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-Molino de  papel-
No es la flecha, es el indio
Cuentos y relatos globales. 31.08.25 
Escribe; Walter Pimienta J.- Importando poco que la flecha diera o no  en un  blanco  perfecto, lanzada al  parecer desde  Tubará al medio  día de un miércoles  7  de octubre de 1951, cayó una flecha en  el  parque  del pueblo portando  un papel en ella amarrado  que decía: “No  es  la flecha,  es  el  indio. Tubará en  pie de guerra”…Menos  mal  que la misma no  hizo  daño  en nadie pues a  esa  hora en  el  sitio no había  personas…
Hay que decir,  en  honor de la verdad,  que quien   lanzó la susodicha flecha desde  tan  lejos, debió ser un nativo  experto cazador  de  presas,  con  una fuerza tal que, soltándola de  su  tenso  arco, conocía  el vuelo de  su  trayectoria con  el  impulso suficiente  para  que esta  llegara sin  que, en  el  tramo, encontrara obstáculo alguno que la detuviera
Denunciado el  caso por un transeúnte que se percató de aquello,  y quien llevó la noticia al alcalde Lisímaco Arrieta,  éste, con  la  colaboración de  dos miembros de la policía, uno  de apellido  Pérez y  otro  a  quien le dicen (aún  vive),  “Julio  Policía”, levantaron  la flecha determinándola materia de cadena de custodia de evidencia física al considerarla instrumento de  declaración de  guerra y así  darle a la  prueba un manejo inmodificable de evidencia,  al  tiempo  que se  iniciaba  una exhaustiva  investigación para conocer  la  trayectoria física de esta,  consignando los  eventuales resultados penales si la misma hubiera dado  en  la  humanidad  de alguien.

Conocido  el hecho, la curiosidad pudo  más que el  temor y  el  revuelo fue total por lo cual, conjeturas iban  y venían y   la  idea de una posible  guerra  por cuestiones  limítrofes desde los tiempos de la colonia con  aquel  pueblo,  no se desmontaba  del  todo lo que hacía que  la criminal  investigación, presidida  por el diligente  regidor,  tuviera como  fin primordial la  búsqueda de la verdad mediante la reconstrucción histórica  de los hechos y  así  determinar:  qué ocurrió, cuándo  ocurrió,  a qué  hora  ocurrió, quién  o  quiénes lo  hicieron, por  qué lo  hicieron, dónde ocurrió y  por  qué ocurrió, concatenando un practico  trabajo profesional que esclareciera a  la  saciedad el agraviante  suceso y anexando en  el  documento,  rasgos  de sospechosos autores, coautores,  responsables y/o participes del  hecho  punible
Pero hubo un  serio  obstáculo. La  investigación  tutelada por  el burgomaestre  debía  presentar ante el  Ministerio  Público,  la  redacción  precisa de las  circunstancias de  modo, lugar y/o tiempo en  que  se dieron  los factibles  acaecimientos y es del  caso que, en  apoyo  de los mismos,  solo  se tenían  la circunstancia de lugar:  el  parque; la  circunstancia  de  tiempo:  miércoles 7 de  octubre de 1951 al medio día y la  prueba física de una  flecha hecha en madera recta, punta de sílex y plumas estabilizadoras,  la misma  con  un papel  adherido diciendo en  letras rojas: : “No  es  la flecha,  es  el  indio. Tubará en  pie de guerra”.
Al amanecer, después de un Consejo de Guerra Municipal sumariado, sus miembros, sin mucha entusiasmo triunfal a la hora de hacer reclamo a la amenaza, tenían conciencia de estar acorralados  y metidos en una situación confusa cuando a la fe de Cristo, sabían que  Tubará fue  doctrina de padres dominicos y encomienda de  Alonso de Mendoza en 1581;  luego del  hijo  de este,  Alonso de Mendoza y Carvajal y,  finalmente, de la mujer de este,  María de Victoria,  hasta  que en  1661,  de acuerdo a  las  leyes de España, el  poblado y un radio de 5 lenguas al sur oeste y el sureste a la  redonda, ya era  conocido como resguardo indígena poseyendo un área total de 185 kilómetros de playas, espigones y lagunas del litoral. Y fue entonces cundo los miembros del Consejo de Guerra Municipal, mirandose entre sí, ajustados a la historia,  entendieron lo del mensaje: “No  es  la flecha,  es  el  indio. Tubará en  pie de guerra”…
La flecha era la gran noticia. Los niños y  niñas la pintaban en los  tableros de las escuelas y sus  letras escritas: “No  es  la flecha,  es  el  indio. Tubará en  pie de guerra”.
Y en una serie de comentarios, de  habladurías, chismes o cotilleos, entre estudiantes con  dimes y  diretes como estos, el escándalo se replicaba con altercados y disputas.
-¿Tú quieres ser tabareño?- se preguntaban unos a otros.
-No, porque nos quieren robar  la  iglesia.
-Yo,  si porque ellos tienen muchas  flechas.
-¿Entonces eres indígena? Te  cazaran con espejos los españoles.
-Está escrito en mi destino. Mi  abuela era india.
-Hay que plantar nuestra  bandera en los límites y aprendernos y  cantar nuestro  himno- era el otro  decir.
-Yo no  me sé esa canción- no  faltaba el  que dijera.
- Te  toca. Hoy,  con  la seño,  la  vamos a cantar todos  los días  al  empezar  las clases,  lo ordenó  el  alcalde.
-No  tenemos armas de guerra para  pelearle a Tubará. Teníamos  un  cañón de la época de  la  colonia y se lo  robaron.
-Baranoa y Piojó, nos  van a apoyar.  Tienen flechas
-Nos  invadirán  por  el  mar. 
La alarma de la invasión era general.  No  se  conocían  precedentes y  lo  más caótico era que no  se tenían  armas para  la defensa,  por  lo  cual  se hablaba de hacer donaciones para que el  alcalde,  en  condición de jefe civil y militar, creando  el  fondo  patriótico,  las  vendiera y  así adquirir  un  arsenal y  desplazar unidades a la zona fronteriza que amenazaba con convertirse en un conflicto internacional y  en  estas condiciones, “el  Mono  Pompilio” donó  su  acordeón  parrandera; las señoras de la Congregación del Sagrado  Corazón, dieron sus costosos  tapados de piel  de armiño; doña Teresa,  las joyas de su abuela; doña Pierina, los  arates  y el  anillo  de su  matrimonio; don  Santos Arteta  y Díaz,   un  mosquete de  la guerra de los  mil  días; “el Niño  Albe”, dos chopos de yesca atrasada;  don  Simeón,  dispensó  un  antiguo  sable con  borlas doradas perteneciente al  único  capitán  español fusilado en  la  Guerra de  la  Batatilla,  y otros regalaron  hondas, rulas, machetes y  macocos.
Por un mes,  sólo se pensaba en  la guerra pero una mañana, el telégrafo de la telegrafista Teresa Picón trajo  un  anuncio oficial,  era  una proclama altisonante  venida de Tubará que prometía decir no a la rebelión. El  anuncio  vino escrito en los siguientes códigos: -…---.-.-……----..---..--..--….--.-..----..--.--.-.-..--. Y  ya traducido decía: “Nunca hubo  una guerra buena o  una  mala paz”.
…Y  en  el  despacho  del  alcalde,  en  cadena de custodia, quedó guarda para siempre  en  un viejo  armario de archivos apolillados, la flecha tubareña   con  su conflictiva  inscripción: “No es la flecha, es el  indio”.

Walter Pimienta 

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