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-MOLINO DE PAPEL-
LUNA LLENA
Cuentos y relatos globales. 17.03.24 
“De tus manos a tus pies” -Era su lema-
Escribe Walter Pimienta.- El lunes había amanecido tibio y sin lluvia. Como cada mañana, el pito del bus intermunicipal me avisaba que ya casi partía y que me apurara o llegaría tarde al colegio. En tal tiempo yo vivía en San José de Puerto Alegre (Ponedera) y hacía de maestro en Barranquilla.
Me despido de Rubiela, ya habíamos desayunado. Tomo mi maletín lleno de libros, sobo las cabeza de mis perras como una caricia y salgo.
Llego a la esquina y el bus que viene es el que manejaba Ricardo. Trae los habituales pasajeros de siempre: los de las 6:30 A.M.
El bus sentencia su partida con un pitazo largo que se escucha en todo el pueblo. Es la costumbre.
El bus se detiene, lo tomo. Saludo con los buenos días y miro a los ocupantes. Ubico un asiento y en este me acomodo.
Dije que conmigo no viene en el mismo bus ningún extraño y es cierto; reparé en todos los ocupantes y allí estaban, uno por uno, los frecuentes…Y entre nosotros, como ya le era costumbre, viaja “la Mancauña”, una lunática que por tema recurrente y reiterado se desplaza de manera frecuente a Barranquilla a hacer de pedicurista a domicilio y, al parecer y a su decir, con clientela propia.
Esnilda, que así se llama “la Mancauña”, lleva un maletín donde porta sus herramientas de trabajo y, vestida a cuadros, parece una ejecutiva. Ella es epiléptica y por la consideración que los conductores le tienen, la llevan gratis. Nunca paga pasaje.

¿Qué por qué a Esnilda todos en San José de Puerto Alegre la llaman “la Mancauña”? Porque en un genial juego de palabras, alguien que desconocía el mal que afectaba a la aludida, desacertado la llamó para pedirle un servicio y a esta, en pleno ejercicio, le sobrevino un ataque con el alicate en la mano y, en los espasmos de su sufrimiento, con los ojos volteados y botando espuma por la boca, antes de caer desmayada al piso, agitando sin control la cortante pinza,  le produjo una herida en un dedo dejándolo vendado y manco por varios días.
De ahí en adelante tiene cabida en la sociedad de San José de Puerto Alegre (Ponedera), tan ocurrente sobrenombre aquí citado: “La Mancauña”, que ha recorrido de bus en bus en bus y en cada d pasajero que la conoce “su fama” en el milagro y la fecha de que sea otro quien, y no uno, quien le ponga los pies en demanda de sus quehacer.
El hecho antes explicado, ha servido para que, entre “la Mancauña” y los ponederenses se establezcan distancias de ocupación, motivo por el cual, dada la usencia de clientes locales, ella se desplace cada día a la ciudad en búsqueda de desprevenidos usuarios que, ajenos al sufrimiento de Esnilda, quién sabe qué surte han corrido al ponerles los pies sobreviniéndole a esta, en ese momento, su involuntario e inesperado síndrome compulsivo.
…Pero desencadenemos la historia y deslicemos el cuento diciendo que con “la Mancauña”, nadie en el bus compartía puesto por el miedo a su intempestivo desmayo y ninguno quería “ganarse ese premio”.
El caso es que se tiene por cierto en la conciencia popular, la relación entre la luna y las crisis epilépticas de quienes sufren el mal postulado desde tiempos inmemoriales, hasta el punto de que los babilonios apostaban al caso como muy real esclareciendo que todo tenía que ver con las horas de sueños que nos damos…Y que iba a saber la pobre Esnilda de esto… Ella sabía sí, del rechazo que le hacían los pasajeros y esto le molestaba, contrariedad que, mirando a todos, a voz en cuello, la llevaba a decir:
-¡Pa jodelos! ¡Eche! Uno tiene derecho a privarse cuando le dé la gana. Lo que pasa es que el perfume, por la mañana, me cae mal…Y ahorita dicen que estoy preñá.
…Y risa era total señores con este remate de la personaje.
-¡Vayan al carajo!
Esnilda no falla en el bus de la 6: 30 A.M., y en este termina de arreglarse. Se peina, se retoca el maquillaje y se pinta los labios porque pedicurista que se respete y que lo sea, también debe parecerlo.
Y sin más objeciones a lo que dijera, agrega:
-No todos los días uno se priva.
Y coge el fresco de la ventanilla deshilachando su mirada en el paisaje.
Ricardo le mamagallo a Esnilda, le gusta hacerla hablar y para picarla, le suelta esta:
-¿Se habrá bañado?
Esnilda sabe que es con ella el asunto y le responde:
-¡Uf! Desde temprano y me alisto como si fuera domingo.
-¿Y no se irá a privar hoy?- preguntó un pasajero.
Y Ricardo le contesta:
-Depende de la fecha.
Esnilda, atenta a todo, ya va incómoda. Lo oye todo e iracunda dice sin discriminación:
-¡La tuya es la que se va a privá!
-No debe faltarle mucho- sondeó el pasajero.
-Ya poco- indicó Ricardo.
Esnilda no ha caído en la cuenta de que va haciendo las delicias de los viajantes y sin más, inocente con esto asesta:
-¡No jodaaa que ya les he dicho que me privo cuando me de la puerca gana- Y añadió: Qué vaina , ahora uno no se puede privar tranquila… verse visto.
De pronto, Ricardo, por el espejo retrovisor me mira, se sonríe, me pica el ojo (señal segura de que le siga la corriente) y buscando que Esnilda le escuche, se dirige a mí diciendo:
-¿Profe, qué fase de la Luna es hoy?
“La Mancauña” para el oído, me mira y espera mi respuesta.
Ricardo, haciéndose el medio desinformado se me adelanta y dice:
-Luna Nueva, Cuarto Creciente, Cuarto Menguante…tengo la duda.
Miro a Esnilda, parece estar en vacío. Se veía tétrica.
Le interesaba saber mi respuesta.
Era un sacrilegio lo que iba a decir pero, para continuar con la mamadera de gallo, ante la insistencia de Ricardo inquiriendo:
-Profe, no me ha dicho: Menguante, Creciente… no sé. Usted sabe… es profesor.
Todos habían agarrado la onda.
Se oye una voz que dice:
-Le faltan horas.
-Diga, profe, diga- insistió Ricardo.
-Mañana es Luna Llena- contesté.
Esnilda, de súbito, se paró de su asiento, se agarra del pasamano del techo, mira a todos y lanza su hasta ese momento callado y lastimero pesar:
-¡Andaaa…profe, entonces mañana me privo! ¡Qué vaina!
La risa no se hizo esperar.
Ricardo paró el bus para poder reírse.
“La Mancauña” - me contó una amiga hace poco- ya no sale a la calle y la cuidan sus familiares robándole en cada Luna Llena unos años más a este siglo en medio de sus epilépticos y estrepitosos acontecimientos…
Salud para ella.

Walter Pimienta

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