
Sí, es un contradios en el sentido con que el Real Diccionario de la Lengua Española dice que esa expresión define algo vituperable, incalificable e inaudito. En el momento de desarrollo económico que vivimos en esta parte del planeta, por más duro que parezca, padecer la pobreza extrema es un contradiós como mínimo tan evidente como el que manifiesta el presidente de los banqueros de España, José María Roldán, cuando dice que el que un banco tenga que pagar a alguien por pedir un préstamo es un contradios; de la misma manera que lo es cobrarle a un cliente un dinero por llevar sus recursos al banco. Eso es en nuestro sistema financiero, dijo en unas declaraciones al periódico “Cinco Días”, una contradicción, un contradios.
Ofende al más elemental sentido que se tenga del Estado capitalista, o de la tan cacareada “sociedad libre de mercado”, que en medio de la opulencia, de los restaurantes abarrotados los fines de semana, de los aeropuertos que no dan abasto a tantos vuelos llenos de pasajeros que han aprendido en nada de tiempo las ventajas de los “viajes a bajo coste”, o de los establecimientos repletos de mercancías que los consumidores arrasamos en las rebajas y fuera de ellas, existan personas que carecen de lo más indispensable para subsistir.