“¿Qué piensas que ha sido de los jóvenes y de los ancianos?” Walt Whitman.¿Por qué no pueden existir héroes viejos, ancianos poderosos que con sus acciones y con su lucha cambian la realidad? Por ejemplo, Don Quijote, un viejo con una locura libre y revolucionaria.
Cuando se define a la vejez solo como la falta de juventud, considerándola como una enfermedad, sin ver en ella nada positivo, presentándola como algo que debemos temer y casi ocultar, se está tomando partido, separando y enfrentando a jóvenes y viejos. Lo que se transmite es considerar a la vejez como una edad que nada puede aportar, que no es “productiva” y solo constituye una carga para la sociedad. Cuando todo se reduce al beneficio, quien ya no puede ser objeto de explotación, no solo es prescindible, sino que es una carga -en el apartado de pérdidas- que es necesario recortar reduciendo su pensión y los cuidados que recibe.
Frente a esta visión mezquina -que se difunde desde quienes ostentan el poder- existe una corriente mucho más poderosa de solidaridad y reconocimiento del conjunto de la sociedad hacia sus mayores. Es atávica, con raíces de siglos, pero también muy moderna, enfrentando cuestiones rabiosamente actuales.
En el gran arte tenemos muchos ejemplos que expresan esa sensibilidad, presentándonos viejos fuertes, hermosos y activos, y no únicamente pasivos y decrépitos, tejiendo lazos irrompibles de unidad y solidaridad entre todas las edades y generaciones. Valores y enseñanzas que, en obras incluso realizadas hace siglos, adquieren una prodigiosa modernidad.