurora,

Y al llegar la tarde con su añil adora

Tus rasgos exóticos de bella sultana.

 

Tu cintura vibra con ritmo y donaire

Cuando tus guedejas las agita el aire

Y peina los rizos de tu cabellera.

 

Todo caminante que en ti se reposa

Sueña con el beso de la ausente esposa

Que en ti se hace musa, hermosa palmera.

 

 

 

 

 

A M A N E C E R

 

Un labio de soles besa la ventana

Dibujando un guiño bordado en cortinas,

Y un verde perfume de jaras y encinas

Se roma en la limpia y clara mañana.

 

La alcoba encendida su estampa engalana

Mostrando coqueta sus prendas más finas,

Y como manolas en fiestas taurinas

Adorna su cuerpo de oro y de grana.

 

El sol se divierte con su haz de colores

Y notas chispea de esbelta armonía

Pulidas de arpegios y lúdicos trinos.

 

Y tras los cristales se arrullan las flores

Donando fragancia al mágico día

Que nace con luces de nuevos destinos.

 

 

GOTAS  DE  LLUVIA  EN  OTOÑO

 

Como tenues y traviesas lentejuelas

Temblorosas juguetean los cristales

Esas gotas de lluvias otoñales

Que acompasan su repique en castañuelas.

 

Dulces músicas de zíngaras vihuelas

Se conciertan en floridos recitales,

Melodiando tras los mudos ventanales

Los idílicos romances de mozuelas.

 

Cada gota es como el mágico respiro

Que se arpegia con las notas de un suspiro

Desprendiéndose en aromas desde el cielo.

 

Y al vibrar su danza inquieta y femenina

Con las curvas insinuantes de una ondina

Se nostalgian los recuerdos del abuelo.

 

 

 

 

EL  MANANTIAL

 

Nace el agua brotando entre las peñas

Y mece suave arena con arrullos,

Cantando con bucólicos murmullos

Sonatas transparentes y risueñas.

 

Polícromas, coquetas y pequeñas

Los colores del iris hacen suyos

Esas gotas que abiertas en capullos

Salpican de frescor las secas breñas.

 

A su espejo se asoma el alto pino

Hechizado en el prisma cristalino

Del esbelto y radiante manantial.

 

Y las notas de rientes surtidores

Como arpegios de amantes ruiseñores

Musican una orquesta celestial.

 

EL  UNIVERSO

 

Intentando alcanzarte se nos pierde la mente

Pretendiendo saber cual será tu futuro,

Y en tus hondos rincones de pretérito oscuro

Ni siquiera encontramos tu razón del presente.

 

Son millones de astros los que adornan tu frente

Reluciendo en las galas de un ejército puro,

Y el humano al mirarte se presiente inseguro

Arropado en la carpa de tu manto imponente.

 

Bello es tu sendero tachonado de estrellas

Que la ardiente galaxia reverbera en camino

Donde raudas avanzan luminosas centellas.

 

Prisionero de esferas quiero ser peregrino

De las cósmicas rutas ignoradas y bellas

Donde plácidamente se nos duerme el destino.

 

 

 

 

 

EL  ARBOL  VIEJO

 

Arbol sin ramaje, vacío y sin nidos,

Edificio inerte sin vida ni trinos,

Sin hojas que escarchen rocíos matutinos

Ni frutas que endulcen sabores prohibidos.

 

Triste permaneces con hondos quejidos

Mirando envidioso los esbeltos pino,

Y en lágrimas rojas, rojos vespertinos

Con mimo te acunan los brazos rendidos.

 

Ni fuerzas te quedan para alguna queja

Cuando haciendo astillas en tu cuerpo herido

El cruel leñador cantando se aleja.

 

Alberga amargura tu pecho dolido

Y aceptas del mundo la infiel moraleja

De que al fin la vida tenaz te ha vencido.

 

SONETO  A  ALHAURIN

 

Jabalcúzar ofrece a Jarapalo

El verde que en su campo se desliza,

Y la brisa risueña que armoniza

Con el bello plumaje de tu halo.

 

Como un hermoso edén yo te señalo

Donde el verso con tu amor se idealiza

Y mi alma embrujada cristaliza

En humilde soneto mi regalo.

 

Quien visita tu pueblo ya te adora

Porque halló entre tu gente al buen amigo

Y el lenguaje sencillo que enamora

 

Y lleva hasta su tierra por testigo

El deseo ferviente que le adora

De volver y quedarse aquí contigo.

 

 

 

 

 

AL  LIBRO  ALHAURIN  Y  SU  POESIA

 

Un libro de poemas alhaurinos

Vio la luz al nacer un nuevo año,

Y cual niño que nace sin engaño

Aroma con sus versos tus caminos.

 

Poetas que soñando tus destinos

Realzan la nobleza de tu escaño,

Se duelen con los duelos de tu daño

Y arrullan tu hermosura con sus trinos.

 

Sus versos que conviven con tu historia

Haciendo de tus flores celosía

Se adorna con el Lauro de tu gloria,

 

Y en arpegios de dulce melodía

Van sembrando en el mundo la memoria

De Alhaurín de la Torre y su poesía.

 

LA  LUNA  Y  SU  NOVIO

 

En noches de plenilunio,

Cuando la luna se asoma

Coloradita y coqueta

Por el monte Jabalcúzar,

Parece una enamorada

Que asomada a su balcón

Está esperando a su novio

Y sus requiebros de amor.

 

Y yo me quedo extasiado

Al verla desde mi casa

Tan hermosa y tan esbelta,

Y le fabrico piropos

Alumbrado por su luz.

 

Pero, ¿que veo?

¿te estás poniendo celosa?

Oh monte de Jabalcúzar

¿acaso el novio eres tú?.

 

 

 

 

E L   L A G O

 

Cuando nace la aurora alborada en oriente

Y su nimbo acaricia el perfil de tu capa,

En tu mundo dormido el vivir se destapa

De los seres que arpegian tu corona y tu frente.

 

Al besarte la brisa va rizando tu pelo

Con el ritmo armonioso de un ballet de querubes,

Y hasta el astro del día asomado en sus nubes

Te regala un requiebro desde el más alto cielo.

 

Son tus límpidas aguas en quien bebe el sendero

Donde el cielo refleja sus cristales azules,

Y esperando a su novia adornado de tules

En tu espejo se peina presumido el lucero.

 

Llega el sol a su cénit con su rojo escarlata

Y cansado de andar se arrebuja en tu nana,

Y la lira del viento en tus hondas desgrana

El concierto hechicero de una fiel serenata.

 

Los nenúfares libres que se mecen sin dueño

Con el pez escamado de radiantes colores,

En tu seno se funden con abrazos de amores

Al perfume y al canto de un bucólico sueño.

 

Y en la noche estrellada de una luna de nata

Que te borda arabescos de ilusiones de mago,

Con su música dulce desde el fondo del lago

Reverbera en destellos sus sonidos de plata.

 

Te ha llegado el descanso con sus velos de noche

Merecido sosiego de una larga jornada,

Y los sueños de seda de una nueva alborada

Van cerrando tus ojos con su mágico broche.

 

 

 

 

 

 

 

EL  ARCO  IRIS

 

Cuando mansa la lluvia se rinde agotada

Y entre tenues jirones el cielo aparece.

Cuando el sol bullicioso entre gotas se mece

En un vals cadencioso de danza ensayada,

Sonriente se asoma en su trono de flores

Ese mágico arco de ardientes colores.

 

El azul que en el cielo le acuna risueño

Con el verde se enlaza en un baile campestre,

Y entre rojo amapola y violeta silvestre

Al añil de la lila le adoran el sueño.

 

Las apuestas mimosas le dan su amarillo,

Y la flor de azahar convertida en naranja

A su cuerpo le adornan la última franja

Con un bello plumaje de exótico brillo.

 

Un destello de tonos le da sinfonía

Al castillo radiante de iluso esqueleto,

Y su alma varada en celoso amuleto

Poco tiempo se goza en su leve armonía.

 

Su cabeza levanta mirando hacia el cielo

Pretendiendo llegar más allá de la nube,

Y le inquieta saber que si más alto sube

Su polícromo carro se hunde en el suelo.

 

B U C O L I C O

 

Me gusta en la noche

Sentarme a la luna

De mi poesía,

Cuando duerme el músculo

Y descansa el alma,

Y el sosiego invade

El pulso y la mente.

 

 

 

 

 

 

Desde mi terraza

Contemplo el aroma

Que invade mi pecho,

Y en la soledad

De una noche clara

A solas me pienso:

Que al llegar el alba

Unos seres nuevos

Y unas nuevas almas,

Cantarán alegres

El salir del sol

Con trinos de gloria

Y arpegios de amor

A una nueva aurora

De hermosa ilusión.

 

ME PLACE ALLI EN LA MONTAÑA

 

Me place allí en la montaña

Oir el hablar del aire,

Ya sea su arrullo de brisa

O bramido de su viento.

 

Me place oir las corrientes

Del agua que se desliza,

Ya sea murmullo de arroyo

O estrépito de cascadas,

  O armoniosos rumores

De indóciles aguas bravas.

 

Me place el sentir del sol

Sobre la piel, tibios rayos

Que me acarician el rostro

En la naciente mañana.

 

Me place tocar las plantas

Aseadas de rocío,

Humedecidos los tallos

Y las hojas bien peinadas.

 

 

 

 

 

 

 

EL  ARROYO  Y  YO

 

Más allá de las adelfas

Y a contrapelo del viento,

Hay una ciudad que duerme

Con su inocencia quebrada.

 

Pero yo no estaba allí, sino

Dentro de aquel día vestido de noche,

Contemplando el rubor de las sombras

Que besa el arroyo,

Intentando fijar un recuerdo

Que pierde su imagen

En el laberinto

De mi mente cansada.

 

Cuanto tiempo ese instante

Me ha estado esperando

Dormido en los juncos.

Cuantas veces su sierpe de plata,

Pretendiendo ignorar que la observo

Me muestra atrevida

A la Venus que baila en sus aguas.

 

Dos miradas, la suya y la mía

Se abrazan risueñas

Compartiendo un mismo secreto.

 

Mi mejilla de cuero

Acaricia el frescor de la suya,

Y juntos soñamos

Que quizá el paraíso

No se encuentra tan lejos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AL  LAGARTO

 

Como el guiño de un látigo en la roca

Pareciendo más alma que sujeto,

En la naciente amanecida asoma

Como fugaz espíritu,

Reverberando en la campiña clara

Los infantiles resplandores tibios

De un sol casi dormido.

 

Con su cuerpo de mosto y aceituna

Sobre la seca tierra se desliza.

Un paso, una pausa y de repente

Un bífido relámpago en silencio,

Flecha y lazo certero,

Atrapa algún insecto

Que el mismo sol de tu querencia adora.

 

Para algunos, tu estampa inarmoniosa

Flagela sus sentidos

De estética domada,

Para las almas de fulgores níveos

Que aman el milagro de la vida,

Tan sólo el contemplarte ya es milagro.

 

LA  TIERRA

 

Eres madre de todo lo que nace,

Tumba eres de todo lo que muere,

Eres tú para todos el comienzo

Y eres tú donde todo se termina.

 

La vida es en ti donde germina,

Pues cambias en abono nuestros huesos

Para dar nueva savia a otra vida.

 

 

 

 

 

 

EL  CREPUSCULO

 

El último sol se ruboriza

En la púrpura brillante de una herida

Que ensangrienta en jirones de algodón

Las nubes peregrinas del ocaso.

 

Los cirros se desprende en cristales dorados

Como alfileres de fuego

Pinchados en un cielo azul cobalto,

Y en el azogue de infantiles ríos

Una lágrima violeta

Se dibuja infinita de nostalgia.

 

Cuando el sol se ha olvidado en mi alcoba

Una hebra de su oro,

La tarde se detiene contemplando,

Atónita de ausencias,

Ese tiempo bucólico y vacío

Que media en el relevo de los astros.

 

Y en la cresta de los montes,

Como una cabellera de rubíes,

Se desprenden rojizos resplandores

Aureolados de rosa clorofila.

 

Recién mojadas por la leve luna,

Acuden a su cita las estrellas

Ensartadas de plata y de luceros.

 

Y empieza a motearse de azabache

La piel suave de la noche joven,

Que se aroma en la nata que destellan

Las blancas perlas de la Vía Láctea.

 

Una estrella fugaz pincela el cielo

Y un alma enamorada suspira un poema.

 

 

 

 

 

 

GOTA  DE  AGUA

 

Como diáfana ofrenda indolorida

Vestida de sinuosa transparencia,

Se desprende del alma de una nube

Y refresca su soplo las mejillas

Ingrávidas del viento.

 

Como sutil espejo que tremola

Entre labios inquietos

Las promesas de un sol enamorado.

Como leve burbuja

Con ánima de nieve derretida,

La clorofila lava las hojas

Con su beso de escarcha.

 

Y mis ojos contemplan

La gota de agua virgen

Que alumbra, al amor de su arco iris

Siete niños de luces.

 

Y esa límpida esfera que se baña

En los cristales de su claro espíritu,

En las noches con ojos endormidos

Y charol de azabache,

Los destellos de luna la platea

Con pespuntes de estrellas.

 

ATOMO  DE  AIRE

Fingida libertad es tu horizonte

De cárcel infinita

Girando alrededor de un mismo eje

Donde tu vida nace

A la vida de un viento en cautiverio.

 

Eterno, sin principio y sin rumbo

Aletea por un cielo redondo

Entre millones de hermanos

Que ni siquiera te ofrecen

El benigno reposo

Reclamado en tu cuerpo  tan cansado.

 

 

Con la invisible savia

De tu invisible aliento,

Das vida a una célula abstracta

Que in medida de espacio ni tiempo

Hace nuevos los viejos suspiros.

 

Las voluntades de los aires breves

Que te hicieron vasallo

En el inicio primigenio y claro

De tu infancia,

Se inclina al empuje

De otro señor más poderoso,

Que vuelve a comenzar en otra rueda

Una nueva espiral interminable.

 

Tus músculos cansados

De viajes siempre iguales,

Suplican a las hojas del otoño

En sudarios de tumbas amarillas.

 

 

LA  CAMPANA

 

Con su llanto de piedra herida

Pregonera de un sueño eterno,

Nace la infancia de la muerte.

 

Con su trino de alegre alondra

Musicando un compás de fiesta,

La vida nace con su infancia.

 

Y así transcurre aprisa el tiempo

Venciendo risas y amarguras

Entre esa piedra y esta alondra.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

LA   TORMENTA

 

Ruge la tempestad y el cielo estalla

Y la noche se rasga en mil pedazos.

Ruge la tempestad, la tierra calla

Pero el trueno restalla en latigazos.

 

Revienta el huracán enloquecido,

El rayo tiñe en rojo el firmamento,

Se agita inquieto el mar embravecido

Desgarrando la calma en un momento.

 

Se escucha el chirriar de las veletas

Aupadas en los altos campanarios,

Se rasgan las banderas en mil grietas

Palpando sus destinos de sudarios.

 

El pastor que ha encerrado su ganado

En la tarde plomiza y cenicienta,

Duerme inquieto en un sueño desbocado

Vigilante al fragor de la tormenta.

 

El huertano dejó sin él la huerta

Presintiendo destinos agoreros,

Azorado apuntala bien la puerta

Y encierra presuroso sus aperos.

 

La barca que en la hermosa madrugada

Se hizo al mar, en el puerto ha recalado,

Con el alma nerviosa y angustiada

Y las redes vacías de pescado.

 

La esposa del obrero de la mina

Mira inquieta hacia el cielo traicionero,

El miedo y el espanto la domina

Porque no ha regresado su minero.

 

 

 

 

 

 

 

 

Con todos estos miedos e inquietudes

Que crea la tormenta amenazante,

Y con más maldiciones que virtudes

El caos se precipita en un instante.

 

De lo vientres de negros nubarrones

Brotan aguas furiosas y homicidas

Sedientas de perversas intenciones

Y hambrientas de cadáveres y heridas.

 

Caen del cielo furiosos torbellinos

Entre rayos, relámpagos y horrores,

negras aguas avanzan sin caminos

cual perversos demonios destructores.

 

Las puertas y las casas se derrumban

Y al momento las aguas las sepultan,

Mientras ecos de mil truenos retumban

En lejanas montañas que se ocultan.

 

Se masca la tragedia en la comarca,

La impotencia en sudores se destila,

Se presiente el galope de la Parca

A lomos del corcel de otro Atila.

 

Y en las sombras de algún casón oscuro

Al cielo grita un viejo en gesto duro:

Y por que me castigas de este modo

Y llenas mi solar de muerte y lodo.

 

Pero el cielo se mofa en carcajadas

Del viejo, de sus gritos y lamentos

Y envía cada vez más toneladas

De furias, de desdichas, de tormentos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

VIEJA  TRONCA  DE  JABALCUZAR

 

Yace inerte entre las hierbas

El muñón de un tronco viejo,

Reliquia de un árbol sano

Que con el paso del tiempo

Dejó de ser atalaya

Y ya tan sólo es madero.

 

Su piel de estampa rugosa

Cuarteada por el viento,

Se pudre en la indiferencia

Del pinar que le fue dueño,

Y un llanto de pena honda

Se derrama por su cuerpo

Recordando tal vez, cuando

Siendo joven y altanero

Con bellos trinos las aves

Le daban el primer beso,

Anunciando con sus cantos

Que el día estaba naciendo.

 

Cuantas alegrías pasadas

Le abrazan en el recuerdo,

Cuantas verdes primaveras

Vistieron su cuerpo esbelto,

Cuanta hoja enamorada

Le ha contado su secreto

Y cuantos pájaros niños

En su ramaje nacieron

Jugando las travesuras

Con los duendes de sus cuentos.

 

Hoy destilan amargura

Los suspiros de su pecho

Y el mismo limo del bosque

Lo viste de luto negro,

Mientras los días pasean

Con un ajetreo intenso

Que sólo dejan silencios

En los sentidos inertes

De es viejo tronco yerto.

 

 

 

Viejo tronco, de tu sangre

No te quedan descendientes,

Contigo acaba la estirpe,

Pero aún tu herida siente

Como pasa el tiempo lento

Y lenta llega la muerte.

 

Con el alba te encontré

Medio oculta entre la grama

Que atenazaba tu cuerpo

Asfixiándote en sus garras.

Quise romper el anillo

De esa infiel enamorada

Pero sólo conseguí

Que las manos me sangraran

Y me fui con la tristeza

Y con el llanto a la espalda,

Mientras voraz a la tierra

Con sus garfios te aferraba

Esa pérfida cadena

Que cubre tu piel con llagas.

 

Mi adiós te doy, vieja tronca

Con lágrimas de mi alma,.

Quizá ya no vuelva a verte

En próximas madrugadas

Porque el fuego de mi vida

Poco a poco se me apaga

Y quizá a Jabalcúzar

No regrese mi mañana.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

EL  MAR  Y  YO

 

Sentado en los milenios de una roca

Un mar de verdes ojos me contempla

Bebiéndose el celeste de los cielos.

El níveo pañuelo de una albina

Gaviota flamea en el horizonte,

Mientras las olas derraman

Su jazmín sobre la playa.

 

Como en un beso de nieve

Su albura se derrite en las arenas

Vestidas de dorado pan de trigo,

Y una alegre golondrina de azul

Eléctrico el dorso

Y pechera de charol

Se bebe las lentejuelas que el sol

Irisa en las aguas

Dormidas de la bahía.

 

Cuando el mar y sus pupilas de esmeralda

Se cansen de mirarme,

Escribiré sobre él mi epitafio

Con la sangre de mi pluma,

Y una túnica de sombras

Cubrirá el silencio

De mis heridas muertas.

 

Saltará mi recuerdo

El misterio de su ancha soledad,

Y un relámpago de plata

Anunciará en un mundo nuevo

Que yo también he vivido.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

NUBE  SOLITARIA

 

Jinete de algodón que sin arenga

El cielo vas surcando en vuelo incierto,

Tu ruta es el inmenso espacio abierto,

Tu meta, donde el aire te detenga.

 

Naciste incubada por los genes

De ríos, sol y mares paternales

Que en líquidos vapores conyugales

Suplieron las vaginas y los penes.

 

Te has vestido de rosa en la alborada

Queriendo cautivar al sol naciente

Que orgulloso reluce por oriente

Su púrpura etiqueta engalanada.

 

Cuando el día avanza con su celo

Y cambia por el blanco tu escarlata,

En los copos albinos de tu nata

Reverbera el azul del limpio cielo.

 

Y allá en el horizonte en su regazo

Alguna peregrina pasajera

Queriendo convertirse en compañera

Te tiende con amor su dulce abrazo.

 

Pero el viento en vorágine violenta

Insensible se opone a tu deseo

Y venciéndote en leve forcejeo

Te arrastra hacia el negror de la tormenta

 

En ella se enlutó tu níveo manto

Haciéndote en sus redes prisionera.

Tu que alegre volabas la pradera

Ahora riegas su verde con tu llanto.

 

 

 

 

 

 

PAISAJE  EN  GRIS

 

Prisionero en un aire de tormenta

Se hallaba el alma de la madrugada

Intentando escapar del sueño,

Pero un toldo de nubes grises

Esquivas a ofrecerle su promesa

La abrazaba a la tierra.

 

La montaña oteaba altiva

Desde su alta atalaya,

Todo el azul que el limpio cielo

Negaba a la pradera,

Mientras el sol se estremecía inquieto

Presintiendo quizá que el nuevo día

No lo invite a la fiesta.

 

Así serpenteaba la mañana

Cansada en la tristeza del arroyo,

Y los trinos del alba en las gargantas

De los desorientados gorriones,

Olvidaron, igual que el clarinete,

Su claro despertar en los corrales.

 

Mi una brizna de aire

Cortaba la paciente calma

Que dormitaba en la llanura;

Ni siquiera un repique de campanas

Ahuyentaba el silencio

Oculto en la recóndita alameda.

 

El tiempo se quedó sin tiempo

En las ramas de los cipreses,

Y en las almenas de los altos pinos

(Sin dejar ni la huella de un recuerdo)

la mañana agoniza

sin haber conseguido despertarse.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

GRANO  DE  TRIGO

 

Arropado por verdes cortinas

Como amada crisálida verde

Entre tiernos pañales,

En la espiga materna te meces

Y te duerme la nana arrullante

Que te ofrece la brisa,

Aromada con besos de plata.

 

Embrión de las eras,

Un preciado tesoro es tu cuerpo

De pulida esmeralda,

Que se dora en los meses de mayo

Y corteja feliz la amapola

Coronada de grana

Alumbrando al estío

Un retoño granado de vida.

 

Como ninfa bañada en el oro

Y apretada la carne,

Con la viva eclosión de la siega

A los campos sonríes,

Y al tenaz campesino le premias

Sus desvelos de otoños e inviernos.

 

Amorosos, los brazos del trillo

Te desnudan eróticos,

Enseñándole al sol y a los vientos

La exquisita riqueza

Que se ofrece en tu pulpa dorada.

 

Del sencillo molino eres huésped,

Mientras nace la harina

Con la vida que alienta tu sangre

Transformada en pan nuevo

Para el hombre, que alaba y adora

Como a un dios a ese grano de trigo.

 

 

 

 

LAMENTOS DE HOJAS DE OTOÑO

 

Entre las notas dispersas

De una sinfonía inacabada,

Se van desprendiendo pausa a pausa

Los ingrávidos bemoles insonoros

De una partitura, que escrita en clorofila,

Hoy refleja en sus mejillas

La pálida tintura del otoño.

 

Tronchadas por la espalda,

Las rotas corcheas que bailaron cuando nuevas

La danza alegre de una risueña primavera,

Hoy vencidas, en un adiós enmudecido

Se despiden hasta nunca,

Envueltas en la trágica vorágine

De espirales,

Que se burlan de sus llantos

Y congojas

Y los lanza a un destino sin retorno.

 

El árbol madre las llora sin consuelo,

Mientras que el viento indoloro

Se ríe de sus lamentos.

 

 

 

EL LLANTO  DE  LAS  HOJAS

 

Como notas desgajadas de un pentágrama

Formando un torbellino de alas muertas

Que regalan sus plumas al asfalto.

Como inútiles letras sin fonemas

Desertando el redil de la palabra

En puntos suspensivos dislocados

Del texto inacabado de un discurso:

Las hojas muertas del otoño

Revolotean sin un rumbo

Por las regadas calles de la urbe,

Cuando asoma el bullicio ciudadano

En el albor de un nuevo día.

 

 

 

 

 

Su destino será la oscura fosa

Donde sólo tendrán por compañeros

Los escombros y basuras que vomitan

Las sucias fauces de cemento

Del indócil castillo del progreso.

 

Mi pena se entristece con sus penas

Y me espanto en el llanto de saber

Que seremos, al cénit del camino

Compañeros de un viaje sin retorno..

 

G U A D A L Q U I V I R

 

Las ubres de Cazorla y de Segura

Risueñas amamantan tu lactancia

Arrullando tus juegos infantiles

Con cabriolas de espumas rumorosas.

 

No ha existido pincel que consiguiera

Reflejar ese brillo luminoso

Del alma atesorada en tu floresta,

Que entre aromas de verdes olivares

Perfuma la primicia de tus pasos

Y canta entre riscos y entre peñas

Estrofas hechizadas de acuarelas.

 

La niñez se te vuela al parpadeo

Travieso de una lágrima prendida

A un suspiro de alegre catarata,

Y empieza a despertar tu adolescencia

Al beso de las flores y las aves

Que desnudan su cuerpo en tus orillas.

 

Suaves serpentean tus anillos

Cuando amansan sus ímpetus las aguas

Reflejando un cielo rutilante

Que se adorna con átomos de luces

Pletóricos de azules transparencias.

 

 

 

 

 

 

 

Fatigado, el gran astro del día

Se refleja en tus aguas sosegadas,

Y al llegar con la noche las estrellas

Escoltando a la dama plateada,

Presumiendo contemplan en tu espejo

De azabache, el lustre de su rostro,

Y mimando su propio narcisismo

Piropos con sus guiños te regala.

 

El apuesto Genil como tenorio

De las bellas mujeres granadinas,

Generoso regala sus caudales

Al padre de la Bética campiña,

Que acrecienta sus carnes con las formas

Y sentidos de ser un río adulto

Consciente y responsable de un destino

Trazado desde el mismo nacimiento.

 

Quizá sientas aveces la nostalgia

De volver nuevamente a la montaña

Soñando las diabluras de tus juegos,

Pero ya no hay retorno en el camino,

Y al besarse tus agua con las otras

De ese mar que ha de ser tu compañero,

Las señas andaluzas de tu estirpe

Jamás se borrarán de tu recuerdo,

Y te darán la gracia y el salero

Que cantaron juglares y poetas

Hechizados en tu andaluza estrella.

 

Doña Inés y Don Juan fuero actores

De ese amor que soñando el gran Zorrilla

En la quinta risueña de Tenorio,

A la obra de Tirso dio esperanzas

Y encumbró tu apellido a la leyenda.

 

 

 

 

 

 

 

 

TORO  DE  LIDIA

 

Las olas del mar se rompen

Cuando chocan con las rocas

Escarpadas y sedientas.

 

Se retuercen las cascadas

En abismos impolutos

Verdes, rojos y escarlatas.

 

En contra de la corriente

Los salmones se debaten

Por regresar a su origen,

Caen, se revuelven, revientan,

Mueren, se matan no lloran,

Es su sino, la victoria o la derrota.

 

Pero el toro, ay, el toro es otra cosa.

El toro tiene en su casta

Estigma de su exterminio,

Su bravura es su verdugo

Y en la plaza no renuncia

Al capote y la pelea.

 

El no odia al pinturero

Que le engaña con su capa,

Brama, lucha y se defiende

Y sólo por acoso, mata.

 

Noble, bravo, animal fiero,

Tu destino es siempre el mismo,

Muerte y martirio en el ruedo.

 

Eras alegre en el prado

Cuando triscabas el pasto

Negro, reluciente y bello,

Y eres ahora despojo

Que sangrante y macilento

Te sacan del coso, muerto.

 

 

 

 

 

 

 

El público se divierte

A costa de tu martirio,

Se enardece con la sangre

Que brota en tu cuerpo herido.

 

Si por tu misma vivencia

Hieres en propia defensa,

Lloran por el hombre herido

Con fraternal sentimiento

El lego y el entendido,

Unos por el hombre mismo,

Los otros, por el artista.

 

Pero, cuando a tu lomo traspasa

Recalcitrante el acero,

Cuando tu roja sangre riega

Generosa el ancho anillo,

Cuando te hieren los hierros

Y la vida se te escapa

Poco a poco por la boca,

Cuando tu cuerpo estremece

El dolor y la agonía,

Cuando lanzas a los vientos

El bramido de tu queja,

Cuando tus ojos se vidrian

Y recuerdas verdes prados

Que no volverás a ver,

Cuando sientes la garganta

Reseca de amarga sangre,

Cuando tu pecho revienta

Por tan injusto martirio,

Cuando hieren en tus tímpanos

Que aclama tu matador,

Dime:

¿Quien de ti se compadece?,

¿Quien te llora, noble bestia?.

 

 

 

 

 

 

EL  MONTE  SE  QUEMA

 

Un incendio se arrastra por el monte

Calcinando un suspiro de mi pecho.

Cada mata que arde, cada árbol,

Cada pobre animal que se calcina,

Cada flor que se troncha entre las llamas,

Cada grito de un ave achicharrada,

Me produce un atroz escalofrío

Y sacude en mi alma amargo llanto

Arrancando un pedazo de mi vida.

 

El sol se ha oscurecido entre los humos

Tan negros como el alma del pirómano

Que asesina sin bomba y sin pistola,

Como el más deleznable terrorista

 

Yo no sé que tormento le daría

A ese ser venenoso que aniquila

Poco a poco la vida del planeta.

 

Yo no sé, si llagamos al futuro

Si habrá ley que castigue con dureza

A ese Atila, que a lomos de su coche

Siente el hondo placer del exterminio.

 

Por mí no siento angustia, pues mis días

Apenas llegarán al nuevo siglo,

Pero esos nuevos seres que nos sigan

Viendo de sus albores nuevos años,

Tendrán sólo del bosque una estampa

En el marco reseco de un desierto.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

AL AÑO NUEVO

 

Honor, un año nuevo ha terminado

Y soy más viejo aún, esos es un hecho,

Pero otro nuevo año ha comenzado

Y está por bien mi amor esperanzado

De entrar con él feliz y en pie derecho.