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-Molino  de papel-
UNA VIDA DE PELÍCULA
Cuentos y relatos globales. 04.05.25 
Tu  vida es  una película que así comienza: luces, cámara, acción…
Escribe;  Walter Pimienta J.- Su vida fue siempre de película,  desde  el  día  en  que  naciera,  un  28 de  diciembre, fecha en  la  cual, el 22 de marzo de 1895,  de manera  experimental, se proyectara públicamente en  el Salón Indio del Gran Café  de  Paris, “La  salida de  los  obreros de la  fábrica Lumiére, cinta ésta de apenas 46  segundos de duración.  Claro,  él  no  nació  en  ese  año,  solo en la misma fecha, 68 años después;  es decir, en 1953. Y desde entonces, lo  ya dicho…su vida   fue  una vida de película. Estaba  signado  lo  fuera. Su madre y  su padre,  con  nombres de artistas de cine: ella, Lina (por  lo  de la Lollobrigida) y él,  Clark  (por lo del Geibol), “enfermos  enamorados” y  sin  cura de  todo lo  que fuera  cine, lo bautizaron Louis Augusto, pero  no Lumiére,  sino González Mujica, de  los  González de alguna  parte y de los Mujica,  también  de otra  parte,  como  memoria a Louis y  Augusto Lumiére, los  creadores  del  cine…Y,  de  ahí  en adelante,  bueno  no  tan  de ahí  en adelante,  sino  como  desde  los siete años, González  Mujica, alimentando sus sueños  infantiles  y  luego  los de juventud,  después los  de la adultez,  los  de la madurez  y ahora  los  de vejez, hablando  y pensando  en   cine, ha hecho de  esto, de su vida,  una vida de película.  Y  tenía  que serlo,  sus padres, permanentemente residentes  en Barranquilla,  para  tener el  cine cerca, vivían  frente al  Teatro  Delicias, del cual Louis  Augusto,  de  muchacho, fue barrendero a cambio  de  la  boleta de entrada a vespertina;  después,  de joven, y  para  ayudarse en  los estudios,  dada su  notable estatura  y  fortaleza, pasó a portero  con medio  sueldo  de paga; después cartelero,  proyectista, jefe  de mantenimiento de máquinas  y  de equipos  de  sonido, y, ahora sí, con  todas la de  la  ley y sus prestaciones, de allí, a este tiempo, cotizando 1.300 semanas,  lo  que equivale  a  laborar unos  26  años,  con  57 de  edad,  se  pensionó gracias a sus 9.100 días  de vida de película .


Tenía la  vida  de película  de  Louis Augusto González Mujica,  por  completo,  las tomas diarias del cine que ponía en cartelera y, además,  algo especial y  virtuoso…Podía  verlas perfectamente al  revés y,  después,  por  tres pesos  con  cincuenta ($3,050), de atrás para adelante,  se las  contaba a  la  gente que no  las  había  visto comenzado por  la conclusión, pero diciendo “…y fin,  se acabó”… que no  era la terminación  del filme sino  el comienzo…

La verdad,  de verdad, Louis Augusto soñaba  películas despierto y en  sus escasas  horas de sueño,  ya que salía  tarde del  teatro, en su  cama  las actuaba tal  como  las veía…Era un   extraordinario actor dormido…Sobresalía  mucho en  las de  vaquero,   las que  más le  gustaban, esquivando balaceras  de  mal  destino, aunque a veces  se llevaba  sus plomeras,  de las que,  como  pasa en una vida  de  película, salía vivo e inmortal. En  tanto en  otras, también creyéndose en  la selva, junto  con  su  mujer,  pero  ésta actuando en el  sueño  de él  y ella no  en el de ella, disfrutaba  mucho  de las de  “Tarzán” matando con  “El Rey de  los Monos”,  culebras y cocodrilos…Y  se la  pasaba montado  de elefante en  elefante cargando a  “Chita” en  el  hombro,  seguido en  viaje  por  largas caravanas de  indios  hasta que se lo cogía  el  día y,  levantándose de su  lecho,  sentía en  los huesos   del alma  el cansancio de su  vida  de película…

Resultaba tan real  la vida de  película de Louis  Augusto  que,  emotivo por  demás –dado  su oficio- era de  los que, en plena proyección, llevado por  la emotividad, con  el grito de: “!Hey, pendejo…Te van  a joder! Desde su  cabina le avisaba al  actor  en pantalla sobre  la  emboscada que  le  tenían  preparada al  cruzar  un  puente… Pero se  lamenta,  me  dice,  de  no haber podido salvar  de  una  situación así  a “Juan Charrasqueado”,  aquel  domingo  en  que  este se  andaba  emborrachando y, encontrado  por  sus enemigos bien  peao,  “dio  papaya” y  no  tuvo  tiempo de montar  en su  caballo  cuando una bala  atravesó  su corazón…

Vaya, vaya el Louis Augusto y  su vida  de película,  sobreviviente de tantas balas perdidas no  tan perdidas que a veces,  inexplicablemente, se  salían de  la pantalla del  Teatro  Delicias buscando coronar  al de la  primera banca…Vaya, vaya el Louis Augusto siempre solidario con los soldados  aliados en  las películas de  la Segunda  Guerra Mundial, viviéndolas  todas… El  mismo  Louis Augusto, “llave” de Al Capone,  por quien  no  pudo hacer  nada  en su defensa al estar ocupado atendiendo  el proyector la  vez que, en la  cárcel,  a este, estando  preso, le dieron una despiadada paliza,  de  la  cual  fue testigo y  se hubiese   ofrecido  de declarante  si sucedía lo llamaban a  confesar…

Hoy,  Louis Augusto no  trabaja…El  cine fue para  él  su vida  de  película…Una película  que  retrocede y  avanza al azar: ahora, en  su  voz, habla de la  Sofia Loren buscando  al marido en  “Los girasoles de Rusia”; después, de  Jennifer y  Oliver, los de “Love  Story”,  en  el Central Park  martillando  en  plena  nieve…En  otra,  relatando pedazos de películas con fervorosa emoción y, como   siente la necesidad  de entrar en escena, pone  de escenario  y montaje la  sala de su casa  donde asalta  trenes, monta a  caballo por  Far West ,  le  da “La vuelta al mundo  en 80  días” y se caga del miedo  con “Drácula”  en  “La  Historia jamás contada”…Y  nadie puede evitarlo ni  detenerlo haciendo efectos de sonido…Y actúa  de extra,  y  se cae de embuste-embuste porque  de algún  lado un cobarde,  oculto detrás de  una cortina,  a mansalva,  le  dispara y  él   quiso evitar  el  disparo pero no  pudo y apretándose en alguna parte  del  cuerpo, de allí le sale  sangre  a chorros en  forma de salsa  de tomate, al tiempo que, lentamente, desprendiéndose desde lo alto  del techo  de su  casa, cae un cartel de letras negras diciendo:
THE END

 Walter Pimienta J.-

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