|
¿Lloverá hoy?
| | Carlos Carmona Sanchez. 12.01.25 | |  Hace tiempo —no sabría decir exactamente cuánto, pero sí me atrevo a afirmar que demasiado— comenzó a resurgir una vieja práctica que ahora está más vigente que nunca: el odio. Esa emoción que, en la mayoría de los casos, se alimenta de otras más básicas como el miedo, la rabia o la frustración. Durante años, ciertos portavoces y dirigentes han promovido la deshumanización del "otro": el enemigo político, el diferente, el migrante, cualquier figura que pueda ser señalada por un grupo social lo suficientemente grande, enfadado, asustado o frustrado. Así, el foco de atención se desvía de los problemas reales. Y es que, en su mayoría, estos son políticos del siglo XX enfrentándose a un escenario del siglo XXI, para el que no tienen propuestas concretas y donde la realidad parece asustarles más a ellos que a nosotros. | El primer paso de este proceso es sencillo pero devastador: convencer a las personas de que quienes están enfrente no sienten, no sufren y no piensan. Transformar a semejantes en diferentes y, de ahí, en "chivos expiatorios" a los que se puede atacar sin remordimientos ni cuestionamientos. En este proceso, desaparece otra emoción básica que, aunque esencial, lleva tiempo brillando por su ausencia: la empatía. Vivimos en una sociedad que ha normalizado esta dinámica. Y me temo, que este camino, tanto a nivel global como nacional tiene una mala meta y un difícil retorno. Por esa razón, me atrevería a decir: vivan lo mejor que puedan y hagan todo lo posible para que su única preocupación al mirar al cielo sea preguntarse qué tiempo hará hoy. Pero, sobre todo, no compren los discursos de odio. Recuerden que nadie es estático. Los que hoy amamos, o incluso nosotros mismos, podríamos llegar a ser "el diferente" mañana si damos fuerza a quienes señalan con el dedo.
|
|
| | <-Volver |
|
|