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-MOLINO DE  PAPEL-
JUAN VENTURA EN  BICICLETA (cuadro de  pueblo)
Cuentos y relatos globales. 28.04.24 
La  vida  es  como  andar  en  bicicleta,  si no  pedaleas  no  llegas
Escribe Walter Pimienta.- A Juan  Ventura lo  recuerdo  en  la figura  de  futbolista, algo  que  intentó sin mucho  éxito  cuando creó, con  los  jóvenes de  su  barrio,  el equipo “Fosforito” y a  la  vez  experimentó  de mediocampista en su  tiempo  de estudiante de bachillerato. También lo  vi  de  árbitro de  fútbol, por  los  sesenta  y  setenta,   lo  hacía  muy  bien…Le  decían  “Mario  Canessa”,  en  referencia  al  mejor  referí  profesional  en  Colombia en  tal época. Igual  como  edil  y  secretario  del  consejo municipal. Pasó  por  peluquero motilando en  el  patio  de  su  casa. Estuvo  de profesor alcanzando  en esto ser  pensionado y  no  sé  qué  más… Pero en  lo  que más  lo  recuerdo  es  en   su  bicicleta azul marca  “Monark”, de  andar  sueve y  parsimonioso dentro  del  casco  urbano,  casi  imperceptible  por  las calles  del  pueblo. Lo  veía  cruzar suspendiendo  la  vista  del periódico que  leía y  era  perfecto su  equilibrio esquivando piedras y  charcos. Fue  el  primero  a  quien  vi  pedaleando  en rever rumbo a su  casa.. y  frenando  preciso ante  la  aparición  intempestiva de  un  borracho,  de  una  vaca  o un burro  en  su  ruta. Tiene el  amigo  en  su  historial del  pedal, ser  el primero  en  ascender  a “La  Popa”, el  sitio más  alto  de  la  población a  donde  subió  una  vez  a  llevar  de emergencia un  remedio  de  caridad a  un  enfermo  de  paludismo que ya  levitaba  por  la  fiebre. Hacía  el recorrido del  pueblo a  la vereda de “El  Vaivén” en  cinco  minutos flash  cuando  en  las  tiendas  no  había  fósforos y  allá  si…y en  su  cicla  era  el  primero  en  llegar a  los velorios a  dar  su  pésame.

Resignado con  no  tener  contendor en  dos leguas  a  la  redonda,   Juan Ventura  competía  consigo mismo anotando  en  la  intimidad  de  su  libretica de  bolsillo cuánto  tiempo  se echaba  de su  casa  a  la alcaldía al  llevar una  carta de la  acción  comunal y  desde  su  casa a  la  tienda  de  Toño  Alba a  la que  iba  a  comprar lisas secas. O  del barrio  “Fosforito” a  dónde  el  doctor Arango avisándole de  un  grave con fiebre mala al  cual  trajeron  del monte en  parihuela.

Le  gustaba  a Juan  Ventura que  el  viento  de  la  tarde,  procedente  de  las Lomas  de Mohan,  pedaleando  su bicicleta,  se  le  metiera  por  las mangas  de su  camisa en  el  arte circense  de  traer  en  una mano  un  canasto con  huevos criollos  sin  que se le  cayera siquiera uno. Era  asimismo capaz de llevar  a  un  bebé  acunado en  su  brazos y  mirar para  un  lado  diciendo  adiós…y  era  habitual verle en  esta  montado y,  andado, tomarse  un  café sin  derramar  una gota.

Juan  Ventura,  durante el   día dejaba  su  bicicleta  en  la  puerta  de  su  casa con  un  “Candado  Yale” puesto  en  la cadena y  nunca  se  le perdió  la  llave, predispuesto  a  pasear  en  barra,  por  la  tarde, a su  novia   llevando la  bomba de  inflar  las  llantas por  si  alguna  se le espichaba y  en  el  bolsillo trasero de  su  pantalón  una pinza  de apretar tuercas.

Juan  Ventura  era  el  poeta de las  dos  ruedas. La  bicicleta  de  Juan Ventura  tenía un  pito.  Era  una  corneta  con  una  pera  de  caucho que al  apretarla hacía  como  pito  de  bicicleta…No  de  otra manera y ,  además,    un  timbre de rinrín..

Una vez,  en  su aparato de  dos  ruedas, lo  vi llevando  un cerdo en  sus  hombros persistente  de chillidos para  que lo  matara Juancho  Tejera…en  tanto  tarareaba la canción  ranchera  “Laguna  de  pesares”… (Por mis canciones sabrás/Cómo me la ando pasando/Rumbos y amores distintos/Ando en el mundo probando/Ya ves mancornadora/Y a qué te supo ese trago…/), regresando  del mandado  antes  de  que se  le  enfriara  el  café.

Tenía Juan  Ventura,  además,  el  arte de predecir  las  lluvias. Se  montaba  en  su  bicicleta a  dar  una vuelta y  mirando  al  cielo,  decía:  -Mejor  me  voy  para  la  casa. Va  a llover”.  Huele  a  brisa  de  agua-  y llovía. Y  así  también  sintió  el  palpito  de la  muerte  de  su  madre cuando  estando  en  la calle con  su  cicla,  sintió una punzada en  el  corazón y  se dijo: “Mejor  me  voy pa  la  casa. Mi  madre  ha  muerto”.

Hay  que decir  que Juan  Ventura se compró honradamente  su  cicla a  punto  de  revender  huevos…Y  la  montó y  manejó  sin necesidad de  que  nadie  lo enseñara…Nunca  se cayó de esta.  Daba veinte  vueltas a  la plaza y  era  la  figura del  caballito  de  acero desde los tiempos de  Cochise en  el  absolute  ejercicio de  ir a clases  con  corbata traspirando a  colonia buscando  la  esperanza de un  amor de  ojazos  negros igual  que  penas  de  amores…

La Calle  de  la Iglesia ha  visto   pasar a  Juan Ventura en  bicicleta,  hasta hace  unos  días no  más,   1. 790.123 veces bajando y subiendo:  es decir  en 3.580.246 ocasiones  en  el  infinitivo  del verbo  pasear por  él  así  conjugado  en  cada  pedalazo:  “haber paseado y “habiendo paseado” que correctamente le  enseñara  el  profesor Bartolo.

Cuando la  gente quería  saber  en  qué dirección  soplaba el  viento,  le  pedía  a  Juan Ventura que  saliera en  su  bicicleta hacienda  de  veleta  con  su  flaco  cuerpo y, este, pedaleando  en medio  del huracán,  cantaba a todos que  el  cielo azotaba  al  pueblo con  un  ventarrón  del noroccidente imposible  para  volar  cometas y que  lo  mejor  sería  que  nadie  subiera escaleras  porque  se  podía   caer…

Hoy,  las  calles  del  pueblo no  tienen el  paisaje  de Juan Ventura en  bicicleta piropeando a  la  hija  del  peluquero  con  la mirada  llegando  a  la meta habiendo  dado a sus competidores  siete minutos  de  gabela.  Pero ya  no veo la  imagen  de  su  imagen ni  la  figura de  su figura,  como  si su  cicla  durmiera en   el  sueño  de una  doble contra reloj a “El  Vaivén”  entregada  al  ancla  de su  candado  en  la cadena…

Y  también hoy, yo, en  la  cantina “El  Rodadero” del  barrio  “El  Fosforito”,  oyendo rancheras viejas,  a   la  usencia  de la bicicleta de  Juan  Ventura  por  las  calles  del pueblo, haciendo añoranzas  de  un  tiempo,  no  joda, me meto unos  tragos…

Walter Pimienta
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