logo

Tu diario. Libertad de expresion

Buscador de alhaurin.com Telf. de interés Normas de alhaurin.com Hemeroteca Todas las carpetas de alhaurin.com
-Molino  de papel-
Cuando dibujaba el  indio  de “los cigrrillos pielroja”
Cuentos y relatos globales. 14.09.25 
Escribe;  Walter Pimienta,- Cuando en la escuela  primaria dibujaba el indio del “Cigarrillo Pielroja”, tenía que esperar  que  el  indio  estuviera de  buen  ánimo.  Tenía  que coincidir mí  deseo con que ese día   él no  saliera  de  cacería y  que yo,  yéndome despacio  hasta  su tienda de  cuero de  búfalo, lo  tuviera al  alcance y  sin  titubeos.
… Y,  de  pronto,  todo empezaba  con  un  punto fijo en   su  frente (en  la  del  indio),  que desde  allí ,  en  forma de continua   línea,  bajaba por su  frente,  por  su  nariz, por  sus labios y  su  barbilla. Pero  hasta allí ni siquiera  le  había  hecho  lo  mejor:  su  vistoso penacho  de  plumas porque  un  indio  piel roja sin  penacho  de  plumas,  no es un indio  piel roja…Y  cuando  ya se los  hacía, lo  miraba y  lo  comprendía.  Y entonces  sí, ya  terminado, era aquello  todo un  indio  piel roja y  me levantaba del  pupitre, volteaba a ver a mis  compañeros, alzaba  mi libreta y les  decía:
-Véanlo aquí. Conózcanlo. Hoy  está estrenando  cintillo con  cinco  triángulos;  uno  por  cada  hijo o indiecito piel roja  que tiene: dos  indiecitas y  tres indicitos; las  indiecitas son  los triángulos  hechos  con  línea  roja. El mayor,  que es el  del  primer  triangulo,  ya  tiene  8  años, el  siguiente  7, luego  el  de 6, el de 5 y  el de 4 que  ya  le salieron  todos los dientes de leche. El  de 8 ya  caza conejos y lagartos y  flecha  sapos. Todos saben sentarse en el  suelo  con  las piernas  cruzadas como  los indios  adultos cuando  fuman  pipa. Están  ensayando. La  mujer del  indio  del cigarrillo piel roja,  está  preñada. Se le  nota  la  pipa.

…Así  me  imaginaba aquel mundo construido  con  mi  fantasía teniendo  en  cuenta algunos paquitos que había  leído  alquilados a quince centavos  en la  tienda  de  Josefa, donde las  pieles rojas  aparecían   dibujadas haciendo  arcos  y  flechas para  guerras futuras o  amansados  caballos  de dos  colores: blancos  y  negros y  que montaban en  pelo.
El  del indio  del “Cigarrillo  Pielroja”,  era el  dibujo  más fácil  que hacía  en mi  infancia. Los  demás pelaos lo  calcaban  con  una hoja  de  papel  carbón que  tenía  Lucas  y  que la alquilaba por  cinco  centavos o a cambio  de un  mango  de clase… El  mío se distinguí,  de lo indios que dibujaban  mis compañeros, porque  el  indio  piel roja  mío  estaba  vivo  y hablaba cortando  las palabras y con  verbos  en  presente, por  lo menos  de esta manera: “Tu pintar indio bien. Indio  dar  gracias”. “indio,  tener  hambre. Dar  algo  de  comer”. “Indio querer  orinar”.
Un  día quise hacer al  indio  del  “Cigarrillo  Piel roja”,   más humano,  con  ropa de  civil y  zapatos tres coronas y  con corbata;  sin  penacho de plumas y con  sombrero, pero no  me salió  bien  y  el  indio “ponerse bravo”. Yo  quería contribuir  a  domesticarlo a  la  fuerza pero me  amenazó  con  su arco armado…Me salvó  que en ese  preciso instante ¡Tan!  La seño a Conchita  tocó  la  campana  para salir  al  recreo y rompí  la hoja.
-Coopera  con  el  aseo,  recoge  los papelitos que  tiraste  al piso-  me  dijo  la  profesora.
Yo  pintaba  al  indio  de los   “Cigarrillo  Pielroja”  cuando  estaba en  tercero de primaria, Ya  en  quinto, con  los últimos  tiempos,  trayendo  Josefa  otros  paquitos,  no. Estaba  dedicado a  pintar a “Santo,  el  enmascarado  de plata”,  en  el sacrificio  solidario  de hacerlo  inderrotable en  la lucha libre ganándole  siempre  a  “Blue  Damon”,  mientras  el  pobre  indio  de  los  “Cigarrillos Pielroja”, se  quedó inmerso  en  un  vacío  profundo y  quitecito sin  poder  levantar  su  flecha  contra  nadie ni  por mucho  que  lo  provocaran  diciéndole  indio.
El  que sí  me  costaba trabajo pintar, era  “El llanero solitario”.  Ponía  el puntico  en  su  frente, como  en  el caso  del  indio,   y  me salía  un  “Llanero solitario”  que no  tenía  cara de estar  solitario porque  lo  hacia  sin  antifaz y  creo  que  parpadeaba miedoso cuando veía  a los indios  Sioux de  Dakota  del  Norte  que eran  los más bravos-.
Alguna  vez,  volvía a pintar  al  indio piel roja  de los  “Cigarrillos  Pielroja”, pero  me salió  con  la  boca  abierta  pidiendo  agua en el  desierto.  Tenía  una  sed inefable y andaba  a pie  porque  tuvo que  vender  su  caballo de dos  colores y  pasaba malos  tiempos ya que  no había  cacería.
Una  tarde, me llamó mi  mamá para  que  le  hiciera  un  mandado a  la  tienda.
-Necesito  unos  tomates y  unas cebollas- me dijo.
- Ahorita. Estoy  ocupado pintando un  indio piel roja, el   de los “Cigarrillos  Pielroja”, que me  compró un  compañero de escuela- le  contesté.
Y  el  indio,  ya  casi  terminado el  último  trazo,  me  dijo:
-Ir. Madre necesitar tomates  y  cebollas.  Madre querer guisar carne.
Le  obedecí.
Crecí  y perdí  el  gusto  por  estas caricaturas.  Las ultimas  que  hacía  eran  las de  “Mac  Pato” que por  tener  más  de “Mac”  que  de “Pato”,  con  rumbo  norte, se  fue  una  tarde vibrando  en  el aire.
Nunca  más volví  al  silencio del  indio  de los  “Cigarrillos Pielroja” encerrado  en  el  bolsillo  de  la camisa de mi papa donde  él  guardaba  la  cajetilla  para  fumar  de  noche su  cigarro llevándolo  siempre  encendido en  la mano  izquierda.
Hay curiosidades que mueren  mientras  nacen  otras.  Ahora  leía  novelitas  del  oeste  que me  prestaba  el  policía  Berrocal.
Y creo  que el  indio  piel roja, el  mismo  que salía  en  las cajetillas de los  “Cigarrillos Pielroja”, si  mal  no  estoy, en mi  ultimo  dibujo  de él, en  la  sencillez de  la  punta de  mi  lápiz negro, murió  de una enfermedad  del  hígado:  tenía  todos los  síntomas. Se  puso  amarillo.  Se le  veía  fatigado, con  fiebre baja, le  daban  nauseas, había  perdido  el  apetito, orinaba  oscuro,  sus heces  tenían  un  color de arcilla y  se quejaba de dolor  abdominal. No  le encontré  remedio. Y no  lo seguí  dibujando  más para  evitar el  contagio: 
Era  hepatitis sospechosa.

Walter Pimienta 

Esta noticia ha recibido 368 visitas       Enviar esta noticia



<-Volver

Artículos de opinión y colaboraciones:
Animamos a los alhaurinos a expresar sus opiniones en este periódico digital. Alhaurin.com no se responsabiliza del contenido o datos de dichas colaboraciones. Todo escrito debe traer necesariamente, incluso si quien escribe es un colectivo: Nombre, apellidos y un teléfono de contacto del autor. Envíe su artículo o carta a: redaccion@alhaurin.com
Alhaurin.com Periódico Independiente - Alhaurín de la Torre - Málaga. Dep. Legal: MA-1.023-2000. Andalucía Comunidad Cultural S.L.
Servidor de Internet. Director: Alejandro Ortega Navarro. Fundador: Federico Ortega. 678 813 376

Webs que alojamos:

15891651
visitas desde nov. 1998