
Hoy tengo 56 años. Me he pasado la mayor parte de mi vida trabajando con ordenadores y me defiendo bien con las nuevas tecnologías y las redes sociales. El 99% de las operaciones bancarias las hago desde mi móvil y para el resto me pongo en contacto con el call center.
Pero dentro de unos años puede que no sea así. Seguramente mi cabeza no tendrá la agilidad mental suficiente para saber qué me pide la voz del teléfono cuando me dice "Diga, o teclee, de uno en uno los dígitos de su identificador, omitiendo las letras".
Si he sufrido un ictus, y mi lengua ha quedado afectada, escucharé muy a menudo la locución "Lo siento. No le hemos entendido. Por favor, repita...". Pero por más que repita, no podré vocalizar mejor.
Cuando mis pensamientos y mi mente se ralenticen, o mis dedos pierdan agilidad, me encontraré en más de una ocasión con la sorpresa de que el programa de turno me echa por exceso de tiempo o inactividad, y tendré que comenzar de nuevo.