En estos treinta años hemos pasado de jugar al fútbol con una pelota cualquiera (tener el balón oficial de la liga era utópico) y porterías hechas con cuatro piedras a jugar en campos de césped artificial con porterías con red y todo, un lujazo. De pasar la tarde jugando con los clicks, o en la calle huyendo o persiguiendo a otros niños según te hubiera tocado ser policía o ladrón, de jugar al sota-caballo-rayo intentado no abrirnos la cabeza, de caernos setenta veces jugando al látigo y recibir un millón de bolazos de papel de aluminio jugando al 1x2, a jugar primero con videojuegos en los recreativos, los ordenadores (el spectrum, amstrad, commodore, msx...) a jugar con la game boy, la psp o la nintendo ds (los niños la llevan todo el día consigo, como una prolongación de sí mismos) x-box, wii, play station, etc... ( de usar palabras que entendíamos a otras que no, ¿Qué significa Wii?). En este periodo de tiempo todas esas cosas han quedado obsoletas, objetos de anticuario. Pasan de ser la última novedad tecnológica a ser un objeto inservible. Si no, ¿Qué ha sido de las cintas de cassette cromo, de los reproductores de cassete autoreverse, del dolby, de los discos de vinilo, del pentium, de las grabadoras de cd, del video Beta y del VHS, del teléfono móvil normal y corriente. Cosas que han pasado en un pis pas por la vida y no han sido "presente" más que un segundo para convertirse en nuestro pasado.
Hemos pasado de que nuestra madre se asomara a la ventana y nos llamara a voces para merendar a llamarlos al móvil 3G. De estar un rato buscando una cabina telefónica (sin móviles) para avisar de que llegábamos tarde cuando salíamos de juerga a Pedregalejo a que ahora, aunque lleven el móvil 3G con cámara de video para grabar su noche de juerga, no llamen, y mejor no llamar tú vayas a invadir su intimidad.
¿Y si nos comparamos con nuestros padres? ¿Teléfono? ¿Cassetes, televisión, video o DVD? una radio y va que arde. ¿Balón de fútbol? Pelota de trapo. ¿Recibir pelotazos? normalmente pedradas. Han pasado de vivir en dos habitaciones, con nuestros abuelos y sus cuatro o cinco hermanos, con un inodoro común cuando pudieron tenerlo y un trapo para secarse la cara porque las toallas eran cosa de ricos, a vivir en un piso con tres dormitorios, baño y cocina propios, a ver a sus hijos en urbanizaciones con recinto cerrado, una habitación para cada hijo, piscina y pistas de paddle, aspirando a tener un adosado o pareado como mínimo.
¿Y si ampliamos un poco más? Hasta le revolución industrial el modo de vida del ser humano ha cambiado muy despacio. A partir de ahí, la aceleración ha sido descomunal y va a más, la sociedad, el ser humano, hoy por hoy es un seiscientos acostumbrado a circular por carreteras nacionales a un máximo de ochenta, puesto en una autopista de cojones, circulando a un mínimo de ciento cincuenta. Avanzamos más rápido, llegamos antes a nuestras metas, pero de forma precipitada y dejándonos cosas en el camino.
Por ejemplo, un profesor ha pasado de ser intocable a ser un don nadie. Para nuestros padres el maestro del pueblo era alguien importante por lo que respetaban a nuestros profesores. Sin embargo, para nosotros, un profesor es o un estudiante de magisterio, que era considerada la carrera facilona para el que no era capaz de estudiar otra cosa, o licenciados en carreras sin salida laboral. Así que, cuando a nuestros padres les llamaba al profesor por cualquier motivo, hablaban con alguien que para ellos era alguien superior, respetado e incluso temido, eso hacía que se convirtieran en la prolongación de ese intento educativo que llevaban a cabo los profesores. Hoy, esa relación padres-profesores, no solo es de igual a igual, sino que los padres se consideran en un escalafón superior (son abogados, médicos, economistas, ingenieros...) así que los padres piensan "ese no tiene ni idea, que esté más pendiente de los niños en vez de en la sala de profesores". Se ha quedado en el camino el respeto y esa prolongación educativa se pierde. Si los niños antes estaban un puño, dejando la escuela para empezar a trabajar en edad temprana, ahora están en una burbuja protectora, tanto por los padres, como por la sociedad en la que viven. Se ha perdido el aprendizaje a través de la experiencia, el valorar las cosas conseguidas mediante el esfuerzo. Hemos pasado en muy poco tiempo de un extremo a otro. Se ha perdido el equilibrio de las cosas.
Es cierto que todos estos cambios han sido para mejorar, no cabe duda, pero ha ocurrido todo a una velocidad tan vertiginosa que se han quedado cosas en el camino, detalles que corregir para que esa evolución siga adelante y el seiscientos no se salga en la próxima curva. |