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Parlamentarismo, lecturismo, insultismo | | Jose Maria Barrionuevo Gil. 12.08.25 | |  La génesis del parlamentarismo se nos data con bastante antigüedad, aunque ya las memorias no sólo de los viejos, llamados respetuosamente mayores, sino también las de los medianos y más jóvenes, se hayan deteriorado más de la cuenta. Sabemos que cada vez hay más facilidades y mercedes para que se autoconcedan, no sólo titulaciones académicas, por la “Ley de Juan Palomo: Yo me lo guiso y yo me lo como”, sino también por instituciones espurias que no sabemos de qué van o también de una ilustración totalmente personal de la ignorancia enciclopédica, como pudo comentarnos, ya hace muchos años, un profesor de Lógica y Crítica. Todos los días, somos testigos de una fuerte ansia natural de saber de mucha gente, pero que se satisface con cualquier propuesta superficial, muy ayuna de fundamento, pero que edifica un complejo, un parque (hoy se llama parque a todo, incluso a los cementerios) mental que pretende arrastrarnos a todos como una Dana, que enfanga muchísimas cabezas y que apaga todas las luces, precisamente cuando el astro rey de la sabiduría se marcha para iluminar a otras tierras. | El Parlamentarismo, casi primigenio que fuimos conociendo lentamente y acosado por enormes dificultades, enjaezado incluso con asesinatos, desde hace unos cincuenta años, empieza a brillar por su ausencia. Ya los discursos pesan, las verdades ofenden, las reglas se saltan, las obligaciones se ignoran, la educación es un curriculum prácticamente añejo o, lo que es peor aún, ausente. Ya el parlamentarismo no es de fiar y se ha contagiado no sólo de superficiales pero tenaces bulos, sino que ha dejado de ser un elegante y culto ejercicio intelectual y verbal. De la elegancia y fundamentos de la intervención parlamentaria se ha ido pasando, además, al lecturismo, pretendiendo no descuadrar el discurso y poder ir con toda chulería a dar la estocada verbal más precisa e, incluso, más sangrante al considerar al otro como un ignorante y hasta un ilegal, que no merece un lugar en una bancada del Congreso. Además, podemos ver, un día sí y otro también, cómo se lee y se lanza un discurso escrito por unos asesores, cada vez más bordes y hasta despiadados, que escriben de su puño y letra las intervenciones, que tienen que seguir los que alzan la voz en nombre de su amo, que no son otros que personas poco cualificadas, como suele quedar patente en muchas intervenciones, que con sus lanzallamas en ristre incendian el Parlamento y la calle y que son los mismos que alzan la voz sin permiso para que no se oigan las palabras de los otros o hasta aporrean y patean los estrados para dificultar la audiencia de cualquier intervención que no les gusta y que los retrata y que deja en evidencia su falta de educación, aunque sea tan solo ciudadana. Ya consiguieron defenestrar la “Educación para la ciudadanía”, que nos recuerda la salida del Parlamento de los guardias civiles tras el 23 F, si bien entonces lo hicieron con cierta dignidad. Y así, la elegancia y decencia del Parlamentarismo ha sido arrastrada por la Dana violenta del “insultismo” que hasta salta, a veces, agobiada por las estrecheces, no solo de los trajes, sino también de muchas mentes del Congreso (que nos debe servir para “andar en compañía”) que se aprietan para que salten al aire toda clase de improperios que pretenden hacer una tabula rasa con todo lo que nos pueda ayudar, si no para una colaboración, sí, al menos, para poder acercar las miradas que nos lleven sí, al menos, con más claridad más de un pequeño acuerdo, ya que el consenso ni parece acercarse ni se le espera. Con nuestra pequeña y cansada mirada y con nuestros pequeños y más antiguos y simples recuerdos, tenemos que actualizar la situación, tan olvidada como nunca puesta al día, en la que el mismísimo san Manuel Fraga tratara de una manera tan hiriente ni despiadada, ni siquiera, a don Santiago Carrillo, que nunca hablaron de cerrar España. En este mar de dudas, en que mentir es sólo pecado, si no está tipificado legalmente como delito, aunque no sea elegante ni ético, nos preguntamos: ¿Dónde está Casado? ¿Dónde está Blesa? Ahora que se está haciendo limpieza de las falsas titulaciones, de camino, podemos limpiar el ambiente con una nueva elegancia, que nunca se cifró sólo en vestir bien con corbata y todo, ya que, como, más o menos, decía Evo Morales que no llevaba corbata, porque apretaba la desconexión entre mente y corazón. josemª |
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