Walter Pimienta J.- Solo era un tarro de hojalata pintado con aquella famosa, conocida y colorida “figura”, la del cuaquero de pelo blanco largo, de vestido azul, zapatos de hebilla, pechera bordada y amplia casaca, sosteniendo en su mano derecha una lata de “Avena Quaker”. Y que, además, llevaba puesto un sombrero alón turquí que no se quitaba para nada y, sonriente él, era del caso también, desde entonces, la subsistencia en mi fantasiosa imaginación de una idea que en la cabeza me daba vueltas y vueltas, la de que la llamativa gráfica que identificaba al infaltable pote del cereal del que se daba buena cuenta en la dieta de todos en casa, llevado por lo descocido, a mí me decía algo más… …Y vaya que si me lo decía, pues me ocurría que cuando miraba al señor que salía dibujado en el referido pote de avena, me lo imagina que, a lo mejor, siendo él un niño, era un niño pechichón super atendido por su madre con sumo amor en la paciencia de hacerle a esta un tetero de avena cada vez que lloraba; dado que su progenitora, por nada del mundo, quería verlo flaco y desnutrido… |
…Y, así también, me pintaba a la afectuosa mamá con los brazos estirados, sacando a su bebé de la cuna habiéndose probado antes lo caliente que estuviera el biberón, echándose unas gotas del mismo en el dorso de la mano y, disfrutando luego de la expresión de alegría que le devolvía el sonrosado y cachetón rostro de su hijo, como a todas las amorosas progenitoras pasa, se le saldrían enseguida, para su gordiflón retoño, estas palabras: “No te preocupes mi amor. Mientras tenga avena, y me tengas a mí, estaré a tu lado para alimentarte sin falta y protegerte”.
Hoy, retorno a aquella historia y para complacencia de ustedes la continúo diciendo que el tiempo pasaría (claro, tuvo que haber pasado) y que el niño antes referido, que ya no era niño, continuaría de adulto apareciendo en el pote de avena y, lógico, crecería y se haría mayor, pasando de un pote a otro pintado en la lata de siempre, repetido y repetido infinitamente sonriente y cómodo. Todo gracias a los beneficios alimenticios de comer desde temprana edad, avena en el desayuno agregándole a esta, leche y yogurt.
Yo creo que el quaquero del pote de “Avena Quaker”, de pelao, siguió llevando a la escuela primaria su infaltable tetero de avena, así como a cualquier parte por toda la vida, e igual, creo que en su tiempo de enseñanza primaria, con algo de fatiga, volvía a su casa pidiendo con alboroto más o preguntando: “¿Ya se acabó? Si quedó de la que hicieron esta mañana, me dan otro poquito”.
-“Pelao pa gustale la avena”- dirían en mi pueblo.
En verdad, era, es y seguirá siendo original el quaquero del pote de “Avena Quaker”- A veces – y lo digo por mí-, le gustaba mucho más con una puntico de sal y, en otras, con ese sabor picantico que a todo dan las astillas de canela sin poder ocultar jamás ese chasquido de lengua y paladar “diciendo”: “Ahassss… qué rica está”….Y alzaba las cejas de placer.
Cabe decir de todo…Que de pronto la ilustración del quaquero del pote de “Avena Quaker”, no fuera inspirada en un niño que a punta de avena, solo cuando adulto se atrevió a mostrarle al mundo los positivos resultados que el vitaminado cereal dio en él como testimonio y, por consiguiente sea la imagen de cualquier otro queaquero que al salir una mañana por las calles de su pueblo rumbo a un baile al que unas quaqueras le habían invitado, el dueño del producto, al verlo con cara de niño bueno, diciéndose: “ No joda, este es el tipon….ni mandao a hace”…., vistiéndole como aparece en el pote, dándole en paga cinco vasos de avena ya preparada, sacándole una placa o foto, del primer pote, al segundo y luego al tercero y después al cuarto y al quinto pasó y de ahí a otro y otro y otro…hasta que por siempre lo eternizó.
-Salí bonito- diría el quaquero del cuento cuando le mostraron la primera placa.
-Se lo debes a la “Avena Quaker”- le contestaaria el publicista- que agregó: “…Y lo mejor es que de pote en pote te conocerán en todo el mundo ¡carajooo!
Desde entonces, el cuaquero del pote de la “Avena Quaker”, salió en murales, en afiches y en almanaques y el alimenticio refresco entró a las escuelas y usted lo toma, lo toma el alcalde y el gobernador cuando ambos siente hambre y les flaquena las fuerzas de mandar…Y hay mucha gente en el mundo que aprendió a leer por el dibujo del pote de la “Avena Quaker” (yo entre ellos), sin conocer la ficción del “man de las patillas” y el sombrero azul…mism gente que hoy le reconoce a las amorosas madres de antes la presencia en sus cocinas del quaquero eternizado.
Bueno, y en cuanto a que si el quaquero del pote de “Avena Quaker”, llegó esa mañana al baile al que le invitaron unas quaqueras, y que aquí no se dijo si fue o no fue, usted verá si lo hace llegar o no porque esto es puro cuento mío y hasta aquí lo dejo…
¡Salud! Que le aproveche la avana. Walter Pimienta J.
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