
Los que un día se fueron con lágrimas de su pueblo, no cosecharán lágrimas de olvido con su ausencia, sembrarán semilas de alegría con su regreso…
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Escuché por la radio, hace unos días, la mblemática canción colombiana “Pueblito Viejo” y, con el alma arrugada y el oficio de ponerme triste porque ahora por albures del destino estoy lejos, me acuerdo del mío, de mi pueblo, aquel de calles llenas de sol donde, de niño, le sonreía a la vida y coleccionaba, con Jaime, el de Josefa, estampillas que Teresa Picón, la telegrafista, nos regalaba…Y entonces descubrí que a su pueblo lo lleva uno por dentro, anidado en el corazón de quienes hoy allí no estamos o ya se fueron…
…Y oyendo la misma canción, de mi pueblo reconstruí en la mente sus
calles, sus callejones, sus esquinas, su plaza, mi barrio, mi casa, mis
vecinos y, por lo tanto se siente uno algo viejo y ve como, sin
detención posible, ha transcurrido el tiempo bajo aquel mismo pedazo de
cielo que aún le adorna y, en el intento de una lagrima detenida, hago
memoria de que apoyado en una ventana miraba a la vecinita de enfrente
volviéndose mujer en su nombre de mujer…