
Mientras el ayuntamiento que preside persiste en los incumplimientos tácitos del Convenio Colectivo, niega la RPT a la plantilla y perpetúa condiciones laborales y económicas distintas entre el personal laboral, ahora da un paso represivo más frente a quienes presentan dolencias o enfermedades crónicas, en muchos casos derivadas de la actividad profesional.
El mismo alcalde que simulaba llantos en las televisiones durante la pandemia por la situación en la residencia municipal ahora da la verdadera cara frente a la plantilla de esa Residencia de Ancianos, frente a las trabajadoras del Servicio de Atención domiciliaria y frente al resto de personal laboral de su Ayuntamiento.
A punto de finalizar la vigencia del convenio colectivo, “la empresa más de izquierdas del mundo mundial”, se atrinchera en su incumplimiento, sabedora de que con ello se enriquece injustamente a costa de la sufrida plantilla, que, además, ahora es perseguida por enfermar, muy de izquierdas todo.