Si hacemos memoria el 23 de abril de 1986, el Rey D. Juan Carlos I pronunció un discurso ante el Parlamento británico, las Cámaras de los Lores y los Comunes reunidas. Muy pocos Jefes de Estado han tenido semejante privilegio; ningún Rey extranjero lo había tenido hasta ahora. Bastaría esto para darse cuenta del alcance de ese acto, para medir el prestigio que ha alcanzado en el mundo el Rey de España. Todo ello, bastante insólito, debería hacer que se reflexionara sobre su significación, y muy particularmente sobre las posibilidades españolas en el mundo. |
Fue ese discurso una presentación de España ante Europa; quiero decir de la nación española, del país como tal, no simplemente del Estado, del aparato político en un momento determinado. Creo que habría que remontarse a Carlos V para encontrar tan clara con-ciencia, tan decidida afirmación, mesurada, civilizada, sin ostentación ni jactancia, de la significación y la dignidad de España.
No recuerdo en este momento que ningún Jefe de Estado, ningún gobernante español, haya dado muestra tan cabal de comprensión e identificación con la realidad española; y no será fácil encontrar equivalentes en otros países. Me pregunto cuántos españoles tienen presente lo que el Rey ha dicho en el Parlamento de Londres, y lo que ello significa para todos nosotros como toma de posesión de lo que somos y como esperanza para el futuro. |