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| | Cuentos y relatos globales. 29.09.25 | | La libreta vieja, ama, escucha y hablaEscribe; Walter Pimienta J.- Mi madre tenía el hábito de anotar a lápiz, en una vieja libreta escolar que yo ya había abandonado, sus cosas del día a día: “Hoy nos visitó “La Mosca” y para que se fuera tuve que comprarle un numero de una rifa que nunca nadie se gana”- escribió esa vez con su delicada caligrafía. Ya, desde siempre, en ese mismo cuaderno, acostumbraba también mi madre a escribir las cosas importantes: “Debo ir a la reunión escolar para enterarme de lo de la primera comunión de Walter”- se leía en una hoja de punta doblada. También escribía cosas triviales o ni tan triviales: “Se acabó el café”. “Conchita (la vecina de la esquina) me va a regalar un tronquito de rosa fina”. En aquella libreta vieja marca “Norma”, mi madre también rescataba la memoria del pasado: “ El 9 de abril de 1948, mataron a Gaitán y Colombia entera lloró”. Y allí mismo sobrevivía a sus propios espantos: con esto: “El té de limón con miel, sirve para la tos y el resfriado”. “La Mosca” visitaba al pueblo los jueves y siempre se le metía a la casa porque siempre también estaba la puerta de la calle abierta. Y se sentaba en los muebles de la sala, calladita, hasta que, al verla allí arrellanada, mi madre decía: | -¡Ay, otra vez se metió “La Mosca! …Y “La Mosca” la miraba con una mirada extraviada e indefensa. Era gigante, otoñal y legendaria. Vestía el mismo vestido medio paso rojo de todos los jueves. Pero volvamos a la libreta vieja y sus recuerdos: “El domingo voy a misa y le llevaré una vela a la Inmaculada. Se le deben tantas gracias”. …Y, por ahí, en otra hoja: “Le debo dos pesos a Clara por el lavado de la ropa. El lunes se los mando”.
Y también en la contraportada de la libreta en referencia, más exactamente en la cartulina trasera, sucia con alguna mancha de café que alguna vez le cayó, leí un consejo de salud que por “La Voz de Barranquilla”, daba la locutora Hilda Strrauss, diciendo: “Para aliviar el mareo, los remedios caseros incluyen consumir jengibre o té de menta, mantenerse hidratado y beber líquidos claros como agua, frutas y sopas. También ayudan la acupresión en el punto P6 de la muñeca, los ejercicios de respiración profunda, el descanso en una habitación oscura y la práctica de maniobras específicas para el vértigo” . Yo nunca había leído la palabra jengibre, nunca había probado el té de menta y me preguntaba: ¿Qué será eso del punto P6 y por qué lo de la habitación oscura? Y no paraba aquí la cosa porque en la parte inferior de dicha cartulina, decía: “Nota: el lavado de vinagre humedecido en una esponja, deja limpio y relumbrante los espejos…Las cascaras de huevos trituradas, aumenta la fertilidad de las plantas de jardín”. La libreta vieja de las anotaciones de mi madre, ocupaba un lugar de importancia en la casa. Aunque a veces se extraviaba, no se visualizaba por ninguna parte y más allá de su propia realidad, aparecía donde nunca se buscaba en las esperadas preguntas: ¿Quién la puso ahí? ¿Qué manos la tenía? Desde luego, de parte de nadie había respuesta pero sí un lamento de mi madre diciendo: “Ay…estos hijos míos”. A veces, cuando mi madre regresaba los domingos de misa olorosa a incienso”, se sentaba en el corredor de la casa, se tomaba un café para la fatiga servido del termo y se ponía a contemplar sus helechos colgados. Pero mi sorpresa y encanto era leer la libreta vieja: “Estos pelaos, están sin ropa y ya viene la fiesta de San Juan”. “Hay que comprar el regalo de bodas de Rita Mercedes con Wilfrido. Segundo y yo, estamos de padrinos”. Cómo me distraía aquello. Era una libreta vieja pero viva. Extraña en belleza y llena de cualidades y de una que otra perturbación: “Casi me resbalo ayer en la cocina por tener el piso mojado”. Solo faltaba encontrar en aquella libreta vieja, el origen del pecado original siendo común este registro “El baño con una infusión de manzanilla pone el pelo mono”. “La gallina blanca está echada con doce huevos. Ya lleva seis días”. “Hay que comprar bicarbonato”. Ingratas etapas del crecimiento que todo se lo llevan, qué se haría la libreta vieja de los apuntes de mi madre otorgándonos consejos y recuerdos para todo. Qué le ocurriría. Algunas de sus hojas se arrancaron para envolver cosas…Hasta anotaciones sagradas tenía; la oración para la bendición del hogar, por caso: “Amado Dios, hoy abro las puertas de mi hogar para que lo habites y lo bendigas con tu infinita misericordia y bondad. Te pido que conviertas esta humilde morada en tu lugar protegido, ya que con tu protección no temeré. Señor, que tu luz reemplace toda oscuridad y que en adelante solo reinen la comprensión, la salud y la prosperidad en nosotros. Te entrego esta casa y a quienes en ella habitamos, para que tu manto protector nos cubra y tu paz reine en nuestros corazones. Quédate, Señor bendito, a vivir bajo este techo. Por Jesucristo nuestro Señor. Amén. Por muchos años hubo en mi casa una libreta vieja para anotar cosas salvada milagrosamente de manchas de café y de sopa…ella era el papel de la familia: “Lo apunté en la libreta”. “Búscalo en la libreta”… y allí, sin ningún orden cronológico estaba la vida escrita para recordar memorias y sobreviviendo al espanto de que un día, por cosas del olvido, dejada a la intemperie, le cayera un aguacero encima y puesta a sol para que se secara y se salvarla, se le pegaran las hojas unas con otras y hasta allí moría comenzado otra que también era vieja y que muchas veces se perdía en la obligación de toda libreta vieja: la de perderse…apareciendo donde nunca se buscaba en la esperada preguntas: ¿Quién la puso ahí? ¿Qué manos la tenía? Desde luego, de parte de nadie había respuesta pero sí un lamento de mi madre diciendo: “Ay…estos hijos míos”. |
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