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Cuentos y relatos breves

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Verdadero amor
Pedro Biedma. 30.12.17 
El viaje por fin terminó, resultó mucho más complicado de lo esperado, por momentos sus vidas corrieron peligro, pero felizmente todo acabó bien. Minutos después, Pedro se encontró, sin esperarlo, con ella, frente a frente,  mirándose el uno al otro.  Pedro jamás había visto ese rostro que le observaba, un rostro por el que avanzaba un caudaloso río de lágrimas que nacían en sus ojos hasta morir en su barbilla. No entendió porqué lloraba, creyó que debía de estar aún asustada por lo accidentado del trayecto, pero su pensamiento no se acercaba ni lo más mínimo a la realidad. Carmen sí lo conocía, aunque no físicamente, poseía de una pequeña vivienda en la que Pedro pasó unos meses de su vida, debía de ser buena persona ya que a pesar de no recibir el pago de ni una sola mensualidad, nunca tentó su mente, la cruel idea del desahucio.
Sin previo aviso, Carmen posó sus labios en su arrugada frente y sin más contemplaciones le besó, él intentó hablar, pedir una explicación, no lo pudo lograr, sus palabras no conseguían salir.
Sus miradas de nuevo se cruzaron, ella le susurró al oído algo que él no supo interpretar, debía de hablar una lengua totalmente desconocida por Pedro, pero una intuición proveniente de su pequeño corazón le ayudó a entender que esa mujer, y desde ese mismo instante, se acababa de  convertir en el amor de su vida, engendrado en lo más profundo de su ser, ya nada ni nadie los podría separar, ella, a partir de ese instante, compartiría junto a él todas sus vivencias, las buenas y sobre todo los malas. Pedro acababa de conocer a su verdadero amor, su MADRE.
Dedicado a mi madre, por ese amor único, que se origina antes del nacimiento y no desaparece  jamás 

La ilusión
Pedro Biedma. 29.12.17 Ampliar
Buenas a [email protected], quiero felicitaros el nuevo año, que se os cumplan todos los deseos y que os traiga mucha "ilusión", ilusión por amar, por ser amado, por cumplir vuestros deseos y sobre todo "Ilusión por vivir", un corazón desilusionado no se para pero es cierto que "camina despacio y sin compás". Feliz e ilusionante Año 2.018.                                                  
La ilusión   
Anoche me despojé una a una de todas mis preocupaciones, elevé la mirada al cielo  y allí estaba ella, más bella que nunca, esperando una señal mía. Abrí mi alma de par en par, saqué dos sillas de esparto y con ellas rodeé mi corazón, grité en silencio su nombre invitándola a sentarse en mi interior, al instante se me acercó y comenzamos a dialogar. La Luna acarició con ternura mi rostro, la piel se me erizó,  y sin pudor me preguntó : ¿ qué piensas amigo mío ?,  se unieron a la reunión mis sentimientos más puros y el más sabio de ellos respondió en mi lugar, ¡Luna!, ¿ qué es lo verdaderamente importante en esta vida ?.
Ella permaneció callada unos segundos, se sirvió un vaso de mis recuerdos,  y pronuncio:

Pacto de amor 
Pedro Biedma. 21.12.17 
La tenue luz de una vela, dictaba la frontera con la negrura, dueña y ama de casi la totalidad de mi alcoba, el insomnio ganaba la batalla a mi cansancio, de fondo, el lamento inconfundible de las olas de un mar bravío.
Un ruego amenazante golpeó sobre el cristal de la ventana, rompiendo la quietud enloquecedora del lugar. Sin dudar y esperanzado, acudí a su llamada, lo invité a mi solitaria reunión y cual paloma mensajera, el viento me entregó tu mensaje y regresó a su palomar.
Le concedí a la oscuridad el dominio total, cerré los ojos y el desvelo se rindió. El viento confirmó la perpetuidad de nuestro pacto de amor.

La primera vez
Pedro Biedma. 20.12.17 Ampliar
Ahora disponía del tiempo libre necesario para poder realizar lo que tantas veces había pensado, ya no podía encontrar una buena excusa para no hacerlo.
Apenas veinte minutos tardó Juan en llegar caminando desde casa, ya estaba allí, siempre hay una primer día. Con soltura y mucha timidez a la vez, se presentó y conoció al resto de compañeros. Tras una breve explicación ya estaba listo para empezar. Su tarea parecía simple, tomar nota de la tarjeta de identificación, asegurarse de que aparecían en la lista facilitada por la organización y entregar un par de cajas de alimentos a cada una de las familias necesitadas, que en una larga e interminable fila, allí se encontraban.
Esperaban con ansiedad que Juan hiciese algún tipo de gesto o señal para poder avanzar. Sin más dilación comenzó, y a cada una de las cajas, le añadía una sonrisa y alguna frase de esperanza “financiadas” por él.

Amor imposible
Pedro Biedma. 17.12.17 Ampliar
Cuentan que una gélida noche de invierno, el Viento, malhadado, visitó a la Luna, su amiga y confidente fiel. Se le acercó llorando y roto de dolor, se aproximó todo lo posible a ella, que lucía más llena que nunca, y le confesó su gran secreto, guardado en lo más profundo de su ser.  Hacía miles de años que anhelaba declarar su amor a la dama más bella que albergaba el Universo, por desgracia sólo la podía ver de lejos ya que ella tímida y coqueta, huía al percibir su presencia. Él era consciente que sus caracteres resultaban diametralmente opuestos, pero los amantes deben complementarse uno al otro. Las nubes, el mar, el Sol, las montañas, es decir todos sus amigos contaban maravillas de ella, resaltaban la paz, ternura y tranquilidad que transmitía allí por donde pasaba.
La Luna le consoló y, sensata como siempre, le hizo ver que ese era un amor imposible, en ese instante ella recordó también su quimérico idilio con el Sol, se afligió de tal manera que su perfecta redondez menguó un cuarto, pronto se repuso y aconsejó al Viento que buscase un nuevo amor, “tú eres fuerte y bravío, seguro que hallarás una maravillosa señora que te corresponda”, le comentó.

Cualquier parecido con la realidad puede ser ficción... o no.
Lydia Tapiero Eljarrat. 03.09.17 Ampliar
Estos magníficos personajes, han salido a pasear, se han aburrido de estar en las mismas páginas y andan buscando acción.
Así que, lectores de 'El cartero del mar', si algún personaje desaparece, quizá se encuentre dentro de este relato.

La mente no se jubila
 
La cabeza alta, sonriente, conservando el porte juvenil, pero mucho más envejecido. Se veía en sus manos, en su escasa cabellera gris, en su cara de haber visto demasiado. Sin embargo, seguía dando largas caminatas en las que nadie podía seguir su ritmo. En eso no había cambiado.
Un hombre del siglo pasado. Armando, mi padre.

El Pinar; primer centro educativo andaluz que gana el certamen nacional ‘Hagámos Cuentos de Ciencia’ de la Obra Social de La Caixa
Colegio El Pinar. 01.07.17 Ampliar
Con el relato ‘La señora no bien vista’, la joven Eva Nagore García se convierte en la primera alumna andaluza en obtener el Primer Premio en el prestigioso concurso estudiantil de divulgación científica de EduCaixa, que este año ha alcanzado su Decimoquinta edición
Tea Stilton, Rachel Renée Russel, Roald Dahl, Junie B. Jones o David Williams son algunos de los autores de la pequeña montaña de libros de literatura infantil que Eva Nagore García acumula a uno de los lados de su cama. Devoradora de libros desde los 4 años, lo que nunca imaginó la joven estudiante de Sexto Curso de Primaria del Colegio El Pinar es que un día daría el salto al otro lado de la barrera para convertirse en creadora de su propia historia. De lectora a escritora en un giro del destino que la ha llevado nada menos que ha convertirse en la primera alumna andaluza en lograr uno de los premios nacionales de narrativa que otorga la Obra Social de La Caixa.
La joven malagueña se ha alzado con el máximo galardón de la Decimoquinta edición del concurso ‘Cuentos de Ciencia’, un prestigioso certamen estudiantil organizado desde el área didáctica de la Fundación La Caixa que busca promover el interés por el pensamiento científico entre los estudiantes de toda España a través de herramientas literarias o plásticas que traten esta área del conocimiento con imaginación y frescura. El objetivo final es estimular la mente de los menores con una iniciativa de creación literaria que les ayude a desarrollar cuestiones del ámbito científico que son objeto de estudio en sus respectivos planes curriculares.


El hombre que se cree un Dios con orgulloso
Lydia Tapiero Eljarrat. 09.06.17 Ampliar
Pablo, Pablo... Tus escrúpulos se han quedado olvidados o quizá nunca existieron, pero que bien lo disimulabas en las calles delante de miles de personas. Lo que no entiendo, por más vueltas que le doy, es el apoyo que aún tienes a tus egoístas, insensibles y antisociales acciones, mientras te sigues vendiendo como si todo en ti fuese social. Total que importa si cae algún niño, si tú vas a devolverle a la sociedad la estima y el orgullo, aunque se mueran de enfermos. Qué fácil resulta para algunos poner en peligro la vida de otros.
Pablito, que una cosa no quita la otra, que yo también estoy en contra de un capitalismo agresivo, que no se puede permitir que un solo hombre tenga tanto capital, pero lo que seguro no podemos permitir que si este señor quiere devolver de alguna manera a la sociedad el dinero que, yo pienso nos corresponde, aunque sea una ínfima parte de sus riqueazas... leche ¡Cógelo! Qué de tontos ya está lleno el mundo. Y ahora que ya tienes el dinerito, lucha para cambiar las leyes, para que las pequeñas y medianas pymes estén más protegidas, en toda Europa. Pero no, es más fácil quitarle las máquinas que pueden salvar la vida de niños con cáncer, por que esto es mucho más polémico y a tí Pablo te encanta estar en el punto de mira.

Tercer concurso de microrrelatos “Cuéntanos una historia”
EDUCACIÓN. 08.04.17 
La Delegación Territorial de Educación de Málaga, en colaboración con la Fundación Unicaja, convoca la tercera edición del Concurso provincial de microrrelatos educativos.
Está dirigido al alumnado de los centros educativos sostenidos con fondos públicos de la provincia de Málaga y los relatos, con una extensión máxima de 200 palabras, versarán sobre la diversidad de los modelos de familia que hoy conviven los centros escolares: familias tradicionales, homoparentales, monoparentales, de padres separados o divorciados, reconstituidas, adoptivas o acogedoras, multiétnicas, numerosas o de menores que viven en centros de acogida. Formulario de participación

Crónicas del otro Macondo -Historias para ganarle al olvido-
 “De Cocacolos y Cocacolas de ayer”

Cuentos y relatos breves. 02.10.16 Ampliar
* Crónica de un pueblo que pasó del agua de panela a la “Coca Cola”, gracias a una generación que exige su puesto en la historia.
Escribe; Walter E.  Pimienta Jiménez.- Cuando las primeras  botellas de “Coca Cola” llegaron a la cantina de “la Niña Sara”, ya el mundo estaba casi lleno de ellas; sólo faltaba que éstas, en su universal peregrinar, salvaran la difícil prueba de arribar al pueblo sin que por el sinuoso y accidentado camino de la Carretera del Algodón, se partieran no en teoría sino  en la práctica.
-Tienen cuerpo de  mujer desnuda-dijo “Chiquitín” al verlas y agregó: ojalá no se le dé a alguien por vestirlas.
-Es la bebida de los anti comunistas, dicen en Radio Habana Cuba- opinó Casimiro y también agregó: produce adicción porque contiene coca y ha aumentado la carestía de la vida.
-Leí recientemente en una Revista Selecciones del Reader Digest, que por razones de índole anatómica pueden beberla  por igual hombres y mujeres- opinó Vicente Altafuya.

Lágrimas de algodón de azucar
Lydia Tapiero Eljarrat. 29.08.16 
Luisa estaba tan cansada, que el tercer bostezo ocupó casi toda su cara.
Pedro, sentado a su lado e igual de aburrido, abrió también la boca tanto como ella. En medio de su bostezo vio como una lágrima de sueño caía por la mejilla de Luisa y otra estaba a punto de salir.
–¿Puedo probar tus lágrimas? –le preguntó, casi emocionado.
Luisa le miró extrañada.
–Es que nunca he probado una lágrima que supiera a algodón de azúcar.
–Mis lágrimas son saladas, como las tuyas –se rió Luisa.
–No es verdad –se enfadó Pedro– mi padre dice que las niñas pueden llorar porque sus lágrimas saben a algodón de azúcar y los niños no lloran porque sus lágrimas son saladas.
Luisa cogió la mano de Pedro y mojó uno de sus dedos con la lágrima que acababa de salir.
–Pruébala –le invitó.
Pedro se metió el dedo en la boca, convencido de que la lágrima sería dulce. Primero puso cara de sorpresa y después sonrió.
–¡Somos iguales! –Pedro se sentía feliz–, qué tontería, lágrimas de algodón de azucar. Se lo tengo que contar a papá, ahora podrá llorar cuando quiera.

Todos tenemos derecho a llorar
Lydia Tapiero Eljarrat. 05.08.16 Ampliar
Uno de mis recuerdos más felices fue cuando nacieron mis hijas, y lloré, lloré de felicidad porque si no, hubiera explotado. Era demasiado grande lo que sentía para que cupiera dentro. Y eso mismo experimenta uno cuando la angustia o la pena le invaden, un cúmulo de sentimientos tan grandes que de una u otra manera tienen que salir, y qué mejor que expulsarlos con un buen baño de lágrimas. Qué alivio sentimos después. El alivio no es solo psicológico, es también físico ya que el cuerpo libera hormonas del estrés.
Así que hoy os traigo el llanto, pero el llanto en todos los sentidos...
Cito al poeta argentino, Oliverio Girondo: "Llorar a lágrima viva, llorar a chorros... Llorarlo todo, pero llorarlo bien. (...) Llorar de amor, de hastío y de alegría..."

Acoso de Futuro
Cuentos y relatos breves. 05.06.16 Ampliar
Escribe Hernando Bolaño.- Mi invidencia es nueva, por eso puedo soñar. Sueño y recuerdo, y pienso entonces con cierta extrañeza en la fidelidad que he profesado a mi infancia, en su mansa  permanencia a lo largo de mi vida,  y me hallo en un tiempo que visto desde mi temprana vejez parece que perteneciera a una era distinta, a un tiempo más remoto.
Recuerdo que escuchaba palabras, interpretaba señas y espiaba acciones que no comprendía, y cuando lograba recalar en el gremio de los adultos y plantarme frente al mundo, preguntaba por algunas razones que nunca me dejaron satisfecha. En ese instante echaba mano de mi imaginación como última recurrencia, y obtenía en ese proceso resultados viciosos: o bien me quedaba en el limbo de mi ingenuidad o saltaba barreras y aterrizaba asustada en  predios de lo malsano.
En ese diario vivir de mi infancia  se gestaron mis recuerdos y adquirieron  ese carácter de validez que hoy los hace tan apreciables: el amanecer de todos los días, el trámite desadaptado  de mis despertares, la partida al colegio, los amaneceres que ahora recuerdo más fríos y los noticieros radiales de cada mañana carcomiéndome de intriga. Eran esa  salmodia que aun resuena anclada en mi pasado dejándome un asomo de tristeza, con sus tonalidades nasales y sus encabezamientos de ciudades innombrables que algún corresponsal citaba repetidas  veces con aquel énfasis de tragedia universal que me abrumaba de incomprensión: Hanoi... Saigón... Washington... Tel Aviv... fueron tomando en mi entendimiento la dimensión real de lo inhumano, la primera y elemental noción de lo que era la beligerancia. 

Tras la cola de Carla
Lydia Tapiero Eljarrat. 01.01.16 Ampliar
La cola recogida, ningún pelo fuera, ni levantado. Todos alineados al milímetro. Nada se le escapaba a Carla, desde que se compró el pequeño espejo con lupa su cabeza podía pasar por una bola de billar y no importaba lo espesa de su cabellera. Su cabeza siempre brillaba negra y redonda.
Un día el espejo de Carla se rompió, ella miró al suelo, decenas de cristales le devolvieron una imagen deforme de ella misma. Se asustó y con las manos temblorosas intento recomponer el peinado, pero mirara al espejo que mirara, nunca conseguía verse completa. En ese momento la vida empezó a parecerle demasiado imprevisible, y con un gran esfuerzo por su parte salió mal peinada a la inseguridad de la calle, en busca de un espejo idéntico. El primer día se alejó dos manzanas, no se atrevió a más, cada mirada con la que se cruzaba, le devolvían a una Carla desconocida. Fue el tercer día, frente a una tienda de espejos, cuando un niño se paró junto a ella y el reflejo de ambos quedó atrapado tras el vidrio. Sin poder moverse, hipnotizada por la inocencia de unos ojos color miel, Carla se reconoció a si misma, completa y pura, encogiéndose hasta la altura del pequeño, con dos trenzas caobas que le llegaban a media espalda y un mechón revuelto detrás de la oreja. El tiempo la devolvía diez años atrás, simple y divertida. Que había cambiado tanto, quizá fue la muerte prematura de su padre, las noches de hambre en el pueblo, las ausencias de su madre, su nueva boda, la necesidad de ser aceptada por su nueva hermana, o quizá la ciudad que la obligaba a un orden.

Con un par de tacones
Lydia Tapiero Eljarrat. 02.11.15 
Este relato está dedicado a todas las mujeres valientes, y a las que están a punto de serlo:
'Conchita, que me traigas el pescado, joder'.
'Qué tía más lenta. No sé que hago contigo, siempre igual'.
'Ya me lo decía mi madre: vas a ser un desgraciado con ella'.
'Conchita, te has vuelto sorda o es que estás cagando'.
'Y no te olvides de la cerveza'.
Manolo permaneció en silencio para recrearse con el sonido precipitado de los tacones de su mujer. La obligaba a ponérselos porque decía que le hacía menos gorda. Contó hasta cinco. No la escuchó acercarse. Dio un puñetazo en la mesa y guardó silencio. Las venas de su cara explotaron. '¡Conchita!' Rugió como una fiera que defiende su territorio. Ante el silencio absoluto como respuesta, volvió a contar hasta cinco, después hasta diez. Manolo se levantó, y aulló su nombre sintiéndose herido de muerte: 'Conchi, cariño, no quería gritarte'. Salió del salón con pasos inseguros. Al final del pasillo la puerta de salida estaba abierta y enfrente, unos zapatos de tacón.


Relato: El cuarto de la abuela
Lydia Tapiero Eljarrat. 07.03.15 Ampliar
Hacía semanas que Isabel no entraba en el cuartito, pero hoy era uno de esos días que lo necesitaba. Miguel se había ido un mes por negocios y a ella se le caía la casa encima. No quería estar sola. Abrió la puerta lentamente y se estremeció al ver que la mecedora se movía. Sintió la llamada de su abuela Augusta, entró muy despacio y se sentó en el taburete junto a la mecedora, cómo solía hacer cuando la anciana vivía. Y esperó. El chirrido de una bisagra dejó la puerta de un armario semiabierta, se acercó y cogió la bolsa blanca, tenía que hacerlo. Volvió a sentarse y la dejó entre sus pies, esta insistió en caerse mostrando una prenda íntima de color celeste, una liga. Isabel la cogió con morbo imaginando a su abuela con ella. La estudió por todos lados y vio que en su interior había unas iniciales desconocidas S. B. y sin poder evitarlo deslizó la liga por su pierna sintiendo un dulce cansancio que se fue intensificando cada vez más. La mecedora la invitó acunando sus sueños. Los ojos se cerraron llevándola a otra época, sintió el pomo frío cuando abrió la puerta y salió llevando una carta y una maleta, pasó frente a un espejo reconociendo sus pelos rubios dentro del gorro, paró en una esquina y volvió a leer la carta de Alejandro para inyectarse fuerzas.


Ideas en un vaso de agua
Lydia Tapiero Eljarrat. 27.02.15 Ampliar
Los acordes del piano danzan por la sala, ya están casi todos sentados en las butacas de madera. Al lado del pianista espera el narrador. Las luces se apagan de golpe. Un foco sobre la pantalla da comienzo a la proyección en blanco y negro, cediendo el lugar a los nombres de los actores y actrices que se deslizan con el encanto del pasado. El hombre de al lado del pianista anuncia: 'El alcalde de Zalamea'. Un segundo más tarde su voz profunda nos descubre el argumento. Las escenas se suceden, el narrador rompe el silencio 'Don Álvaro rechaza a Isabel por no ser de la nobleza', se siente un suspiro colectivo, la sala calla y el piano desgarra con acordes la atmósfera... Y es que el cine mudo, nunca ha sido del todo mudo. Ni tampoco ingenuo. La crítica social, la burla, el reflejo de la sociedad, el régimen político, siempre han estado presentes.

Al Cenachero le han robado el otro cenacho
Lydia Tapiero Eljarrat. 20.02.15 Ampliar
Málaga tiene su propia balanza con olor a fresco y a mar. Muestra con orgullo su icono, nacido de un pasado de humildad y fortaleza. Y es que la estatua de El Cenachero sigue pregonando sus boquerones y yo me engaño creyendo que le escucho. Busco sus comienzos y me adentro en la Málaga del siglo XIX. La ciudad encendida con chimeneas, que funden el acero a la velocidad del progreso. Es la época de la bonanza, de los burgueses, de la construcción de hoteles y villas. Me parece escuchar que el tren se acerca, el jefe de estación también lo ha notado, se acomoda la gorra roja y consulta su reloj de cadena. La fábrica de hilados y tejidos está en auge, como las olas de la economía que golpean la costa y entran dejando el olor marino. Los Loring enriquecen la ciudad con obras de arte de todo el mundo. Estamos en la ciudad rebelde, la ciudad de la justicia que termina con el reinado de Isabel II e impone la democracia. Y fue en esa época de auge y prosperidad donde nació el Cenachero, en un certamen poético y pictórico. Leoncio Talavera perpetua al vencedor: la pintura de un Cenachero joven, con la cabeza alta, hacia atrás, pregonando su mercancía como si esta fuese tan valiosa como su vanidad. El pueblo ha hablado y a pesar de las otras muchas glorias de Málaga, la imagen de orgullosa humildad se convirtió en un icono de la ciudad.


I Certamen Literario de Relatos Breves Motril de antaño
Francisco Miguel López Jiménez. 24.10.14 Ampliar
Ayer tuvo lugar la entrega de premios  I Certamen de Relatos Breves Motril de Antaño, en el Museo de Historia de la ciudad. Entre los galardonados le fue otorgado el segundo accésit al escritor y vecino alhaurino, Francisco Miguel López Jiménez por su relato “Aguas estancadas”. Los premios Fueron entregados por la Concejala de Cultura señora Elena, miembros del jurado y Pepe Morales, creador del servidor y de la página “Motril, Recuperar la Historia”. El acto se desarrolló ante un concurrido público con destacadas personalidades del mundo de la cultura y de la política.
A continuación se suscribe el relato del premio del segundo accésit.


La Pesadilla
Lydia Tapiero Eljarrat. 26.02.14 Ampliar
Ha sido más que una pesadilla. Ha sido el horror que dura día tras día, sin saber por qué. La imagen más angustiosa de pureza: muerta.
He tenido que tomar distancia de aquella noche terrorífica para lograr darle un sentido metafórico.
‘El sueño transcurre en un acuario, enormes peces con escamas de dragón danzan a la muerte en busca de una presa. Pasan por las cristaleras, abriendo sus feroces bocas con colmillos de felino, y siguen de largo. Un bebé se acerca al cristal gateando, está en pañales, solo viste una camiseta blanca. Pierdo unos cuantos latidos hasta comprender que no pueden llegar a él.

La mirada de un niño
Cuentos y relatos breves. 24.03.13 
Todos los fines de semana vamos a comer a casa de la crisis. Desde que mi padre la empezó a llamar así, se ha hecho famosa. A mi amiga Carmen también le gusta la crisis, porque dice que gracias a ella su hermano mayor ha vuelto a casa, aunque desde entonces su padre está muy serio. Sigo sin entender qué tiene que ver la abuela con la familia de Carmen. Mi abuela siempre me ha dicho que las hadas existen, el otro día la pillé guardando un palo en el cajón de la cocina, dijo que era una cuchara de madera y me guiñó un ojo. Este sábado me acercaré a ella, le daré un beso de los que duran y sin que nadie me escuche le diré, porque creo que no se ha dado cuenta, que los papás últimamente están de mal humor. Estoy segura de que el domingo, cuando me encuentre con Carmen, me dirá que la crisis es la mejor del mundo, aunque yo seguiré llamándola abuela.

La templanza

Cuentos y relatos breves. 23.12.12 Ampliar

Sandra Perez Blazquez. Entré en el  Hotel aproximadamente a eso de las doce el día  8/8/1931, el sol aparece como  protagonista, y no se necesita  encender todas las luces del salón. Aún no estaba lleno, observé las sillas como  seguían vestidas de blanco, atadas con un simple nudo. Sonreí por primera  vez,  pensé que quizás no eran apropiadas para la ocasión, se trataba de un discurso, no de una ceremonia, pero  entendí que  esta vez entre  los espectadores abundaban las féminas: el detalle surge  más insistente que en otros tipos de pláticas. El silencio surgía de manera insistente,  quizás lo más valioso del momento, solo el susurro de los movimientos al quitarse el sombrero restaba valor a la nada predispuesta a llenarse de un todo.
Me senté  en segunda fila, desde ahí observaría el transcurso de los acontecimientos sin invadir su espacio. La vería, la oiría, la olería sin necesidad de tocarla, sería su segunda sombra. Me sentiría como la simple mirada de un verdadero amigo.


Crónicas de ayer y hoy
Dura de morir

Cuentos y relatos breves. 16.12.12 Ampliar
Por; Walter E. Pimienta Jiménez. Dicen que, atormentada la noche anterior por el monocorde e incesante ritmo compulsivo de su reloj de pared, el mismo que su difunto esposo le trajo de Colón Panamá, y que sirviera en el pueblo para acabar de una vez con los instantes imaginarios componiendo para siempre el tiempo que antes dejaba a su paso inexorable un desperdicio de horas invisibles, la viuda Carlotica hizo gran esfuerzo para morirse. Había vivido cualquier cantidad de épocas o temporadas y diciéndose: -“Ya está bueno”- completamente lúcida se acostó en su cama de tijera donde acabó para siempre.
La primera sobrina que visitara esa vez a la viuda Carlotica, para ver si ésta aún seguía con vida, y de estarlo ponerse a jugar con ella un rato a las muñecas siguiéndole la chochera de niña vieja, le vio los ojos inmóviles y con voz confundida entre el amor la compasión, dándole una segunda mirada de reconocimiento, dijo: -“Ahora sí parece que se murió”.

Inaudito
Cuentos y relatos globales. 23.09.12 Ampliar
Walter Pimienta Jimenz [[email protected]]. Con una pequeña duda, con recelo, con desconfianza, con cierto temor ante ustedes voy a dar a conocer este cuento pues sospecho se me tome por loco, desquiciado, perturbado mental o engañador de multitudes.
Coloqué o acomodé una noche juntos, en mi biblioteca, un par de diccionarios de sinónimos luego de haberlos consultado y usted verá si me cree pero de inmediato, enseguida, en el acto, entre ellos comenzó una fuerte y vehemente discusión motivada porque uno decía al otro que tenía más vocablos sinónimos que él.

La hoRa uno. Porque no todos los minutos son iguales
…Una linda viejecita que me espera…

Cuentos y relatos globales. 02.09.12 Ampliar
 Walter E. Pimienta Jiménez. Nunca como hoy suena más triste para mí esta canción de fin de año…Son las 6:08 de la mañana y sobre Bogotá aún no sale el sol. Prendo la radio y entonces escucho:…“Una linda viejecita que me espera”… y no puedo evitar que mis ojos se bañen en lágrimas…, mi madre murió este año y su recuerdo me aprieta el corazón porque este 31 de diciembre, cuando falten “cinco pa´ las doce”, en nuestra casa no estará ella haciendo con sus hijos la Oración de Año Nuevo, sobrecalentándonos con amor en ese abrazo protector deseándonos ¡Feliz Año!...agregando al buen deseo un… “Dios te bendiga hijo”… y, en consecuencia, le sonreíamos y nos volvíamos reflexivos en familia y no podía uno evitar lo menos: volver a mirar la vida con optimismo, y se alzaban copas llenas de burbujeante champaña para brindar por el sagrado milagro de la existencia… y de tenerla.

Flores frescas
Lydia Tapiero Eljarrat. 22.07.12 Ampliar
Siempre soñaba lo mismo. Un vacío oscuro donde se insinuaban sombras aún más oscuras seguidas de un rumor ’matar, matar’. Mis noches se habían transformado en el cementerio de los sueños muertos.  Las pesadillas empezaron a transtorname también de día. Ya no hacía planes. El cansancio, a pesar de todo, resultaba un alivio en el que el pensamiento era solo uno, dormir. Cuando dormía me despertaba sobresaltado con ganas de no volver a cerrar los ojos nuca más. La paradoja de un círculo oscuro, una mezcal de sueños y realidad que ya no podía distinguir.

Educación para la ciudadanía. Cuentos en valores. Cuento de despedida
Tatiana Diaz. 14.06.12 Ampliar
Había una vez un arbolito feliz. Entre sus ramas había pichones traviesos que jugaban y piaban todo el día. El árbol concocía muy bien a todos y los quería, los quería tanto... Cuando hacía frío los pichones se acurrucaban entre sus hojas y si el sol estaba tibiecito, el árbol, moviendo sus ramas, les hacía dar saltitos invitándolos a jugar. Pero un día, entre saltito y saltito, los pichones subieron la rama más alta del árbol y vieron un azul hermoso y un bosque lleno de otros árboles que no conocían.

Hojas muertas
Lydia Tapiero Eljarrat. 04.12.11 

Lágrimas de hojas muertas caían sobre mí. Caminaba perdida por los parques, entre el crujir de sus laberintos, sin pensamientos. Un resplandor ajeno al dolor despertó mi conciencia, mostrando frente a mí la belleza de una rosa blanca tardía. Y me perdí con ella en las sábanas blancas que caprichosamente envolvían nuestros cuerpos agitados. Me acerqué respirando su fragancia, la toqué lentamente y mi cuerpo despertó al tuyo, cerré los ojos, seguí acariciándola hasta bajar por su tallo, su tacto se hizo más áspero, aparté mis temores recordando sus frágiles pétalos y continué bajando hasta verme rodeada de pinchos. Escapé sobresaltada, pero unas gotas de sangre tiñeron de rojo sus pétalos. La contemplé unos segundos. Sentí  mis huesos dolidos, me toqué los labios hinchados y seguí caminando perdida entre el crujir de un laberinto de hojas muertas.


Relatos desesperados I

Helena Trujillo Luque. Psicoanalista. 25.07.11 

El tren estaba a punto de salir, aunque ella aún no sabía a dónde se dirigía. Sus compañeros de viaje acomodaban las maletas en los compartimentos e irradiaban la alegría y ansiedad propias de un trayecto que comienza. Ella no llevaba equipaje, tan sólo un billete que la conduciría a alguna parte, lejos de sí misma, por ahora, su máxima enemiga.
Se sentía un peligro, no sólo para su propia existencia, también para la de aquellos que tanto amor le mostraban. Algo se había roto y ella había quedado desorientada, en medio de ese inmenso desierto que era su vida. El mundo se construía cara al futuro, pero ella no veía más allá de su propia miseria.  Torpe y sumisa, era arrastrada por el movimiento, cada vez más veloz, de ese tren. No había forma de apearse. La muerte no era una opción y sus fuerzas eran insuficientes para detener ese torrente de deseos múltiples. Debía confiar, como nunca hasta ahora había hecho. Ser sombra de su pasado y cambiar toda su vida en ese viaje. Helena Trujillo.


Había cambiado tanto

Lydia Tapiero Eljarrat. 12.03.11 

Me lo encontré de frente. Él se enganchó en mi mirada y paré a medio metro de distancia. Fue un segundo extraño en el que intenté buscar al joven del que una vez me había enamorado. Su media sonrisa marcó aún más su cara arrugada, no pude evitar sentirme decepcionada, había cambiado tanto. Aun no entiendo que le abrazara y menos aún que fuera feliz al hacerlo. Había cambiado tanto seguía repitiéndome mientras recorría día a día la misma calle a la misma hora.


Adios Osito

Lydia Tapiero Eljarrat. 25.11.10 Ampliar

Con este relato me uno al grito de todas las personas que han sufrido el acoso en sus carnes y al grito de los muertos por violencia de género. Y con la misma fuerza les llamo para que recuperen la fuerza y sean ellas las que guíen sus propias vidas.
ADIOS OSITO :


El dibujo

Cuentos y relatos breves. 07.11.10 Ampliar

Patricia Bottale. La tarde caminaba deliberadamente hacia la noche. El salón de clases se oscurecía sin remedio. Juan quería poseer los secretos del tiempo y sus espirales caprichosos, pero todos los jueves ocurría lo mismo: las horas se precipitaban y los alumnos de “modelo vivo” comenzaban a guardar las telas, las carbonillas, y una parte maravillosa de sus vidas.  Entonces ella, cuando el reloj daba las 19.00 horas, estiraba las piernas despacio, estiraba los brazos, las manos, los dedos… y alcanzaba una bata que descansaba inerte a sus pies. Se soltaba el pelo, y con los movimientos de un felino, se dirigía descalza al cuarto de atrás. Desaparecía del salón de clases y de su vista, pero no de su expectativa. Continuaba día tras día latiendo imprecisa entre sus apuntes y sus fantasías. La había tocado tantas veces…


El ruso

José Ignacio Crespo de Lucas. 10.07.10 Ampliar

Como tal le conocíamos en el módulo 2, aunque supongo que podía ostentar la nacionalidad de cualquiera otro de los países del noreste de Europa. Hermético, silencioso, minucioso, pasaba su tiempo de patio entrenando, corriendo, estirando. Muy joven, rubio, estilizado, debajo de su torpe aliño indumentario de preso podía adivinarse una musculatura flexible, adiestrada para todas las modalidades deportivas, todos los territorios, cualquier despeñadero...si no fuera porque se me aparecía como una misión imposible, habría jurado que aquel tipo esquinado y monosilábico se preparaba para escalar el muro/ los muros que le separaban de la libertad. Te lo dije, Manolo, este tipo no me gusta, sólo se dirige a tí para pedirte tabaco:"un cigarro, tío", con ese acento de hielo.


El niño que quitó la sed a medio millón de africanos 

Isabel Luna. 28.06.10 Ampliar

Un día del inolvidable invierno de 1998, en Kemptville (Ontario) localidad natal de Ryan, la profesora del Colegio St. Michael, Mrs Nancy Prest estaba dando una pequeña charla a su clase de primer grado sobre las condiciones y salubridad de los estudiantes de su misma edad que vivían en África. Preguntó a sus alumnos si sabían cual era la primera causa de muerte entre sus homónimos los africanos. Todos los niños convencidos de que era la escasez de alimentos se sorprendieron al saber que es la mala calidad del agua que beben lo que diezma las aulas de sus ‘antípodos‘. Ryan Hreljac quedó muy extrañado por la falta de ‘agua limpia’ y preguntó a Nancy cuanto costaba un grifo en África. Mrs Prest, desconcertada, anticipó a Ryan una cifra que había leído en algún documento: 70 dólares por una bomba extractora. Ese mismo día al llegar a casa, Ryan, que todavía estaba aprendiendo a conocer el valor monetario de las cosas; pidió a su madre el dinero para comprar un grifo y enviarlo por correo.


Una mirada angelical

Lydia Tapiero Eljarrat. 06.06.10 Ampliar

El juez sintió cómo la adrenalina le subía cuando Jesús se levantó para escuchar la sentencia. La vida de aquel joven estaba en sus manos, una vida manchada con la sangre de un niño. Hacía tiempo que no se sentía tan bien y esperó unos segundos más mientras veía a Jesús, un muchacho que había entrado con la fortaleza y seguridad de un gigante y que ahora temblaba. Mientras duró el juicio se formaron a diario protestas en contra del asesino de niños pediendo la máxima pena. Todos los medios de comunicación, menos uno lo habían ya condenado. Las voces de su familia y amigos exigían más pruebas y su abogado insistía en su inocencia y en la falta de pruebas. Pero él no dudó ni un segundo, eran muchos años luchando contra los malos. El único testigo, un niño de diez años era más que suficiente para encerrar a aquel cabrón de por vida.


Limpeza de primavera

Lydia Tapiero Eljarrat. 25.04.10 Ampliar

Cuando Alfonso llegó unas nubes de lluvia empezaron a oscurecer la tarde.
Claudia abrió la puerta y Alfonso se precipitó hacia ella y la abrazó.
—Lo siento mi amor, te juro que nunca más.
—Lo sé —le respondió Claudia poniéndole un dedo en la boca—. Te he preparado una sorpresa.
— ¿Y este cubo en el pasillo?
Claudia señaló el techo.
—Una gotera.


El Gobierno del Cancer

Lydia Tapiero Eljarrat. 11.03.10 Ampliar

"El terrorismo es la destrucción de lo que entre todos hemos logrado construir y no importa de donde sea y que forma tenga. Los que atentan contra la democracia atentan contra
todo aquel que la defiende."
EL GOBIERNO DEL CANCER
Manuel se detuvo, se quitó el pasamontañas negro y dejó caer la porra.
–Yo no voy.
–Déjate de bromas. –Le reprochó Juan mientras estiraba la mano hacia el pomo de la puerta.


Estambul

Cuentos y relatos globales. 17.01.10 Ampliar

Parisa Aryán. [email protected]  Madrid.
Todavía tengo grabada a fuego en la retina tu imagen en ese bazar de Estambul.  Tu piel morena, tus ojos intensos, los pintorescos colores y olores que te rodeaban. Fui víctima inmediata de tu aura, de tu presencia que contaba sin palabras mil y una historias de princesas  orientales y de desiertos, de luna, incienso y granada...    Te acercaste a mí en aquella tetería casi vacía, donde yo estudiaba con cierta  preocupación un incomprensible mapa de la ciudad y te ofreciste a ayudarme. Desde el momento  en el que me dirijiste la palabra, supe que nunca te podría olvidar. Por eso fui incapaz de rechazar  tu ofrecimiento de acompañarme, de mostrarme la ciudad... Resistirme habría sido un esfuerzo  en vano, mi alma ya estaba atada a ti sin remedio.


Ciudadanos del cosmos

Cuentos y relatos globales. 27.12.09 Ampliar


Felicidad Vila. [email protected].  Año 3021: lo que conocíamos como planeta Tierra no es más que un nostálgico recuerdo y el equilibrio del Cosmos está nuevamente en peligro. Mi nombre es Kuasar y al igual que mis compañeros de viaje, todavía soy un ser humano.
Comando la primera expedición de prueba, Nirvana, y nuestro lanzamiento espacial en paquetes de información hacia las estrellas está ya preparado. Los códigos de información personales han sido grabados en un software ínterdimensional, en nuestro sistema nervioso central:
El  lugar de destino es una estación receptora llamada Ananda. En un parpadeo estelar, las ondas electromagnéticas del sistema operativo nos han situado a las puertas de la ciudad de la esperanza, flanqueadas por esfinges de cuarzo rosado.
La buscamos a Ella…


El vórtice

Cuentos y relatos globales. 13.12.09 Ampliar

Por Mª Felicidad López Vila.
En la soledad de la madrugada brillaba altiva la luna, mientras escuchaba los lamentos  de la hechicera, reclamando las caricias de su amado, en una noche tan fría.
El recuerdo fatídico del momento en que los separaron brotó en su memoria  atravesándola como una daga: fue después de Solsticio de invierno, un día gélido de  cielo pálido y tierra mojada.
Su deseo de venganza y de devolverlo a la vida era cada vez más fuerte.


El Hombre Frente A La Tumba

Cuentos y relatos breves. 06.09.09 Ampliar

Édgar Orlando Jaimes Gómez. [email protected]
Era la medianoche de una noche fría de invierno y no se veía ni una sola alma deambular en la calle.
En ese momento un hombre entraba al cementerio buscando un par de tumbas: la de su esposa y la de su hijo que murieron un año atrás.
La niebla fue envolviendo al lúgubre camposanto de la misma manera en que el dolor envolvía el corazón de aquel hombre.
Aquel pobre diablo, al encontrar las tumbas que buscaba, lloró desconsolado cómo lloran aquellos hombres que lo han perdido todo y sólo esperan el fin de su miseria.
En la placa de mármol, ubicada en medio de las dos tumbas, esta escrito el siguiente epitafio:
“Aquí yacen mi amada esposa y mi pequeño hijo, y yo, doliente padre y esposo, pronto me reuniré con ellos en el paraíso donde las almas que se amaron en vida estarán juntas por siempre”.


Pobre Marta

Lydia Tapiero Eljarrat. 17.08.09 Ampliar

‘Me voy’, le digo. Ella me devuelve el adiós, desde el baño, siempre desde el baño. Una vez intenté abrir, pero cierra con cerrojo. Es como una venganza a mis sábados por la mañana, lo sé. Hace ya tres años que me pongo el chándal gris de siempre, y me pierdo por las calles. No siempre corro, pero siempre me voy. Al principio me molestaba en explicarle que salía a correr por la cojera, ‘no llegues tan tarde’,  me reprochaba. Ahora se limita a preguntarme a que hora vuelvo, hago que no la escucho, no quiero limitar mi tiempo. Me coloco el CD que no enciendo nunca y me voy.


“Historias para no dormir”
“La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”. natole France

Mariano Cabrero Barcena. 28.06.09 Ampliar

Los jóvenes les comentaron que lo iban a pasar muy bien. Que sabían de un buen rollo y gratis. Corría el vehículo a gran velocidad, y del interior salía música estridente a toda pastilla. Sobre las 23.55 h, después de atravesar una arboleda semicircular llenas de hojas verdes, llegaron a un enorme hangar, se bajaron y subieron a un ascensor que bajó. Se abrió la puerta, y en una antesala el camarero les sirvió a todos una especie de vermú...


Microrrelato

María Amparo Gimeno Pastor . 26.06.09 

Miriam se despertó como siempre a las siete y media de la mañana, pero como era verano y fin de semana, se quedó remoloneando en la cama, mientras Germán ya se había levantado y estaría desayunado y leyendo el periódico. En fin, se levantaría más tarde...


La mano de Dios

Lydia Tapiero Eljarrat. 07.06.09 Ampliar

Como una rosa marchita, aquí, tumbada en una cama que no es la mía, sin poder hablar porque mis labios no responden, sin poder mirar. Oigo los llantos de mis hijos, de mi marido, y no puedo consolarlos, la espera se me hace eterna. ¡Dios pon fin a esta agonía! Mi hija me ha cogido la mano, está llorando. Se está despidiendo de mí, yo también quiero despedirme, dejo caer una lágrima y ella grita ‘¡mama está llorando!’. Yo quiero abrazarla pero no puedo, me cuesta respirar, oigo voces a lo lejos, tengo miedo, me ahogo.


Una Breve Historia

Cuentos y relatos breves. 31.08.08 Ampliar

Luis Alberto García [email protected].  Hace algún tiempo, en una pequeña ciudad a la orilla de un río vivía un señor que tenía una gran fe en su Dios, todos los días él pasaba un rato en su templo diciendo sus plegarías. Una temporada de lluvias llovió tanto, que el río empezó a desbordarse amenazando con inundar la ciudad. Llegaron los equipos de protección civil a avisar a todos los vecinos que tenían que evacuar el lugar pero nuestro amigo les digo que él no se pensaba mover de ahí, que ya le había pedido a su Dios que lo protegiera.


Alba, la guerrera blanca

Cuentos y relatos breves. 13.07.08 Ampliar

Felicidad López Vila. Érase que se era, en un lejano lugar, un pequeño planeta donde habitaba gente de paz. En él vivía una joven hermosa, hija del rey, educada con honestidad en el arte de preservar la armonía del hábitat. Una pacificadora nata, al servicio de la colectividad.
     Ella era Alba, la guerrera blanca...
David escuchaba atento, el comienzo del cuento, que su abuelo le estaba leyendo.
La fiebre del niño, estaba remitiendo, pero el malestar general no lo dejaba descansar.


Una historia  de  huevos

Cuentos y relatos breves. 08.06.08 Ampliar

Francisco Pérez  Ríos. En los años 50 en  Alhaurin de la Torre  se vivía del campo, existían  numerosas yuntas de bueyes, carretas y aperos de labranza por todo el municipio al objeto de ejercer toda clase de labores propias de la agricultura.A mi memoria me viene y creo que no lo olvidare nunca la yunta de bueyes de Manuel Saguego vecino con la vivienda de mis padres en el Arroyo del Blanquillo; una yunta compuesta por un toro el Azabache y una vaca la Golondrina. Ni que decir tiene que cuando no asistía al colegio,  me pasaba parte del día en el tinao de Manuel Saguego. Admiraba a esta pareja de bueyes, pero sobre todo al Azabache, un toro con un par de “ co…..”, por su fuerza, su templaza, y buen hacer en la carreta.


Diosa terrena

Cuentos y relatos breves. 04.05.08 

El Seis. Ella era bella, esbelta, de ojos color violeta; pero se sentía una “cosa viviente”. Sus admiradores (tenía muchos), antes de mirar su exquisito trasero; la consideraban un “objeto”, algo así, como un árbol frondoso, pero ardiente, lleno de lava. Era dueña de unas largas, y bien torneadas piernas blancas; que al caminar arrancaban suspiros de los existentes. Cuando movía sus caderas, era un vaivén de locura; parecía que se regocijaba el universo. Sabedora de ese poder que otorga la naturaleza a ciertas personas; se sentía un puñado de carne hecha para el amor. Era el placer mismo. La muchedumbre le rendía pleitesía a la dama del ensueño. Las mujeres citadinas la miraban con envidia, y una rara admiración. Pero, Cliceria, así se llamaba la preciosa; se sentía vacía, sola, temblorosa, llena de pánico,... una cosa. Odiaba las lides del amor/ Detestaba ser penetrada/ No le interesaba ser el blanco de las miradas ardientes/ No le gustaba posar sus labios en otros locos de amor/ Le disgustaba los vulgares y elegantes piropos/ A ella, Cliceria, sólo le gustaba mirarse en el “espejo azul”, de su recámara; abrir la ventana, y sentirse una “cosa viviente”, palpitante de tanto ser...


Un triste cuartucho

Cuentos y relatos breves. 13.04.08 

Javier Martinetti.  [email protected] . La oscuridad es tan densa que nunca se acostumbran los ojos a ella, todos los días a cada hora la oscuridad es muy densa. Mis manos que tantos años recorrieron las paredes nunca encontraron ni ventanas ni puertas. Era un frío cuarto pequeño, tanto que nunca pude estirar mis brazos sin tener que torcerlos para que entren. Pasé largas horas buscando posiciones cómodas pero nada resulta sensillo, ni siquiera acostumbrarse. Y yo que solo buscaba derrumbar estas paredes, ahora se que es producto de la imaginación de otras personas, en realidad son por la falta imaginación. O por ser ignorantes de mi existir, talvez tanto que nunca me vieron al construir ese triste cuartucho. En mi triste cuartucho es necesario respirar por ósmosis ya que no hay oxigeno  Mi enfermedad mental es solo por un desborde de la presión mental más que por la presión del vacío de mi cuarto.




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