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MÁLAGA EN VERSOS
Paco Acosta
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GALAS DE FERIA
I
Cuando Málaga amanece
con un viso de locura;
cuando toda su hermosura
con más fuerza
resplandece;
Cuando su Centro aparece
con hilos de sol bordado;
cuando en el cielo dorado
viste sus galas la noche
con un jazmín como
broche,
es que la Feria ha
empezado.
Las calles son como un
río
surcado por la alegría,
cuya corriente varía
según se mueve el gentío.
Gracia, duende, señorío;
con la calor agosteña,
de cada cuerpo se adueña
un frenético vivir,
que acabará al despedir
nuestra feria malagueña.
En el Centro no hay lugar
por muy pequeño que sea
que no acoja esta marea
para cantar y bailar.
Con su caracolear
avanza la cabalgata:
cien caballos en reata
bracean de trecho en
trecho;
los hombres lucen al
pecho
los catavinos de plata.
II
Cada grupo se acompaña
bajo el sol abrasador
del ruidoso tambor
y la trepidante caña.
Entre tanta gente extraña
que al unirse se
alborota,
la fiesta eleva su cota
y la gente desafina
mientras cada cual empina
una inagotable bota.
Los brazos se alzan al
cielo
como plegarias flamencas;
las biznagas, en las
pencas,
mueren de envidia y de
celo.
Crines de trenzado pelo
peinan los potros
piafantes;
los mocitos, arrogantes
en sus trajes de
camperos,
fingen aires de toreros
con sus poses y
desplantes.
Y por la noche, ¡al Real!
Noche de luz y color
donde el polvo y la calor
la hace espesa y sensual.
El recinto del ferial
al llegar la madrugada,
huele a pollo, a
ensalada,
a churros, a chocolate,
a turrón, a piñonate
y almendra garapiñada.
III
En el Real, las casetas,
lucen vistosas fachadas
bellamente decoradas
con flores y cadenetas.
Las pistas bullen
completas;
y en medio del torbellino
cada cual se abre camino
para ocupar una mesa,
mientras el aire se
espesa
con los vapores del vino.
IV
Cuando se encuentra el ferial
en lo mejor del festejo,
un pintoresco cortejo
hace su entrada cordial.
Con su bandera triunfal,
con sus sombreros
florales,
con los arcos musicales
que su violín desprende,
de repente nos sorprende
la Panda de Verdiales.
La piel seca del pandero
marca el compás de la
copla
y la guitarra se acopla
al viejo verdialero.
Con puro aire fiestero
y una voz que suena rota,
de la garganta le brota
un estridente estribillo
cortante como un cuchillo
por lo agudo de su nota.
La castañuela sonora
- todas las cintas al
viento -,
hace salir al momento
a la joven bailaora.
El público sin demora
se abre en círculo
anchuroso
y ella, con su porte
airoso
derrama gracia y solera;
alguien baila la bandera
con ademán vigoroso.
V
Sea de día, sea de noche,
sea de noche, sea de día,
la fiesta es todo
alegría,
divertimento y derroche.
Como fin, un bello broche
cierra este ciclo anual:
una semana estival
que no es fácil que se
olvide,
y la Feria se despide
con la Gran Traca Final. |