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Tu diario. Libertad de expresion

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-MOLINO DE  PAPEL- GABRIEL, EL ESCRITOR
Cuentos y relatos globales. 19.01.25 
Escribir es  la mejor  manera  de leer  la vida
 
Escribe Walter Pimienta J.- Sumergido entre pliegos de  papel  y un   montón  de notas subrayadas, sin  organizar  las páginas que formaban  un grueso paquete,  cotejándolas con  golpes suaves sobre  su  mesa  de  trabajo y  así estas emparejaran  en  armonía, Gabriel era  el  propio  testimonio de  su  obra  escrita durante  18 meses dedicando  en ello, frente  a su Smith-Corona modelo 1957,  6 horas diarias sin  renunciar un  solo día a  su trabajo.
En su desordenado rincón de escritor, silencioso, Gabriel  estuvo atrapado en la frontera de las cuatro paredes de su estudio con  la cabeza llena de los  acontecimientos del mundo ficticio que inventó en la concurrencia hechos  inexistentes pero extraordinariamente reales. Y de allí,  indeciso, salió dudando de si en verdad había terminado y con cara de no saber de nada. Estaba ojeroso, pálido por  la falta de sol y cabellón. Tenía sueño retrasado y, por un instante, perdió la orientación estando en su misma casa.
En la ausencia de sus domesticidades, Gabriel encontró el  jardín florecido en azaleas. 
Era primavera.
Gabriel recordaba  episodios de lo escrito y quería devolverse para  agregar un  capítulo más; pero consciente de  su propia fuga,  olvidándose de todo, guardó  las  hojas  en una  vitrina, Buscaría el  sol  del atardecer y el  aire  oloroso a  pino  que le rondaba.  Lo  acompañaban  su  mujer y  sus hijos y,  a estos, mirándolos uno por uno,  les dijo:
-Acabé-.

Tomó  aire y  se  tragó a placer el olor de la citronela conque habían limpiado el  piso de  madera.  

En  la pared del  fondo,  el viejo cuadro  de  “la Bella Durmiente”. Y,  en  otro, el de unos cocoteros  paridos.

La luz entraba  por  la ventana , y  en  el  patio,  la bonita  vista de  una trinitaria roja  en  flor.

-¿Qué deseas?-  preguntó su  mujer.

-Café-   respondió.

Se sentó  en  un  mueble,   de  un  canasto lateral sacó un  periódico viejo.  Repasó titulares y  dijo:

-El mundo  es   tan viejo como  el  diablo  y su  tragedia  de  tener cachos.

Su mujer sonrió.

Recibió el café y  dijo:

-¿Sería que Cassius Clay  da la revancha a Floy Paterson? No  me acuerdo.

De eso hablaba  el  viejo  periódico

Gabriel había  escrito  una novela de 496 páginas y parecía  indiferente al  hecho y se le veía como si hubiese  perdido el  entusiasmo por lo escrito. Le  parecía tan  intemporal todo.

 A sorbos  cortos se bebió el   café. 

Del mismo  canasto lleno de  periódicos,  sacó una revista de  viajes y  turismo. Le perturbaba el  Caribe así  fuese por  fotografías.

Aun había horas  de sol y salió a  la  calle.  En  la primera esquina saludó  a un  vecino. Este  tenía  cara de San  Ignacio Loyola.  Tuvo  la ocurrencia de meterlo en  la  novela bajo  el  nombre  de Eugenio Meléndez, vendedor de rosarios con  cuentas  de  madera y  de crucifijos de bronce, pero se  le  esfumó sin  consecuencias. Cuatro cuadras más  arriba,  llegó  a  una heladería. Se  tocó  un  bolsillo. Tenía  $25.00,oo,  se sentó  en  una mesa y  pidió  un  helado de limón.

Una señora cercana lo miró y  le preguntó:

-Usted es el  escritor? Lo  he  visto  en  la  prensa. Lo  distingo  por  su  foto.

-No, señora. Soy inglés-, pero  se lo  dijo en  español caribeño. Y sonrió  por  lo  d  inglés.

Del bolsillo de  su  camisa, sacó  una hoja de  papel  doblada. Allí  tenía  las ultimas  anotaciones de  la  novela y,  leyendo, comprobó  que le  habían  quedado líneas por  incluir en  esta  y se dijo:

-El  calor  del Caribe me   hace olvidar cosas.

Gabriel conocía  al mesero que le  llevó  el  helado, lo miró y pensó: 

- “Los seres  humanos estamos condenados a ser los mismos. Nunca cambiamos de  máscaras. Manuel ( así  se llamaba  el mesero), tiene  la misma cara o  máscara desde  que  le  conozco”.

Y remató: .- “El, sol,  igual que Manuel con   la misma  cara, sale a diario  por  el  este”.

…Y  entonces  aceptó  la  realidad de las palabras en  lo  que nombran revelándose:

 -“Manuel  tiene  cara de  máscara o, la más carade Manuel,  se llama  Manuel”.

Salió  de la  heladería.  Iba  pensando  en  Manuel y  se dijo: 

-“Hay  letras que salvan. Si  a Manuel  le  quitan las  tres  primeras letras  de  la  palabra máscara, porque  su  cara se  parece a una máscara,  sería cara y,  por  tener  cara,  como  todo humano,  respondería al llamado de Manuel y  no  de  máscara…Definitivo, los nombres echan  raíces en  uno”.

Y dejó  de ser  memorable con  el mismo asunto. 

Gabriel no  mostró  a nadie  el mamotreto.  Le  haría  ajustes. Se rascó  la  cabeza y discurrió  en  dejar  mejor  todo así al  razonar  en  esto:

-No joda,  hay  errores memorables. Por algo Cervantes no  dijo el nombre del  lugar  de La Mancha del  que no  quiso acordarse.  Nadie dice  que los perros son memorables porque al  encontrarse se  huelan  el  culo sino porque son  el  mejor amigo  del  hombre sin  que  caigamos  en  la  cuenta de que esto es  para  ellos una  forma de reconocerse y  una necesidad de  no  olvidar el  olor  de la  mierda a  la  que  le  rinden  culto y  devoción”.

Entró  la noche. Gabriel  cruzó  un puente. En  su  casa había  dejado la  ausencia de su  nombre. Ahora, no  estaba  él y aquella era su  casa con  su  mujer y  sus hijos, pero  sin  Gabriel. Y  su cama, su mesa y sus sillas  del  comedor pero  sin Gabriel…Y  estaba la  cocina con  las ollas y  platos pero sin Gabriel. Y  allí  el olor  a espinaca, ajo, cebolla y guiso de  la cocina  de  la  casa  de  Gabriel pero sin Gabriel… y   no  estaba  la tibieza de su  presencia sino  la  de su  ausencia  que era como  estar muerto en  aquella  ciudad  pero  vivo  dando  una vuelta por  ahí, por  la  manzana.

Entró a una licorería. Pidió  un  whisky,   le sobraba con  los vueltos del helado.

Apretó  el  vaso entre manos. Saludó a un  cliente y este le dijo:

-Cuidado,  Gabriel, nadie conoce la dosis de alcohol con que se emborracha.

Y  Gabriel le  respondió:

-Ni  nadie la  dosis del  veneno que lo mata.

…Y pensó  en escribir  un artículo exaltando las  virtudes del  whisky.
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