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Tu diario. Libertad de expresion

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-MOLINO DE  PAPEL-
DISERTACION  SOBRE UNA MENTADA DE  MADRE
(Caso Abram S.  Hoyo  y Bartolín Barreto)
Cuentos y relatos breves. 01.09.24 
El  respeto  se  gana,  y  la mentada de  madre también
Escribe; Walter Pimienta.- Abrahán,  sintiendo los  aletazos de  la  rabia  le  mentó  la madre a Bartolín ,  porque Abraham, el   primero, se  la mentó.  Y  Bartolín,  el  segundo,    también se  la mentó a  de retro  y en  contraposición porque  nadie,  absolutamente nadie,  debe  darse  “el  lujo “ de mentarle  la madre  a otro toda  vez que ,  claro,  el  distinto,  igual  se  la  va a  mentar.  Pareciera esto una  regla de tipo moral . O  más  bien  un enredado   galimatías perdonable en mi “traba lengua o  jeringonza” por explicarlo en forma  más clara.
Una mentada  de  madre,  en son  de pelea,  necesita un  lenguaje total,  dicho con  el  sonido exacto y completo  de cada  una de  las letras  consonantes  y  vocales que la forman una vez   salida de  la  boca   la expresión; amplificándola con  soberbia  en  la  voz y  en  la  atmosfera más delirante que posee  habla el de  Cervantes, asociando  todo a  una  gesto  facial  y  corporal que  propone el   primer  puñetazo.
Una mentada  de  madre,  además,  no  tiene  micro mundo sujetivo, ni  absurdo; simplemente  es  una mentada  de  madre que duele  en  el rigor  de  tener  que  contestarla “de  una”,  de  inmediato  si  no se  sufre uno de estos  peligrosos infartos: Infarto agudo de  miocardio,  infarto cerebral, infarto pulmonar o  infarto  renal…usted  verá cuál  escoge.
Quien  carga entre  pecho  y espalda   una dura mentada  de madre sin  poder  desquitársela, porque a  lo  mejor el  otro  cobarde  se  la  mentó  por  teléfono, hace  como  si “se  la llevara  a su  casa  y  la metiera en  la nevera  para  que no  se  le  dañe”,  hasta  el  día  en  que saliendo  en  busca de quien  se  la  mentó,  reteniéndola fresquecita en  la memoria y  en la  punta de la  lengua,  al hallarlo, se la suelta sintiendo  un  alivio solución; discurso ya  este no surreal sino  resonante y  furioso,  trágicamente  poético entre  miradas  de  veneno en  tanto un  corazón convulsante,  midiendo  el  trayecto  de  un  recto de derecha,  suelta  la mano que  tiene  la  gracia  inquietante  y  consagrada de saber  poner  un  “ojo  colombiano” en  la  perturbación  que va  a  sufrir  el agredido cuando se  lo  vean  y  los  del  barrio le  digan :“ Ñerdaaaa te  jodieron por mentador  de  madre”.

Mentar madre es  algo  serio. Es  algo  a lo  que no  se  le puede  hacer  swing de  bateador sin  devolverse.  Mentar madre es algo  espejo.  Tú  que la mientas la  madre al    otro  y  el  otro  que enseguida,  sin  sintaxis alguna,  desorbitado de “triple no  sé  qué vaina”,  con modismos y neologismos  propios, es  posible  te  diga todo  entonado : “Further  son  ad bitch are you”. Por  favor, verifique usted  la  traducción  de mi  mal  inglés y  en este  ludismo  idiomático extienda los  hechos a que  la Real  Academia de  la  Lengua, define la mentada de madre como   una injuria u ofensa dirigida a alguien con insultos, en este caso al  ser  que nos parió y, desde  prehispánicos tiempos,  esa  vaina  se  castiga a  las trompadas o  con  bala en  consideración a  la devoción sagrada que la  mujer  madre engendra y merece.

No hay  prosa  elegante en una mentada  de  madre. El  viejo  latín,  con  letras  góticas,  ya  la mencionaba  como  filius canis (hijo de…). Y, entre lo  profano  y  lo sagrado se sabe  ahora que la  misma,  era  expresión  muy  usada entre  los  pescadores del Mar Egeo, escenario  de cruentas  peleas de “dos páginas en  los periódicos que, amanera  de  crónica roja,  se escribían a mano en  tal  época,  allá por  el  siglo  VIII a.C.

Por  motivos psicológicos hay  personas  que acostumbran a mentar  madres  “más que un  rabito  de  lobo”;  desde pequeño lo  aprendieron y  cuenta  la  historia  criolla que en Barranquilla,  un  tipo  llamado Abrahán  S.  Hoyo,  el  mismo  de  arriba,  por  la consonancia aligerada de su  nombre  y  apellido,  cuando  así  lo  llamaban y  estaba borracho, era  el  más  grande y  frenético  mentador  de madre  del  mundo,  hasta el  punto  de  hacerse merecedor  de una canción en  tiempos de Carlos Román, al  sostener  una acalorada  bronca  con  un  tal  Bartolín  Barreto ,  el  otro  de  arriba, y presos  fueron a  darlos  dos.

Total,  digamos  que,  en  el  itinerario  de  su día,  amigo  lector,  amiga lectora, seguro  no le faltará por  ahí  sonora  y   una atractiva  mentada  de  madre así  sea accidental  o  mal  entendida y,   ante  este  inesperado suceso,  por  desconfianza y  suspicacia, en  voz baja, diga lo   que yo cuando lo  sospecho:
 -Tapón,  por  su  acaso.
He aquí  la canción.
https://youtu.be/qn-g_uUFNvc
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