
Germinal Sánchez Prieto, nacido en Guadahortuna ( Granada ) en mayo 1.935. hijo de padres republicanos y como tal, infancia de privaciones y sinsabores. Hizo estudios primarios en Málaga, escuelas del Ave María bajo la dirección del sacerdote D. Jesús Corchón Martínez y pudo cursar hasta 4º de bachiller gracias a la banda de música que allí organizó D. Perfecto Artola Prats, director al mismo tiempo de la banda municipal de esta capital. Después de vivir unos años en Sabadell, se trasladó con su familia de nuevo a Málaga, en el año 71. Más tarde a Alhaurín de la Torre donde escribió casi toda su obra. Tras unos años felices en ese pueblo, por problemas familiares, fija su actual residencia en la capital de la Costa del Sol donde actualmente reside aprisionado en el cemento de la gran urbe. Jubilado desde hace unos años, su economía sólo le ha permitido publicar un libro: El Verso se Confiesa, aunque en su cajón duermen varios esperando la mano de nieve que sepa arrancarlos. Gran admirador de Miguel Hernández, encontró en su trayectoria a otro Miguel, Gámez Quintana que le animó a seguir esta tarea y con quien colaboró en algunos de sus libros y escritos. Sus primeros contactos con el P.C.E. fueron en Sabadell, allá por los años sesenta. Tiempos duros de represión y clandestinidad. Infiltrado en el Sindicato Vertical, participó en el movimiento sindical de C.C.O.O.. Cuando se desplazó a Málaga perdió todo contacto con el P.C.E., hasta su legalización. En Málaga militó en la agrupación de Carretera de Cádiz hasta que cambió su residencia a Alhaurín de la Torre donde comenzó a participar en el año 85. Como poeta ( o como hacedor de versos, como prefiere que lo llamen) ha formado parte de varios colectivos, tanto en la capital como en el pueblo. El ayuntamiento de Alhaurín de la Torre propuso a varios poetas del pueblo, la publicación de sus libros en años sucesivos, y así lo hizo con otros, pero cuando le llegó el turno a Germinal, contó más su filiación política que su calidad de poeta y no le publicaron su poemario, por lo que tuvo que hacerlo con sus propios escasos recursos de pensionista. El propio concejal de Cultura del Ayuntamiento en aquellos años del A.S.I.A.T, le dio siempre excusas y llegó a decirle que cuando su grupo político ( I.U.) consiguiera la gobernabilidad, que entonces pidiera que se lo publicara. Algunos meses, I.U. estuvo en el equipo de gobierno, pero nunca Germinal pidió ni solicitó le publicaran el libro. Según sus propias palabras: yo no me afilié a I.U. para recibir nada, sino para darlo todo.
A pesar de su edad sigue siendo un militante muy activo de IU en Alhaurín de la Torre , donde nos gratifica siempre su presencia ,su templanza al hablar, sus buenas maneras, su compañerismo y sobre todo hacernos sentir a los más jóvenes y menos mayores que merece la pena luchar por los demás para dignificar nuestras vidas.
He aquí su obra : (próximamente incluiremos su libro "El verso de confiesa")
SIEMPRE CONTIGO ALHAURIN EL CALIZ INFINITO GERMINALIAS
LOS
JOCOSOS GERMINALES
SONETO CON ESTRAMBOTE LA SANGRE DE AFRICA
AÑORANZAS DE ALHAURIN DE LA TORRE
Dejé con pena tu suave encanto
Y en la inmensa ciudad ando perdido:
Tu monte Jabalcúzar tan querido
Es perenne recuerdo de mi llanto.
Cuando estuve contigo te amé tanto
Que no encuentro rincón para el olvido,
Y apuro en mi cemento dolorido
Soledad, amargura y desencanto.
Me raptó la ciudad en donde habito
(vivir es un decir, más bien vejeto)
y triste de nostalgia hoy te escribo
Las lágrimas sin voz de mi soneto.
Alhaurín de la Torre, al mundo entero
Pregono con orgullo que te quiero.
LA HIERBA DEL PRADO
Le brindas al prado verde y amaranto
Y acunas sus flores con fértil regazo,
Igual que la madre arrulla en su brazo
Al nuevo nacido que mece en el canto.
La brisa al besarte ondea tu manto
Cual ola armoniosa que enseda su lazo
Y pleno de aroma tu cándido abrazo
Me torna en sonrisas la pena y el llanto.
Los cálidos rayos del sol matutino
Asean tu cara de escarcha pulida
Peinándote el pelo con hilos platino.
Y en noches de magia tu alfombra rendida
Del baile continuo de un vals peregrino,
Se viste con plata de luna dormida.
Un fantástico mundo en miniatura
Aseado en flores y en maleza
Donde todo, con cantos y belleza
Reluce en sus trinares de hermosura.
En tu seno se mezclan con cordura
La arboleda que crece sin pereza
Y el perfume que embriaga y adereza
El vivir de la hierba y la criatura,
En tus fuentes de agua limpia y pura
Se refleja la fiel naturaleza
Con amores de cálida ternura,
Pero a veces se llora con tristeza
Cuando seres de pérfida alma dura
Al bosque van robando su pureza.
EL ESPARRAGO
Acariciado por el sol de enero
Esbelto un tallo entre las hierbas vela,
Como airoso y apuesto centinela
Embriagado en aromas de romero.
Amparando su esencia en el otero
Una corte de espinas lo tutela,
Que aconseja una brizna de cautela
Al que intente en hacerlo prisionero.
Al cielo mira con su lanza erguida
Cuando la aurora por oriente nace
Y de rocío su peinado brilla.
Y como último halago de su vida
Al paladar más sibarita place
Su sabrosa fragancia en la tortilla.
EL ARROYO
Arrullado entre arpegios y entre trinos
De un esbelto concierto en clarinetes,
El arroyo se adorna en molinetes
Bordados en espejos acuarinos.
La luna tremolando entre los pinos
Tornasola brillantes ramilletes
Que chispean en briznas de cohetes
Sus nocturnos festejos vespertinos.
Parpadea incrédulo el lucero
Al verse reflejado en la corriente
Que serpea azulada en blanca plata,
Y el aroma de azahar del limonero
Embriaga en su perfume dulcemente
Las notas de una lúdica sonata.
LA PALMERA
Reina del oasis, dama soberana,
De tu esbelta estampa el sol se enamora,
Tienes el embrujo de princesa mora
Y el heroico encanto de bella sultana.
La armoniosa duna tu curva engalana
Cuando viste el aire de púrpura aurora,
Y al llegar la tarde con su añil adora
Tus rasgos exóticos de bella sultana.
Tu cintura vibra con ritmo y donaire
Cuando tus guedejas las agita el aire
Y peina los rizos de tu cabellera.
Todo caminante que en ti se reposa
Sueña con el beso de la ausente esposa
Que en ti se hace musa, hermosa palmera.
A M A N E C E R
Un labio de soles besa la ventana
Dibujando un guiño bordado en cortinas,
Y un verde perfume de jaras y encinas
Se roma en la limpia y clara mañana.
La alcoba encendida su estampa engalana
Mostrando coqueta sus prendas más finas,
Y como manolas en fiestas taurinas
Adorna su cuerpo de oro y de grana.
El sol se divierte con su haz de colores
Y notas chispea de esbelta armonía
Pulidas de arpegios y lúdicos trinos.
Y tras los cristales se arrullan las flores
Donando fragancia al mágico día
Que nace con luces de nuevos destinos.
GOTAS DE LLUVIA EN OTOÑO
Como tenues y traviesas lentejuelas
Temblorosas juguetean los cristales
Esas gotas de lluvias otoñales
Que acompasan su repique en castañuelas.
Dulces músicas de zíngaras vihuelas
Se conciertan en floridos recitales,
Melodiando tras los mudos ventanales
Los idílicos romances de mozuelas.
Cada gota es como el mágico respiro
Que se arpegia con las notas de un suspiro
Desprendiéndose en aromas desde el cielo.
Y al vibrar su danza inquieta y femenina
Con las curvas insinuantes de una ondina
Se nostalgian los recuerdos del abuelo.
EL MANANTIAL
Nace el agua brotando entre las peñas
Y mece suave arena con arrullos,
Cantando con bucólicos murmullos
Sonatas transparentes y risueñas.
Polícromas, coquetas y pequeñas
Los colores del iris hacen suyos
Esas gotas que abiertas en capullos
Salpican de frescor las secas breñas.
A su espejo se asoma el alto pino
Hechizado en el prisma cristalino
Del esbelto y radiante manantial.
Y las notas de rientes surtidores
Como arpegios de amantes ruiseñores
Musican una orquesta celestial.
EL UNIVERSO
Intentando alcanzarte se nos pierde la mente
Pretendiendo saber cual será tu futuro,
Y en tus hondos rincones de pretérito oscuro
Ni siquiera encontramos tu razón del presente.
Son millones de astros los que adornan tu frente
Reluciendo en las galas de un ejército puro,
Y el humano al mirarte se presiente inseguro
Arropado en la carpa de tu manto imponente.
Bello es tu sendero tachonado de estrellas
Que la ardiente galaxia reverbera en camino
Donde raudas avanzan luminosas centellas.
Prisionero de esferas quiero ser peregrino
De las cósmicas rutas ignoradas y bellas
Donde plácidamente se nos duerme el destino.
EL ARBOL VIEJO
Arbol sin ramaje, vacío y sin nidos,
Edificio inerte sin vida ni trinos,
Sin hojas que escarchen rocíos matutinos
Ni frutas que endulcen sabores prohibidos.
Triste permaneces con hondos quejidos
Mirando envidioso los esbeltos pino,
Y en lágrimas rojas, rojos vespertinos
Con mimo te acunan los brazos rendidos.
Ni fuerzas te quedan para alguna queja
Cuando haciendo astillas en tu cuerpo herido
El cruel leñador cantando se aleja.
Alberga amargura tu pecho dolido
Y aceptas del mundo la infiel moraleja
De que al fin la vida tenaz te ha vencido.
SONETO A ALHAURIN
Jabalcúzar ofrece a Jarapalo
El verde que en su campo se desliza,
Y la brisa risueña que armoniza
Con el bello plumaje de tu halo.
Como un hermoso edén yo te señalo
Donde el verso con tu amor se idealiza
Y mi alma embrujada cristaliza
En humilde soneto mi regalo.
Quien visita tu pueblo ya te adora
Porque halló entre tu gente al buen amigo
Y el lenguaje sencillo que enamora
Y lleva hasta su tierra por testigo
El deseo ferviente que le adora
De volver y quedarse aquí contigo.
AL LIBRO ALHAURIN Y SU POESIA
Un libro de poemas alhaurinos
Vio la luz al nacer un nuevo año,
Y cual niño que nace sin engaño
Aroma con sus versos tus caminos.
Poetas que soñando tus destinos
Realzan la nobleza de tu escaño,
Se duelen con los duelos de tu daño
Y arrullan tu hermosura con sus trinos.
Sus versos que conviven con tu historia
Haciendo de tus flores celosía
Se adorna con el Lauro de tu gloria,
Y en arpegios de dulce melodía
Van sembrando en el mundo la memoria
De Alhaurín de la Torre y su poesía.
LA LUNA Y SU NOVIO
En noches de plenilunio,
Cuando la luna se asoma
Coloradita y coqueta
Por el monte Jabalcúzar,
Parece una enamorada
Que asomada a su balcón
Está esperando a su novio
Y sus requiebros de amor.
Y yo me quedo extasiado
Al verla desde mi casa
Tan hermosa y tan esbelta,
Y le fabrico piropos
Alumbrado por su luz.
Pero, ¿que veo?
¿te estás poniendo celosa?
Oh monte de Jabalcúzar
¿acaso el novio eres tú?.
E L L A G O
Cuando nace la aurora alborada en oriente
Y su nimbo acaricia el perfil de tu capa,
En tu mundo dormido el vivir se destapa
De los seres que arpegian tu corona y tu frente.
Al besarte la brisa va rizando tu pelo
Con el ritmo armonioso de un ballet de querubes,
Y hasta el astro del día asomado en sus nubes
Te regala un requiebro desde el más alto cielo.
Son tus límpidas aguas en quien bebe el sendero
Donde el cielo refleja sus cristales azules,
Y esperando a su novia adornado de tules
En tu espejo se peina presumido el lucero.
Llega el sol a su cénit con su rojo escarlata
Y cansado de andar se arrebuja en tu nana,
Y la lira del viento en tus hondas desgrana
El concierto hechicero de una fiel serenata.
Los nenúfares libres que se mecen sin dueño
Con el pez escamado de radiantes colores,
En tu seno se funden con abrazos de amores
Al perfume y al canto de un bucólico sueño.
Y en la noche estrellada de una luna de nata
Que te borda arabescos de ilusiones de mago,
Con su música dulce desde el fondo del lago
Reverbera en destellos sus sonidos de plata.
Te ha llegado el descanso con sus velos de noche
Merecido sosiego de una larga jornada,
Y los sueños de seda de una nueva alborada
Van cerrando tus ojos con su mágico broche.
EL ARCO IRIS
Cuando mansa la lluvia se rinde agotada
Y entre tenues jirones el cielo aparece.
Cuando el sol bullicioso entre gotas se mece
En un vals cadencioso de danza ensayada,
Sonriente se asoma en su trono de flores
Ese mágico arco de ardientes colores.
El azul que en el cielo le acuna risueño
Con el verde se enlaza en un baile campestre,
Y entre rojo amapola y violeta silvestre
Al añil de la lila le adoran el sueño.
Las apuestas mimosas le dan su amarillo,
Y la flor de azahar convertida en naranja
A su cuerpo le adornan la última franja
Con un bello plumaje de exótico brillo.
Un destello de tonos le da sinfonía
Al castillo radiante de iluso esqueleto,
Y su alma varada en celoso amuleto
Poco tiempo se goza en su leve armonía.
Su cabeza levanta mirando hacia el cielo
Pretendiendo llegar más allá de la nube,
Y le inquieta saber que si más alto sube
Su polícromo carro se hunde en el suelo.
B U C O L I C O
Me gusta en la noche
Sentarme a la luna
De mi poesía,
Cuando duerme el músculo
Y descansa el alma,
Y el sosiego invade
El pulso y la mente.
Desde mi terraza
Contemplo el aroma
Que invade mi pecho,
Y en la soledad
De una noche clara
A solas me pienso:
Que al llegar el alba
Unos seres nuevos
Y unas nuevas almas,
Cantarán alegres
El salir del sol
Con trinos de gloria
Y arpegios de amor
A una nueva aurora
De hermosa ilusión.
ME PLACE ALLI EN LA MONTAÑA
Me place allí en la montaña
Oir el hablar del aire,
Ya sea su arrullo de brisa
O bramido de su viento.
Me place oir las corrientes
Del agua que se desliza,
Ya sea murmullo de arroyo
O estrépito de cascadas,
O armoniosos rumores
De indóciles aguas bravas.
Me place el sentir del sol
Sobre la piel, tibios rayos
Que me acarician el rostro
En la naciente mañana.
Me place tocar las plantas
Aseadas de rocío,
Humedecidos los tallos
Y las hojas bien peinadas.
Más allá de las adelfas
Y a contrapelo del viento,
Hay una ciudad que duerme
Con su inocencia quebrada.
Pero yo no estaba allí, sino
Dentro de aquel día vestido de noche,
Contemplando el rubor de las sombras
Que besa el arroyo,
Intentando fijar un recuerdo
Que pierde su imagen
En el laberinto
De mi mente cansada.
Cuanto tiempo ese instante
Me ha estado esperando
Dormido en los juncos.
Cuantas veces su sierpe de plata,
Pretendiendo ignorar que la observo
Me muestra atrevida
A la Venus que baila en sus aguas.
Dos miradas, la suya y la mía
Se abrazan risueñas
Compartiendo un mismo secreto.
Mi mejilla de cuero
Acaricia el frescor de la suya,
Y juntos soñamos
Que quizá el paraíso
No se encuentra tan lejos.
AL LAGARTO
Como el guiño de un látigo en la roca
Pareciendo más alma que sujeto,
En la naciente amanecida asoma
Como fugaz espíritu,
Reverberando en la campiña clara
Los infantiles resplandores tibios
De un sol casi dormido.
Con su cuerpo de mosto y aceituna
Sobre la seca tierra se desliza.
Un paso, una pausa y de repente
Un bífido relámpago en silencio,
Flecha y lazo certero,
Atrapa algún insecto
Que el mismo sol de tu querencia adora.
Flagela sus sentidos
De estética domada,
Para las almas de fulgores níveos
Que aman el milagro de la vida,
Tan sólo el contemplarte ya es milagro.
LA TIERRA
Eres madre de todo lo que nace,
Tumba eres de todo lo que muere,
Eres tú para todos el comienzo
Y eres tú donde todo se termina.
La vida es en ti donde germina,
Para dar nueva savia a otra vida.
EL CREPUSCULO
El último sol se ruboriza
En la púrpura brillante de una herida
Que ensangrienta en jirones de algodón
Las nubes peregrinas del ocaso.
Los cirros se desprende en cristales dorados
Como alfileres de fuego
Pinchados en un cielo azul cobalto,
Y en el azogue de infantiles ríos
Una lágrima violeta
Se dibuja infinita de nostalgia.
Cuando el sol se ha olvidado en mi alcoba
Una hebra de su oro,
La tarde se detiene contemplando,
Atónita de ausencias,
Ese tiempo bucólico y vacío
Que media en el relevo de los astros.
Y en la cresta de los montes,
Como una cabellera de rubíes,
Se desprenden rojizos resplandores
Aureolados de rosa clorofila.
Recién mojadas por la leve luna,
Acuden a su cita las estrellas
Ensartadas de plata y de luceros.
Y empieza a motearse de azabache
La piel suave de la noche joven,
Que se aroma en la nata que destellan
Las blancas perlas de la Vía Láctea.
Una estrella fugaz pincela el cielo
Y un alma enamorada suspira un poema.
Como diáfana ofrenda indolorida
Vestida de sinuosa transparencia,
Se desprende del alma de una nube
Y refresca su soplo las mejillas
Ingrávidas del viento.
Como sutil espejo que tremola
Entre labios inquietos
Las promesas de un sol enamorado.
Como leve burbuja
Con ánima de nieve derretida,
La clorofila lava las hojas
Con su beso de escarcha.
Y mis ojos contemplan
La gota de agua virgen
Que alumbra, al amor de su arco iris
Siete niños de luces.
Y esa límpida esfera que se baña
En los cristales de su claro espíritu,
En las noches con ojos endormidos
Y charol de azabache,
Los destellos de luna la platea
Con pespuntes de estrellas.
ATOMO DE AIRE
De cárcel infinita
Girando alrededor de un mismo eje
Donde tu vida nace
A la vida de un viento en cautiverio.
Eterno, sin principio y sin rumbo
Aletea por un cielo redondo
Entre millones de hermanos
Que ni siquiera te ofrecen
El benigno reposo
Reclamado en tu cuerpo tan cansado.
Con la invisible savia
De tu invisible aliento,
Das vida a una célula abstracta
Que in medida de espacio ni tiempo
Hace nuevos los viejos suspiros.
Las voluntades de los aires breves
Que te hicieron vasallo
En el inicio primigenio y claro
De tu infancia,
Se inclina al empuje
De otro señor más poderoso,
Que vuelve a comenzar en otra rueda
Una nueva espiral interminable.
Tus músculos cansados
De viajes siempre iguales,
Suplican a las hojas del otoño
En sudarios de tumbas amarillas.
LA CAMPANA
Con su llanto de piedra herida
Pregonera de un sueño eterno,
Nace la infancia de la muerte.
Con su trino de alegre alondra
Musicando un compás de fiesta,
La vida nace con su infancia.
Y así transcurre aprisa el tiempo
Venciendo risas y amarguras
Entre esa piedra y esta alondra.
LA TORMENTA
Ruge la tempestad y el cielo estalla
Y la noche se rasga en mil pedazos.
Ruge la tempestad, la tierra calla
Pero el trueno restalla en latigazos.
Revienta el huracán enloquecido,
El rayo tiñe en rojo el firmamento,
Se agita inquieto el mar embravecido
Desgarrando la calma en un momento.
Se escucha el chirriar de las veletas
Aupadas en los altos campanarios,
Se rasgan las banderas en mil grietas
Palpando sus destinos de sudarios.
El pastor que ha encerrado su ganado
En la tarde plomiza y cenicienta,
Duerme inquieto en un sueño desbocado
Vigilante al fragor de la tormenta.
El huertano dejó sin él la huerta
Presintiendo destinos agoreros,
Azorado apuntala bien la puerta
Y encierra presuroso sus aperos.
La barca que en la hermosa madrugada
Se hizo al mar, en el puerto ha recalado,
Con el alma nerviosa y angustiada
Y las redes vacías de pescado.
La esposa del obrero de la mina
Mira inquieta hacia el cielo traicionero,
El miedo y el espanto la domina
Porque no ha regresado su minero.
Con todos estos miedos e inquietudes
Que crea la tormenta amenazante,
Y con más maldiciones que virtudes
El caos se precipita en un instante.
De lo vientres de negros nubarrones
Brotan aguas furiosas y homicidas
Sedientas de perversas intenciones
Y hambrientas de cadáveres y heridas.
Caen del cielo furiosos torbellinos
Entre rayos, relámpagos y horrores,
negras aguas avanzan sin caminos
cual perversos demonios destructores.
Las puertas y las casas se derrumban
Y al momento las aguas las sepultan,
Mientras ecos de mil truenos retumban
En lejanas montañas que se ocultan.
Se masca la tragedia en la comarca,
La impotencia en sudores se destila,
Se presiente el galope de la Parca
A lomos del corcel de otro Atila.
Y en las sombras de algún casón oscuro
Al cielo grita un viejo en gesto duro:
Y por que me castigas de este modo
Y llenas mi solar de muerte y lodo.
Pero el cielo se mofa en carcajadas
Del viejo, de sus gritos y lamentos
Y envía cada vez más toneladas
De furias, de desdichas, de tormentos.
VIEJA TRONCA DE JABALCUZAR
Yace inerte entre las hierbas
El muñón de un tronco viejo,
Reliquia de un árbol sano
Que con el paso del tiempo
Dejó de ser atalaya
Y ya tan sólo es madero.
Su piel de estampa rugosa
Cuarteada por el viento,
Se pudre en la indiferencia
Del pinar que le fue dueño,
Y un llanto de pena honda
Se derrama por su cuerpo
Recordando tal vez, cuando
Siendo joven y altanero
Con bellos trinos las aves
Le daban el primer beso,
Anunciando con sus cantos
Que el día estaba naciendo.
Cuantas alegrías pasadas
Le abrazan en el recuerdo,
Cuantas verdes primaveras
Vistieron su cuerpo esbelto,
Cuanta hoja enamorada
Le ha contado su secreto
Y cuantos pájaros niños
En su ramaje nacieron
Jugando las travesuras
Con los duendes de sus cuentos.
Hoy destilan amargura
Los suspiros de su pecho
Y el mismo limo del bosque
Lo viste de luto negro,
Mientras los días pasean
Con un ajetreo intenso
Que sólo dejan silencios
En los sentidos inertes
De es viejo tronco yerto.
Viejo tronco, de tu sangre
No te quedan descendientes,
Contigo acaba la estirpe,
Pero aún tu herida siente
Como pasa el tiempo lento
Y lenta llega la muerte.
Con el alba te encontré
Medio oculta entre la grama
Que atenazaba tu cuerpo
Asfixiándote en sus garras.
Quise romper el anillo
De esa infiel enamorada
Pero sólo conseguí
Que las manos me sangraran
Y me fui con la tristeza
Y con el llanto a la espalda,
Mientras voraz a la tierra
Con sus garfios te aferraba
Esa pérfida cadena
Que cubre tu piel con llagas.
Mi adiós te doy, vieja tronca
Con lágrimas de mi alma,.
Quizá ya no vuelva a verte
En próximas madrugadas
Porque el fuego de mi vida
Poco a poco se me apaga
Y quizá a Jabalcúzar
No regrese mi mañana.
EL MAR Y YO
Sentado en los milenios de una roca
Un mar de verdes ojos me contempla
Bebiéndose el celeste de los cielos.
El níveo pañuelo de una albina
Gaviota flamea en el horizonte,
Mientras las olas derraman
Su jazmín sobre la playa.
Como en un beso de nieve
Su albura se derrite en las arenas
Vestidas de dorado pan de trigo,
Y una alegre golondrina de azul
Eléctrico el dorso
Y pechera de charol
Se bebe las lentejuelas que el sol
Irisa en las aguas
Dormidas de la bahía.
Cuando el mar y sus pupilas de esmeralda
Se cansen de mirarme,
Escribiré sobre él mi epitafio
Con la sangre de mi pluma,
Y una túnica de sombras
Cubrirá el silencio
De mis heridas muertas.
Saltará mi recuerdo
El misterio de su ancha soledad,
Y un relámpago de plata
Anunciará en un mundo nuevo
Que yo también he vivido.
NUBE SOLITARIA
Jinete de algodón que sin arenga
El cielo vas surcando en vuelo incierto,
Tu ruta es el inmenso espacio abierto,
Tu meta, donde el aire te detenga.
Naciste incubada por los genes
De ríos, sol y mares paternales
Que en líquidos vapores conyugales
Suplieron las vaginas y los penes.
Te has vestido de rosa en la alborada
Queriendo cautivar al sol naciente
Que orgulloso reluce por oriente
Su púrpura etiqueta engalanada.
Cuando el día avanza con su celo
Y cambia por el blanco tu escarlata,
En los copos albinos de tu nata
Reverbera el azul del limpio cielo.
Y allá en el horizonte en su regazo
Alguna peregrina pasajera
Queriendo convertirse en compañera
Te tiende con amor su dulce abrazo.
Pero el viento en vorágine violenta
Insensible se opone a tu deseo
Y venciéndote en leve forcejeo
Te arrastra hacia el negror de la tormenta
En ella se enlutó tu níveo manto
Haciéndote en sus redes prisionera.
Tu que alegre volabas la pradera
Ahora riegas su verde con tu llanto.
PAISAJE EN GRIS
Prisionero en un aire de tormenta
Se hallaba el alma de la madrugada
Intentando escapar del sueño,
Pero un toldo de nubes grises
Esquivas a ofrecerle su promesa
La abrazaba a la tierra.
La montaña oteaba altiva
Desde su alta atalaya,
Todo el azul que el limpio cielo
Negaba a la pradera,
Mientras el sol se estremecía inquieto
Presintiendo quizá que el nuevo día
No lo invite a la fiesta.
Así serpenteaba la mañana
Cansada en la tristeza del arroyo,
Y los trinos del alba en las gargantas
De los desorientados gorriones,
Olvidaron, igual que el clarinete,
Su claro despertar en los corrales.
Mi una brizna de aire
Cortaba la paciente calma
Que dormitaba en la llanura;
Ni siquiera un repique de campanas
Ahuyentaba el silencio
Oculto en la recóndita alameda.
El tiempo se quedó sin tiempo
En las ramas de los cipreses,
Y en las almenas de los altos pinos
(Sin dejar ni la huella de un recuerdo)
la mañana agoniza
sin haber conseguido despertarse.
GRANO DE TRIGO
Arropado por verdes cortinas
Como amada crisálida verde
Entre tiernos pañales,
En la espiga materna te meces
Y te duerme la nana arrullante
Que te ofrece la brisa,
Aromada con besos de plata.
Embrión de las eras,
Un preciado tesoro es tu cuerpo
De pulida esmeralda,
Que se dora en los meses de mayo
Y corteja feliz la amapola
Coronada de grana
Alumbrando al estío
Un retoño granado de vida.
Como ninfa bañada en el oro
Y apretada la carne,
Con la viva eclosión de la siega
A los campos sonríes,
Y al tenaz campesino le premias
Sus desvelos de otoños e inviernos.
Amorosos, los brazos del trillo
Te desnudan eróticos,
Enseñándole al sol y a los vientos
La exquisita riqueza
Que se ofrece en tu pulpa dorada.
Del sencillo molino eres huésped,
Mientras nace la harina
Con la vida que alienta tu sangre
Transformada en pan nuevo
Para el hombre, que alaba y adora
Como a un dios a ese grano de trigo.
LAMENTOS DE HOJAS DE OTOÑO
Entre las notas dispersas
De una sinfonía inacabada,
Se van desprendiendo pausa a pausa
Los ingrávidos bemoles insonoros
De una partitura, que escrita en clorofila,
Hoy refleja en sus mejillas
La pálida tintura del otoño.
Tronchadas por la espalda,
Las rotas corcheas que bailaron cuando nuevas
La danza alegre de una risueña primavera,
Hoy vencidas, en un adiós enmudecido
Se despiden hasta nunca,
Envueltas en la trágica vorágine
De espirales,
Que se burlan de sus llantos
Y congojas
Y los lanza a un destino sin retorno.
El árbol madre las llora sin consuelo,
Mientras que el viento indoloro
Se ríe de sus lamentos.
EL LLANTO DE LAS HOJAS
Como notas desgajadas de un pentágrama
Formando un torbellino de alas muertas
Que regalan sus plumas al asfalto.
Como inútiles letras sin fonemas
Desertando el redil de la palabra
Del texto inacabado de un discurso:
Las hojas muertas del otoño
Revolotean sin un rumbo
Por las regadas calles de la urbe,
Cuando asoma el bullicio ciudadano
En el albor de un nuevo día.
Su destino será la oscura fosa
Donde sólo tendrán por compañeros
Los escombros y basuras que vomitan
Las sucias fauces de cemento
Del indócil castillo del progreso.
Mi pena se entristece con sus penas
Y me espanto en el llanto de saber
Que seremos, al cénit del camino
Compañeros de un viaje sin retorno..
G U A D A L Q U I V I R
Las ubres de Cazorla y de Segura
Risueñas amamantan tu lactancia
Arrullando tus juegos infantiles
Con cabriolas de espumas rumorosas.
No ha existido pincel que consiguiera
Reflejar ese brillo luminoso
Del alma atesorada en tu floresta,
Que entre aromas de verdes olivares
Perfuma la primicia de tus pasos
Y canta entre riscos y entre peñas
Estrofas hechizadas de acuarelas.
La niñez se te vuela al parpadeo
Travieso de una lágrima prendida
A un suspiro de alegre catarata,
Y empieza a despertar tu adolescencia
Al beso de las flores y las aves
Que desnudan su cuerpo en tus orillas.
Suaves serpentean tus anillos
Cuando amansan sus ímpetus las aguas
Reflejando un cielo rutilante
Que se adorna con átomos de luces
Pletóricos de azules transparencias.
Fatigado, el gran astro del día
Se refleja en tus aguas sosegadas,
Y al llegar con la noche las estrellas
Escoltando a la dama plateada,
Presumiendo contemplan en tu espejo
De azabache, el lustre de su rostro,
Y mimando su propio narcisismo
Piropos con sus guiños te regala.
El apuesto Genil como tenorio
De las bellas mujeres granadinas,
Generoso regala sus caudales
Al padre de la Bética campiña,
Que acrecienta sus carnes con las formas
Y sentidos de ser un río adulto
Consciente y responsable de un destino
Trazado desde el mismo nacimiento.
Quizá sientas aveces la nostalgia
De volver nuevamente a la montaña
Soñando las diabluras de tus juegos,
Pero ya no hay retorno en el camino,
Y al besarse tus agua con las otras
De ese mar que ha de ser tu compañero,
Las señas andaluzas de tu estirpe
Jamás se borrarán de tu recuerdo,
Y te darán la gracia y el salero
Que cantaron juglares y poetas
Hechizados en tu andaluza estrella.
Doña Inés y Don Juan fuero actores
De ese amor que soñando el gran Zorrilla
En la quinta risueña de Tenorio,
A la obra de Tirso dio esperanzas
Y encumbró tu apellido a la leyenda.
TORO DE LIDIA
Las olas del mar se rompen
Cuando chocan con las rocas
Escarpadas y sedientas.
Se retuercen las cascadas
En abismos impolutos
Verdes, rojos y escarlatas.
En contra de la corriente
Los salmones se debaten
Por regresar a su origen,
Caen, se revuelven, revientan,
Mueren, se matan no lloran,
Es su sino, la victoria o la derrota.
Pero el toro, ay, el toro es otra cosa.
El toro tiene en su casta
Estigma de su exterminio,
Su bravura es su verdugo
Y en la plaza no renuncia
Al capote y la pelea.
El no odia al pinturero
Que le engaña con su capa,
Brama, lucha y se defiende
Y sólo por acoso, mata.
Noble, bravo, animal fiero,
Tu destino es siempre el mismo,
Muerte y martirio en el ruedo.
Eras alegre en el prado
Cuando triscabas el pasto
Negro, reluciente y bello,
Y eres ahora despojo
Que sangrante y macilento
Te sacan del coso, muerto.
El público se divierte
A costa de tu martirio,
Se enardece con la sangre
Que brota en tu cuerpo herido.
Si por tu misma vivencia
Hieres en propia defensa,
Lloran por el hombre herido
Con fraternal sentimiento
El lego y el entendido,
Unos por el hombre mismo,
Los otros, por el artista.
Pero, cuando a tu lomo traspasa
Recalcitrante el acero,
Cuando tu roja sangre riega
Generosa el ancho anillo,
Cuando te hieren los hierros
Y la vida se te escapa
Poco a poco por la boca,
Cuando tu cuerpo estremece
El dolor y la agonía,
Cuando lanzas a los vientos
El bramido de tu queja,
Cuando tus ojos se vidrian
Y recuerdas verdes prados
Que no volverás a ver,
Cuando sientes la garganta
Reseca de amarga sangre,
Cuando tu pecho revienta
Por tan injusto martirio,
Cuando hieren en tus tímpanos
Que aclama tu matador,
Dime:
¿Quien de ti se compadece?,
¿Quien te llora, noble bestia?.
EL MONTE SE QUEMA
Un incendio se arrastra por el monte
Calcinando un suspiro de mi pecho.
Cada mata que arde, cada árbol,
Cada pobre animal que se calcina,
Cada flor que se troncha entre las llamas,
Cada grito de un ave achicharrada,
Me produce un atroz escalofrío
Y sacude en mi alma amargo llanto
Arrancando un pedazo de mi vida.
El sol se ha oscurecido entre los humos
Tan negros como el alma del pirómano
Que asesina sin bomba y sin pistola,
Como el más deleznable terrorista
Yo no sé que tormento le daría
A ese ser venenoso que aniquila
Poco a poco la vida del planeta.
Yo no sé, si llagamos al futuro
Si habrá ley que castigue con dureza
A ese Atila, que a lomos de su coche
Siente el hondo placer del exterminio.
Por mí no siento angustia, pues mis días
Apenas llegarán al nuevo siglo,
Pero esos nuevos seres que nos sigan
Viendo de sus albores nuevos años,
Tendrán sólo del bosque una estampa
En el marco reseco de un desierto.
Honor, un año nuevo ha terminado
Y soy más viejo aún, esos es un hecho,
Pero otro nuevo año ha comenzado
Y está por bien mi amor esperanzado
De entrar con él feliz y en pie derecho.