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-Molino de papel- Siempre llueve el día de los muertos | | Cuentos y relatos globales. 02.11.25 | | Walter Pimienta Jiménez.- Es primero de noviembre, día de los angelitos. En el pueblo, los dos de noviembre, día de los muertos, amanece cubierto de niebla y, a ratos repetidos, caerá un húmedo roció. Eso será mañana porque las nubes de la noche, igual que el año pasado, duermen encima de los techos de las casas buscando mojar a los vivos. Hoy, un sol pendejón, a veces sale y a veces no, se ha levantado despacio, con flojera, como enrollado en su sábana dejando hilos encima de su tibia cama. Un vapor gris, apenas visible, sube de las lomas cercanas y de la tierra mojada; pero como si alguien lo soplara, se desvanece enseguida. Y detrás, filtrándose por lo techos de palma de las cocinas, asciende en columnas un oloroso humo de leña de trupillo cubriendo el plomizo cielo. Es que quienes allí viven, desde bien temprano, en labor conjunta de maíz cocido y molido con queso y panela; amasados con un agregado de anís y vistiéndolos luego con hojas de monte teñidoras, tuzas suavizadas en agua y ataderos sacados a los sacos de fique para amarrarlos, estaban en familia haciendo los bollos de angelito. | Allá lejos los cerros viven todavía en sombras.
Una golondrina equivocada de tiempo, cruzó la calle y aleteo su toque de queda refugiándose en el alar de mi casa.
A esta hora, las luces de las lámparas de gas kerosene, se apagaron y los tubos de vidrio de estas me dicen que de día las estrellas son negras.
Kaiser, enroscado en un rincón de la cocina, adormece en el calor del amanecer y sueña con conejos.
Mojado de ropa y de pie a cabeza, en abarcas y pantalón arremangado, con la rula en su cubierta atada a la cintura, de los montes de Cazuela, viene, para donde Celia, su hija y vecina nuestra, el viejo Benigno. Trae una vara de leña húmeda. Seguro para el fogón donde pondrán a cocinar los bollos.
En un instante en que paró la lluvia, poniéndome un sombrero, fui a buscar a “la Regalito”, la vaca del café; pastaba en el cercano terreno de mi tío José Martín. Llegué a la parcela. Me estaba esperando. Quería ver a su ternero y la arrié cantándole rancheras. A ella le gustan. Camina rumiando salpicada de rocío.
La mañana está aclarando. Bajando las lomas de Cazuela, oigo las campanadas del alba. Me hago la señal de la cruz. Mañana es día de los difuntos y hay que rezarles y llevarle flores. Yo también tengo mis muertos.
Y la vaca y yo entramos al pueblo. Mueve las orejas. La va picando un tábano. Yo lloraría con una picada de tábano. Mi vaca no…las vacas lloran por otros motivos…
No para de llover suave.
Están dando la ultima campanada de la misa de las siete.
Me acuerdo de la golondrina equivocada de tiempo…Viene de México, hay una ranchera que lo dice…Ellas van y vienen.
Zigzagueando, eludo los charcos de la calle. En la arena húmeda quedan grabadas las huellas de mis abarcas de caucho.
Las nubes siguen ahí, sobre las lomas y los techos de las casas; parecen parches grises prendidos a la falda de mi vecinita que me gusta.
Salen los primeros niños pidiendo angelitos. Llevan mochilas de colores. Corren por las calles, tocan a las puertas y cantan en coro y así dicen "Ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo limosna para nosotros mismos…"Tintililillo, tintililillo, cinco pesos para mi bolsillo… No te rías, no te rías, que la mochila está vacía". Yo saldré ahorita.
Me faltan los dos últimos botones de la camisa. Los perdí jugando a la cuarta con Romelio. Me toco el ombligo, creo que por ahí me entra el frio de la mañana…Unos angelitos tocaron en una puerta y no les abrieron ni les dieron dulces y enojados esto cantan: “Esta casa es de espinas donde viven las mezquinas”…Y salen corriendo. Mi vaca creo que se ríe…Y muge diciéndole a su hijo “ya voy llegando”.
No para de llover a ratos…Llego a mi casa. Me están esperando, abro el portón y meto a la vaca que mira a su hijo y lo acaricia a lengüetazos. Enrejo el ternero y mi padre, balde en mano, comienza a ordeñarla. “La Regalito” está preñada y todavía cría a su hijo grandulón y le da leche como a un niño recién nacido.
Ha mejorado el día. El sol ya está alto. Camina por el cielo. Afuera las calles son un cantar: "Ángeles somos, del cielo venimos, pidiendo limosna para nosotros mismos…"Tintililillo, tintililillo, cinco pesos para mi bolsillo… No te rías, no te rías, que la mochila está vacía". Antes de salir a pedir mis angelitos, tengo que sacar agua del pozo y llenarle la alberca a “la Regalito” para que beba si no me viene el sermón…
Me jalan los cantos de la calle y la gente yendo a las peluquerías en peregrinación.
Ya no hay niebla sobre el pueblo. Las lomas brillan pero mañana lloverá. Y volverá la golondrina mojada.
Siempre llueve el día de los muertos. Canción representativa. https://youtu.be/0lu1g9g0wGs?list=RD0lu1g9g0wGs Walter Pimienta Jiménez. |
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