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Crónicas de Alhaurin.com Noticias del
19 de Enero de 2019 |
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No digamos más tonterías | | Jacinto Martinez Anton. 19.01.19 | Ampliar |  No digamos más tonterías porque el decirlas nos define como tontos. Tontos útiles, tontos inútiles, o como diría el periodista Luis del Val, tontos solemnes. En este último grupo se sitúan cada vez mayor número de nuestros políticos, sobre todo aquellos politiquillos de medio pelo que no habiendo entendido nada, se ven impelidos a repetir ocurrencias y monsergas que consideran propias de su supuesto ideario político. Todas las ideas, y, sobre todo, todas las personas, son dignas de respeto, pero no por ello hay que creer en ellas. Algunas, muchas, de las ideas que expresan los que juegan a la política, van contra la razón y son claramente tonterías, letanías inútiles, cuando no dañinas para la convivencia, el respeto al que piensa de forma diferente, o el que se opone a lo que nosotros defendemos. |
| Sartas y ráfagas | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 19.01.19 | Ampliar |  Cuando estábamos en la mili se aprendían cosas que se les habían pasado a la escuela o que la escuela no había podido atender, a pesar de ser nacional con ínfulas de nacionalismo. Eran años grises por el color de la ropa de los policías y años caquis por el color de los uniformes de la mili y de la milicia. En la mili nos enseñaban a escaquearnos, a camuflarnos, aunque en los desfiles los soldados altos iban en los primeros puestos, siendo los bajitos, los que mejor se podrían escaquear, los que quedaban condenados a ser la cola de la serpiente, eso sí, caqui. En un receso de las clases teóricas, un compañero nos comento: - “Fíate, vieho”, hay que tener mala leche para inventar un fusil que, además de tener varias opciones: seguro, tiro a tiro y ráfaga, se carga solo después del primer disparo, porque aprovecha el retroceso y se carga de nuevo alimentándose del cargador |
| El candidato | | Pedro Biedma. 19.01.19 | Ampliar |  Se trataba de la primera entrevista de trabajo de esa mañana. El futuro seleccionado, debería ser alguien que me transmitiese total confianza, compartiría con él todos los secretos de mi empresa, no podía errar en la elección del candidato. – ¡Adelante!, grité. Juan abrió la puerta y le pedí que tomase asiento frente a mí. Le ofrecí la mano y me la estrechó sin convicción, no le concedí importancia, sería debido al nerviosismo. – ¡Hable sobre su curriculum!, Juan. Mientras me relataba sus conocimientos y experiencias, me dediqué a observar su aspecto y gestos. Engominado hasta las cejas, perfectamente trajeado y emanando un agradable olor a perfume caro, pensé: |
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