"La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla".Escribe; Walter Pimienta J.- Solo puedo detener el tiempo cuando escribo… Y qué bonito que es…Las palabras me permiten realizar una mirada retrospectiva y tiene este proceso “algo de encantador”. Como ahora que desando sobre los años y paso a paso camino por caminos maravillosos. Caminos que, a lo mejor anduvo Juan, Luis, José, Lucía, María, Ana, Galo… o usted…Bueno, la verdad es que muchas personas hicieron este andar: Carlos, Braulio, Pedro y, desde luego, yo. Eran los cálidos años 60s, cuando La Secretaría Nacional de Acción Social y Protección Infantil, SENDAS, creada por medio del Decreto No. 2675 del 9 septiembre de 1954, bajo la presidencia de Gustavo Rojas Pinilla (1900-1975), quien ocupó la presidencia entre 1953 y 1957, lo que llamaran: Secretaría Nacional de Acción Social y Protección Infantil (Sendas), teniendo como objetivo la descentralización y búsqueda garantizada del bienestar de la niñez colombiana, hasta el año 1961, puso a la población escolar oficial, en todo el país, a beber “leche senda”, “financiándonos” una merienda colectiva que tendría el privilegio y la obtención de escolares bien nutridos y que, debido a un pobre desayuno de solo “café chiflao”, no se desmayaran más en la clase. |
…Y así las cosas, la historia colectiva de aquella infancia, de la que hice parte, dirá en diálogos compartidos, que “fuimos hijos incondicionales” de la tal “leche senda” en el cariño de maestros y maestras que, antes del recreo, nos la preparaban en la maestría de en fondo de aluminio, un cucharón del mismo metal, el montaje de un fogón de leña con tres bindes en el patio de la escuela, aguade , pozo a la medida, el vaciado de cualquier cantidad de la bolsa de leche en polvo sobre esta, esperar que hirviera, que se reposara un poco y … “venga Luis, venga Cristina, Galo, Walter, pongan el vaso y repitan si quieren más”… Camino s sobre el recuerdo y ahí está: Andrés, Carmen, Jesús, Miriam, Eva, Rosa, que igual, juntos y juntas, en este imaginario compartido, quizá lo digan mejor que yo. La “leche senda” la mandaba en sacos el gobierno de Rojas en camiones oficiales, la guardaban en el cuartico oscuro de la escuela donde funcionó después el bachillerato viejo, cuartico que cuando no era usado para estos menesteres, servía de terrorífica cárcel castigo para estudiantes desaplicados e indisciplinados…Y, para llevarla a su preparación, los padres ponían ($S) para la compra de la carga de leña o la regalaban…Qué tiempos… Los recordados profesores, Lucho, Imitola y Aquiles, además de brindadores de saberes, fueron en tal tiempo preparadores y brindadores de “leche senda” que era un contento… Maravilla de la que hacían practica en la escuela de niñas, las maestras: María Vargas, María Sanjuanelo y la seño Edilsa…A todos ellos y ellas mi admiración y cariño por haberme hecho un “ fuerte y tenaz bebedor de leche senda” de empinado vaso y bigote blanco…Mi compañía con la “leche senda”, a temprana edad, no faltaba en mi casa… los profesores nos la regalaban en polvo para llevárnosla y buena cuenta que daba de ella echándole azúcar y comerla cruda. -Es un buen alimento para los estudiantes, los ayuda a pensar y a aprenderse de memoria las tablas de multiplicar- decía Conchita, la vecina-, dándole a su sobrino-hijo, Galo, compañero de escuela, quien pasaba sus sofocos cuando el blanco polvo en seco, se le pegaba en el paladar y tocaba correr pidiendo auxilio a los vecinos con estos sus socorridos gritos de parte de ella: ¡Auxilio! ¡Auxilio! ¡Corran! ¡Corran! ¡Se me ahoga Galo! !Ay…manita linda! La “leche senda” en la escuela, la tomábamos haciendo fila, sin empujones ni peleas porque para todos alcanzaba y dando a los profesores, al ser servidos, las gracias porque en aquella época, ser agradecidos, era lo primero que nuestros padres nos enseñaban en la casa. De veras, caminé por los caminos de “la leche senda” en la calidad de un producto que producía unos “peos” sonoros y “de primera calidad” porque “la gracia del peo es que gieda”…Todo esto y más, hacía parte del buen aprendizaje en la escuela primaria de los 60s, gracias a “la leche de senda”, desafío de una infancia de la que Juan, Luis, José, Lucía, María, Ana, Galo… o usted… fueran “lechesenderos oficiales “favorecidos por un gobierno de los que muchos hoy, hacen los mejores recuerdos… En mis intentos por evitar el olvido de lo que he vivido, reclamo a la vida estas añoranzas en la comprensión siempre discutida de querer saber si es verdad o no que todo tiempo pasado fue mejor, y esta vez problematizando con ustedes también en que, “el peo de leche senda”, más de una pelea entre compañeros de pupitre generó apelando a los consabidos: “yo no fui”, “yo tampoco”, “embuste, fue él”…Y el “agredido o peado” en la búsqueda inmediata y estomacal de mover sus tripas y rearmado desquitarse tirándose el suyo si el cuerpo se lo permitía… Qué tiempos. Tuve el privilegio teórico práctico de permitirme en la escuela primaria mis buenos vasos de “leche senda”, experiencia colectivo de olorosos ventoseos que sacaban al profesor de la clase tapándose las narices posibilitando ahora este sincero relato en el sentido de que, es verdad, la gracia del peo es que gieda… como “gedían” los que, en la infancia, nos otorgaba “la leche de senda” en el límite historico de lo que, con sobrada razón, dijera alguna vez García Márquez: "La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda y cómo la recuerda para contarla". Walter Pimienta J.
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