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Cuentos y relatos globales

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Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Nostalgia de los gratos olores del pueblo   

Cuentos y relatos globales. 26.02.17 Ampliar
Walter Pimienta. Los pueblos, como las ciudades, como las personas o las casas, tenían antes sus olores gratos, o, mejor, placenteros… un olor particular… Y me sucede que mientras  recorro las calles del mío, en viaje  mental al  ayer, me siento  envuelto en   la traspiración secreta que anteriormente  emanaba de cada calle; de cada rincón;  de las cocinas; de las caballerizas;  de los patios, haciendo  presencia  en  las  narices  más cercanas y lejanas… Uno llegaba a ciegas a él, y lo reconocía de inmediato por un efluvio que no extrañaba… Su plaza, por ejemplo, en otro  tiempo, olía a interminable celebración, a fandango, a cumbia, a ron, a cerveza, a ropa nueva estrenada para  la fiesta  de  la  Inmaculada  Concepción; a raspao de cola de los que vendía  José María…y,   allí  cerquita, en  la  iglesia, a incienso ardiendo y  a la  pólvora del historico cañón disparado por  Julián,  anunciando   las que  fueran  lejanas  juergas  y   convites…
…A fragante  madera serruchada y cepillada, junto  con  el  miasma de la cola pegante, olía invariablemente la  Calle de las Flores desde el  taller de carpintería de Josecito fabricando día  con día, en la  intimidad del martillo  con  los  clavos: asientos, puertas de entrada y de salida que son lo mismo, ataúdes y  ventanas…


Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
“GIRITO”
Cuentos y relatos globales. 19.02.17 Ampliar
*A merced de su navaja y sus tijeras, recuerda  nunca  haber hablado  mal del  peluquero.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- “Girito” (en este caso el  mismo Ángel  Arteta, quien en los años de mi infancia viviera en la  Calle del Palenque),  fue en vida   tan  buen  peluquero  que cuando la gentes del  pueblo, los domingos en horas de la mañana  solicitaban sus servicio y  no lo  encontraban disponible en su  casa, ya que  seguro estaba en el  casino  “El  Canato” jugando  “diablito”  con su  amigo  de ocios Casimiro de la  Hoz,  éstos, sus  clientes, con algún  servicial muchacho  lo  mandaban a buscar   enseguida  con  carácter  de urgencia   en atención a que todos en el pueblo,  en tal  tiempo, tenían  por  bien la buena  costumbre de ver  a los  demás  correctamente  motilados, ejercicio con el cual,  él, a punta  de tijera, se ganaba la  vida y  le quitaba a las personas esa apariencia de  antisociales  que  tenían por  andar  tan peludos , así se gastara en la  inconmovible y  paciente tarea algo más de mediodía  desenmarañándole a los cabellones sus   pelos rígidos, inflexibles y tirantes, con tal de hacerles  parecerse  nuevamente ante el  espejo  y  los ojos  de  los  demás como personas confiables y civilizados seres  humanos…        
-Espérenlo, él viene ahora- decían los solícitos vecinos- no se vayan. No demora.

Conversaciones en la choza de don Catalino
Cuentos y relatos globales. 12.02.17 Ampliar
Luis Antonio Ismael Muro Mesones.- A través de la trenzada tranquera de palos, se filtra de afuera el gélido viento de la noche y también la pequeña luminosidad opaca que existe del trozo de la luna, en su fase de cuarto menguante.
Dentro de la pequeña choza, como a veces suelen reunirse, como un refugio para ocultarse de ciertas raras  noches como ésta, que se da en la planicie de la comunidad, el profesor Eustaquio Mendo y don Catalino bebían aguardiente, y silenciosamente conversaban y definían:
- Este aguardiente por más puro que sea, como le dicen “puro cogollo”, aquí en las alturas de estas punas se intimida como nosotros y pierde su vigor, si hasta parece agua de manantial trasparente y fría que no aviva nuestra sangre, ni entibia todos los huesos del cuerpo, que atrapan el frío a través de nuestras manos y pies. – Estas apreciaciones las decía don Catalino.
La conversación era tarda y callada. La exigua luz que requerían de la vela de cera era suficiente para percibir los duros rasgos faciales de ambos, pero ellos se ocultaban de esa pequeña luz, para soltar sus palabras, que dolían al brotar de su boca.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
El profesor Rodríguez
Cuentos y relatos globales. 05.02.17 Ampliar
*Si tienes que poner a alguien en un pedestal, pon a los maestros. Son los héroes de la sociedad.-Gay Kawasaki. (Reconocido especialista de las nuevas tecnologías y el marketing.)
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- Del siempre recordado y bien querido profesor Rafael Rodríguez, cuentan quienes fueron sus consagrados discípulos, sacaba de la maravillosa caja de su fresca memoria, los maravillosos relatos de las intrépidas batallas de Bolívar como si a caballo  y haciendo de aguerrido lancero, hubiese estado en ellas; así    refieren  también que, más que profesor en su  esencia, él  era  para  ellos un erudito  cuentista de  aquellos memorables sucesos, usando para  el  asunto un candente  verbo  patriótico y  enérgico de arengas y  discursos que, allá, en   los años  de  mi  niñez, ahora me  hacen recordarle cada  20  de julio -día memorable de la patria- cuando frente a la alcaldía del  pueblo, en  los actos cívicos de la escuela primaria, con su  lengua de fuego, reprimía y  sometía españoles que, de pronto,  por  ahí todavía sobrevivían escondidos, y  contra  los  cuales  echaba rabiosos  vivas a Colombia, haciendo  por  igual de Nariño y  Santander; de Córdoba y  Girardot, apologías y elogios capaces de resucitarles y  así tomaran nuevamente el  fusil en  busca de cobardes chapetones atrincherados en  las amarillentas páginas de los libros de nuestra historia, y  de  los cuales, en estampida y  cagados  de  miedo  salían,  gracias a su nacionalismo y a su imaginación elocuente y  desbordada…

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Casimiro y "El Aire"... "El Arte" y...

Cuentos y relatos globales. 29.01.17 Ampliar
*“Mi carro no bota aceite, está marcando su territorio"
 (Frase escrita en la defensa de un camión)

Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.-  Hacia mil  novecientos  y  pico ( siempre  hay en la  suma imprecisa de los años “un pico”, largo o corto; pero  lo  hay y, en este caso, póngalo usted del  tamaño que  quiera), en pleno atraso municipal, por  una abrupta trocha o camino  de herradura mal llamado “Carretera del Algodón”, luego  de ocho  horas con cuarenta  y  cinco  minutos y  doce segundos  que  durara la penosa  travesía –por  así  calcularlo-,  habiéndosele pinchado entre los lodazales tres veces una misma  llanta, y derramando  aceite por alguna parte, pitando alegre en señal de triunfo, llegó por  vez  primera  al pueblo “El Aire”, el  camión de  Casimiro…o Casimiro, el chofer de “El Aire”…
“El Aire” tuvo  por dueño y conductor al  siempre visionario y  emprendedor Casimiro de la Hoz Ortega, barranquillero él, casado aquí y  radicado entre los nuestros hasta  el día de su  muerte, y quien vio en la entonces primitiva plaza el lucrativo y decente negocio sin competencia de transportar por  igual en su  camión hasta  la  ciudad a los pasajeros lugareños junto con sus productos de labranza.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
“Ves a la tienda y me compras un envelope”
Cuentos y relatos globales. 22.01.17 Ampliar
*Nadie es más solitario que aquél que nunca ha recibido una carta. (Frase de Elías Canetti, escritor y pensador en lengua alemana, Premio Nobel de Literatura en 1981.)
Escribe; Walter E.  Pimienta JiménezLa gente de hoy en el pueblo, ya no escribe cartas a manera de la de antes. El  don de la palabra escrita parece haber muerto después del  punto final que  mi  madre, con fuerza expresiva, sobre  el papel imprimiera en la última correspondencia que desde la aldea, por  correo certificado, enviara a su r hermana Ofelia residente entonces en los Estados  Unidos, sitio  para  mi lejano  y nada familiar y al que yo  en mi  infancia consideraba el último del  mundo.
Con bonita letra grande y  clara, mi madre escribía “en voz alta” para oírse a sí misma porque cuando se siente la nostalgia y  la ausencia de otro  u otra, por  dentro habla el corazón y  el  pensamiento creador dice cosas alegres y  tristes tal  que  la  vida  misma…¿Qué  sobre  qué le escribía?...De  lo mismo aunque no  fuera igual; es decir, de lo  cotidiano, de nosotros sus cuatro  hijos, de la gente  del  pueblo, de los malestares familiares y  ajenos, de los vivos  y  los muertos y  hasta  de los sueños más nobles y  cordiales como  si  allí, en la mesa de comedor, sentados, mi  tía, ella y  yo, conversáramos en familia.

-Historias para ganarle al olvido-
Un relato de Navidad… Un chicharrón  para “prima Cristi”

Cuentos y relatos globales. 15.01.17 Ampliar
*A  todo puerco gordo le llega su  San Martín.
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.-
¡Corran! -¡Corran! ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Se me muere  la puerca! ¡Se me muere  la puerca!...Gritaba desesperado “primo  José  Ángel Molina”, quien, agitando las manos, pedía a sus vecinos, a voz en cuello, alguna forma de ayuda en su afán por  salvar a su  más estimado animal de chiquero por  el cual nunca quiso recibir en compra y  venta cualquier cantidad de dinero.
La  voz que  pedía auxilio, llevada por  las brisas ventoleras del  más alegre diciembre que en mi  natal Juan de Acosta se viviera, corrió calle arriba y  calle abajo, penetró claraboyas y calados; abrió viejas  ventanas, puertas falsas  y  portones, alarmando al  vecindario de “El  Repaso” que, con el  angustioso llamado, se asomó todo asustado.
De  inmediato,  como disparados por un invisible resorte, los hermanos: Tomás Alfonso, Lucho y  Napoleón Coronell; Óscar, Toribio y Juancho Rocha; acompañados por  José Rafael (hijo del dueño de la puerca del  cuento), quienes desde bien  temprano, contentos y  animados, en la esquina de Conchita Arteta, tomaban ron anisado, seguidos de una bulliciosa chiquillería –entre quienes desde luego me encontraba yo- nos  volcamos oportunos a la casa de quien, preocupado, algo  nervioso y  ofuscado, requería la  más pronta colaboración.

La venta de Evaristo Paico Quispe
Cuentos y relatos globales. 08.01.17 Ampliar
Tullinta es una pequeña comunidad alto andina, con chozas agrietadas que parecen haber resistido suficientes terremotos, chozas dispersas en la llana puna gradualmente alisadas y onduladas, dentro de las elevaciones de la cordillera, y zona abrupta de tierras de secano, adonde las cumbres de engrandecidos cerros ya codician atrapar las nubes cargadas de lluvias y vientos alisios que empujan desde la selva. Entonces la agricultura para esta comunidad se convirtió en una actividad demasiado vulnerable para la subsistencia, con un paisaje solitario de esparcidos arbustos doblegados, pero no rendidos, que se parecen a los tercos paisanos de esta zona; y dentro de este panorama, las gramíneas como el ichu son una bendición, ya que se les aprovecha como forraje- para los escasos auquénidos hambrientos que subsisten- y además como combustible.
Alguna vez los cerros amarillentos o marrones que acorralan a Tullinta existieron envueltos de hielo y crearon pequeñas lagunas con truchas, bagres, ranas y algas; pero eso ya desapareció por el cambio climático. Pero de todos los cerros de esta comunidad, el que se localiza más contiguo, y es mágico, es el cerro de Condorsamana (donde reposa el cóndor), y allí persistentemente dormitan estas aves, las más grandes voladoras del mundo, que pueden remontarse por todos los cielos de la américa del sur.
El que continuamente llega hasta el cerro Condorsamana es el pequeño Evaristo Paico Quispe, apacentando su puñadito de auquénidos. Él y su fiel perrita llamada Lucero llegan hasta aquí y, aprecian como los cóndores se arrojan al vacío y luego el viento los atrapa, los eleva a estas magníficas aves hacia lo alto ingresando al cielo andino para ocultarse allí.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Almanaques de  diciembre

Cuentos y relatos globales. 01.01.17 Ampliar
*La historia viene a cuento porque es un cuento
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.
- Diciembre soplaba como  soplaba antes en diciembre sobre  la feliz aldea. Las  rosas finas de los jardines caseros, en todo  su esplendor y color, en asamblea mística de gratas  fragancias,  perfumaban el ambiente atrayendo a las abejas polinizadoras y, por los  resquicios de los techos de las casas, los cucaracheros a su  turno cantaban su  repetida  canción de amor y de poesía; así  como los colibríes,  en concurrencia perfecta de vuelo  inerte en el aire,  rápidos  como un relámpago,  incesantes atrapaban en  cada  flor con sus largos picos el  néctar de vida en tanto, arriba, el cielo más azul de todos los cielos azules, era el  más hermoso complemento  del paisaje.
Todos  estos  signos del  glorioso diciembre, vueltos resurrección de la  fe, alegraban al pueblo, pero a mí, en especial, me inquietaban vivamente los pintorescos almanaques que  por  cortesía de la “Cafetería  Almendra  Tropical” y de algunas empresas y  graneros, presentes en diciembre en cada con sus  coloridas litografías, ofrecían  las mismas un acertado color local, representando escenas tan  vinculadas con nuestras gratas costumbres a manera de cuadros y episodios que allí  plasmados, a propósito,  dibujaban la historia completa de nuestras vidas como  si  hubiesen  salido desprendidas del pincel de muchos  pintores aquí  nacidos trazando  en  todas las tonalidades las experiencias de cada quien…

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Cumbia, sofocante cumbia… (O el día en que a “Mema”, un 8 de diciembre, le cogieron la…)

Cuentos y relatos globales. 25.12.16 Ampliar
*“Más vale una noche de cumbia que toda una vida lavando y planchando ajeno”.

Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Seguido por una estruendosa bulla de tambores que erizaban la piel e incitaban al baile, aquella alegre y estrellada noche del 8 de diciembre, en plena fiesta patronal de la Inmaculada Concepción, José Ávila Charris, el flautero de la Cumbia de Chorrera, como si padeciera de asma repentina, metiendo y sacando aire de sus pulmones al carrizo de millo pegado por siempre a su boca, sin pausa, hinchados sus cachetes y brotados los ojos, tocaba y tocaba “El gallo giro”, una cumbia sofocante sin principio ni fin y que dando vueltas y más vueltas en la concurrida plaza del pueblo, cual una bendita “sonata inolvidable” traída de los lejanos montes, quería quedarse allí derrotando de manera contundente cualquier asomo de desconsuelo y tristeza.

"Cruz Loma, y yo"
Cuentos y relatos globales. 11.12.16 Ampliar
Por Luis Antonio Ismael Muro Mesones.- Desde hace fecha se me ha dado por recordar. Ya mis sentidos estaban henchidos de querencia en mí ser; y se extendían por saltar los empinados cerros, que alcanzaban el fin, adhiriéndose hasta el cielo.
A partir de aquel día, cuando los tupidos trigales suavemente se revolvían con el viento o, cuando  la  avanzada hora de la tarde se detenía en las profundidades de las quebradas, y las perdices arrojaban sus graznidos desde sus ocultas nidadas en las pencas azules   a la soledad de esta sierra. Antes que el aguacero de Enero comenzara a caer y caer, sobre las faldas ásperas de los marrones cerros terrosos, y se apartara toda esta lluvia para Mayo, cuando la existencia verde y las florecillas  silvestres envolvían lo marrón de todos los cerros. Yo  ya estaba con un latido extraño, que  golpeaba mi  corazón.    Quería, repasar fríamente mi vida sin nostalgias: “Ahora  recuerdo”  me dije: y  comencé  a irrumpir en mi pasado neblinoso.
Me introduje en busca de mis huellas, de mis malos pasos de antaño, esos pasos de  tiempos  distantes, a olfatear mi rastro como si fuera un perro de caza. Tanteé desde el borde del camino, todo mi pasado que vino a mi presente; en este espacio silencioso  que me brindaba esta sierra. Todo se estaba dando allí, eran mis nítidos recuerdos. Esa  vida errante, ese pasado tiempo,  que se  fue  mezclando con   este presente peculiar.

Papel y lápiz (Un texto decembrino)
Afuera ya es diciembre

Cuentos y relatos globales. 04.12.16 Ampliar
* Diciembre siempre necesita más de un verbo para vivirlo y más de un adjetivo para calificarlo.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Absorto en sus actividades cotidianas, Clodomiro tardó un poco en advertir que afuera, en el exterior, ya es diciembre detenido en las redes de luces de colores titilantes y brillantes que su viejo vecino Inocencio, montado en una escalera, en la ventana de su casa coloca.
 Todos, menos Clodomiro, aguardaban a diciembre; los pájaros que, escondidos por ahí, susurran entre las hojas. Las estridentes chicharras incapaces de guardar silencio y el alegre vendedor de gorros de Papá Noel que con aire de fiesta y feria de pueblo, hace de la calle un domingo…

¡ACCIÓN contra las obras de Gas Natural en Doñana!
Resistencia para salvar Doñana

Andalucía. 29.11.16 Ampliar
Todavía es posible frenar el proyecto de Gas Natural Fenosa. ¡Firma para pedir que lo paralicen!
A primera hora de la mañana nuestros activistas han comenzado una acción de protesta en las instalaciones de Gas Natural Fenosa en el entorno de Doñana. Una veintena de activistas han empezado a paralizar las obras para extraer y almacenar gas en este espacio protegido y han montado un campamento de resistencia a la entrada de la instalación bajo una gran pancarta en la que se lee “Doñana no es un almacén de gas”. Además, escaladores de la organización han montado otro campamento en lo alto de una de las estructuras en la zona del proyecto.
Un despliegue que trata de llamar la atención y frenar la barbaridad que pretenden perpetrar en el entorno de uno de los humedales más importantes de toda Europa. Y que busca denunciar que el proyecto es tan peligroso como innecesario y nos aleja de cumplir con los compromisos que España va a asumir al ratificar el Acuerdo de París mañana en el Congreso de los Diputados.


Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
LA PAZ Y YO...YO Y...
Cuentos y relatos globales. 27.11.16 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.-
…Nací en una generación asomada siempre a la sombra de la violencia y de la guerra que hacia 1953, se vivía en el interior del país y no tanto así en la Costa Caribe Colombiana, mi cuna natal (Juan de Acosta), tierra donde los campesinos de hacha y machete, sumergidos en el espeso monte, permitiéndose concesiones y privilegios con las venenosas culebras y las punzantes y lacerantes espinas, de buen gusto cantaban décimas y cuartetos como este:
Machete cortá y cortá
Y sal ya de la cubierta,
Para que en la tierra abierta
Pueda mi millo sembrar
*
Tras un trago va otro trago,
Tras la nada un trago va,
Tras la esperanza perdida
Viene la felicidad…

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
El sombrero …de mi abuelo
Cuentos y relatos globales. 20.11.16 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.-
*A mi abuelo Hernán, quien vestido de entero y sombrero, tuvo “ilusiones de duque”…

Lo primero que toca decir y escribir es que, apenas mi abuelo Hernán se ponía su sombrero de fieltro color marrón marca “Barbisio”, se parecía enseguida a uno de esos tantos duques que, por allá, por los años sesenta y pico –el pico póngaselo usted- , aparecían en la prensa fotografiados dando a conocer de él (del duque), algún secreto familiar a voces, queriendo revelar con todos sus pormenores y a todo el mundo la buena nueva de su próxima boda o su divorcio número noventa y nueve y medio…Era que en  ese tiempo no había esa vaina que ahora llaman dizque las “redes sociales” y se chismoseaba de otra manera…

En la peluquería de Joselito (O la palabra individuo)
Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-

Cuentos y relatos globales. 13.11.16 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.-
….Puedo decirlo ahora, mi  infaltable presencia sabatina en la peluquería de Joselito, animada desde la ocasión inicial en que de niño a ella  me  llevara mi abuelo Ismael para que éste me motilara, obedecía siempre a que en ningún otro lugar del pueblo como allí, encontré, entre mayores, conversaciones más ricas y expresivas.
En la peluquería de Joselito, las charlas se cocinaban a fuego lento, circulando por turnos desde el primero hasta el último de los clientes, sentados todos ellos en una larga banca, pulpito desde el cual estrechaban para siempre una útil amistad sacándole entre ellos la quinta esencia a una botella de “Ron Blanco” que, comprada en compañía en el estanco clandestino de Rosana, se bebían por los sagrados   méritos de sus hazañas.
En la peluquería de Joselito, entre muchos, sentó cátedra y saber José del Carmen Hernández, locuaz, como siempre, y dueño de unas palabras que yo no sé si alguien se las prestaba, pero que le parecían muy propias y que usaba con precisión como armas del lenguaje. Fue precisamente a él a quien en ese lugar, por primera vez en la vida, le escuché la palabra individuo, dicha con una sonoridad y puntualidad de acento tal que me hizo mirarle cual a un predestinado lingüista a quien solamente faltaba vestirlo de chaqueta londinense.


Crónicas de Macondo -Historias para ganarle al olvido-
 “LA MOSCA”… Por si las moscas

Cuentos y relatos globales. 06.11.16 Ampliar
*Cuesta trabajo creer que la mosca hubiese estado en el arca de Noé.

Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Cuesta algo de trabajo creer que la mosca (refiriéndome al díptero o insecto), hubiese estado en el arca de Noé, pero no es de ésta de la que a continuación les hablaré sino de otra, de la cual, todos, en más de una ocasión en el pueblo fuimos amables anfitriones hospedándola invariablemente los miércoles en nuestras casas por algunas horas.
A lo mejor atraída por nuestra hospitalidad sin precedentes, conocida más allá de la región de “el Caño Nieto” y “Lenguazaque”, los miércoles de cada semana y sin faltar a lo largo del año, llegaba al sitio una hembrona alta, robusta; de cabello mono, corto y ondulado, bolso negro al hombro y en tacones a quien le decían así, “la Mosca”.
“La Mosca era gigante y maciza, como de unos cuarenta años de edad, poseedora de una lejana feminidad en la que prevalecía algo de hombre reprimido y de mujer un poco tierna sin llegar a la frialdad de quienes por nada se turban.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Mi trompo de noviembre

Cuentos y relatos globales. 30.10.16 Ampliar
*Sobre una punta de fierro/a mí me gusta bailar/ soy amado de los niños/y no me mareo el girar.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Era noviembre, el esperado noviembre…  y debajo de la acogedora sombra del legendario  roble que aún está antes de la llegada del cementerio del pueblo, descalzos, Angelito; Romelio; Galo; Lucho, el hijo de Joselito, el peluquero; Chema Pérez; Jaime, el hijo de Arturito Jiménez;  Juan, el de Rebeca, y yo;  de mataperros y callejeros, trompo en mano, al zumbido y giro de los mismos,  juntos y  por el mismo camino, sin hacerle daño a la humanidad, le sacábamos a la vida todo lo que esta, en esos días,  tenía de  felicidad.
Noviembre, el esperado noviembre, no era noviembre para nosotros sin el juego del trompo que no daba tiempo para otra cosa cuando los niños de la comarca, sin dejar nunca de ser niños y mirando con recelo a los policías,   seguíamos siendo como la vida misma: sencillos, elementales, sin complicaciones y, conscientes de arder en el espíritu vago del sabio, jugábamos a jugar con la naturaleza…

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Perros amores… Amores perros
Cuentos y relatos globales. 23.10.16 Ampliar
* Los perros son, casi siempre, como los humanos los hacemos.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Yo no sé qué hace “Lindbergh”, mi perro, enamorado de “Blanquita” si ella ni le para bolas; es de una raza distinta a la suya y, además, muy pequeña para él… Cuando lo miro parece decirme con sus verdes ojos: “Estoy enamorado; me ha partido el corazón la vecina…Me gusta esa hembra”…
Yo, de ser él, me ahorro ese dolor que dice le da ahí… en el corazón… ¿Qué sentiría ayer al verla con “Pirata”, el perro de la Calle del Palenque?…Vi que temblaba todo, que se orinaba nervioso, que le faltaba el aire… Enamorarse es como enfermarse, pienso…
“Lindbergh”, ante los desaires repetidos de “Blanquita”, se desahoga ladrando. El ladrido de un perro desahogando su pena de amor, es distinto, muy lastimero…Es lo primero que hace en el día y desde bien temprano…Yo quisiera ayudarlo; pero cómo. Ella, la muy ladina, viene a la casa cuando Conchita, su dueña, no le da suficiente comida y él corre a olerla por todas partes y le da su comida…Interesada…Cree que no nos damos cuenta…
Si ustedes lo vieran. “Lindbergh” mueve su corta cola con la mayor alegría y le ladra dulce haciéndole insondables preguntas de amor; pero ella no lo quiere, quiere la comida que él le regala con ojos de lamento.
Me entristece la situación de “Lindbergh”, lo veo aburrido…Su historia de amor es muy triste y por más que ladre y ladre, “Blanquita” no cede a sus pretensiones; “Pirata”, el de la otra calle, le roba el sueño. Poco se valora, su novio es viejo, flaco, sucio, feo y garrapatoso…En cambio mi perro, de color chocolate, de lacio pelo lanudo, de ojos verdes, alto, esbelto, limpio, aseado y buen mozo, no le interesa para nada… así son las perras…No creen ustedes…



Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
El Papá Noel de las galletas del mismo nombre

Cuentos y relatos globales. 16.10.16 Ampliar
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- Cumpliendo con su sagrado y honrado deber de Papá Noel, el de las galletas del mismo nombre (“Galletas Noel”), hermosamente pintado en las latas que contienen el delicioso comestible, como detenido en su tiempo de pontífice para toda la vida, nos hizo creer, a los de mi generación y a las actuales, que todos los días de Dios es Navidad…Y qué bien que así fuera porque nada que conozca resulta para mí y para muchos más agradable y dichosos que esta fiesta.
Pasándose toda una existencia completa sosteniendo en su rosado rostro su sonrisa, el Papá Noel de las galletas del mismo nombre, sin duda, convenció al mundo entero de que él, aunque la gran mayoría lo considerara un fresco, no lo es tal…, póngase usted en la dura tarea diaria de sostener entre oreja y oreja una risa eterna e interminable y al final entenderá que, en el fondo, el tipo, más bien es todo un héroe porque hasta hoy, a lo mejor cansado de su oficio, no ha mostrado una mueca de dolor ni ha caído en el llanto y, antes por el contrario, ya está a punto de soltar este año otra vez su conocida carcajada de diciembre…

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
“El Mono Boleja”, peregrino viajero

Cuentos y relatos globales. 09.10.16 Ampliar
* Imaginario de un hombre que se  despertó una mañana sintiendo la necesidad inminente de andar caminos… (Caminante no hay camino, se hace  camino al andar”)
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- Madrugó y, campante, cogió viaje convirtiéndose desde ese día en la más grande figura peregrina que por los años de los años permaneció fuera del pueblo.
Cuentan que antes de irse, le dio alpiste a un canario flauta que tenía cautivo en una jaula de barrotes de carrizos y que después que la canora ave, amistosa le cantara promoviendo una fiesta en su cárcel musical,  “el Mono Boleja” le concedió a ésta su libertad viendo cómo el amarillo emplumado, después de una vuelta en redondo por el cielo, tomó rumbo de regreso a los montes de donde era.
-Los pájaros, por tener alas, son libres y yo también- se dijo.
…Y cruzando la última esquina “el Mono” se fue dispuesto a no permitir que  nadie  ni nada le atajara el camino.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
“La Noche con Ojos”
Cuentos y relatos globales. 25.09.16 Ampliar
No todos duermen en la noche, algunos ojos te ven…
*A Guillermo Tedio, aquí también…

Escribe; Walter E.  Pimienta JiménezDesde los calados del cuarto principal de su casa, ubicados casi a cuatro metros de altura, Servia, acostada  en su cama, sintió que en la oscuridad de la noche alguien la miraba. Se había medio despertado y, despegando un tanto los ojos, al reflejo de la luna, se dio cuenta que otros ojos lujuriosos  la veían. Estaba en ropa íntima, casi desnuda. Era octubre.
Con un estrepito de desatre, el sorprendido se tiró al piso. Servia gritó llena de terror y, afuera, el extraño, salió huyendo en veloz carrera. Era el sexto ataque de “La Noche  con Ojos”, esta vez en la Calle de la Iglesia.
Servia, recuperado el aliento, luego que le dieran a beber un vaso de agua con azucar, contó a los suyos que el hombre que la miró, tenía unos ojos desolados como ningún otro hombre los tenía en el pueblo, por lo cual consideró que era forastero.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
En tiempos de “Sangrenegra”
Cuentos y relatos globales. 18.09.16 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.
*”El problema no es salir a la orilla sino aprender a nadar tragando agua” (Dicho de Benito García, campesino de Bohórquez- Atlántico Jacinto Cruz Usma - “Sangrenegra”
Cuando niño, a lo sumo con diez u once años de edad, en el radio Philips de mi abuela Cristina escuché una noticia que, palabras más o palabras menos, así  leyó un locutor en “El Repórter Esso”:
“¡Atención! ¡Atención! ¡Extra! ¡Extra!...Un  chusmero a quien apodan “Sangrenegra”, conocidísimo en la región del Tolima, en desarrollo de una acción cinematográfica, con más de cien de sus hombres fuertemente armados, emboscó  a sangre y fuego a un grupo de agentes dejando en la violenta acometida nueve policías muertos que hacían en la zona labores de inteligencia. Unidades del ejército persiguen a esta hora  a los malhechores que escaparon a las montañas tras el inesperado golpe dado”… seguía diciendo la comunicación…

Yo, la verdad, a pesar del reprobable acontecimiento que se narraba, sobreestimé la información y a lo que sí di profunda significación fue al hecho incomprensible de que existiera en el mundo una persona que tuviese la sangre negra, lo que justificó enseguida para mí  que igual vivieran gentes de sangre azul, algo que según mis lecturas de entonces, sólo era mérito y distinción entre personajes de la realeza británica con  nobilísimos duques y archiduques de fabricación natural.


Crónicas del otro Macondo  -Historias para ganarle al olvido-
Pacho Luis, el domador de la muerte

Cuentos y relatos globales. 11.09.16 Ampliar
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez .- Pacho Luis Pimienta es mi último hijo. Registra en todo su cuerpo noventa y cuatro tremendas e impresionantes cicatrices; cuarenta y siete de ellas en su cara,  necesariamente mostrables porque todas, desde la más pequeña hasta la más considerable, son visibles y palpables.
-Son  como rasguños de tigres, de leones, de panteras, de jaguares, papá- comenta en forma tan crédula y simple y se las toca siguiendo con sus dedos el recorrido de las más largas y protuberantes.
Según cuenta, noche tras noche, una nueva cicatriz a la luz de la luna y las estrellas.
Una de las heridas, afectó un poco el párpado de su ojo derecho; sus orejas están algo estropeadas en sus bordes. Otro corte, ya sanado, en forma de una incuestionable “c”, hace su anotación en el costado izquierdo de su cara; una más, amplia como una avenida, se confunde con la comisura de su boca  y en su diario de sufridos tormentos, a lo largo de su cuerpo, con peladuras ocasionadas con agua hirviendo, ha quedado la razón poética de sus salpicaduras de amor ardiente.
-Esta me la hizo “el Negro”, el hijo del viejo Francisco. La de acá, la hija de Dominga, “la Mocha”. La de la frente, “el Mono”, de la señora Rosa.


Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
“El hombre Malboro"*
Cuentos y relatos globales. 04.09.16 Ampliar
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- Al “Hombre Marlboro” le sobraba la sonrisa; no le faltaba…, pero de pronto eso hacía que uno lo mirara. Lo que sí no le sobraba era su mirada arrogante y segura: mirada de fumador. La dirigió al mismo punto en que la cámara con que le fotografiaron hizo “clic” y tras un truco  visual de luz y oscuridad, plasmándole en el papel, le volvió famoso.
“El Hombre Marlboro” parecía haber acabado de batirse a aplomo con otro hombre no Marlboro y, luego de darle muerte a éste, porque no fumaba Marlboro, como si nada hubiese ocurrido, tomaría su caballo y cabalgaría sin ámbito invitando a todo el mundo al placer de fumar Marlboro en lugar de marihuana.
“El Hombre Marlboro” no era sólo una simple  fotografía; era algo más…Todos lo conocían sin saber  cómo se llamaba…o, sí, sí sabían cómo se llamaba, se llamaba…”El Hombre Marlboro”, el que hacía que el mundo fumara lo que él sin pensar en el caos del cáncer, sin necesidad de caballo y sin pradera… ah…y sin cielo…Y su sonrisa no fue una sonrisa común y corriente; era un reto conmovedor de ceño arrugado y de sombrero para un sol de 48  horas… “Vive el mundo Marlboro”- decía y cómo persuadía su mensaje…

Aullidos de mi sierra
Cuentos y relatos globales. 28.08.16 Ampliar
Con la oscuridad inmediata  de la noche, se viene el aumento de aullidos. Aúllos y explosiones que retumban en los cerros, que bajan resbalándose por las aguas de las quebradas haciéndolas hervir, luego suben por las faldas de los cerros arruinando sus pastos verdes. Aullidos y explosiones que infectan el aire, con olor a pólvora, azufre a infierno… y da bastante desconcierto, miedo y eriza la piel.
Don Hipólito nervioso dice a su mujer:
-    Sabes Santosa, ya mi cuerpo se ha acostumbrado a sudar frío igual que el nevado. Como quisiera que estas mantas me cubran de todo este miedo. Mis manos y mis pies hace tiempo que no tienen sangre, ellos llevan el mismo frío de pánico que trae la oscuridad. Lo único que está ardiente en mí, es mi pecho, por este corazón que quema, que suena a bombo lejano como contando las desgracias con sus palpitaciones y  hacen doler las costillas, como si me las quebraran… Santosa.
Es por la noche que toda la sierra, los cerros, ¡Todo!, se llenan de esto, se notan que están en una condición de reventar, igual a un volcán a punto de erupcionar, como los nervios y las ampollas del cuerpo de don Hipólito, que no aguanta más.
Doña Santosa toda afligida responde:

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Menkel o el desconcierto de todo un pueblo

Cuentos y relatos globales. 21.08.16 Ampliar
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez
-Imaginario de las peripecias de un extranjero entre nosotros-
*La vida es un país extranjero. Jack Kerouac
Sería todo un acontecimiento su llegada al pueblo y la gente, por turnos, iría a conocerle habiendo de parte del alcalde que establecer dos horarios: uno diurno y el otro nocturno y así evitar aglomeraciones y desordenes en la casa de Efraían donde se le diera alojo.
-Es un alemán legítimo- dijo sin saber por qué el viejo Eulogio al verle y agregó: tiene cara de alemán, ojos azules de alemán, camina como alemán, habla enredao como alemán y hasta el pelo mono  es el de un alemán genuino.
-S-e-r  Menkel yo s-e- r yo- fue lo primero que dijo el alemán de esta historia en español endiablado tocándose repetidamente el pecho con el dedo índice de la mano derecha en señal de autoidentificación. Y ante aquello, los curiosos que nunca antes habían visto un germano en persona, no supieron qué actitud tomar pues la evidencia de estar frente a un indiscutible teutón, para el caso no guardaba la menor duda porque hubo también quien sabiamente dijera que, en efecto, según lo manifestado por el viejo Eulogio, el extranjero tenía una cipote  cara de Alemán que no podía con ella.

"La chicha de doña Juana"
Cuentos y relatos globales. 14.08.16 Ampliar
No cabía duda que la chicha de doña Juana era la mejor del distrito. Efectivamente, este era el veredicto de los borrachos catadores que asiduamente llegaban  a su  choza a embriagarse.
Esta perfección  era la suma de una  fermentada chicha de jora que esta mujer preparaba, y  con esto, se ganaba  la vida, dando por tragos  la muerte.
Si alguien desilusionado por su mala existencia llegaba a aquella choza, regresaría y regresaría, en esa eternidad de retornar, hasta el final de su vida. Sea por la  desdicha de haber nacido así: pegado a  la mala existencia, sin esperanzas; como que ello es  así para algunos que nunca tuvieron una oportunidad en su destino o para otros que arrepentidos desperdiciaron todas las oportunidades que les dio la vida; otros llegaban por cosas sentimentales, otros por una sensación de vacío existencial; al final sea por lo que sea…la mayoría terminaba fundiéndose allí. Todos creían que la choza sería lo mejor que se les presentaba por el momento, hasta que terminaban  alcoholizándose; entonces comenzaban aquella terrible  eternidad de regresar.
Los chicheros extasiados en su alcoholismo filosofaban:” Esto de eternidad es relativo, porque un segundo se transforma en siglos sin tiempo, cuando existen desgracias que causan fuertes dolores en el ser  y lo peor es que estas desdichas no deciden irse del destino de la persona, de la familia o de la sociedad: desgracias que vienen del pasado, que persisten en el  presente y como que persistirán  hasta el futuro. Como que nuestros destinos se encuentran  marcados por una  cruenta  maldición .Como que una cosa lleva a la otra: así la maldición te lleva por caminos dolorosos sin salida y el tiempo se modifica con el dolor volviéndolo más eterno”.


Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Menkel o el desconcierto de todo un pueblo

Cuentos y relatos globales. 24.07.16 Ampliar
- Imaginario de las peripecias
de un extranjero entre nosotros -
*La vida es un país extranjero. Jack Kerouac

Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- Sería todo un acontecimiento su llegada al pueblo y la gente, por turnos, iría a conocerle habiendo de parte del alcalde que establecer dos horarios: uno diurno y el otro nocturno y así evitar aglomeraciones y desordenes en la casa de Efraían donde se le diera alojo.
-Es un alemán legítimo- dijo sin saber por qué el viejo Eulogio al verle y agregó: tiene cara de alemán, ojos azules de alemán, camina como alemán, habla enredao como alemán y hasta el pelo mono es el de un alemán genuino.
-S-e-r Menkel yo s-e- r yo- fue lo primero que dijo el alemán de esta historia en español endiablado tocándose repetidamente el pecho con el dedo índice de la mano derecha en señal de auto identificación. Y ante aquello, los curiosos que nunca antes habían visto un germano en persona, no supieron qué actitud tomar pues la evidencia de estar frente a un indiscutible teutón, para el caso no guardaba la menor duda porque hubo también quien sabiamente dijera que, en efecto, según lo manifestado por el viejo Eulogio, el extranjero tenía una cipote cara de Alemán que no podía con ella.

La vieja Clara
(Homenaje post mortem)  
Cuentos y relatos globales. 17.07.16 Ampliar
…Cuántas veces quise haber dado a conocer  esta crónica estando ella aún viva...En aquel tiempo, yo tenía la palabra pero no el medio donde  publicarla y,  guardada por ahí se hizo cómplice del silencio; de la ausencia. Hoy, rescatada del olvido, aquí está el eco de la Vieja Clara (Clara Arteta), la mamá de “el Viejo Rome”: Hablaba en metáforas sin saberlo…navegaba en su propia imaginación que es la mejor de las realidades…Ella fue un símbolo, un instante… los invito mejor a que  lean...
Cuando el buen Dios hizo a Clara, le dijo:
¡Trabaja!
Y, Clara, ni vieja siquiera, dejó de trabajar.
-¿Qué hace?- le pregunté aquella tarde en que la visitaba…y Clara, ya vieja, me respondió:
-Vaya pregunta… Trabajo- y agregó: está de moda y Dios me lo ordenó.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
LO QUE EL FUEGO SE LLEVÓ
Cuentos y relatos globales. 10.07.16 Ampliar
Imaginario de una gran “quemazón”
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez
De pronto se sintió una gran explosión; luego otra, otra y otra… y, enseguida, una columna de humo espeso avisó al tranquilo pueblo que algo, en llamas, ardía.
-¡Incendio! -¡Incendio! -¡Incendio!
La gente salió a la calle. Querían saber dónde era. En las caras se pintaba el terror. Se escuchó otro estallido y alguien gritó:
-¡Auxilio! -¡Auxilio! -¡Auxilio!
Una claridad rojiza tiñó el cielo.
Baltazar, el campanero del pueblo, como si tuviera cien manos, hizo con sus repiques que los metálicos bronces de la torre de la iglesia, adquirieran voces de alarma y, sacudiéndolos sin tregua, pidió ayuda.

Imágenes de un amor
Diana Fe Balint Rivas. 06.07.16 
Un campo inmenso color verde esmeralda plagado de margaritas de colores. Los pétalos rosas, amarillos y violetas brillaban a la luz del crepúsculo en aquella tarde de verano de 1937. Ella corría descalza entre las flores, con la melena al viento y su falda moteada ceñida a la cintura que bailaba al compás de sus caderas. Él también se animó a correr, a perseguirla más bien. La joven reía halagada, acelerando y decelerando la velocidad pero sin dejar que la alcanzara. El joven se detuvo un momento a coger unas margaritas para regalárselas. Con suavidad, arrancó un par y reanudó la marcha. En ese corto período de tiempo, le había sacado una ventaja considerable y ahora, la grácil señorita se perdía entre los arbustos colindantes al lago. Llegó hasta allí jadeando, deseoso de tenerla entre sus brazos y colocarle las florecillas en el pelo. Pensó que le estaría esperando, pero no la vio por los alrededores. “¡Lucía! ¡Lucía!”. No hubo respuesta, ¿estaría escondida? Caminó con cautela, cobijado por las sombras de la maleza. “¿Lucía? ¿Estás ahí?”, silencio. Ampliar en el blog de Diana Fe Martín Rivas


En el Día Universal de los Padres…
Cuentos y relatos globales. 02.07.16 Ampliar
¿Somos los  hombres, buenos o malos padres?
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez
*Gobierna tu casa y sabrás cuánto cuesta la leña y el arroz; cría a tus hijos, y sabrás cuánto debes a tus padres. Proverbio oriental      
A Vanessa, Camilo y Federico, mis hijos.
Empezaré honestamente por decir a quienes me leen - y en este caso especial a los hombres- que nunca expresaré que como padre, (refiriéndome  en este caso únicamente a mí), he sido yo el mejor del mundo.
Pero sí lo pienso.
La verdad es que me sentí buen padre cuando, con conmovedora reverencia y acabados de nacer, tomé en mis brazos a mis hijos y los sentí como una parte mía, salida de acto mágico llamado vida y entonces, con fuerza latió mi corazón y se me humedecieron los ojos… y no me diga que no porque igual debió pasarle a usted…


Se vende esta casa
Cuentos y relatos globales. 26.06.16 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez. “Se vende esta casa”, es el anuncio que, como si fuese una plegaria y sin mucha vocación estética, más se le lee en las calles del pueblo cuando uno camina distraídamente por ellas.
Con letras disparejas en las que se combinan mayúsculas con minúsculas, esta información  se ofrece a los transeúntes sin más  datos relacionados que faciliten la información, pues el contundente escrito lo dice todo y tiene muy en el fondo el oculto mensaje de un “arréglatelas como puedas”…
El aviso, más que un aviso falto de armonía, es un testimonio que con cuatro palabras habla por sí solo volviéndose una confesión pública que le hace a uno preguntarse: ¿Por qué la venderán?...¿Cuánta costará?.. ¿Para dónde se irán sus dueños?...

La sirena de yeso
Cuentos y relatos globales. 19.06.16 Ampliar
Relato en tiempo presente, cuando estudiaba en la Escuela Normal de Varones,  para la  clase de composición escrita,  y era mi  profesor Elías Cárcamo. Lo rescaté entre papeles viejos que guardaba por ahí.
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Ayer conocí una pequeña sirena. Es de yeso; la trajo mi mamá de Barranquilla, le costó tres pesos y la colocó como adorno en la sala, en la mesita de centro. Me asombró la evidencia del prodigio. Tiene bustos de mujer y cuerpo de pez, pero carece de escamas. A ocultas, algo temeroso, la tomé en mis manos porque pensaba que se me podía caer; quería explicarme su contradictoria condición de no ser un pescado completo y mucho menos una hembra aprovechable para un hombre en suposición de que fuese una indiscutible realidad y no una imposible ninfa marina…fue por ello que, sin encontrar una explicación significativa a mi visión, me pareció poco razonable y comprensible que los poetas sean las únicas personas en el mundo capaces de sacarles algún inspirado beneficio a estos disparates de la Naturaleza,  contrahechos y deformes ofreciéndoles trovas, coplas y rapsodias de amor entre suspiros ansiosos e intensos y absortos en sus propias especulaciones quiméricas.

La chiva* del café
Cuentos y relatos globales. 12.06.16 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- La chiva* del café venía al pueblo los jueves a la media mañana.  Era de color verde oscuro, marca “GMC” y desde Barranquilla, por la sinuosa Carretera del Algodón,  la traía mi tío Ismael, empleado en tal tiempo en la Cafetería Almendra Tropical.
El característico vehículo al que todos llamaban así: “la chiva del café”, sin falta, cada semana,  lo esperaban  tenderos y consumidores que con sólo verlo pasar por la calle principal, sentían como si sorbieran ruidosamente una humeante y aromática  taza de café negro al tiempo que con la calma y la paciencia de los siglos,  leían un periódico atrasado o escuchaban en sus radios Philips de pila, por Emisoras Riomar  del Circuito Todelar, las radionovelas del momento. Era aquella, entre los pobres, la única  opción capitalista. 

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
De la razón por la cual… Jorge no deja dormir a Sastoque

Cuentos y relatos globales. 29.05.16 Ampliar
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez,- De Jorge Rocha, el popular viejo Jorge, testimonio de hombre honrado y laborioso  que de niño conocí  y que siempre en la “Playa de las Ventanas” vio en la pesca artesanal la sana y noble forma de enfrentar con atarrayas, trasmayos, barbasco y peligrosos explosivos sus apremios familiares, se me ocurre decir, de la manera más macondiana y fabulosa posible, que bien pudo ser, en su momento, y si lo hubiese querido, el hombre más temido e inquietante del pueblo; tanto así que para sentirse amigo de él, Sastoque, el alcalde militar del pueblo en tiempos de Rojas Pinilla, lleno de miedo, dispuesto hubiese estado a darle la “Orden del Mérito Pesquero”; pero estoy convencido que el homenajeado, rebeldemente contestario, por antigobiernista, la hubiera rechazado. Lo que me hace igualmente creer ahora que, de haber sido verdad lo dicho hasta aquí, el temor del castrance corregidor, ante esta imaginaria situación que escribo, radicaría en que él sabía que Jorge, por ser un experto tirador de  dinamita y de otras arriesgadas artes piro técnicas, levantándose en armas con mi abuelo Hernán, con Chito Rocha, Galo Rocha, Julio Rocha, “Luis Carlos Chorrera” y los “hermanos Ballito”, vecinos de la región, se declararía alcalde comandando algunas fuerzas revolucionarias en su jurisdicción y, entonces, dejándole sin mando alguno, le pusiera preso o, a punta de pólvora, de bolas de candela y chamusquinas, en el menos penoso de los casos, lo sacaría de la alcaldía huyendo del territorio obedeciendo quisiera o no al nuevo régimen.

Mi tío Goyo
Cuentos y relatos globales. 22.05.16 Ampliar
Walter Piimienta.- Mi tío Goyo, hombre de campo hasta su muerte, siempre fue contradictorio consigo mismo y por todo se molestaba y se enojaba…, porque la brisa le tumbaba el sombrero; porque la vaca que ordeñaba se le movía y agitaba mucho la cola; porque la mula en la que iba al monte, con el vuelo de los pájaros, se le espantaba y lo tumbaba; porque era muy tarde o muy temprano para hacer un oficio; porque el arroz estaba  salado o sin sal; porque el perro que tenía ladraba cuando no debía; porque queriéndole, decía que no le querían;  porque los fósforos se le apagaban antes de tiempo y no alcanzaba a prender el fogón; porque poniéndole veneno a las ratas, era su gato el que se envinaba; porque…Bueno, pero con todo y esto, algo le alentaba siempre a continuar viviendo y por ninguno de los anteriores motivos se le dio un día por morirse  sino a merced de sus añoranzas y de un mal de riñones. Tenía más de ochenta años.
Mi tío Goyo era de los que abría la ventana de su casa que daba a la calle y descubriendo que afuera había un hermoso  día soleado,  contradecía al verano y se   preguntaba cuando llovería  y así también, si el amanecer en su  defecto era gris y frío, se contrariaba porque seguro se vendría un aguacero…, igual tenía sus miramientos contra el leva paso de la primavera que no con el otoño porque tal estación en estos lares no se da. Paso a creer por tanto, que si alguna vez llevó paraguas  para salir a la calle, la disyuntiva estaba en que uno supiera si lo llevaba para protegerse del sol o de la lluvia o por alguno de los dos motivos…o porque le daba la gana… Uno nunca sabía…

Crónicas del otro Macondo  -Historias para ganarle al olvido-
“Soliloquio de tres que no llegaron a cura”

Cuentos y relatos globales. 15.05.16 Ampliar
*Cuidado, que antes de ser cura fui monaguillo. (Dicho popular)
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- …Cómo nos hubiese gustado a todos en la comarca ver a Marceliano, a Pepe y a Saulo (“Ungo” Q.E.P.D.), de sacerdotes y haciendo de ello en cualquier aldea de las de antes; de aquellas donde los curas sólo a lomo de mansa mula, después de tres largos días de camino, a estas llegaban entre jornadas que reventaban cinchas y gruperas a las bestias atolladas en los lodazales de octubre cuando en el mes de octubre llovías como llovía en los octubres de otrora…
…Cómo nos hubiera gustado verlos de sotana blanca planchada y perfumada, de anillo de oro al dedo anular de la mano derecha; con sobrepelliz de peluche rojo atado a la cintura y zapatillas de pana negra con hebillas de plata…En fin, cómo nos hubiese gustado verlos procediendo de curas…,luchando contra los adversarios de Dios enseñándoles en forma exorcista un Cristo de madera; preocupados en la construcción piedra por piedra de sus templos…, dando a cada misa la solemnidad y el esplendor que tenían los actos religiosos de aquel tiempo y pidiendo limosnas y auxilios a la comunidad para comprar San Juanes, San Pedros y San Pablos de  tamaño natural, de la estatura de un hombre; con ojos de vidrio y rostros de no haber arado en el desierto cuando estos, por mandato de Dios, anduvieron por el mundo promulgando la fe entre tanto hereje y renegado…

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
Diatriba de un pueblo donde la gente ya no pelea

Cuentos y relatos globales. 08.05.16 Ampliar
*Confía en Dios…el peleará por ti.
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- Como  en el pueblo nunca pasa nada desde hace  sesenta y ocho años, tres meses y cinco días, y todos nuestros muertos mueren felizmente de aburrimiento –hecho que según el doctor Arango se constituye en la mejor manera de morir con alborozo- al alcalde Bertoldo Pradilla, sin importarle recurrir a las artes  arbitrarias de una más de sus tantas alcaldadas, con el aval de sus gendarmes, dado el desuso prolongado que sus oxidadas armas de dotación oficial tienen, y en vista de que a la gente por otra parte se le ha olvidado el noble y caballeroso ejercicio de buscar pelea,  y por ello no se ha producido el estreno de la recién construida cárcel anunciada en función de su utilidad en la vida para corregir a provocadores y buscapleitos que no faltan,  pues  se le ha ocurrido la dichosa y halagadora idea de recompensar con mil quinientos pesos a la persona que este próximo domingo, haciendo de mal educado y pendenciero, le busque riña a otra desenterrándole agravios y sumarios del pasado con propósitos altamente ofensivos. El ingenio del burgomaestre, dispone, además, que el primer preso, por tener el privilegio de serlo, pasará allí quince cómodos días incluyendo en la asistencia: cama con colchón, ventilador eléctrico, baño, desayuno, almuerzo, cena y visita conyugal.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
”EL INDIO de las pomadas de la vida”…

Cuentos y relatos globales. 01.05.16 Ampliar
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- Sin que nadie conociera  el guardado secreto de su identidad, procedente quién sabe de dónde, los viernes de cada semana, puntual  llegaba al pueblo  un nativo que vendía ungüentos sanatorios, bálsamos, emplastos, linimentos, parches, pócimas y “a seguranzas” para niños que por no haber mudado aún los dientes de leche, estaban propensos al mal de ojo y a los encantamientos  de las brujas.
Tenía el primitivo un negro pelo tupido y grueso  caído sobre la frente, lucía sombrero recortado, una especie de falda sin ser mujer, botas rústicas y cualquier cantidad de collares sobre los hombros, era de pómulos altos, de mirada ladina y de aire solitario. Era indio.
Los abuelos y abuelas eran clientes seguros del indio que venía los viernes al pueblo pues, según ellos, él les vendía infalibles remedios,  secretos y soluciones racionales en forma de pomadas y unturas para males absurdos y disparatados que les liberaban de más de una mortificación del pasado y que castigaban a plazos con embadurnes y sobos.

La isla del tesoro
Cuentos y relatos globales. 24.04.16 
Érase una vez, dos niños que estaban jugando en el parque a los piratas. Eran un niño y una niña, el niño llevaba un gorro negro con una capa negra. Y la niña unos pendientes de calavera, vestía con una camiseta violeta y unos pantalones azules. (No le gustaba la ropa de pirata.)
 A ellos le encantaban los piratas y cuando se fueron a su casa el niño se puso a leer un cuento de piratas. La niña, claro, le entraba envidia de que su hermano Salvador leía libros de piratas y ella no. De repente vieron un gran barco de piratas, se quedaron boquiabiertos y salieron corriendo a ver quien había dentro. Había un gran pirata conocido por todos, el gran “Garfio”, tenía un mapa, pero no estaban seguros si era de un tesoro o de otra cosa. Llamaron a “Garfio” y de un salto entraron al barco. AMPLIAR
Cristina Ortega Navarro 10 años. Alhaurín de la Torre. 

Crónicas del otro Macondo  -Historias para ganarle al olvido-
Luis Carlos…  Con los zapatos puestos

Cuentos y relatos globales. 17.04.16 Ampliar
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- A Luis Carlos, el zapatero remendón del pueblo, Dios, de conformidad con  sus artesanales manos, le concedió también la paciente sabiduría y el don  milagroso de hacer resucitar los zapatos viejos.
En el pueblo, por mucho tiempo, no hubo otro que viviera del oficio de la horma, la lezna, el cuchillo, el martillo y el yunque; sólo él,  Luis Carlos, quien  sin competencia ni rivalidad alguna, ejerció y ejercitó su soberanía en la comarca y mucho más allá de su propia jurisdicción, resolviendo de martes a domingo los problemas fundamentales y “espirituales” que deterioran el calzado.
Desde luego, Luis Carlos no trabajaba los lunes porque en el mundo los lunes son del zapatero   y consagrados a San Crispín y a San Crispino,  patrones que ejercieron hace muchísimo tiempo el oficio en épocas de Roma y que devolvieron a muchas personas  de caminar imperfecto, según la fe,  la forma correcta de andar por la vida sin gastarle al tacón de sus zapatos uno de sus lados…


 Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
EL MONDONGO de Josefa

Cuentos y relatos globales. 10.04.16 Ampliar
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- Dicen  Jesús, Carmen y Cristina, mi hermano y hermanas; también lo consideran de este modo, Eliecer Echeverría, Ismael Villarreal, Carlos Hernández, Modesto Olivares, Romelio Padilla y Ernesto Molina, vecinos del barrio; y  de la misma manera  Plinio Gutiérrez y el profesor Álvarez, que  lo mejor de la culinaria local, en todos los tiempos, fue el apetitoso mondongo de Josefa.
El padre Guillermo Robles, español él, nativo de Santander en la península Ibérica, haciendo de párroco en nuestro pueblo y toda una autoridad en la práctica de probarlo con buen picante a la hora del almuerzo, igual así lo estimaba, otorgándole al sabroso plato el nombre de altura y de categoría que a éste le dan en la madre patria: callos a la madrileña.
Josefa en vida, comprometida siempre con sostener el prestigio de su famoso mondongo, no vacilaba en decir que éste le quedaba más sabroso si mientras lo preparaba iba alrededor de la  gran olla susurrando rancheras de olvido entre nostalgias aún vivas y echando en la misma la más valorizada y harinosa yuca junto con la auyama, el plátano, la papa, el maíz y los aderezos del caso; eso sí, sin dejar de estar atizando y atizando constantemente el encendido fogón de leña; resultando de todo aquello un sancocho único, especial y exclusivo, digno de aparecer en los libros de recetas alegóricas a la cocina tradicional y pintoresca.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
El hombre que jugaba con el fuego

Cuentos y relatos globales. 03.04.16 Ampliar
Walter E.  Pimienta Jiménez.- Este era un hombre que tenía una primitiva y prehistórica virtud: jugaba con el fuego y no se quemaba… Que nadie ose hacer esto, lo digo en prevención... como tampoco  le propongo a alguien lo intente porque, sencillamente no lo haría igual ya que, reitero, este hombre, con la abnegación de un científico y aún a riesgo de su propia vida, gozaba con su arte y se entretenía con él, a  lo mejor llevándose hasta la muerte esa cara de satisfacción y de placer que uno siempre pone cuando sabe que ha hecho las cosas bien.
Diré más, diré que a este hombre le apetecía divertirse con el fuego y, como zambulléndose en éste, sin miedo, pienso yo, dado su arduo trabajo, era el viviente que, mientras estuvo en la tierra, más se ha acercado hasta hoy al sofocante infierno sin hacerse parte de las huestes de la chusma del diablo porque él, él fue un hombre bueno, servicial y honesto y a las puertas de la casa de las tinieblas ni siquiera se asoman los buenos ni los serviciales ni mucho menos los honestos sino los que mueren sin agonía y sin Dios...
 ...De eso vivía este hombre, de jugar con el fuego como cuando uno juega al dominó con un embaucador y en franca contradicción, con dignidad, le reclama por haber querido "meter una cabra"*... Se "apuebló" (es decir, se hizo del pueblo), después de darle novecientas noventa y nueve mil novecientas noventa y nueve veces la vuelta al mundo y cuando consideró que para llegar al pueblo,  no tenía más que empujar suavemente el portón de la honradez... y así lo hizo... encontrando de inmediato para su familia y para él, refugio y hierbas de alivio, de sosiego y estima pues trajo consigo un noble oficio que nadie aquí ejercía: era herrero, herrero de los de antes, herrero de viva y encendida fragua en la que, caldeando los metales al rojo vivo, a éstos volvía domésticos, maleables, complacientes y sutiles..., herrero de martillo aplanador, de yunque de acero, de prensoras tenazas y de reverberante fuelle atizador de llamas que, ocultas, siempre dormían escondidas entre cenizas tibias y coloradas brazas.

Exégesis angustiosa de un hombre que se quedó solo
Cuentos y relatos globales. 27.03.16 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.
Alguien preguntó:
-¿Seré yo, Maestro?
Y con un: “Tú lo has dicho”, que respondió el Señor, empezó en el salón una gran gritería de asombro entre miradas escrutadoras y dejos de dolor.
El hombre que hiciera la pregunta, sintiéndose acorralado por la jauría humana, viviendo su propia pesadilla, al levantarse trabajosamente del asiento que ocupaba en la mesa, nerviosamente tropezó antes con su mano izquierda el tarro de la sal y éste, en forma fatídica, se derramó, al tiempo que de la pequeña bolsa de cuero que llevaba en la otra, se le escaparon unas tintineantes monedas sueltas y, entonces, extinguida por completo su última chispa de fe, salió del lugar mientras a su paso se estremecían los árboles del camino y los perros callejeros aullaban en tono funerario y sepulcral.
En el salón, los gritos continuaron. Fueron el principio del fin. Algunos invitados a la gran cena, permanecían aún sentados hablándose al oído y entre sí. Otros, impactados por la terrible noticia, como temblando de fiebre y de frío, trabajosamente se pusieron de pie sin comprender por completo lo que estaba sucediendo. Después, aletargados por la cruda pena, todo fue lamentos, lamentos largos y dolorosos que se quedaron flotando en el silencio de la tarde y fue al arribo de la noche y la madrugada, en otro sitio sembrado de olivos, cuando, de pronto, filosas espadas de conflicto y muerte sonaron seguidas de fuertes pisadas de tropa armada y aquel, aquel que le preguntara: “Seré yo, Maestro”, acercándosele y dándole un beso traicionero en la mejilla, sin tiempo que perder y sin más trampa, a sus captores le entregó…

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
La letra de Casimiro

Cuentos y relatos globales. 20.03.16 Ampliar
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.-  Casimiro era el notario del pueblo y, por haberlo sido, era una de las primeras personas a quienes los padres de familia daban la buena nueva de que a sus hogares había venido un hijo o hija en medio de los retos que antes imponía criar un descendiente como Dios manda. Casimiro tenía un libro grande y foliado donde anotaba con buena letra a qué hora, qué día, mes y año nacía uno; quiénes eran nuestros   padres y  abuelos paternos y maternos y qué comadrona atendió el parto; es decir, de qué familia procedía el crio. Todo ello atestiguado bajo la declaración y firma de los progenitores y la de los declarantes como lo pedía la ley y con testigos.
Lo que hacía el notario del pueblo era algo así como un bautizo sin agua bendita, con la diferencia de que en su oficina se termina de cumplir con el deber de que quien hacía un hijo, no sólo lo bautizaba sino que, igual, lo registraba y lo reconocía con nombres y apellidos para que su hermosa obra no quedara inconclusa y para que lo dicho ante él,  fuese así para el tiempo y por siempre… Y todo esto lo escribía Casimiro con buena tinta y con buena letra… Con una letra de perfecto trazo, de recorrido regular y sostenido, ausente de contrastes y pegas, razón por la cual se decía que lo que escribía él –que era como si lo dijera- dicho y escrito estaba y se tomaba con la fe con que se tomaba un auténtico papiro histórico egipcio.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
¡Cocá! ¡Cocá! ¡Cocá!

Cuentos y relatos globales. 13.03.16 Ampliar
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- No hubo en ocho leguas a la redonda del pueblo, cocás más exquisitas, apetitosas, sabrosas,  apetecidas y deliciosas al gusto como las que vendía José María Pérez, “el Pollo Pérez”.
El más famoso y fino caramelo importado  de Europa, no le daba la talla a las pintorescas cocás de coco de José María…
…Hasta que éste singular personaje viviera, estuvo en verdaderos aprietos comerciales  el vendedor de maní y de otras golosinas con las cocás de José María…éstas eran un agrado, un deleite,  un goce, un placer, una satisfacción, un gusto y un regalo de los dioses…, cualquiera las probaba y pedía dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… y le encarga las que tuviera por vender mañana y pasado mañana…Nadie las hacía honradamente  igual… ni los griegos ni los romanos que en su tiempo  expendían en las plazas de mercado el cristal de azúcar que puede llegar a ser la golosina más antigua conocida…
Soy de los que piensa que si en lugar de la consagrada hostia el padre Hernández hubiese dado  a sus feligreses, a la hora de comulgar, unas cocás de coco de las que vendía José María, nadie le  hubiera faltado a misa porque nada podía en aquel tiempo ser más apreciable, dulce y gozoso al placer humano que el cuerpo de Cristo en forma de una deleitable cocá.
José María sabía que la infantil clientela que tenía –entre ellos yo-  sólo le permitía como mucho dar dos vueltas al pueblo y que tras él, al grito quedo de… ¡Cocá! ¡Cocá! ¡Cocá! Como siguiendo un camino de miel, los chiquillos le acompañábamos haciendo coro a su primorosa industria de fantasía.


Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
“El Carlón “

Cuentos y relatos globales. 06.03.16 Ampliar
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez..- “El Carlón” era de pronto en el pueblo el ser más cercano al hombre prehistórico de que hablan los anales de la humanidad. El, entre lejano antropoide y civilizado humano, fue de los que, por lo menos, aprendió a caminar con zapatos guardando el equilibrio sin caerse. Tenía una estatura ancestral de 2.12 metros medido desde la punta del dedo gordo del pie derecho hasta la cabeza y, gracias a Dios, hablaba lo necesario para ser entendido por sus semejantes a pesar de que sus sonidos articulados no pasaban de 185 palabras con las cuales expresaba alegrías, dolores, rabias, molestias, amenazas, dudas, temores, necesidades, sufrimientos y que también le sirvieron, no se sabe cómo; pero le sirvieron, para ganarse el favor amoroso de María, su mujer, quien entusiasta y apasionada, concibió la fórmula de quererlo sin necesidad de serenata y con sólo escuchar de él estas cinco románticas palabras de poesía: “María, vamos a salinos esta noche”. Y así fue.
La propuesta fue honrada, dicha con dignidad, como correspondía a un hombre puro que sentía esa vez una catástrofe de amor en el corazón…Y María, sin enfrascarse en exigencias ni excesos, sin padre ni madre que se lo evitaran, emocionada hasta la médula de los huesos del alma, vio en “el Carlón” a un “actor de cine” y éste, cargándola en sus hombros, se la llevó para el monte sonriendo satisfecho.

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
LOCOS de pueblo

Cuentos y relatos globales. 28.02.16 Ampliar
*Tengo una pregunta que a veces me tortura: estoy loco yo o los locos son los demás. Albert Einstein (1879-1955)
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.-
Como todo pueblo que se respete y diferencie, el mío tiene sus locos…siempre los ha tenido… hasta para exportación. Los tenemos de las siguientes clases y con  estas  importantes características: Locos cuerdos; locos-locos; locos que se hacen los locos; locos que dicen la verdad pero que por ser locos, nadie les cree; locos contundentes (estos son los que llevan una peligrosa tranca en las manos dispuestos a lo que sea); locos mansos; locos tricotilomanos (los que se arrancan el pelo); locos licántropos (que se creen un animal); locos viejos (los que no se cansan de ser locos); locos autodefinidos (los que se dicen ellos mismos loco); locos directos (los que lo son por herencia); locos inteligentes, locos científicos, locos psicóticos, locos políticos, locos marihuaneros,…y pare de contar…Desde luego, no daré nombres propios, llámelos usted como el común de la gente: Juan, Luis, José, Jaime, Walter, Fermín, Andrés, Tomás… Homero… El caso es que vivimos en un pueblo de locos…locos chateadores; locos de los celulares; locos del Facebook; los locos del whatsapp; locos que preguntan a otros locos por qué son locos y éstos otros locos que saben las respuesta, no la dicen; locos apocalípticos (los que siempre hablan del fin del mundo afectados por el fanatismo religioso); locos mecánicos a los que le falta un tornillo o les  sobra; locos que creen que la tierra es plana; locos que lo recuerdan todo y que no recuerdan nada; locos que se hacen los pendejos y duermen en camas ajenas; locos que les duele todo (hasta el culo); locos que aseguran que el Ave María pone huevos; locos que quieren volverse locos cuando dicen: “me voy a volver loco”…en fin…


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