Una golondrina desvelada, cruza y abandona las sombras. Junto con el burro hay vacas que Ñato ordeñará más tarde. Fito se espanta los zancudos con el sombrero y, de vez en cuando intenta silbar una canción que no le sale porque le faltan dientes. Una lechuza en vuelo, grazna. Fito ya está cerca de “Curro” que mordisquea unos brotes. Es afable y atiende por el nombre. Fito lo llama. “Curro” le corresponde y se deja sobar el lomo. -Hasta ayer te vio tu dueño- le dice. Las vacas cercanas, con ojos de vacas prevenidas, miran a Fito y todas quisieran alarmar el caso diciendo: -¡Ñato, corre! ¡Fito se roba el burro! Pero Fito, en tono conciliador, para que estas se calmen, le susurra en voz baja la canción que más les gusta a las vacas: Tengo una vaca lechera/no es una vaca cualquiera. …Y a estas, se les pasa el susto. “Curro”, entre tanto, con la cabuya al cuello, sigue dócil los pasos de Fito. Los dos se alejan saliendo y, perdiéndose en la bruma, toman un rumbo lejano. Él se lo lleva más allá de los cerros azules. En aquel terreno abandonado, lo esconderá y le traerá de comer y de beber hasta que, mirando las circunstancias, mostrándose solidario con Ñato, pasados los días, las cosas se tomen con resignación y estas, en el lamento de los lamentos, le sean más favorables. Las dos última estrellas de la noche, ya casi se apagan. El cielo, de pronto se torna anaranjado y brota poco a poco el sol. Ahora Fito, dejando al burro bien lejos de por ahí, hábil, astuto, sagaz y taimado…y como para que de quien menos se sospeche del robo sea de él, como en otras mañanas, dando los buenos días, va donde Ñato a saludar y a tomar un café que Clelia, la mujer de este, diligente y atenta, le brinda espantándole el perro entelerido que le ladra porque le tiene rabia o porque a lo mejor, llevado por su instinto de perro, sabe que el visitante, por su cara, es ladrón. Y allí, ante la algarabía y los refunfuñes vociferantes y molestos de Ñato, con un “qué paso” por pregunta, Fito, con esta terrible amenaza para nada oculta expresada por su vecino, se encuentra. -¿Que qué paso? Que me robaron a “Curro” anoche y me han dejao a pie. -¿Y qué piensas hacé ahora?- dijo el visitante. - No jodaaa Fito, no tiene idea el ladrón de lo que le voy a hacé...Le voy es a volá la cabeza. Y después lo pico en pedacitos pa’ que se lo coma “Comequejalla”. “Comequejalla” era el perro. Fito escuchó aquello en silencio, sintió que un escalofrío le bajó por la espalda hasta las nalgas, siguió tomándose el café tal que si nada y, como para despejar alguna posible sospecha, compartiendo la misma causa, dijo: -Vecdá que sí, eso es lo que hay que hacé con tanto pícaro y bandido. Y al tiempo, otra vez preguntó: -¡Y no sentiste?- . -Naita. Ni “Comequejalla” ladró. Caí como una piedra en la cama y enseguida me dodmí…Pero de que le vuelo la cabeza, se la vuelo. Tengo la rula bien afilaita…Que se atenga. No sabe él con quién se ha metio no jodaaaa. Acabado el café y con un disimulado “búscalo bien o pon el denuncio”, Fito salió de allí todo asustado y preocupado. Pasaron en ese son quince días y del burro nada de nada. A Fito no se le olvidaban la rabiosas palabras de Ñato. Iba sin embargo todas las mañanas a casa del vecino a tomar café y luego de que este ya había ordeñado las vacas, lo veía sobre la piedra de afilar sacándole filo a la rula y, entonces, para desdibujar suspicacias, le preguntaba por “Curro” y Ñato, herido en sus entrañas, no esperaba un punto y de nuevo se venía con lo mismo. - No jodaaa Fito, no tiene idea el ladrón de lo que le voy a hacé...Le voy es a volá la cabeza. Y después lo pico en pedacitos pa’ que se lo coma “Comequejalla”. Y de nuevo Fito, escuchando aquello en silencio, sentía el mismo escalofrío que había sentido ayer y anteayer y que cada vez que iba a donde Ñato, le bajaba por la espalda hasta las nalgas. …Y como el miedo nace y la sangre corre, cantada la anónima sentencia, habiendo además una peligrosa rula afilada con hambre de matar sin piedad…Y como en efecto Fito tenía oculto el burro, por la noche de esa noche, sigiloso, lo metió en la parcela de Ñato. Al día siguiente Fito fue al rancho del vecino a ver qué había ocurrido y sin más ni más le pregunta: - Ñato, y el burro? A lo que él aludido, alegre, responde: -Apreció. Fíjate. Y entonces Fito así le interroga: -Dime la vecdá Ñato, tú qué le ibas a hacé al ladrón del burro? Y Ñato le responde: -Naaaa, Fito. Pa’ que no se pecdiera to el negocio, yo lo que iba a hacé era vendé el sillón. Y Fito, al escuchar aquello, rascándose la cabeza y lamentándose por dentro, se dice: - No jodaaaaaa, si yo sé tal vaina lo hubiera vendió. Walter Pimienta |