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-MOLINO DE PAPEL- El dia que sofanor le partio la frente a pedrito | | Cuentos y relatos globales. 19.10.25 | | Escribe; Walter Pimienta.- En un sitio privilegiado de su frente, tiene Pedro Alba (el de Diego, el mimos a quienes algunos llaman “Pirruña” o Pedrito”, una cicatriz a causa del juego al bate (especie de beisbol entre muchachos salido del beisbol mayor, jugado con pelota (bola) “blanda” lanzada al bateador por parte del pícher con poca velocidad; bola hecha de manera casera con un centro de bollo de yuca algo seco, tejida con pita de curricán, envuelta con tres capas de cinta negra pegante (gutapercha) y cuatro de esparadrapo; nueve jugadores por bando; tres bases y el home pley, escaso de manillas de cuero por lo que tocaba parar la bola a mano limpia, un palo fuerte (de carreto o guayacán), por bate, cero uniforme, con cualquier calzado puesto y si acaso, por ahí; una gorra de pelotero de quien la tuviera), jugado a 9 entradas si el partido era reñido o de menos si el carreraje era amplio y el equipo contrario, dada la amplia ventaja, se retiraba o en otro caso el partido no se seguía cuando uno de los jugadores, sacando la bola de jonrón, esta caía en lejos y al ir a buscarla, no aparecía y, además, jugado en la calle para incomodidad de los vecinos por el número de tejas partidas. | La cicatriz que Pedrito posee, por culpa del juego del bate, tiene para él un valor sentimental e historico imborrable; tanto así que por ello, no obstante el paso de los años, ahí la tiene: en la frente. La cicatriz debería llevar la firma de quien la causara de manera carismática y exitosa y dedicada a él, a Pedrito incursionando de cácher buscando llegar a las grandes ligas y así dejar de vender cigarrillos, fósforos, chicles y bombones en el Teatro Montecristo en aquella chaza móvil que, el dueño del cine, pagándole un peso, le colgaban del cuello. Año de 1963, jugábamos desde la esquina de Brígida en la Calle del Repaso, adoptando los nombres de los equipos de la liga americana: los Dodgers; eran unos y los Yankees eran los otros; influenciados por la narración de los partidos que en un radio de seis bandas, en la puerta de su casa, sentado en asiento de cuero, Bartolo oía en la voz de Buck Canel, carismático locutor cubano de este deporte, alabando las hazañas de Sandy Koufax, Johnny Podres; Mickey Mantle, Elston Howard y otros que ni conocíamos; apenas alcanzables en unos caramelos o figuritas que venían en la cartilla Vintage Béisbol de la Topps y Panini que muy pocos tenían porque eran muy caras; valía $2.60 la papeleta de tris figuras. Hoy quien las tenga, tiene una joya. Volviendo al caso, Pedrito jugaba esa vez de cácher; buscaba gloria y fortuna y protagonismo jugando todas las tardes en el “placé” de arena que se hacía frente con la casa de Brígida, antes del chorro donde la gente botaba las basuras. El bateador de Los Yuquee era Sofanor Vargas (el de Telesila), el pícher de los Dodgers era Eduardo Echeverria (“el Merocho), de brazo zurdo y que tiraba una bola semidura de humo. Mingo Coronell, apoyador de este deporte, también sentado frente a su casa viendo el partido, animaba a Sofanor, el bateador, así diciéndole: -Vamos Sofanor, ponla a bailar cha-cha-chá (esto en la voz del locutor cubano Buc Canel, quería decir que la sacara de jonrón). Sofanor ponía la vida en cada suin. Las casas de la cuadra tenían las puertas y las ventanas cerradas evitando que la bola entrara y partiera el florero de la mesa de centro o la luna del escaparate. Los lanzamientos de Eduardo, tenían el símbolo de su curva de humo. Pedrito era estratégico y detrás del home, le hacia la seña de por donde lanzarla. La vida se vivía en el juego. Eduardo encarnaba a Sandy Koufax -Tírale la cubanita- decía Pedrito. -Sofanor al escuchar esto, lo miró con rabia. No había premio; se jugaba por el honor- -La cubanita, la cubanita- decía Pedrito. La cubanita era un lanzamiento pegado al cuerpo para que el bateador se ponchara. Eduardo, parado en el improvisado plato, demostraba quien era. Sofanor le había dado cinco veces de faul. Sofanor tuvo un acercamiento a un hit pero la bola se abrió de faul pegando en la cerca del viejo Augusto. -La cubanita, la cubanita- repetía Pedrito. -Vamos Sofanor, ponla a bailar cha-cha-chá- repetía Mingo. El bate se jugaba con la existencia del alma y Sofanor, firme, con el madero, se la ponía. Los partidos eran aglutinantes. La gente se aparaba a verlos. Y unos pulsaban por unos y otros… Eduardo se empecina en ponchar a Sofanor inspirado en “la cubanita de humo”. El juego del bate, en la Calle del Repaso, contaba con un filón inagotable de futuros peloteros: Jaime, el Josefa; Ernesto, el de Bartolo; Romelio, el de Clara; Gustavo, el de Mingo; “el Bombón, el de José del Carmen; “el Choyo, de María Claudia”; “Nianito”, el de Feliciana…Ninguno lo fue. -Tírale la cubanita, la cubanita- repetía y repetía Pedrito. …Y la historia de la historia dirá lo que tiene que decir. En la última mitad del noveno, con el partido empatado a seis carreras por bando, Sofanor metió un batazo descomunal por el center filder y al mismo tiempo, al soltar el bate hacia atrás, para salir corriendo a la primera base, un deportivo palazo enorme dio en la frente de Pedrito, el cácher. Pedrito cae privado bañado en su propia sangre. A Pedrito, la muchachada lo llevó cargado a donde Fanny, su hermana, sin la manera de pararle la sangre con algún soporte digital…Lastima que no hay una foto que ahora sería invaluable para una memoria documental en el presente. Y hasta allí llegó y agonizó el juego del bate en la Calle del Repaso evocando ahora figuras convocadas en el “placé” de la casa de Brígida, nombres trascendentales de la pelota reposera, figuras emblemáticas sin gorra ni manillas. Y nunca más se escuchó el vacile desquiciante de: -Tírale la cubanita, la cubanita.- perteneciente al narrador Buc Canel en las grandes ligas; pasatiempo condensando en el garrotazo que Sofanor le diera a Pedrito …Y el bate, por aquel resultado fatal, se fue de la Calle del Repaso al decir de las madres advirtiendo a sus hijos: -“Eso no lo jueguen más; eso es peligroso”. Tiempo después, ya de adultos, habiéndose ido Sofanor y Pedrito a la ciudad a probar suerte en otros avatares de la vida, sin estar buscándose, se encontraron en la plaza del pueblo. Pedrito estaba sentado en una de las bancas del bus en que regresaría a la capital y ahí mismo entró Sofanor quien al verlo, pensando en una lejana venganza se bajó y se fue…. La verdad, Pedrito lo vio y no hizo por él; pero hace poco me confesó que lo va a localizar para ver que le reconoce como indemnización. |
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