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MOLINO DE PAPEL DICIEMBRE, MALETAS, TRENES Y AVIONES | | Cuentos y relatos globales. 12.01.25 | | …muchedumbres que, arrastrado sus valijas de ruedas, se dirigen a la salida de sus propias ausencias…Escribe Walter Pimienta.- AÑO DE 1967. Puntualmente, con mi maleta en las manos, me dejó el avión…Si hubiera viajado en tren, también…Ahora iré a ciudad ninguna, como una carta que alguien escribiera y nunca fue enviada…Llegué a la hora prevista de no llegar a la hora de la hora…diciembre tiene estas cosas. En diciembre, de los aviones bajan primero las maletas que los pasajeros y pasajeras…pero a veces bajan primero los pasajeros y pasajeras que sus maletas y, en otras, tanto maletas como pasajeros y pasajeras junto con sus maletas, bajan y se forma el maremágnum del fin del mundo porque diciembre también tiene estas cosas. En diciembre, las salas de los aeropuertos y las viejas estaciones de los trenes, están llenas de mucha gente con maletas, y de muchas maletas con gente…muchedumbres que, arrastrado sus valijas de ruedas, se dirigen a la salida de sus propias ausencias porque, en otra parte, no les espera nadie… o que resultan abrazadas y besadas con abrazos y besos de bienvenida equivocados sustituidos por la prisa de una mujer o de un hombre que espera en el desespero el otro vuelo o el otro tren y que, avergonzado por lo sucedido, corrige el error con un “perdone, no era usted. Se le parece tanto, La maleta de él ( o ella) es roja y la de usted es negra”…cosas que también ocurren en diciembre. | En diciembre, en las salas de los aeropuertos y en las viejas estaciones de los trenes, tienen lugar citas no acordadas. Ella, la de la maleta verde oliva, me mira. Yo, de maleta vino tinto, la miro. No ignora mi presencia. Yo tampoco la suya. Mi ruta es otra, la de ella diferente y, sentados en la sala de espera, compartiendo un largo asiento, rompiendo el hielo, ésta, para no sentirse sola rodeado de tantos y a mi alcance, me pregunta: -¿Para donde viaja, señor? -Para el paraíso perdido, donde lo primero que se perdieron fueron las posibilidades-le contesto y sonríe porque diciembre también tienen lugar estas cosas. …Y diciembre, tiene maletas viajeras, gente y más gente, maletas y más maletas, ferrocarriles, aviones, estaciones, boletos, voces, besos, abrazos, palabras, lágrimas, risas…todo es similar, porque diciembre tiene estas cosas. -Si lo hubiera sabido hubiese viajado en tren, por lo menos hasta la estación más próxima y así, de tren en tren, y de estación en estación, llegar a mi destino…Sueño con ver el mar.- dice nostálgica la mujer. -La vida es un constante viaje: desde el nacimiento hasta la muerte. Tiene su encanto viajar en tren; el paisaje varía en cada ventanilla. Se transforma, como la vida…y el tren sigue y sigue también la vida.-le respondo. -Y la gente, cual el paisaje, igual cambia- dice ella- -Son cosas de diciembre- le expreso- y agrego: diciembre tiene cosas extrañas, como que una desconocida, a mí, o un desconocido, a usted, desde Palermo, nos envíe una carta. Lo mismo que al pasar una esquina, alguien extraño y de barba se nos acerque y nos diga -Buenas noches. Soy el rey Alfonso IV”…, porque así es diciembre. En diciembre, las salas de espera de los aeropuertos olorosas a chocolate y a café capuchino, como acontece a las viejas estaciones de los trenes, retoman vida y de la manera más mágica en ellas cabe el mundo y nuestras maletas porque en diciembre todo tiene un lugar. Porque en ellas se mezclan los fantasmas de los recuerdos, de los adioses y de las despedidas en el inicio de cientos de viajes que se inician y terminan…unos con retornos y otros sin regreso…porque así es diciembre. A William Faulkner le gustaba viajar en autobuses porque estos se detienen en los pueblos y uno observa cosas. En trenes los pueblos pasan…y en aviones los pueblos reposan atados a las montañas porque así es diciembre. Las historias tristes ocurren a veces en las salas de espera de los aeropuertos y en las viejas estaciones de los trenes…Y entonces uno nota una lágrima en los ojos de alguien y dice que la verdad de los aeropuertos y de las estaciones del tren son las maletas y la gente de caras tristes y entonces nos dan ganas de volver a viajar pues a nadie le gusta meterse de lleno en la tristeza aunque los tiquetes estén altos de precio… es que así es diciembre…Y, por eso hay gente de gabardina que ama los aeropuertos y las viejas estaciones de los trenes poniendo suavemente la mano enguantada en el mango de aluminio de la maleta, al tiempo que otra mano de mujer le abraza por la cadera y le da un beso no importa estar rodeado de gente con prisa por irse o por volver…Y es dulce aquel beso, como tantas cosas dulces tiene la vida…porque así es diciembre en los aeropuertos y en las viejas estaciones de los trenes. En diciembre todo empieza y todo termina…Aeropuertos y estaciones que parecen caminos para errantes buscando compañía y así estar más cerca de otros y más lejos de todos…brillo de rieles que nos llevan al recuerdo de un deseo, de un amor dormido…frio de montaña que obliga a un cigarrillo porque así es diciembre. Año de 1967. Diciembre cargado de maletas cose todas las heridas del alma en cada viaje de la vida traducida en todos los idiomas de las salas de los aeropuertos y en las palabras exactas del maquinista que, quitándole el freno al gusano de acero, toca una campana y haciéndole botar a este una nube de vapor, grita: -¡Vámonoooos! Y el tren del amor se marcha a Massachusetts ya…
¡Feliz año! https://youtu.be/Xk9bmuncB4Q
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