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`-MOLINO DE PAPEL. “!TRIQUI, TRIQUI HALLOWEEN!” | | Cuentos y relatos globales. 03.11.24 | | Escribe Walter Pimienta.- Hoy, en horas de la mañana, motilaron en la peluquería “La Tijera de Oro”, la que queda por la plaza municipal, en los bajos del Teatro Montecristo, a Wólfram. Lo motiló con una maquinilla marca Remington lanza Model E Close Shaver, el señor Vicente Altafulla, dueño del negocio, el único peluquero que en el pueblo tiene esa vaina. Y le hizo el corte nazi que lucen los soldados de Hitler: totalmente rambado, menos adelante, dejandole un mechoncito de pelo que le cae en la frente y que no es bueno para buscar pelea si es que el rival lo prende por ahí y, dándole, no lo suelta…Según el barbero dice, este corte nunca ha dejado de estar de moda y lo conserva en su álbum desde cuando recortó la foto que hace tiempo vio en una revista LIFE y donde, sonrientes y felices, aparecían retratados unos militares germanos de cara sajona así peluqueados. A Wólfram lo llevó a “La Tijera de Oro” su abuelo Muller, descendiente de alemanes, desertor de la Primera Guerra Mundial, que vino a parar por el pueblo tras los amores de Petrona Meléndez, de los Meléndez de Sibarco, y quien, sin objeciones aprobó para su nieto el corte pagándole a Vicente $ 12.000.oo por tratarse de un niño. | Wólfram, de pantalones mochos con cargadores, de unos 9 años, rubia melena y siempre propenso a sufrir heridas y raspones, pues constantemente se le ve lleno de curitas y de manchones de “mercholate” en las piernas y rodillas, así como “luciendo” tonsuras en el cuero cabelludo, igualmente cubiertas con vendas en forma de cruz, con la peluqueada alemana que le acaba de dar Vicente, le han quedado plenamente al descubierto siete cicatrices de severas descalabradas que hasta hoy le estaban escondidas bajo su pelambra y de las que “Miguel Sardina”, vecino de él, ahora me hace memoria de quién fue el que se las ocasionó, mismas que, entre todas, le suman 45 puntos que con su aguja de acero curva, puesta antes a la llama de una vela para desinfectarla, y ensartada con un hilo calabrés, en su dispensario, de emergencia, le ha tocado al doctor Torrenegra curárselas asistido por el viejo Müller.
…Bueno, y como todo en esta vida se sabe, Miguel, hombre de palabra, me cuenta que la primera, de un contundente piedrazo se la hizo Tirso, al gritarle a este en la calle y por los lados del parque el apodo que a este le tienen: ¡Papayero!!Papayero!... Y la sangre corría ante un heridor rabioso e inconmovible…Y corran para donde Torrenegra.
La segunda, sigue refiriendo Miguel, se la hizo, de un hondazo, “el Indio de Feliciana”, en la disputa por el pago de unas monedas jugando a la cuarta.
Yo, la verdad, nada sabía de las cicatrices que Wólfram tiene en la cabeza si no es porque el peluquero Vicente lo motila hoy como soldado alemán y deduzco, dado lo que de estas sabe Miguel, que cada una de ellas tiene una dolorosa pero interesante historia en el misterio de un pelo que se las tapaba pero ya no…
La tercera- prosigue Miguel- se la hizo Fina García, se metió con ella diciéndole que tenía téticas de perra y esa pelá que tiene un cipote tino en la fuerza de su mano derecha por herencia de todos los García…Y, corran para donde el doctor Torrenegra.
La cuarta, no la vio Miguel pero me la cuenta porque a él se la contó Ángel Tejera que lo vio todo…Se la hizo Tulio, el hijo de Bruno Molina. Ese pelao también es malo, le dicen “Gafufo” y ahí te va el impacto Wólfram y sus padres y su abuelo, corran para donde Torrenegra quien lo suturó en el entusiasmo poético de su aguja curva a cambio de un tarro de leche condensada que le regaló para que se dejara y no gritara.
Al guerrero de las descalabradas, la quinta- cuenta Miguel- la sufrió un día de “!Triqui, triqui, Halloween”, cuando un pelao disfrazado de “el Hombre Araña”, en el “revulucio” de unas bolas de coco que David Echeverría tiró al grupo de niños a la tiña en la puerta de su casa, lo empujó sin terminar de decir…”!Quiero dulces para mí, si no hay dulces para mí, se te crece la nariz”… y como siempre, Wólfram en la trashumancia conocida que lo lleva atolondrado y chorreando sangre a donde Torrenegra. Eludiendo el herido, de su abuelo, el regaño que para el caso le tenía debidamente escogido con las palabras que hubiera querido decirle en el sosiego de su furor y empapado su pañuelo con sangre de su sangre alemana porque la sangre tira…
La número seis, al decir de Miguel, se la volvió a hacer Tirso, el mismo de la primera, y ya sabemos por qué, tragándose en el silencio, de parte de él, no poderle contestar nada al abuelo que con un: “Te jodes”. “¿Quién te manda?”… le lleva como siempre a donde Torrenegra con la divisa de su cabeza partida y la camisa blanca del uniforme escolar manchada de sangre, sangre teutona percibible en la desventura riesgosa de haberle dicho a Tirso: ¡Papayero! ¡Papayero!...
…Y falta la número siete. Esta tiene carácter religioso y de cinco puntos. Se la hizo el padre Ercilio, un cura histérico que hablando ese día de las virtudes de Cristo en clase de religión y catecismo- me dice Miguel-, le dio un cipote cocotazo y con el prodigio de su anillo le partió la cabeza al encontrarlo con la tapa del pupitre levantada viendo una revista de mujeres desnuda que le alquilara a Escorcia, el de la venta de periódicos en la plaza.
De Wólfram- comenta Miguel- que el pueblo no le hubiera descubierto las 7 cicatrices que luce en la cabeza si no es porque Vicente Altafulla, el peluquero, lo motila como un soldado alemán…
Hoy es ¡Triqui, triqui, Halloween! ¡Quiero dulces para mí, si no hay dulces para mí, se te crece la nariz! Y David compró bolas de coco pero no sé si Wólfram salga a la calle a pedirlas…
Walter Pimienta |
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