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-MOLINO DE PAPEL-
FITO, ÑATO Y “CURRO”
Cuentos y relatos globales. 07.12.25 
Escribe; Walter Pimienta J.- Envuelto en la niebla de la madrugada, con  su  hecho  pensado,  sale  Fito esa vez del  rancho que  cuida. Sus pies en abarcas sienten  la  humedad de rocío que ha  mojado  el pasto.  
Había  dormido  a ratos. 
Pensaba en el burro.
Ahorita saldrá  el  sol  y  la  niebla se iría despacio.
-Lo amarro y  me  lo  llevo. Es maso. Lo saco de la parcela y lo traspongo: pero lo  que es hoy,  me robo.
Los del rancho de Ñato, aún duermen.
Van a ser  las  cinco de la mañana.
 Detrás de un vapor  gris, comienzan a ser  visibles los  árboles.
Fito, cabuya en mano, ha entrado a la parcela vecina. Allí  pasta “Curro”,  el burro.
Hay  un  aroma natural y  fresco  en  la  pradera.

Una golondrina desvelada,  cruza y  abandona las sombras.
Junto con el burro hay  vacas que Ñato ordeñará más tarde.
Fito se espanta los zancudos con  el  sombrero y, de vez en cuando intenta silbar una canción que no  le sale  porque le  faltan  dientes.
Una lechuza en vuelo, grazna.
Fito ya está cerca de “Curro” que  mordisquea  unos brotes. Es afable y  atiende por  el  nombre. 
Fito lo  llama.
“Curro” le corresponde y se  deja  sobar  el lomo.
-Hasta ayer  te  vio  tu  dueño- le dice.
Las vacas cercanas,  con  ojos de vacas prevenidas,  miran a Fito y  todas quisieran alarmar el  caso diciendo:
-¡Ñato,  corre! ¡Fito se roba el burro!
Pero Fito, en  tono  conciliador, para  que estas se calmen, le susurra   en  voz  baja la canción  que más les gusta a las vacas:
Tengo una vaca lechera/no es una vaca cualquiera.
…Y  a estas, se les pasa el  susto.
“Curro”, entre tanto, con  la cabuya  al  cuello, sigue dócil los pasos de  Fito.  Los  dos se alejan saliendo  y,  perdiéndose en la bruma, toman un  rumbo  lejano. Él se lo  lleva más allá de los cerros azules. En  aquel terreno abandonado,  lo esconderá y  le  traerá de comer y  de beber hasta que, mirando  las circunstancias,  mostrándose solidario con Ñato,  pasados los días, las cosas se tomen  con  resignación y  estas,  en  el lamento de los lamentos, le sean más favorables.
Las dos  última estrellas de la  noche,  ya  casi  se apagan. El  cielo, de pronto se torna anaranjado y brota poco a poco  el  sol.
Ahora Fito,  dejando al  burro bien  lejos de por  ahí, hábil,  astuto, sagaz y taimado…y como  para que de quien menos se sospeche del  robo sea de él, como en otras mañanas,  dando  los buenos días, va donde  Ñato a saludar  y a tomar  un café que Clelia,  la mujer de este,  diligente y  atenta,  le brinda espantándole el perro entelerido que le ladra porque le tiene rabia o  porque a lo  mejor, llevado  por  su  instinto  de  perro,   sabe que el  visitante, por  su cara, es ladrón.
Y allí, ante  la algarabía  y los refunfuñes vociferantes y molestos de Ñato,  con un “qué paso” por  pregunta,  Fito, con  esta  terrible amenaza para nada oculta expresada por su vecino, se encuentra.
-¿Que qué paso? Que me robaron a “Curro” anoche y  me  han  dejao a pie.
-¿Y qué piensas hacé ahora?- dijo  el  visitante.
- No jodaaa Fito, no tiene idea el ladrón de lo que le voy a hacé...Le voy es a volá la cabeza. Y  después lo  pico en  pedacitos pa’ que se lo coma “Comequejalla”.
“Comequejalla” era el  perro.
Fito escuchó  aquello  en  silencio,   sintió que  un escalofrío  le bajó  por  la espalda  hasta las nalgas, siguió  tomándose el  café tal que  si  nada y, como para despejar alguna  posible sospecha, compartiendo la misma causa, dijo:
-Vecdá que  sí,  eso es lo  que hay  que  hacé con  tanto pícaro y bandido.
Y al tiempo, otra vez preguntó:
-¡Y no sentiste?- .
-Naita. Ni  “Comequejalla” ladró. Caí  como  una piedra en  la  cama  y  enseguida  me dodmí…Pero de que le vuelo  la  cabeza,  se  la  vuelo. Tengo la  rula  bien afilaita…Que se atenga. No  sabe él  con  quién  se  ha metio no  jodaaaa.
Acabado el  café y  con  un  disimulado “búscalo bien o  pon  el denuncio”, Fito salió  de allí todo  asustado y  preocupado.
Pasaron en ese son   quince  días y del burro  nada de nada. A Fito no se le  olvidaban la rabiosas  palabras de Ñato. Iba  sin  embargo  todas las mañanas a casa  del  vecino a tomar  café  y luego de que este ya había  ordeñado las vacas,   lo veía sobre  la  piedra de afilar sacándole  filo  a la  rula y,  entonces, para desdibujar suspicacias,  le  preguntaba por “Curro” y Ñato,  herido  en sus  entrañas,  no  esperaba un  punto  y  de  nuevo  se venía  con lo mismo.
- No jodaaa Fito, no tiene idea el ladrón de lo que le voy a hacé...Le voy es a volá la cabeza. Y  después lo  pico en  pedacitos pa’ que se lo coma “Comequejalla”.
Y de nuevo Fito,  escuchando  aquello en  silencio, sentía el mismo escalofrío que había sentido   ayer y  anteayer  y que   cada vez que  iba a donde  Ñato,  le bajaba  por  la espalda  hasta las nalgas.
…Y como  el  miedo  nace y  la sangre  corre,  cantada  la anónima sentencia, habiendo además  una peligrosa rula afilada  con  hambre de matar sin  piedad…Y  como  en  efecto Fito  tenía oculto el burro, por  la noche de esa noche, sigiloso,  lo  metió en  la  parcela de Ñato.
Al día siguiente Fito fue al rancho del  vecino  a ver qué había ocurrido y sin  más ni  más  le pregunta:
- Ñato, y el burro?
A lo que él aludido, alegre,  responde:
-Apreció. Fíjate.
Y entonces Fito así le interroga:
-Dime la vecdá Ñato, tú qué le ibas a hacé al ladrón del burro?
Y Ñato le responde:
-Naaaa, Fito. Pa’ que no se pecdiera to el negocio,  yo lo  que iba a hacé era  vendé el sillón.
Y Fito, al escuchar aquello, rascándose la cabeza y lamentándose por dentro,  se dice:
- No jodaaaaaa, si yo sé tal vaina lo hubiera vendió.

Walter Pimienta  

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