
Podemos decir, también ahora, como en nuestros jóvenes años, que de todos y todas es sabido que hay gente que no se calla ni debajo del agua.
En la mayoría de los medios, y nos podemos arriesgar a decirlo, hay gente a la que le gusta pontificar, pero no precisamente para unir, que eso es construir puentes, sino para separar, para insinuar intelectualmente que no están los tiempos para gastarlos en una decente y docente convivencia. Pontifican ex cathedra, dogmáticamente, con una dignidad, casi sacrosanta que, además, ya no poseen.
La convivencia, incluida la de ideas, y que curiosamente, para colmo, no siempre son las mismas, según qué momentos, se desgarra poco a poco, aunque sus promotores se las den de aparentar que son los mismos y, además, exquisitos y humanos.
Podemos, además, recordar, cosita esta que no suelen hacer más de uno de los que salen a la palestra, un día sí y algún día que otro también, y nos hablan de lo maravillosas que son sus ideas y de lo equivocados que estamos todos los demás.
Podemos ver, cómo día a día, nos colman de cuentos chinos, que no se creen ni ellos, pero que, tanto en su día como ahora, no paran de erigirlos como verdades absolutas y eternas.