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-Molino de papel- 'El ángel del paseo Bolivar' | | Cuentos y relatos globales. 10.05.26 | | Hay ángeles que parecen ser personas y personas que parecen ser ángelesEscribe; Walter Pimienta J.- Era lo más lejano para mí, que ese día, o mejor, que ese mediodía, a mi paso, me encontrara con un ángel de carne y hueso. El sol mataba. Y, allí, a medio camino entre la carrera 43 y 44, pleno centro de la ciudad, Paseo de Bolivar, montado sobre una banca que alguno le prestó, con límpido ropaje de blanco y rojo satinado, atravesado por un rayo de espiritualidad, estaba la alada y celestial figura, “querube vivo caído del cielo sin haber sufrido este daño alguno en lo que debió ser su silencioso descenso”. Los niños, de las manos de sus madres, lo miraban sorprendidos, algunos transeúntes igual y yo también a punto de persignarme al verlo. El mundo parecía ignorar el caso. El cielo lo veía. En medio del fragor, un olor a rosas se hacía presente. Dice la tradición espiritual y las creencias sobre las presencias angelicales, que la venida de estos a la tierra suele anunciarse a través de aromas dulces, intensos y puros sin que tales fragancias tengan una fuente física aparente. Y, en el lugar, parecía sentirse aquella aroma. | Abril fulguraba en un calor infernal.
Tuve que mirarlo más de dos veces...Me parecía increíble, un ángel en el Paseo de Bolivar. Estaba terriblemente inmóvil. Dispuse la cámara fotográfica de mi celular y, alzando “la espiritual figura” sus ojos y sus brazos al cielo como en actitud de vuelo, le saqué un par de fotos.
No era aquello una pesadilla.
Con silencioso estupor, vestido de ángel y con las alas en calma, a la mirada de todos, estaba “el ángel del Paeo de Bolívar”. Tenía una figura destellante y una presente presencia que le daba un soplo milagroso.
Alguien, como para quitarle grandeza al momento, pasó y escuché que dijo:
-Parece un golero blanco. Y otro apuntó: -Los carnavales ya pasaron. -Adiós, gallina blanca- le dijo otro grosero caminante.
...Y ante esto, “el ángel del Paseo de Bolivar”, ajeno a las burlas, magnánimo y noble, como todo ángel, permanecía callado en medio del río humano de las doce en el reloj.
Un niño, de paso por allí con su abuelo, sobrepuesto al asombró, viéndole familiar, con un “hola ángel”, se atrevió a saludar a “la celestial presencia; a lo que este, en el idioma enoquiano, la lengua oculta que hablan los ángeles, soltando su lenga incomprensible, con voz de marinero antiguo, le contestó: “ Ol o Olo “.
Tiene cara de ser un ángel solitario “el ángel del Paseo de Bolivar”, a lo mejor abatido por la ausencia del amor de “una ángela vecina” que no lo ha visto en la honrada ocupación de ganarse la vida a punta de monedas que los transeúntes, de vez en cuando, le tiran en una caldereta sobre la cual, ajustado con una piedra para que el viento no se lo lleva, coloca un cartón que, con letras rojas, tiene esta leyenda: “Apoye el arte urbano que es cultura. Dios le bendiga”.
Todo el mundo sabe que en el Paseo de Bolivar de Barranquilla, desde las primeras luces del día, sobreviviendo a una conspiración celestial que de pronto hubo en las alturas, inmóvil como una piedra y abatido por el sol, sobrevive un ángel de carne y hueso contra el criterio de los policías que quieren quitarlo de allí porque obstaculiza el libre tránsito de las personas...y que toca mirar más de dos veces para salir del terrenal error porque este es humano, suda, le dan ganas de mear y de lo otro y también le da hambre...
Por el sitio donde está “el ángel del Paseo de Bolívar, en más de una ocasión, han pasado curas vestidos de curas que lo miran de reojo conjeturando en voz baja: “Cómo sabe de camuflarse muy bien el diablo”- y agregan: “Le falta dignidad y no conoce el idioma de Dios”- ...Y no falta quien, para que todos lo oigan, al verlo, diga a gritos:
-¡Láncenlo para alcalde!
En tanto del tumulto callejero sale este hiriente decir:
-Adiós, gavilán de la fe.
Hay instantes en que “el ángel del Paseo de Bolivar”, con disimulo, se seca el sudor de la frente, ese con el que se gana el pan de cada día sin pestañar y, ajeno a las impertinencias femeninas, como el silencio es su palabra, ignora las picadas de ojos de algunas mujeres que buscan hacerlo pecar.
Expertos conocedores de ángeles, saben que porque a este le faltan en cada ala las plumas remeras que le permitirían volar, “el ángel del Paseo de Bolivar” no es un ángel pero casi que sí lo es si no fuese porque lo han visto bajarse de la banca y doblando el lomo, recoge algunas moneda que no ha caído precisas en su caldereta de las dádivas y, dando un salto acrobático, vuelve a su puesto del cansancio tragándose el trabalenguas noruego de no poder darle las gracias a las almas caritativas que lo saben humano metiéndole miedo al diablo en el veredicto sagrado de la santa cruz conque inicia el día.
Qué estoico e impasible que es “el ángel del Paseo de Bolívar” sobreviviendo a inviernos y soles que le tumban las plumas de sus alas para volverlo un pajarraco viejo y que él, de noche, repone por nuevas cantando en el patio de su casa, a la luz de las estrellas, alabanzas e himnos de gloria adorando a Dios.
Por ahora, no es lo cierto que “el ángel del Paseo de Bolívar”, de allí ,de donde todos a diario lo ven, un día de estos, tenga ganas de irse y advierte sobre el caso que ni siquiera lo ha pensado en tentativas de vuelo admitiendo el hecho de que si en ocasiones da un agitado aleteo, esto se debe a que algo le pica o rasca en mala parte... Así como, en otras, pontífice a su modo de la sensación física y la necesidad fisiológica de comer algo, bajándose de la banca, recogiendo las monedas, a eso de las doce del mediodía, dirigiéndose a su vecina callejera, la vendedora de la lotería que se hace a su lado, en su mismo idioma, quitándose de encima la incomodidad emplumada de sus alas, le dice a esta lo de siempre:
-Ténmelas y cuídamelas. Son mis herramientas de trabajo. Ya vengo. Voy almorzar al restaurante de la esquina.
...Y, entonces, quienes pasan, viendo sorprendidos a esa hora el puesto de “el ángel del Paseo de Bolivar” vacío, alzando la vista, buscan en el cielo la razón devocional final de su esperado vuelo. |
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