
A lo largo de mi vida he escuchado muchas veces preguntas como: "¿Qué hago yo aquí?" "¿Qué se supone que he venido a hacer yo a este mundo?" "¿Qué debería estar haciendo en la vida? Yo creo que no hago nada útil...".
Desde el momento en que cumplimos los 13 años, más o menos, nos hacemos la eterna pregunta "¿Qué he venido a hacer a esta vida?", antes no, porque estamos demasiado ocupados jugando y flipando con todo lo nuevo. Y esto ocurre porque hemos perdido la memoria del momento en que decidimos qué queríamos aprender y qué queríamos enseñar en este nuevo proyecto, ya que todos somos alumnos y maestros a la vez.
Os comentaré también que es muy difícil no estar haciendo aquello que hemos venido a hacer, aunque no seamos conscientes de ello. Decía la canción de Rubén Blades: "Si naciste para martillo, del cielo te caen los clavos". Y es cierto.
Por ejemplo, si has venido para aprender a compartir, la vida te estará presentando innumerables ocasiones para que compartas con los demás aquello que posees, incluso aunque sea poco, y no me refiero solo a cosas materiales, pues también está el conocimiento.
Es más... la vida te premiará con abundancia cada vez que compartes, porque esa era tu misión y no otra.