
Llevan años aguantando el acoso y derribo del gobierno de Tanzania, que ha prendido fuego a sus casas y ha intentado expulsarlos de sus tierras para allanar el camino a la caza de elefantes y el turismo de lujo.
Ahora, dos comisiones presidenciales están pidiendo abiertamente desalojos en masa y en las próximas semanas miles de familias podrían quedarse sin agua, atención médica ni derechos de pastoreo.
Para los masáis, el Ngorongoro es mucho más que el lugar donde viven: su identidad y su subsistencia están intrínsecamente ligadas a las sabanas, los ríos y las vastas llanuras. Desde hace generaciones han custodiado este territorio que, gracias a su cuidadosa gestión, alberga una inmensa riqueza natural y atrae a las elefantas a parir allí. Precisamente por eso, el gobierno lo codicia como destino de caza de trofeos.
No podemos permitirlo.