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-Molino de papel-
AFUERA YA ES DICIEMBRE  (Un texto decembrino)
Cuentos y relatos globales. 30.11.25 
Diciembre siempre necesita más de un verbo para vivirlo y más de un adjetivo para calificarlo
Escribe; Walter Pimienta Jiménez.- Absorto y ensimismado  en sus actividades cotidianas, Clodomiro tardó un poco en advertir que afuera, en el exterior, ya es diciembre detenido en las redes de luces de colores titilantes y brillantes que su viejo vecino Inocencio, montado en una tambaleante  escalera, en la ventana de su casa coloca.
 Todos, en el barrio,  menos Clodomiro, aguardaban la llegada de diciembre: los niños, el sacerdote de la vieja iglesia afinando el viejo armonio que dormía en el polvo de la sacristía, las figuras de yeso de los pesebres;  los pájaros que escondidos por ahí, susurran entre las hojas. Las estridentes chicharras incapaces de guardar silencio, lo mismo que el alegre vendedor de gorros de Papá Noel que,  con aire de fiesta y feria patronal, hace del  parque, cada día,  un domingo divertido.
Clodomiro va  a su rústica  ventana aún sin luces de diciembre y un pedazo de cielo sin nubes  que a través de ella mira, inmenso y azul, también  me  se lo  dice junto  con un sol incapacitado de atardeceres…y un viento que por  ráfagas suaves  refresca todos los caminos y sendas, le avisa que  afuera, afuera   ya es diciembre… mientras que su  rancho por dentro aún  huele a sobreviviente invierno, guardando en  cada  rincón la abrumadora inminencia de la  concluyente y  última  tormenta que  no aleja de  sus  oídos el  postrero fragor del  recuerdo de mil  truenos y el implacable… ¡Tac! ¡Tac! ¡Tac! Incesante de las  repetidas  goteras del techo. 

Todo en casa de Clodomiro,  huele a ropa mojada sin descolgar.

Clodomiro, adentro, anda  descalzo remangado los pantalones y los zapatos de toda su vida,  amparados en la repisa nunca sacudida del polvo que  tiene un pedazo de espejo roto donde él,  distorsionado el  reflejo,  se mira por  pedacitos.

En tanto afuera, afuera ya es diciembre estremecido en jubilosos villancicos y sonidos de panderetas, pitos y timbales de sobresalto y de emoción…

…Turbado, Clodomiro, vuelve a contemplar a través de su descuadrada   ventana,  la  casa de Amadeo,  su  viejo vecino y  no  se resiste a mirar lo que éste, diligente y listo hace ayudado  por Tomasito, por Juan y Florinda,   sus  pequeños nietos, conectando entre todo las  extensas redes y un espectro multicolor que mágicamente espabilando,  pasa del  rojo al azul, del azul al amarillo, del amarillo al verde y del verde al blanco y  nuevamente al amarillo estallando en sus manos y  nunca más como esa  vez, afuera, afuera   ya es diciembre a plena luz del día y  a lo  largo y  ancho de la  tierra llegada la esperada noche donde ya sea de noche.

De pronto, a  lo  lejos,  Clodomiro oye el  sonar de  las  campanas de  la iglesia del  pueblo, la resonancia   se  esparce de  norte a sur y de sur  a norte… Y busca mil maneras diversas de preguntarse por  qué  suenan y suenan y suenan  y por qué esta vez  las escucha algo  distintas…muy  distintas…Y repasa también por ello en  su  cabeza un millón de  respuestas y  todas, sin más explicación lógica, y porque  hay  cosas que  en la  vida deben permanecer en el misterio,  le  dicen lo mismo…repican y repican así porque afuera, afuera  ya es  diciembre saludando con voz de campana.

Al día siguiente, el intrépido vecino que antes y desde bien temprano había podado ya el césped y  los rosales de su jardín, ahora, otra vez,  montado en la misma tambaleante escalera,  brocha en mano, con magníficos colores que saca de distintos tarros de pintura fresca, colorea de vistosa Navidad su casa…se ve hermosa, se ve  bonita,  le  dicen.  La gente se detiene y la mira, hace  comentarios y, entonces, Clodomiro, con mucho  cuidado, deja entreabierta la destartalada puerta de tablas  de su rancho…se propone dejarla así porque  vive  solo, porque no tiene luces navideñas ni cómo pintarla y quiere que  por ella, de alguna manera, sin pedir permiso, pueda también  entrar diciembre porque… afuera, afuera ya es  diciembre saludando con voz de campana.

Falta todo en la casa de Clodomiro, menos la realidad del silencio…Tiene una vieja cama en la que se acuesta pero en  la mayoría de las veces no  tiene o  no le da sueño…tiene el duende bailarín y  burlón  de la sombra de una encendida vela pero no  tiene fósforos por  si la brisa se la apaga. Tiene una flauta pero esta se quedó sin melodías. Quiere cantarle a diciembre pero se bebe sus palabras porque no tiene vino…aquel   vino que gota a gota hasta la última gota quisiera beber porque afuera, afuera ya es  diciembre saludando con voz de campana y diciembre   dan ganas de vino…

 

Walter Pimienta Jiménez


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