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El candidato | | Pedro Biedma. 19.01.19 | |  Se trataba de la primera entrevista de trabajo de esa mañana. El futuro seleccionado, debería ser alguien que me transmitiese total confianza, compartiría con él todos los secretos de mi empresa, no podía errar en la elección del candidato. – ¡Adelante!, grité. Juan abrió la puerta y le pedí que tomase asiento frente a mí. Le ofrecí la mano y me la estrechó sin convicción, no le concedí importancia, sería debido al nerviosismo. – ¡Hable sobre su curriculum!, Juan. Mientras me relataba sus conocimientos y experiencias, me dediqué a observar su aspecto y gestos. Engominado hasta las cejas, perfectamente trajeado y emanando un agradable olor a perfume caro, pensé: | – Presumido y arrogante, no tiene importancia, cada cual tiene su forma de ser, la apariencia física no debe ser excluyente y la arrogancia puede ser indicativo de capacidad de mando. – ¡Indíqueme sus pretensiones económicas!, Juan. Dubitativo, no me dejó nada claro el sueldo que pretendía ganar, llegué a la conclusión que se conformaba con el publicado en la oferta. Algo que me llamó la atención, fue que mantuvo su mirada esquiva desde el primer instante. No me gustan las personas que no miran a los ojos, pero lo atribuí al estrés del momento y a una posible señal de timidez. En general me resultó un buen candidato para cubrir la vacante, su formación, experiencia y cartas de recomendaciones eran extraordinarias. El apretón de manos y su mirada jugaban en su contra, no terminaba de convencerme. Sin más, lancé la pregunta definitiva: – ¿Es usted una persona en la que se pueda confiar?, Juan. Mi directa interrogante le descolocó por completo, sin duda no la esperaba. Comenzó a balbucear y moverse en la silla, por fin articuló unas palabras: – ¡Créame!, le juro que....... Me bastó con oír el primer vocablo, ahí supe que no me podría fiar jamás de él. Sin dejar que finalizase su narración, me incorporé, le volví a estrechar mi mano y le despedí deseándole suerte para una futura ocasión. Él se levantó y con la vista fija en el suelo, se marchó pronunciando un simple “adiós”. A lo largo de los años, he aprendido que cuando alguien te engaña y lo descubres, la primera palabra que acudirá a su mente, en un intento desesperado de justificación, será: – ¡Créame! Aquellos que no mienten, nunca comienzan rogando que los creas, lo harán argumentado su verdad.
AUTOR: PEDRO J. BIEDMA |
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