|
-Molino de papel- 'Alguien tendrá que pagar los platos rotos' | | Cuentos y relatos globales. 07.06.26 | | No sé cómo empezar esto. Donde Celina, los platos llovían. Donde Celina los platos pagaban los platos...rotos. Donde Celina los platos volaban.Escribe; Walter Pimienta J.- Esto ocurría cada vez que Celina pelaba con Simeón cuando este amanecía donde la otra, con Hildebranda Urrego, y de allá venía a su casa como si nada y con una cara fresca a la que la brisa de diciembre, rayando la aurora, rozaba dibujándole en los labios una sonrisa de amor...y una calma en la piel y una rosa en la solapa y una mirada que escondía las picardía de una noche de pasión y un olor grato a “Agua de Florida Murray & Lanman” y los dientes impecablemente lavador con “Pepsodent” y un cantico pendejón entre labios que decía... “Luna que se quiebra sobre las tinieblas de mi soledad...” . Y esto sacaba de quicio a Celina hasta perder la paciencia, irritarla y exasperarla llevándola al límite de no reencontrar la compostura y el control...y entonces, platos iban y venían, venían e iban...platos por allá y platos por acá...por acá y por allá...Platos y platos...y más platos... | Que calma la que se gastaba Simón esquivando platos...platos hondos y platos llanos...platos de loza y platos de peltre...Le llovían y llovían platos del cielo... En la obra “Los celos en el Fedro de Platón”, este dice que la mujer del tal Fedro, llamada Febe, en ningún momento le lanzó a su marido platos sino indirectas por su rechazo...Y yo, en mi guaza de momento, apunto que Celina le lanzaba platos a Simeón, quizá por una mala interpretación de la lectura de dicha obra si es que ella acaso la leyó...Y entonces hagamos la charada: Simeón esquivaba y esquivaba los platos que Celina le lanzaba, tanto por celos como por culpa de un errado análisis de Platón...y lógico, por ende lo de los platos y lo de Platón... En verdad, nadie en el barrio sabía cómo, ante el enojo del celosa Celina, sobrevivía Simeón en medio de tantos platos rotos. Y así las cosas, cuando en el barrio, de madrugada, de repente se oia un ruido de cosas rompiéndose...Ya todos sabían que Celina y Simeón se habían agarrado. Él cruzaba para allá y cruzaba para acá. Decía cosas en voz baja; ella no, de bandido no lo bajaba y lo miraba botando fuego por los ojos. Pero curioso, siempre Simeón salía indigne de los proyectiles. Y acabada la pelea, con una pala recogía la tres vajillas rotas y entonces decía, para que ella lo oyera. -Sigue tirándolos nena...comerás en totuma. Cuando estas tremolinas entre Celina y Simeón se daban, sus nueve hijos, juntos en un rincón de la casa, iluminados por salir sin una herida en medio de aquella guerra, tomaban esto como una simple ruptura de chismes que les pasaban zumbando por las cabezas y, al final, como divertimento de la cosa, recogiendo pedazos, los clasificaban en enteramente rotos, medianamente rotos y ligeramente “desboquinados” ...Estos últimos podían volverse a reusar para el menú de los antojos. Y en ocasiones, para satisfacer decires de chismosos, cayéndole el mensaje a quien le cayera, ponían en la puerta un cartelito que decía. “Los platos tienen que romperse porque son de loza y la loza se parte”. Pero hay cosas de cosas que, como en el billar, de retruque, permiten una carambola de “jaiba “y esa “carambola” la aprovechaba Simeón el día de las madres cuando, mandando a sus hijos al almacén de “ la Niña Nené”, envueltos en papeles de celofán, con cintas y tarjeticas de dedicatoria, estos le traían a Celina, de regalo, cuatro vajillas marca “Corona” y una docena de platos de peltre irrompibles de aquellos que traían una llamativa flor roja en el centro...Y entonces se pasaba el día entre conductas virtuosas y platos que ni a martillazos se quebraban salvando la existencia en la cocina. Toca rescatar que Celina, inconsciente de ello, hacía de los lanzamientos de los platos y de las ruptura de estos, unas verdaderas obras de arte: a veces, algunos quedaban rotos en forma de estrellas, otros en forma de media luna, unos más como para armar con ellos un rompecabezas y un buen número adoptaba figuras geométricas de triángulos, rectángulos, rombos y similares en el “odio creador” del “ ahí te va otro, pícaro”. A decir verdad, las viejas más viejas del barrio no perdieron del todo en la campaña de promocionar en Celina un vida menos compulsiva temerosas a una nueva reacción. Y algo lograron con una terapia anti platos rotos a la que le sometieron cantándole en coro una vaina que decía: “...Plato de oro, orilla de cristal/ que se quiete que se quite/ la puerta principal./”. Estribillo que ella repetía prometiendo no volverlo a hacer. Ah...pero Simeón, era Simeón y luego de tres meses de enmienda, ocurría lo que ocurrí cada vez que Celina pelaba con Simeón cuando este, de nuevo venía de haber amanecido donde la otra, con Hildebranda Urrego, presentándose a su casa como si nada y con una cara fresca a la que la brisa de diciembre, rayando la aurora, rozaba dibujándole en los labios una sonrisa de amor...y una calma en la piel y una rosa en la solapa y una mirada que escondía las picardía de una noche de pasión y un olor grato a “Agua de Florida Murray & Lanman” y los dientes impecablemente lavados con “Pepsodent” y un cantico pendejón entre labios que decía... “Luna que se quiebra sobre las tinieblas de mi soledad...” . Y esto sacaba de quicio a Celina hasta perder la paciencia, irritarla y exasperarla llevándola al límite de no reencontrar la compostura y el control...y entonces, platos iban y venían, platos venían e iban...platos por allá y platos por acá...platos por acá y platos por allá...Platos y platos...y más platos... ...Y Celina, acabando la última vajilla que sus hijos le regalaron el día de la madre, otra vez, al canturreo pendejón de Simeón diciendo: “Luna que se pierde sobre las tinieblas de mi soledad”, volvía a vivir su ya acostumbrada tragedia griega. Canción representativa
|
|
| | <-Volver |
|
|