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Crónicas de Alhaurin.com Noticias del
23 de Enero de 2016 |
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20-D 2015, de las plazas al Congreso
| | Jose Enrique Martin Centen. 23.01.16 | Ampliar |  Hasta 1975 la lucha era por la libertad donde muchos cayeron, se exiliaron o penaron cárcel, cuarenta años después algunos de aquellos luchadores, sus hijos o nietos vuelven a la lucha, pero hoy es por sobrevivir, lo hicieron tomando las plazas y calles de las distintas ciudades pacíficamente y contra ellos dictaron leyes respaldadas por una mayoría parlamentaria conseguida con el 33% de votos debido a un injusto sistema de recuento que someten al 67% de la población con la Ley “mordaza”, imponiendo multas y cárcel por las protestas siempre pacíficas. Pero los mansos encolerizaron presentando batalla en las urnas para ser oídos y obteniendo 69 escaños, un triunfo que se venía fraguando desde el 15M de 2011 al crearse un partido político atípico, fruto de asambleas reivindicativas donde podían aflorar contradicciones, discutidas, analizadas, aclaradas y corregidas, logrando un solo pensamiento que les llevó al triunfo por un discurso homogéneo desde el principio y con la financiación colectiva de sus militantes, militantes y votantes hartos ya de promesas siempre incumplidas en el mejor de los casos, cuando no lo contrario de lo prometido, puede que las propuestas primigenias se hayan suavizado, pero las líneas generales siguen intactas, ahí está la primera andanada presentada en el Congreso el pasado día 13, lo social como bandera de Podemos. Ya no valen las prédicas de los soberbios y sus voceros que surgieron entonces calificándolos con cientos de improperios peyorativos, hoy deben de tragarse esos sapos reflexionando, si saben, igual que Annah Arendt sobre los acontecimientos del mayo del 68 y las protestas sobre la guerra de Vietnam “debo decir que las comunas de hippies y desocupados nada tienen que ver con esto” 1. |
| Una mujer moderna
| | Cuentos y relatos globales. 23.01.16 | Ampliar | Erase una vez una chica llamada Stella. De profesión ingeniera, era de las pocas jóvenes privilegiadas que había conseguido independizarse antes de los treinta. Vivía en un apartamento corriente, situado en un barrio normal, de esos que no son tan glamurosos como los de Beverly Hills, pero menos vulgar que el South Bronx. De lunes a viernes, Stella trabajaba en la oficina de una constructora. No era el trabajo de sus sueños, pero el sueldo le daba para cubrir los gastos e, incluso, podía concederse algún que otro capricho. A pesar de tener una vida en apariencia plena, Stella no era feliz. Con el propósito de mejorar su figura, acudía cada tarde a un duro entrenamiento en el gimnasio. Su hipermusculado entrenador personal, la sometía durante dos horas a un ejercicio insólito; lo último en el mundo fitness. Consistía en colgarse de un arnés y levantar pesas a la vez. Los buenos resultados estaban garantizados, sin embargo, Stella seguía viendo la misma flacidez en sus muslos que antes de alistarse a semejante milicia fit. Luego estaba la dieta del momento: la del licuado. Un buen seguidor de este régimen se nutría principalmente a base de extraños brebajes, sin importar cuales fueran sus propiedades organolépticas. Los ingredientes se compraban en herbolarios especializados en plantas que eran tan exóticas como transgénicas. Stella ya ni se acordaba de la última vez que había entrado en un supermercado corriente y moliente. |
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