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-MOLINO DE  PAPEL- Porque el  mundo está  lleno  de  historias
EL GALLO DE JUANCHO EN LA MISA DE GALLO (Tema navideño)
Cuentos y relatos globales. 24.12.23 
*Era aquel un gallo que nació para que Dios, agradecido, le oyera su canto…
Escribe; Walter E. Pimienta Jiménez.- Era Juancho Tejera, el gallero, quien en la misa de gallo, llevaba su gallo de color giro, manso, de buena cría y estampa y que, puesto allí, en el portal de Belén que la “Niña Ramona” hacía con cartulinas y papeles brillantes, en medio de la Virgen Madre, de San José y el Niño Dios, cantaba y cantaba diciendo al mundo, a las doce de una hora que aún es noche y también comienza el día, avisaba con su potente clarín que el Rey de los Cielos acababa de nacer…Esa era su misión, para eso había nacido…para que Dios, agradecido, le oyera su canto…
El gallo de Juancho cantaba en el pesebre y doy fe que las ovejas de pasta, presentes en el bíblico establo, se asustaban, no tanto así el rumiante buey que con su vaho caliente daba calor al cuerpecillo tembloroso del recién nacido. Los camellos, ni se inmutaban, venían de muy lejos, habían atravesado el desierto, venían sedientos, arribaban procedentes de oriente siguiendo con sus cabalgaduras una estrellas como guía… Pero el gallo de Juancho, no venía de ninguna parte; él lo traía de su casa, era cantarín y hacía vibrar el aire de la noche fresca con su trompetazo de fiesta y, aquel 24 de diciembre, que yo lo vi, estuvo, como siempre, atento a su oficio de ser el primer ser viviente que en la tierra anunciara al orbe la buena nueva de tan esplendoroso día.
Una  cresta roja, muy roja, coronaba la altiva cabeza del gallo de Juancho,  y tenía este,  su  gallo,  un plumaje de oro y negro del que hacía gala y unas espuelas de fino rigor y muerte…Otros gallos en el pueblo, igual cantaban; pero este, el de  Juancho,  era el mejor…conducía con su canto el alba  y la noche, cantar con el  que  regulaba el día expulsando fúnebres demonios y la mala hora…Parecía una réplica del que, para tan feliz ocasión, estuvo en Belén y era de aquel pueblo su reloj de medianoche…

El gallo de Juancho, el de la misa de gallo, no tenía comparación. No todo gallo canta en una iglesia llena de gente…

Según Juancho, su gallo siempre cantaba a las 12 en punto de la noche, luego, a las tres de la madrugada y después por 51 veces a las cinco de la mañana despertando labradores que sabían ya era hora de dejar el sueño y de agarrar el machete y  que  después del primer café, en burro partían a la labranza. Mientras otros,  con su canto  ordeñaban  temprano la vaca que daba su leche para el desayuno. Y con su canto se atizaba el fogón de la cocina y se ponían a cocinar los bollos y a fritar las arepas. Y con su canto los tres policías del pueblo: Julio, Berrocal y Pérez, desganados, hacían el cambio de guardia…Qué puntual e inequívoco era el gallo de Juancho…

Juancho  estimaba tanto a su gallo  que luego de haber ganado con él 23 peleas,  nunca echó mano del bonito emplumado para torcerle el pescuezo, darle triste muerte…No, nunca esto fue…nunca, porque el tiempo lo necesitaba para reloj de la aldea hasta que Dios, quien le diera aquel portento, quien le regalara tal virtud, se lo llevara al cielo a fin de que allá despertara a algunos ángeles y santos un poco dormilones…

…Y así, como lo he dicho, conocí al afinado giro de Juancho, vivo y fiel a su misión de sonar su instrumento de canto desafiante y enamorador de las hembras de su especie, tan pronto era cumplida la hora de la Nochebuena…Y lo hacía como era su deber no obstante la actitud de desagrado que el padre Feliciano Hernández, ya viejo, manifestaba por las gallináceas pues le  al volvían a activar la alergia urticante que de joven le daban los pájaros y, por supuesto, los gallos finos, bravucones, fanfarrones y jactanciosos…

Mientras transcurrían las horas del 24, el gallo de Juancho parecía entender que su dueño le llevaría a la iglesia y en ese lapso de tiempo no cantaba y se preparaba para el momento: le daban 25 granos de maíz y 25 tragos de agua bendita y, con diciembre metido por dentro, apoyado en una estaca en forma de letra “T” mayúscula, oscilaba como meditando su canción de gloria y bienaventuranza…

Llegado el momento, Juancho ponía su gallo en un rincón del pesebre;  allí, este, picaba la arena que ornamentaba al inventado establo. Se le veía dispuesto. Caminaba presumido y de lado y no cantaba hasta tanto el tiempo del cronómetro del sistema pendular que tenía en las entrañas, se lo dijera…Se le veía en calma, disfrutaba del momento. No se retrasaría ni se adelantaría un segundo…

…Y he aquí que a las 12 en punto de la Nochebuena, la sorpresa de los presentes en la misa no conocía límites y la vida tenía vida y la gente se santiguaba sintiendo al Dios nacido en el lugar…

Por espacio de tres veces consecutivas; una en el nombre del Padre, otra en nombre del Hijo y la tercera en nombre del Espíritu Santo, el gallo de Juancho cantaba…¿Cómo ocurría aquello? Ni Juancho ni nadie ni el padre Hernández lo sabía. Era algo milagroso, sobrenatural y asombroso. El amanecer lo hacía suyo y entonces ya el gallo de Juancho dejaba de ser el gallo de Juancho, era el gallo de Belén, el que soltaba para el Niño Dios sus mejores clarinadas.

En nuestros humildes y pobres pesebres de antes, hechos con cartones, papeles de colores, piedras, pajas secas, espejos simulando lagos, ovejas de pasta sin lana, pastores de rostros viejos, camellos sin aliento, ángeles sencillos y una estrella resplandeciente de papel dorado como el papel en que venían envueltas las arranca muelas, lo mismo que en el pesebre de Belén ocurriría, amanecía cada 25 de diciembre con el infaltable canto del gallo giro de Juancho, y, en él, siempre, siempre había ovejas y un buey y un burro y una mula; pero nunca faltaba el gallo de Juancho rompiendo el silencio de la misa de Navidad en el misterio inefable de su grato canto, fábula de la aurora, milagro y esencia del alumbramiento que diera principio y fuente al dogma central de la naturaleza de Dios: la Santísima Trinidad, prodigio y maravilla que entre oraciones y cantos, a los cuatro vientos, en mi pueblo, tras su batir de alas, anunciaba el gallo de Juancho…

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Nota: Si quiere, pulse este enlace y escuche…
https://youtu.be/wlI0Y6sbwNI
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