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-MOLINO DE PAPEL- Diciembre en palabras libres, diciembre en libres palabras | | Cuentos y relatos globales. 14.12.25 | | Escribe; Walter Pimienta J.- Cuando en mi pueblo conocí al más lejano diciembre, lo conocí de azul y blanco y se me dio por creer que tenía una sonrisa tímida y reprimida, como la de un muchacho primerizo de escuela. Los diciembres que después conocí tenían el frío de las tarjetas navideñas que le mandaban a mi mamá mis tías, con motivos de un señor gordo que le llamaban Papa Noel, vestido de rojo, queriendo ir por el mundo en un trineo tirado por renos, procedente de un país hecho de nieve. Y fue esa también la primera vez que vi la nieve así fuera en un colorido dibujo. En aquellos diciembres, aunque había canciones alegres, también las había tristes; recuerdos alegres y recuerdos nostálgicos y, en la tales tarjetas, una leyenda de letras doradas con un mensaje de paz disfrazada de un silencio ruidoso y un tiempo que se escapaba de todos los relojes. De joven, me gustaba diciembre en mi bufanda gris y roja. Me gustaba diciembre en el abrazo y los encuentros…Pero los había de adioses, de miradas frías y d lagrimas olvidadas. Me gustaba diciembre en las burbujas de una copa de champaña y en la ilusión de un beso dulce y amargo. Aquellos diciembres, como estos, tenían minutos cortos y largas mañanas. | Aquellos diciembres, para algunas personas, era odiado o queridos. Eran final y comienzo de tantas cosas…Eran más mañana que ayer. Más olvido que muerte. Más cielo que nubes… Dios elaboró la luz en diciembre y jugó con ella en las manos. Y no sé si dijo: “Diciembre será un mes alegretriste”.
Los diciembres aquellos eran prodigiosos en perdones de enemigos que por años no se hablaban…tenían ese milagro. Y una música de vida en un simple pajarito hecho de barro cocido o en uno de pasta que para que cantara había primero que llenarlo de agua.
Nadie se atrevía a morir en aquellos diciembres para no dañar la fiesta. En esos diciembres, cada casa era un pesebre y cada pesebre una casa…Y en todas ellas nacía Dios y se quedaba viviendo Dios como un pájaro en su nido, como un nido con su pájaro meciéndose en una cuna hojas y allí, el Niño Dios, en su inocente desnudez, lo alumbraban estrellas de papel dorado.
Cuando en mi pueblo conocí al más lejano diciembre, lo conocí entre cantos de gallos mañanero montados en cualquier rama…desde allí, colorados de mejillas y de brillante plumaje, tenían más espacio para batir sus alas y así imaginar las hembras de su corral y eran sus cantos una forma de plegaria a Dios regalándonos, por amor, un nuevo día…
En mis diciembres de entonces, no concebía el canto febril de un gallo solitario y esperaba a que volara y en la calle encontrara un amor de plumas picando y escarbando en la húmeda arena sin miedo a los ladrones porque Dios lo cuidaba y lo veía todo…y si había ladrones se les denunciaba y se les enseñaba a trabajar.
Los ecos de mis diciembres, diciembres de infancia y juventud, tenían el eco remoto del runrún de una cometa agonizando enredada en giros en hilo alámbrico del telégrafo que pasaba por la esquina de mi casa. Y allí, esta, día tras día muriendo ya sin colores, insomne y sonámbula.
…Después, en esos mismos diciembres, había que desmantelar el pesebre y desvestir el arbolito de navidad y empaquetar su brillantez en cajas de cartón para el año entrante… Y en las mismas cajas las tarjetas del Papa Noel proclamando palabras de hermandad que, al volverlas a leer en este tiempo, me suenan a mentira mientras la tierra nunca ha dejado de ser una alfombra de guerra…Y arde el Salvador del Mundo en Tierra Santa y en Ucrania. Y yo no sé ahora si el mimo Niño Dios de plástico de todos los años quiera volver al pesebre o si le parece mejor quedarse dormido en el fondo de su cajita de cartón, cuidado por pastores fraternales olorosos a musgo seco…
…Y, claro, en aquellos diciembres y sus navidades, como en estos, también se quedaban niños sin juguetes…Estos, por lo costosos, solo estaban al alcance de sus ojos detrás del vidrio de una lujosa vitrina de juguetería…En tato muñecas y muñecos viejos, arrojados a la basura, mutilados perdieron en sus rostros el sitio de la alegría como de los rostros de la gente se van las esperanzas, las ilusiones y los sueños. Y a estos, a las muñecas y muñecos viejos, aunque fuesen de caucho, muriendo al sol, también les dolía la piel.
Diciembres hubo y siempre habrá en que se queden sin jugos los juguetes y los juguetes se queden sin jugos, como los días vacíos; días en que faltaba hasta el mismo día y faltaba también la agonía a los moribundos enmudecidos sin poder expresar su última voluntad que era ninguna, y era ambiguo el paisaje de los pesebres de papel más ricos que los tugurios…
Yo también, como muchos, guardo la inmensa pena de los diciembres con navidades que me trajeron los juguetes no pedidos…Caprichos del Niño Dios que nunca deja de ser bueno y entendió mi carta de otro modo para hacerme soñar en silencio con mi bicicleta fantasma de mi cuarto y de mi cama…Y, entonces, en silencio lloré esa vez de miedo a despertar y que aquello no fuera verdad… |
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