Nuevamente la familia “Los Pichones” inició en la víspera de los Reyes Magos un viaje de esperanza y amor hacia los demás. En esta ocasión esta gran familia llevó la magia de la Navidad a los enfermos de Alzheimer, que si bien tienen la suerte de contar con sus familias para cuidarlos y darles su cariño, son como niños grandes cargados de ilusión, a los pequeños más desfavorecidos que por circunstancias familiares este año no iban a recibir esos regalos navideños y a la Ciudad de los niños.
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En un día intenso desde el más pequeño al mayor recibieron el mejor regalo que nadie pueda recibir, la gratitud. Me contaba el pequeño Edgar como una niñita le acariciaba con un poco de miedo por tener al mismo Rey Baltasar tan cerquita, Sandra no pudo evitar derramar unas lágrimas cuando una abuelita se emocionó al recibir su visita y Mari Sol recibió en su mejilla el calor de la gratitud de los labios de un niño de catorce años que sin esperarlo, el helicóptero que se había pedido con muy poca fe para reyes se lo habían traído directamente a su hogar.
Nos decía Benedicto XVI en la celebración de la misa de la Epifanía del Señor que es necesario instaurar “un orden de desarrollo justo y durable, y que solo es posible con la adopción de un estilo de vida sobrio, acompañado de un compromiso serio por una distribución equitativa de las riquezas”, que “la moderación es una manera de salvar la humanidad” y por último que para lograr estos objetivos se hace necesario contar con “hombres de esperanza y valor” como el que tuvieron los Reyes Magos y a lo que añado yo, que como hoy en día siguen existiendo en familias como la de los Pichones y todos aquellos que por la zapatería se han ido acercando a lo largo de estos meses para llevarles alimentos, ropas, juguetes, etc. |