Diciembre siempre necesita más de un verbo para vivirlo y más de un adjetivo para calificarloEscribe; Walter Pimienta Jiménez.- Absorto y ensimismado en sus actividades cotidianas, Clodomiro tardó un poco en advertir que afuera, en el exterior, ya es diciembre detenido en las redes de luces de colores titilantes y brillantes que su viejo vecino Inocencio, montado en una tambaleante escalera, en la ventana de su casa coloca. Todos, en el barrio, menos Clodomiro, aguardaban la llegada de diciembre: los niños, el sacerdote de la vieja iglesia afinando el viejo armonio que dormía en el polvo de la sacristía, las figuras de yeso de los pesebres; los pájaros que escondidos por ahí, susurran entre las hojas. Las estridentes chicharras incapaces de guardar silencio, lo mismo que el alegre vendedor de gorros de Papá Noel que, con aire de fiesta y feria patronal, hace del parque, cada día, un domingo divertido. Clodomiro va a su rústica ventana aún sin luces de diciembre y un
pedazo de cielo sin nubes que a través de ella mira, inmenso y azul,
también me se lo dice junto con un sol incapacitado de atardeceres…y
un viento que por ráfagas suaves refresca todos los caminos y sendas,
le avisa que afuera, afuera ya es diciembre… mientras que su rancho
por dentro aún huele a sobreviviente invierno, guardando en cada
rincón la abrumadora inminencia de la concluyente y última tormenta
que no aleja de sus oídos el postrero fragor del recuerdo de mil
truenos y el implacable… ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac! Incesante de las repetidas
goteras del techo. |
Todo en casa de Clodomiro, huele a ropa mojada sin descolgar.
Clodomiro, adentro, anda descalzo remangado los pantalones y los zapatos de toda su vida, amparados en la repisa nunca sacudida del polvo que tiene un pedazo de espejo roto donde él, distorsionado el reflejo, se mira por pedacitos.
En tanto afuera, afuera ya es diciembre estremecido en jubilosos villancicos y sonidos de panderetas, pitos y timbales de sobresalto y de emoción…
…Turbado, Clodomiro, vuelve a contemplar a través de su descuadrada ventana, la casa de Amadeo, su viejo vecino y no se resiste a mirar lo que éste, diligente y listo hace ayudado por Tomasito, por Juan y Florinda, sus pequeños nietos, conectando entre todo las extensas redes y un espectro multicolor que mágicamente espabilando, pasa del rojo al azul, del azul al amarillo, del amarillo al verde y del verde al blanco y nuevamente al amarillo estallando en sus manos y nunca más como esa vez, afuera, afuera ya es diciembre a plena luz del día y a lo largo y ancho de la tierra llegada la esperada noche donde ya sea de noche.
De pronto, a lo lejos, Clodomiro oye el sonar de las campanas de la iglesia del pueblo, la resonancia se esparce de norte a sur y de sur a norte… Y busca mil maneras diversas de preguntarse por qué suenan y suenan y suenan y por qué esta vez las escucha algo distintas…muy distintas…Y repasa también por ello en su cabeza un millón de respuestas y todas, sin más explicación lógica, y porque hay cosas que en la vida deben permanecer en el misterio, le dicen lo mismo…repican y repican así porque afuera, afuera ya es diciembre saludando con voz de campana.
Al día siguiente, el intrépido vecino que antes y desde bien temprano había podado ya el césped y los rosales de su jardín, ahora, otra vez, montado en la misma tambaleante escalera, brocha en mano, con magníficos colores que saca de distintos tarros de pintura fresca, colorea de vistosa Navidad su casa…se ve hermosa, se ve bonita, le dicen. La gente se detiene y la mira, hace comentarios y, entonces, Clodomiro, con mucho cuidado, deja entreabierta la destartalada puerta de tablas de su rancho…se propone dejarla así porque vive solo, porque no tiene luces navideñas ni cómo pintarla y quiere que por ella, de alguna manera, sin pedir permiso, pueda también entrar diciembre porque… afuera, afuera ya es diciembre saludando con voz de campana.
Falta todo en la casa de Clodomiro, menos la realidad del silencio…Tiene una vieja cama en la que se acuesta pero en la mayoría de las veces no tiene o no le da sueño…tiene el duende bailarín y burlón de la sombra de una encendida vela pero no tiene fósforos por si la brisa se la apaga. Tiene una flauta pero esta se quedó sin melodías. Quiere cantarle a diciembre pero se bebe sus palabras porque no tiene vino…aquel vino que gota a gota hasta la última gota quisiera beber porque afuera, afuera ya es diciembre saludando con voz de campana y diciembre dan ganas de vino…
Walter Pimienta Jiménez
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