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Seres humanos | | Eduardo Saez Maldonado. 18.01.24 | | "Entonces el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra, y sopló en su nariz el aliento de vida; y fue el hombre un ser viviente." (Génesis, 2:7)El preocupante vertido de plásticos en forma de pequeños gránulos que se ha producido estos días en las costas del noroeste peninsular ha ocupado todos los medios de comunicación. Resulta que el consejero de temas del mar de la Junta de Galicia afirma que los plásticos que, eventualmente, comemos "entran por donde entran y salen por donde salen" (1). Más allá de poner de manifiesto el lamentable nivel de algunos de nuestros gobernantes, de alguna manera el consejero tiene razón en el sentido de que comerse unos cuantos gránulos de plástico no te va a matar de inmediato (como tampoco te mata fumarte un cigarrito) pero incluir en la dieta, aunque sea involuntariamente, una cantidad determinada de microplásticos es, a la larga, un perjuicio para nuestra salud, y si todo el mundo se entera podría derivar en una bajada de venta de pescado, que es lo único que parece importarle al consejero. Lo que pasa es que no sólo nos afecta a nosotros, sino que también perjudica la salud del resto de animales que los ingieren y la de los ecosistemas en general. Y les afecta de forma muy seria, lo que va mucho más allá de este episodio concreto evidenciando la arrogancia suicida de nuestra sociedad (2). Veamos. | Más allá de este lamentable episodio gallego, debemos ser conscientes de que el consumo de plásticos que mantenemos (cuyas mil variedades se fabrican a partir de las pequeñas bolitas que ahora inundan las platas gallegas), y la lamentable gestión que hacemos de ellos cuando ya no los necesitamos, han provocado que el mundo esté invadido de pequeños fragmentos plásticos (3). Los fragmentos son cada vez más pequeños a medida que se van deteriorando de manera que, al llegar a tamaños microscópicos, empiezan a afectar a la salud de los animales que, sin advertirlo, los ingerimos. Y la afección no se limita a aspectos mecánicos, abrasivos etc, sino que influye también a nivel fisiológico (4). Los plásticos, además, son un producto derivado del petróleo que, por otra parte, inició el declive en su producción en 2018 y lo esperable es que su producción continúe disminuyendo paulatinamente. Esta evidencia, más allá de suponer un gravísimo e ignorado problema en cuanto a nuestra disponibilidad energética futura (que no hablamos hoy de eso) también pondrá en entredicho nuestra disponibilidad futura de plásticos en una sociedad que basa sus cimientos en el crecimiento perpetuo.
Y la contaminación por plásticos, que es a lo que vamos, no es la única, claro. Los desechos industriales de todo tipo están contaminándolo todo. Sin ir más lejos, los gases de efecto invernadero que emitimos alegremente están provocando un incierto aunque evidente Cambio Climático. Los residuos radiactivos que echábamos antes a las fosas marinas encerrados en bidones de hormigón y ahora "custodiamos" en acogedores "cementerios nucleares" seguirán emitiendo su letal radiactividad durante miles y miles de años. Los pesticidas utilizados para matar todo tipo de bichos y plantas (nuestra afición favorita) están produciendo daños irreversibles en los ecosistemas (de los que formamos parte aunque no nos queramos enterar) y, de paso, en nuestra salud. Los fertilizantes sintéticos, por su parte, están abonando no sólo nuestros cultivos sino todos los sumideros (en general aguas) que acaban por recogerlos produciendo un crecimiento sin control de organismos unicelulares oportunistas que acaban eutrofizando (desestructurando por exceso de materia orgánica) completamente los ecosistemas acuáticos y llevándolos al colapso como ha pasado, por ejemplo, en el Mar Menor (5). No nos queda un metro de superficie del planeta sin contaminar por gases diversos, por compuestos químicos disueltos, por microplásticos dispersos de todo tipo o por pedazos de camisetas del Barsa. El basurero tiene ya dimensiones planetarias. Incluso el espacio está lleno de infinidad de satélites (basura espacial, lo llamamos) que siguen orbitando años después de dejar de funcionar porque nadie ha pensado en hacer algo con ellos al final de su vida útil.
Y es que, como vemos, el vertido y acumulación de microplásticos no es más que uno de los muchos problemas que nuestra sociedad capitalista neoliberal (basada en un crecimiento desquiciado consecuencia de que el único criterio a seguir sea la competitividad extrema y la maximización del beneficio económico) genera espontánea e irresponsablemente. Y de seguir así llegaremos a un colapso global de origen múltiple, climático y energético por supuesto, pero también ecológico ya que, aunque no queramos aceptarlo, somos parte del ecosistema de la tierra, y necesitamos que Gaia se mantenga mínimamente estructurada y estable para poder sobrevivir dado que, por muy tecnológicos que seamos, seguimos necesitando agua, aire y alimentos limpios para sobrevivir. Los ladrillos no se comen; ni los i-phone.
Pero nos hemos olvidados de quiénes somos: animales formando parte de los ecosistemas de un planeta (el único que tenemos) que está ya desbordado por nuestro arrogante, desenfrenado y suicida empuje. Pero no hace tanto que lo hemos olvidado. Si rememoramos nuestros orígenes culturales revisando, por ejemplo, el origen etimológico de ciertas palabras, nos encontramos que éstas, a menudo, nos informan de aspectos interesantes de su significado que quizás habíamos olvidado pero que, en ocasiones, conviene recordar. Así, si buceamos un poco en el origen de la palabra "humano" nos encontramos que se deriva del latín "humus" (tierra) acompañado del sufijo "anus" que se refiere a pertenencia u origen. La palabra humano, pues, significa literalmente "perteneciente a la tierra", lo que no deja de ser curioso porque lo hemos olvidado por completo. Pertenecemos, como el resto de especies que habitan el planeta, a la Tierra. Venimos de ella. Somos tierra. Pero esto, ya digo, lo hemos olvidado recientemente con nuestra irresponsable ceguera tecnológica, porque el latín es una lengua con más de dos mil años. Y la tradición ancestral que derivó en la escritura de La Biblia, algunos miles de años antes del latín, también lo tenía en mente cuando describía la creación de nuestra especie como se puede comprobar en la cita del Génesis que encabeza este escrito.
Nuestra existencia biológica es la de una especie más, integrada en (y necesitada de) el entramado de relaciones que conforman los ecosistemas y, en definitiva, el gran ecosistema planetario, la Tierra, que en tanto que tal, algunos llaman Gaia (6). Y olvidarnos conscientemente de esto, que es evidente por mucho que cerremos los ojos y reneguemos de nuestra esencia, nos aleja cada vez más de los equilibrios ecológicos ancestrales que nos mantienen vivos. Nosotros sabremos...
Pero no, claro. Nosotros no sabemos. No sabemos ni de dónde venimos, ni quiénes somos ni a dónde vamos. Ni nos importa. Sólo sabemos crecer y crecer y crecer en una carrera desenfrenada que no nos puede llevar más que a la autodestrucción.
Una carrera inhumana, es decir, desligada de nuestra atávica e ineludible pertenencia a la Tierra.
Eduardo Sáez Maldonado
(1) https://www.ondacero.es/noticias/medio-ambiente/conselleiro-mar-comer-accidentalmente-algun-plastico-entran-donde-entran-salen-donde-salen_20240110659ed73d67d53e0001df8b77.html
(2) https://www.elsaltodiario.com/paradoja-jevons-ciencia-poder/microplasticos-costas-gallegas?fbclid=IwAR1OIFgZ1s6cqI3ipREqtivTwIY63L_INkVM488V-XlsryRUdyFoqkiJtNw
(3) https://www.europapress.es/esandalucia/almeria/noticia-investigadores-detectan-primera-vez-microplasticos-cuerpo-abejas-20210315114812.html
(4) https://www.uab.cat/web/sala-de-prensa/detalle-noticia/observan-por-primera-vez-danos-geneticos-y-fisiologicos-provocados-por-nanoplasticos-en-mejillones-1345667994339.html?noticiaid=1345768610690
(5) https://www.nationalgeographic.com.es/ciencia/desastre-mar-menor-historia-colapso-ambiental-que-pudo-haberse-evitado_17247
(6) https://www.cartagena.es/detalle_noticias.asp?id=63622 |
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