Mi madre, la segunda de ellas, nunca se atrevió a moverse, todo cuanto hizo lo realizó a la fuerza y en contra de su voluntad. Su miedo era terrible, sólo superado por la inconformidad con su existencia y el recuerdo de una infancia torturada. No estuvo bien en ninguna parte, eterna exiliada en tierras extrañas. Mi relación con ella se desarrolló en un contexto de amor, temor, desconfianza y violencia que aun hoy no ha quedado resuelto. Algo de mi quedó atrapado y perdido. A veces tengo la sensación de que si consigo recordar, lo encontraré y entonces podré continuar adelante. Mientras tanto no alcanzo a deshacerme del sentimiento de que ella metió su mano en mis entrañas y amarró una fibra de mi ser al suyo, algo que me ha mantenido atada. Tal vez por eso no logro alegrarme ante los vivos colores de las cometas volando prisioneras, y me causan una tristeza infinita los espectáculos de marionetas. Es difícil ser madre. Te dan un bebé, lo ponen en tus brazos y esa presencia preciosa y frágil, tan sencilla de destruir, puede acabar en efecto siendo dañada. Hay que protegerles, pero no en exceso, y es tan fácil excederse… Hay que alentarles sin fomentar la vanidad, ser sinceros pero cuidando de no quebrar su mundo a medio tejer, darles apoyo sin volverlos blandos y faltos de voluntad. Quererlos en los buenos momentos y en los malos, ayudarlos a levantarse cuando se caen, amar sus heridas, reconocer su derecho a equivocarse, a vivir su propia vida, a trazar sus propias normas y tener su propio código de conducta distinto al nuestro. Enseñarles todo cuanto sabemos, impulsarles a buscar más lejos y retirarse, confiando en que el cielo y la tierra guiarán sus pasos, que las malas experiencias y el dolor que también llegará hasta ellos, forma parte del proceso de hacerse humanos. Todo esto para dejar en nuestros genes y en el subconsciente colectivo, un pequeño punto de e! volución. Es el precio que pagamos a la vida. Esperamos desde la más remota antigüedad una recompensa a ese esfuerzo. No podemos asegurar que la haya. Solo existe la seguridad de una trayectoria bien asumida, de vivir y morir con una mente más abierta y un corazón más sabio.
Por mi parte, dejando de lado a mis predecesoras y los problemas que generaron, diremos que durante un largo tiempo, que compromete gran parte de mi vida, me he sentido francamente decepcionada en mitad de este universo que consideramos “normal”, a golpe de realismo cotidiano, pero que a mi se me antoja una locura descontrolada, al menos en lo que atañe a nuestra especie. Como habitante de este pequeño planeta, de un sistema solar no muy importante, situado en el brazo exterior de la vía láctea y a merced de todos los vientos cósmicos, he realizado numerosos escritos de reclamación a las instancias universales, a cualquier entidad con capacidad de impulsar este baile.
- “Señores se han equivocado, aquí los humanos se torturan , se matan, crean mentiras para justificar genocidios y guerras, contaminan, se inventan tribunales, inquisiciones cristianas, musulmanas, o judaicas, matan en nombre del “Dios verdadero”, pero solo el poder es su dios. Destruyen todo lo hermoso que encuentran, prostituyen cuanto tocan, su inventiva aniquiladora parece no tener fin. Todos los otros reinos con los que compartimos el mundo nos temen, salvo nuestros perritos falderos. Es evidente que al director de la orquesta se le han debido ir unas cuantas notas del pentagrama, algo ha salido irremediablemente mal y nos vamos a cargar todo este tinglado de la naturaleza, los árboles y al resto de pasajeros de la nave.”-
Sin embargo somos capaces de componer melodías de palabras, pinceles o notas musicales que se elevan a los portales del cielo, que expresan anhelo de perfección, y sueños capaces de crear lo más extraordinario y hermoso y lo más terrible y cruel.
Y así, a lo largo del tiempo he ido pasando de la aceptación y el servicio, abonado por la iglesia, al pasotismo radical y descreído; del vegetarianismo a la militancia fervorosa por la causa ecologista, la meditación como intento de crear un lugar seguro de belleza y silencio, o intento de huir y poder soportar lo que parecía insoportable, mentiras de políticos incluidas. Una vez oí decir, que las raíces de los hombres y de los árboles se entrecruzan y se abrazan por debajo de la tierra. ¿Cómo es posible ser feliz escuchando los gritos de otros seres?. Sin embargo mantengo la esperanza. Toda célula procede de otra preexistente, todo organismo por complejo que sea, proviene de una pequeña célula en una línea ininterrumpida desde el principio de los tiempos. Así mismo, en una tabla periódica de ciento nueve elementos se resume la composición de toda la materia existente, en su combinación radican todas las posibilidades. Polvo de estrellas debajo de nuestros pies, o del otro extremo del universo es polvo hermano. Polvo uniéndose para crear soles, esferas planetarias, tormentas, agua, moléculas de vida, organismos unicelulares, protozoos, seres cada vez más complejos, y siguiendo esa línea evolutiva de aciertos y errores, estamos aquí nosotros junto con los linces y guepardos. El camino recorrido ha sido largo, la evolución inteligente de todo cuanto vive, inconcebible, los mecanismo de ajuste, maravillosamente dispuestos desde siempre. La ignorancia no ha de ganar esta batalla. Dicen que los cambios ocurridos en cien años, son tantos, tan grandes y tan veloces cómo nunca había sucedido antes. Nuestras células guardan en sus genes toda la biblioteca de la vida desde el origen de los tiempos. Hace un millón de años se produjo una mutación genética que triplicó la capacidad de nuestro cerebro, aquel “error” que habría tenido que matarnos, nos abrió un nuevo mundo de posibilidades. Las teorías evolutivas nos cuentan que estas mutaciones se producen bajo presiones extremas, cuando la vida necesita para su continuidad una capacidad o un entendimiento mayor. Si ocurrió, volverá a ocurrir de nuevo o nuestro destino será el de los Neanderthales. Elijo creer en la posibilidad de la continuidad, la evolución y la supervivencia y que lo mejor de nosotros, la belleza de que somos capaces, no esté ausente del proceso.
Sigo aquí escribiendo estas palabras, en una línea invisible que me mantiene unida a los aciertos y errores de mi madre, de mi abuela Florencia y de todas mis tatarabuelas. Soy el resultado de todo lo que ha sucedido antes, nada sobra, lo bueno y lo malo me une a ellas y me reconcilia con la historia que me ha precedido y no siempre entiendo, lo que ellas hicieron, pensaron, sintieron, me sitúan en este momento en que he podido ver, contemplar, leer, aprender sentir, oír y emocionarme; desde el marques de Bradomín, a los versos de Neruda, Witman, Thoreau, o José Hierro. Desde las melodías antiguas de los tiempos medievales a los conciertos de Bach, Mozart o Rachmaninoff,...a todo lo que ya forma parte de mi y de ellas que llegaron antes y de quienes vendrán después. Dicen los científicos, que el ADN mitocondrial se transmite por vía materna y que es nuestra herencia más antigua, de su mano podemos descubrir nuestro origen, pero no nuestro destino. Los brazos amorosos o esquivos de todas nuestras madres nos acunaron hasta este lugar y punto preciso. Todo cuanto nos rodea resuena y vibra y está lleno de conocimiento en espera de que adquiramos la capacidad de reconocer su existencia.
Mientras tanto seguiré contemplando con aprensión, esa línea negra y sinuosa del asfalto, tan difícil de atravesar y peligrosa para linces, erizos y camaleones, y para mi, que soy una de ellos. Seguiré contemplando las estrellas pensando cuan lejanas e inalcanzables están, lucharé un día más por la supervivencia como el resto de habitantes de la tierra y me sumiré en absurdas disquisiciones de posturas partidistas, todas engañosas, de campañas preelectorales. Y al igual que los niños aprenden jugando, volveré a mi origen y encontraré la lámpara de Aladino sumergiéndome en los vientos de la existencia, sintiendo que no hay cielos a los que llegar pues siempre anduvimos navegando por sus extremos, tan repletos de conciencia como cualquier otro lugar; ni infiernos a los que temer, pues somos artífices de todos ellos. Intentaré recordar quién soy, ni tan sola, ni tan distinta, ni tan alejada de las estrellas, ni tan a merced de los vientos. Siendo parte de esta humanidad trágica y épica que desconoce hogar y puerto, hasta que en su próxima inspiración el universo nos retraiga a un punto de energía, luminosidad y gravedad de catástrofe infinita y perfecta. |