|
MOLINO DE PAPEL. Porque el mundo está lleno de historias Alfredo yo-yo
| | Cuentos y relatos globales. 18.06.23 | | Escribe; Walter Pimienta.- Alfredo transitaba silenciosamente de su casa a la plaza del pueblo. Lo hacía para, asomado a las ventanas de la cantina de “la Niña Sara”, ver a los fortuitos jugadores de billar, echar un chico. “Prohibida la entrada de menores de edad”- decía un cartel interno pegado en una pared y firmado por el alcalde Arturo Charris. Él, Alfredo, apenas tenía 14…era un pelangón… Alfredo, hijo de buenos modales, siempre fue itinerante entre el pueblo y Barranquilla y esto lo hacía un muchacho de costumbres de ciudad, pero que, en temporada de vacaciones escolares, le gustaba venir al pueblo, a casa de su abuelo, de donde era su mamá y tenía parientes con los cuales quedarse. A lo lejos, esa tarde, tipo dos, por una bocina montada sobre una camioneta que traía pintadas unas letras rojas en sus costados, una voz anunciaba con una bulla del otro mundo su presencia. El vehiculó iba rumbo a la plaza principal. El pueblo. Salió a ver. - ¡Traiga sus cinco tapas de Coca Cola premiadas con el logotipo de esta bebida y gánese un yo-yo profesional! ¡Coca Cola invita! ¡Coca Cola, deliciosa y refrescante! ¡Beba Coca Cola, estimulante! ! ¡Y venga, venga ya por su yo-yo profesional! Decía el de la camioneta… | A su lento paso, la camioneta de la Coca Cola era seguida por una bulliciosa muchachada atraída por el premio. Y la voz incitadora seguía diciendo.
-Atención! ¡Atención! ¡Coca Cola patrocina al ganador del baile de yo-yo y lo invita a una competencia local y luego a una regional y si gana esta, irá al campeonato mundial a realizarse en la China a fin de año con todos los gastos pagos! ¡“Salga, salga ya y traiga sus cinco checas premiadas y participe, ¡participe…Coca Cola lo invita!
Aquello, anunciado así, se volvió una momentánea fiesta.
Quienes tenían solo una tapa premiada, dos, tres, cuatro o ninguna, con tal de completar las cinco y así concursar, para ganarse un yo-yo profesional y viajar a la China, “jactos de Coca Cola”, por 15 días quedaron inapetentes agotando toda la existencia que, de la gaseosa en referencia, se vendía en la tienda cantina de “la Niña Sara”,
Alfredo se mostró interesado al escuchar lo anterior y también viviría la fiesta. Él vivía en el barrio San Felipe de Barranquilla, y en un concurso patrocinado en dicho sector por la misma firma, ocupó el segundo puesto y no el primero porque en plena competencia contra un muchacho del barrio El Bosque, a su yo-yo se le partió la pita. Aquello terminó en llanto. El premio era de $50 pesos; pero le compensaron sus sentidas lagrimas regalándole una caja de gaseosas. Dicen que se las bebió todas, un total de 30, y que por un mes quedó con dentera. Esa vez estuvo a un punto de ser el ganador. De los 12 pase oficiales que tiene el juego, hizo 11 y aquello, lo de la pita, le hizo perder lamentablemente.
Una larga mesa que tuvo la virtud de salir caminando quién sabe de dónde- dicen que la prestó Silvestre, vecino del lugar a cambio de 6 gaseosas- puesta detrás de la pared de la iglesia, sirvió de improvisada tarima. Sobre ella se haría el concurso. El organizador hizo una lista de 22 participantes que llamaría a la competencia por orden de anotación.
“El Cachaco de Isabelita”, al llamado chillón del anunciador, fue el primero en subir, de una caja de cartón que este abriera, sacó el yo-yo que dormía en un nido de algodones. Estaba pálido, como un retrato de cera. Temblaba. De los 12 pases oficiales hizo 5, la maquinilla giratoria tuvo un descenso casi muerto, perdió regreso y fue descalificado.
Ahora emerge la figura de “Caliche” … tenía cara de adulto contemporáneo y de ex monaguillo bebedor de vino de consagra a escondidas. Lanzó con fuerza el yo-yo, este golpeo contra la mesa y de una fue descalificado al contravenir la regla 3, dijo el director del concurso.
Ahora estaba encima de la mesa Modesto Olivares. Traía en la cara la bruma del tiempo recién venido de El Valle, donde estuvo cogiendo algodón, Le dieron el yo-yo, lo enrolló y procedió; dijo que haría el pase australiano, inventado por él, y luego de intentarlo tres veces, hasta allí llegó.
Otros participantes eliminados fueron: “Pinguillo”, a quien el yo-yo lo golpeó en la frente; el universo permanentemente le tendía estas celadas. Tito Rocha, a quien el animador le dijo:
- “Lo que està mal no hay que empeorarlo”. Saturnino, el de Rosa padilla, se excedió en el mismo pase, el del perrito. Y así, otros y otros resultaron descalificados sometidos a la patética ceremonia de un yo-yo profesional que, si les subía, no les bajaba; si les bajaba no les subía o que les bailaba en espiral.
Subió “el Tigrito”, hizo 11 pases de los 12 requeridos, pero fracaso al momento de ejecutar “el dormilón”.
Entre aplausos, encima de la mesa estaba Alfredo. Hizo “el mercurio”, “el “saturno” y “el júpiter”; hizo “la carretilla”, “el dormilón”, “el perrito”, “el vaquero”, “la carrucha”, “el platillo volador”; “la mosca elegante, haciendo girar el yo-yo sobre su cabeza”; hizo “la vuelta al mundo” y cerró con “el misil”.
Alfredo era un artista de la pita…Y fue el vencedor total y le dieron el gran yoyó profesional Russel rojo de letras blancas contramarcado por Coca Cola y dos cajas de la misma bebida, que él mandó a la casa de su abuelo con uno de sus fanáticos; además, un premio de $20 pesos en efectivo y unas franelas con la publicidad del producto…Increíble, el pueblo lo aplaudió 120 veces y ya lo hacía en la China.
Alfredo, bajo de la mesa, hizo una venia y seguido por la multitud, se fue a la tienda de “la Niña Sara”, se compró una sabrosa “cuca”, pedio una Kola Postobón para pasar el bocado y los de la Coca Cola, viéndolo en estas, lo eliminaron dizque por estar “haciéndole publicidad” a la competencia.
Alfredo se bebió toda la gaseosa, se paladeó los labios, miró a la gente, sonrió, eructó y contento se fue… |
|
| | <-Volver |
|
|