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-MOLINO DE PAPEL- “EL CELESTINO” Para algunos, gran parte de la mujer ajena es desearla…
| | Cuentos y relatos globales. 15.12.24 | | Escribe; Walter Pimienta.- Hubo una “Celestina” (en una obra de teatro escrita por Fernando de Rojas, en la que este cuenta la historia de dos jóvenes enamorados. Calisto y Melibea, y de “la Celestina”, una alcahueta o correveidile que, en forma oculta, de puertas adentro de su casa y prestándoles la llave, los ayudaba a llevar a cabo sus romance)… Y esta historia, la que leen ahora, parecida a aquella, es otra y la misma así comienza: Existió una vez en un pueblo, también , un “Celestino” , sí, un “Celestino, así como lo leen, que sin llamarse así, hacía lo mismo que “ la Celestina”. Este “Celestino” era un hombre entre la honra y la vergüenza. ¿Vergüenza? Bueno, no sé. Ustedes lo calificarán, pero lo cierto es que a mí, de parte de quien me contara todo, me costó trabajo creerlo… Dice el referente: Se le veía todo un caballero…, es que lo era para algunas cosas y para otra no o no tanto… Sin embargo, este “Celestino” , encubridor de amores subrepticios, aborrecido por puritanos, santurrones y falsos moralistas, y reverenciado y respetado por otros, se gastaba su elegancia célebre por demás. El tipo, en verdad, tenía un porte magnífico. | Bueno… ¿y qué tanto así? Pues ya les cuento. De fino perfil bético y cerrada barba, zapatos de cuero de antílope, cigarrillo cubano fumado con boquilla de madera de ciprés, guantes de piel aunque el clima en el sitio no era frío, corbatas “Charvet. DRAKE'S” (de seda), anillo de oro con piedra de ópalo engarzada llevado en el dedo meñique de la mano izquierda en alusión a su intelecto y astucia, cabello cuidado y peinado con brillantina perfumada y sombrero de fieltro gris de ala corta que se quitaba al saludar respetuosamente…Amigo y benefactor de la iglesia…Ah, y portaba caramelos en los bolsillo que regalaba los sábados a los niños y niñas a la hora del catecismo del padre Aguilar en el parque. Resultaba increíble saber que aquel tipo fuese un “Celestino”, pero sí, …Quién lo veía de saco levita, sombrero y bufanda…Porque que, vaya sí que es cierto eso que así dice: “El hábito no hace al monje”. “El Celestino” vivía a las afueras del pueblo. En la casa más lujosa de la comarca. Era nieto único y heredero de toda la fortuna del padre de su padre: ambos fallecidos, igual su madre que murió de apoplejía. La casa de “el Celestino” era silenciosa y escudada por un espeso bosque para encubrir amantes camino a ella. Él se prestaba y la prestaba para tales cosas. La gente de aquel pueblo, para amores clandestinos, sabía a donde ir: a la casa de “el Celestino”. El aire extraño de aquella casa, también se prestaba para el mismo fin, razón que aplicaba para casadas, viudas y solteras. -Me piden el favor y yo lo hago- decía- y agregaba: Que cada mujer revise su tacha y lo que le hace daño. No todo es verdad, hay envidias y rumores…barcos que no deben estar en los puertos a los que llegaron…caminos que otro anda…Tigre con otra tigresa y Cupido soltando flechas, - argumenta en favor. …Y de los celestinos y lascivos servicios de “el Celestino”, al gusto de las lenguas del pueblo se sabía de los amores de don Hugo con doña Inés, la esposa de don Camilo Cardozo, gallina vieja y desplumada nunca de antojos calmada. Y así también, de doña Francisca de Ordoñez, el pueblo se hace doliente en los engaños de don Ricardo Molina con la hija de don Salustiano Salamanca y de doña Eugenia Balmoral que ante el hecho, apenas se hace la de oídos sordos ante lenguas desatadas e indiscretas que callan cuando la ven. -Yo vi a don Acevedo saliendo de la casa de “el Celestino”. Y, al poco rato también, a Pabla Cuenca de Hernández, haciéndose la que nadie los vio- dice la Micaela. -Y, yo, dice Dora, ahora es que me acuerdo, y casi se me borra de la memoria, que a Lilia Ballén y Pedro Vargas del Rosal, en lo que sabemos hacen: matronas, mancebos, separados, rejuntados, viudas y casados, ojos no ciegos han visto entrar y salir del lugar habiendo sentido los curiosos que no duermen, que en la noche ellos sintieron el ruido que produce el haberse caído una cama. En tanto por allí, a Eduardo del Monte y a Angelina del Pedregal, han visto dando vueltas fingiendo bienandanzas de negocio con toques de puerta y voces que adentro dicen: -“Ya voy, señora”. “El Celestino” Estaba soltero. Alcahuete de Félix y Purificación Cendales. Él era el lleva y trae de aquellos amores a escondidas. El concertante de citas y de encuentros en su casa. Invariable recadero de los dos. Amigo como nadie de los dos…Él era el hombre de los “te mandó a decir”, “te envía esta carta”; de los “te está esperando”; de los “acá los espero”. “Que vengas mañana”. “Vengan sin miedo. Nadie lo sabrá”. “Les dejo las llaves”, “Cuiden que al salir por el portón del patio, no se salga el pavo real”, “La cama que les presto, está regada con pétalos de rosa”, “Tienen en la mesita de noche, te con mezcla de manzanilla”. Los secretos más íntimos de Félix y Parificación Cendales, los conocía “el Celestino”…Pero hay qué de cosas tiene la vida. Nadie vio las miradas. Y ocurrió que por circunstancias de estudio lejos del pueblo, Félix no podía ir a las citas…Alguien con sombrero de mujer, sí iba y se veía pasar al reflejo de la luna…La carne hormiguea el corazón…Nadie sabe nada…Nadie oye nada… Él, una vez le detalló el cuerpo, sus excelencias de mujer…rozó su cabellera; les envolvió el mismo perfume…Hubo besos, hubo fuego en la chimenea, hubo sábanas blancas …Se buscaron y se encontraron. “El Celestino” y Purificación Cendales, traicionaron a Félix. Y un sábado de mayo, sin muestras de arrepentimiento, el padre Valerio Aguilar, pago el impuesto de la iglesia, con cuatro testigos directos, sin fe de bautismo, sin acta de nacimiento, sin acta de confirmación ni de primera comunión, casó a “el Celestino” con Purificación. |
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