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H A M B R U N A | | UMRWA. 23.08.25 | |  Queremos compartir contigo este momento. Porque caminar y trabajar de la mano, también es compartir los momentos que lo cambian todo. Y tú, formas parte de UNRWA y de todo cuanto nuestro trabajo humanitario está sosteniendo sin descanso. Llevamos meses advirtiéndolo. Lo gritaban los informes de las organizaciones humanitarias, lo confirmaban los cuerpos cada vez más frágiles de los niños y niñas de Gaza. Lo estábamos viendo, tocando, sintiendo... Hoy te escribo con el corazón encogido para darte la peor noticia posible, cada día es peor que el anterior: la hambruna ha sido oficialmente declarada en la ciudad de Gaza y sus alrededores. Unas 500.000 personas —la cuarta parte de la población de la Franja— se enfrenta a niveles extremadamente graves de inanición, desnutrición y mortalidad. Y, si no se toman medidas urgentes, se extenderá a todo el territorio a finales de septiembre. | H A M B R U N A.
Con todas sus letras y todas sus consecuencias.
Una hambruna en tierra fértil y a escasos metros de la solución: miles de camiones cargados de suministros están esperando a las puertas de Gaza.
Mientras, los niños y niñas se están muriendo de hambre.
Porque la hambruna golpea primero a las personas más vulnerables.
Arranca la dignidad antes de arrebatar la existencia. Empuja a las personas a arriesgar sus vidas en la búsqueda desesperada de algo que llevarse a la boca. Obliga a padres y madres a elegir a cuál de sus hijos o hijas alimentar.
Pero lo más doloroso es que todo esto podría haberse evitado si Israel nos hubiera permitido hacer nuestro trabajo de reparto de alimentos.
Es una hambruna orquestada, hasta el último detalle. El resultado directo del castigo colectivo que Israel impone desde hace más de 22 meses: la destrucción sistemática de todo lo que sostiene la vida y el bloqueo absoluto de lo esencial.
Pero, a pesar de la agonía, más de 12.000 compañeros y compañeras de UNRWA siguen trabajando sin descanso. Como pueden, con lo que tienen. Y es mucho, es todo: solamente entre el 4 y el 10 de agosto, distribuimos agua para 600.000 personas, atendimos en nuestros centros de salud a 66.000 personas, recogimos 1.500 toneladas de residuos para evitar enfermedades infecciosas... y mucho, muchísimo más. Todo esto es posible gracias a ti, Federico.
Los trabajadores y trabajadoras de UNRWA son refugiados de Palestina cuidando de su comunidad.
Experimentan las mismas pérdidas y restricciones que las personas a las que ayudan. Sienten el dolor, el duelo, el hambre en sus propios cuerpos:
“Míranos: nuestros cuerpos se rompen, las bombas no dejan de caer, corremos de un lugar a otro y ya no queda medicina. Nuestros hijos están enfermos, nuestras mentes agotadas… pero, ¿qué otra opción tenemos?”
Trabajadora de UNRWA en Gaza.
Durante todo este tiempo, tu colaboración ha sido aliento y soporte en medio de la devastación.
Gracias a los socios y socias de UNRWA, hemos podido llenar 6.000 camiones con alimentos, medicinas y otros productos básicos. Lo necesario para alimentar familias, reabastecer clínicas y devolver un mínimo de dignidad a la población de Gaza. Parte de esta ayuda está entrando, Federico, pero no es, ni de lejos, suficiente.
Podríamos evitar que la hambruna se propagase al resto de la Franja, pero para lograrlo necesitaríamos un alto el fuego inmediato y que Israel nos permitiera hacer nuestro trabajo de forma segura y sin restricciones.
Tenemos que seguir hablando de Gaza, aunque duela, aunque incomode, aunque parezca que nadie escucha. Porque, si callamos, ganará el silencio.
Tenemos que seguir presionando a nuestros gobiernos para que actúen. Las palabras ya no bastan, necesitamos hechos que tengan una repercusión real. Porque, si no lo hacen, no quedará nada que defender.
Unamos nuestras voces. Que el clamor sea tan fuerte que nadie pueda ignorarlo.
Porque lo que está en juego no es solo Gaza, es nuestra propia humanidad. Y hoy, Federico, no hay tiempo que perder.
Con todo mi cariño,
Cristina y el equipo de UNRWA. |
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