Escribe; Walter Pimienta J. - ¿Creerle o no? La gente en Baranoa se debate en esta duda pues siempre anda borracho. El caso es que se dice por todas partes que a Numa, anoche, por estar mujereando, vagabundo y callejero hasta altas horas de la noche buscando lo que no se le ha perdido, como siempre, no le salió La Llorona; le salió El Llorón en persona; es decir, el espanto en versión masculina de la primera. No se sabe si el novio o marido de esta o algo así. Según él relata, dicho espectro, en las sombras densas de la noche, más allá de donde el Arroyo Grande susurra, alzó su lamento profundo y oscuro; alma en pena pura, y que él, del miedo, se orinó dos veces… …Y dice mucho más…que el llanto de El Llorón resuena por siempre añorando a su Llorona…que tiene aspecto de campesino desplazado por “los Paracos” y que, con velo de niebla y ojos de lucero brillante, luce un sombrero oscuro y alón que le tapa el rostro hasta la nariz; prenda que sin sentido alguno lleva puesta si es que de noche no hay por qué cubrirse del sol. El Llorón, sigue contando Numa, en apariencia, es un hombre sencillo y simple. Su rostro es un lienzo de dolor sincero, algo despreocupado; pero llorón, muy llorón. Y que, quebrando el silencio de la noche astral. no dice ¡Ay mis hijooooos! Como La Llorona. Él dice es : ¡Ay mis descendienteeeees! ¡Ay mis vástagooooos! ¡Ay mis herederooooos! ¡Ay mis retoñooooos! ¡Ay mis peloaoooos! Mientras su eco se pierde en la brisa nocturna como un gemido agudo igual que una pena eterna. Numa no se ahorra en descripciones y asegura que El Llorón, llora con un
llanto de cansancio, de esquina en esquina y, como todo fantasma que se
precie de serlo, presume de su camisa negra, de su cinturón ancho con
hebilla de calavera, de sus zapatos de dos tonos y su pantalón tornasol,
y, como es hombre al fin y al cabo, avergonzado y para que no lo noten,
con un pañuelo que lleva las letras iniciales de su nombre grabadas en
una punta: N P, disimuladamente, seca sus lágrimas. |
Numa reafirma que El Llorón, llora su desgracia desbordada de dolor y en tres fases distintas de celebración separadas una de las otra; primero emite un escalofriante grito seco revuelto con risa y seriedad; luego gime confundido y después llora y llora a moco tendido como una mujer buena habiendo sido él, toda su vida, un hombre absolutamente malo y prostituto, cornudo y falso, conforme este mismo se lo hizo saber. De acuerdo con Numa, El Llorón es una réplica de La Llorona pero vestido de hombre; tan legendario como aquella pero algo más amigable pues en su llanto le explicó, en lengua muerta, su historia con esta desconcertante frialdad: -“Numa, amigo, lo que quiero tratarle es demasiado serio, señor. Escuche (…) ya existían El Monje sin Cabeza, El Jinete del Caballo del otro Mundo, El Descabezado de los Carnavales de Barranquilla, El Mohán, El Hombre de la Mano Pelua, El Silbón, El Judío Errante, El Chupacabras, Yeti, El Jorasquín del Monte, El Hombre Caimán, Chuky, Drácula y su corte…, fantasmas oportunistas y de mala calidad, ¿sabe?, todos ellos registrados en notaría…, y no había más cargos disponibles y era un error que habiendo una Llorona en el mundo, no hubiese en éste un Llorón. Numa, el cargo estaba vacante, como puede imaginarse, estaba disponible y heme aquí, legítima calavera de mi calavera y sin más alternativa que la de ser un fantasma que no hace cosa distinta que llorar y llorar; llorar y llorar, dirás que no me quisiste, pero vas a estar muy triste y así te vas a quedar…ah, disculpe, esa es la canción, bonita por cierto, de modo que aquí me tiene. Es mi deber, Numa. Aparezco puntual a las dos de la mañana de la manera más huma que pueda, como lo ve. Quien crea que no existo, que escuche mi llanto…. ¿Quiere oírlo? No es una niñada” - le narró esa vez compungido El Llorón a Numa con voz de plañidero que parecía mostrarse complacido al encontrar quien le escuchara. Numa asevera y jura también, con la mano derecha puesta sobre la Biblia, decir la verdad y nada más que la verdad porque eso siempre debe ser así, reconociendo la gravedad de la situación como lo advierte Mateo 5:33-37, y continua narrando que anoche, un cortante instante de luna clara, le hizo ver en El Llorón una seriedad sonriente y burlona y al mismo tiempo tan natural como la de un hombre que viene aburrido de una fiesta donde se acabó el ron pero harto de bailar vallenato, razón por la cual le preguntó: -“¿ Compadre, estaba en una fiesta? ¿Compadre, por qué llora? ¿Quién le pegó? ¿Dónde le duele?¿Buscó pelea? Numa afirma, por la Santa Muerte Mexicana, que al preguntarle lo anterior al Llorón, éste no le dijo nada y que tal vez traicionado en el amor su corazón herido, se quedó pensativo por un momento y entonces soltó un llanto aterrador que le salía no se sabe de dónde y, siendo así, mirándolo maluco, se fue del lugar antes de cometer un acto de locura que ocasionara entre los dos un malentendido y a él se le diera por levantarlo a puños. -“Yo sé que a muchos parecerá ridículo que a mí me hubiese salido El Llorón y no la Llorona, que es lo correcto y como a todos acontece; pero quienes jamás han vivido una experiencia parecida, no tienen idea de lo desconsolado que, por su mal y por su honor, es ver llorar como mujer buena a un hombre malo y prostituto, chapero, ramero, puto, chulo, vividor, cabrón, cornudo y falso, quedándose uno ante la incapacidad de no saber si lloriquear también con él o la de reír con los ojos bañados en lágrimas”- dice ahora Numa quien desde ahora tiene cara de fantasma moderno y decente y que igual que El Llorón, gorrero al fin, con voz dolida de borracho que tiene la juma fresca, dice: -Pobre compadre, vaga sin tregua condenado a llorar. Pobre alma atormentada sin lugar a dónde ir. He debido darle alojo para que se le quitara el frio y mi mujer, de miedo al verlo, huyendo se hubiera ido para siempre de la casa… Walter Pimienta J. |