
No he hablado personalmente con Don Alfonso Guerra, pero conociendo su valía política, intelectual, y su sentido de Estado, probablemente esté reflexionando, a la vista de sus consecuencias, de la deriva actual de nuestra sociedad, sobre si lo más oportuno fue enterrar a Montesquieu.
Necesitamos un Estado que sea contundente y eficaz en la aplicación de las leyes; que la aplicación de las mismas tenga la misma filosofía en su aplicación que nuestro sistema impositivo, donde paga más el que más tiene. Es decir, que aquellos que ostentan un cargo público, o son portadores de un poder político, económico- financiero, social, religioso o judicial, sean los que reciban las máximas penas cuando transgredan la ley.
Necesitamos un poder judicial que se crea en su independencia, que aplique la ley con contundencia y Justicia ( con mayúsculas), incluso, y sobre todo, frente a políticos que utilizan el conocimiento de delitos, y no los denuncian, como es su obligación, a cambio de mantener prebendas o utilizarlos para pactos de dudosa honorabilidad.