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MLAGA EN VERSOS
Paco Acosta
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EL SABOR DE LOS PREGONES
I
Las manos en la cintura
la carga van sosteniendo;
en los cenachos, latiendo
alhajas de plata pura,
el marengo se apresura
a vender su mercancía.
Su pregón lleva alegría
a portales y balcones:
¡”Salí” niñas!
¡Boquerones!
¡Que son fresquitos del
día!
II
En la esquina, el
castañero
con su pregón nos incita:
¡La castaña calentita!
¡Cuesta “mu” poco dinero!
“Asaítas” con esmero
en la olla me revientan;
mis castañas alimentan
y el hambre te la
consuelan.
¡Niñas, que solas se
pelan
y las manos te calientan!
III
La blanquísima biznaga
en su verde pedestal
da al olfato un festival
de perfume que lo
embriaga.
Este olor que tanto
halaga
lo esparcen los
biznagueros
en pregones callejeros
de malagueños sabores,
que de aquí son los
mejores
pregones y pregoneros.
IV
¿Dónde estará el
barquillero
que armonioso pregonaba
y de canela llenaba
nuestro asueto
dominguero?
Aquel viejo pregonero
de nosotros iba en pos
tentándonos con su voz:
¡Doy cinco por la peseta,
y el que acierte a la
ruleta
por uno se lleva dos!V
Y, ¿dónde la viejecilla
con su puesto de
altramuces?
¡Son “salaitos” y dulces!
¡El cartucho una
perrilla!
Acurrucada en su silla,
era un copo de blancura
llena de paz y dulzura
su tan arrugada tez:
imagen de mi niñez
que hoy evoco con
ternura.
VI
Un pregón por las esquinas
rompe los silencios
hondos:
¡Que son gordos y “reondos”!
¡Que los traigo sin
espinas!
Y salían las vecinas
al encuentro del pregón;
en el repleto serón
sobre la caballería,
el chumbo resplandecía
como verde tentación.
VII
Era, con su anafe a
cuestas,
el soldador y el estaño,
el vivo ejemplo de antaño
de las industrias
modestas.
Las herramientas
dispuestas,
a los golpes del martillo
machacaba el estribillo:
¡Niña. pongo en un amén
“er” culo “pa” la sartén
y la “jasa” “pal,jarrillo”!
VIII
Su pregón partía,
alterno,
en dos mitades el año:
¡Las sombrillas las
apaño!
¡”Pal,otoño” y “pa,linvierno”!
Nuestro tiempo, más
moderno,
desterró aquel pregonero;
como un eco postrimero
yo recuerdo todavía
aquel pregón que decía:
¡Paraguas! ¡El
sombrillero! |