Escribe Walter Pimienta Jiménez.- Ahí está la pared, recargada de carteles. Alguien pasó y rasgó uno parcialmente pagado días atrás como si hubiese querido con su acción, hacer callar lo que este decía. Cartel y pared, pared y cartel, son otro decir de la ciudad, otra voz. El cartel de la llegada de un circo, el cartel del partido de fútbol profesional, el cartel de la corrida de toros, el del colegio anunciando apertura de matrículas para el otro año, el de la verbena de un barrio, el del bar con sus mujeres y sus luces y su música y otras cosas (¿?)…, el del político pidiendo votos, el del almacén y sus ofertas, el de quien vende una casa, el de la huelga del banco, el de la presentación de un cantante al que no se le va el gallo; el de la compañía de teatro estrenando una vieja obra, el del curso para aprender inglés en quince días, el de se arrienda una pensión sin mascota, el de la guardería para perros, el de vacúnese contra el COVID, el d Gloria al Concejo con su foto, el de afíliate ya a tui nueva EPS por 80 mil pesos mensuales, el del “Mero Macho” para que seas un toro, el del muerto de ayer y el del muerto de hoy…. y pare de contar… Es la vida cotidiana contada en letras fugaces para transeúntes que caminan lugares, como dice Piero. |
Ahí está la pared, cargada de historia. Sobre un anuncio, otro y otro y otro y otro…Alguien que hace parte del eslabón final de la cadena y del callejero oficio, portando un balde con engrudo, una brocha y un rollo de carteles bajo el brazo, ayudado por un niño, los pegó. Algunos, ya son historia de ayer, otros de la de hoy…y unos más, descoloridos por el sol, guardan los restos de un tiempo sin tiempo…Y unos y otros, anunciando sucesos y acontecimientos, permanecen porque… ahí esta la pared llena de carteles de ausencias y de presencias, de lugares: de presencias ausentes en el que dice: “Desaparecido”, y da el nombre de este, su dirección y su teléfono y muestra de él una foto, y la gente que lo lee suelta enseguida su: “me parece conocido”. Y en el de esotérica presencia anunciando que el indio Baudilio, le trae en un día al ser amado y compone matrimonios y uno más informa en qué lugar de este mundo nos venden una Burger Set especial con un descuento del 20% Paredes de casas viejas y deshabitadas, están por ahí para ser portavoces de cualquier anuncio; lo hacen en silencio, anónimas…para volverse, en el eventual momento, periódicos públicos, formas de espacio y tiempo que algún día será palada de escombros, muerte de ladrillo y cemento donde alguien, un lejano día, escribió “PROHIBIDO PEGAR AVISOS”… proclama de papel y tinta a la que nadie hizo caso en el imperativo de una verdad que se leía cual red social sin internet… Ahí está la pared, resistente al uso corriente de la gente de la esquina: carteles de brujo, carteles de cantantes, carteles de circo, carteles de moteles…Dibujos de una ciudad que refunfuña y los arranca porque nos es grato al oído su rasgar y porque la pared, como el papel mismo, todo lo soporta…La corruptible foto de las mujeres del bar y la foto de llanto del niño pobre sin pan… Ahí está la pared, cartel de papel con retorica de huelguistas, manipulación de politiqueros, lengua ordinaria de “malparidos”, ardid de pirámides para hacernos ricos en menos de lo que canta un gallo, lenguaje perspicaz de las casas de cita… Ahí está la pared, ritmo cantado en baile de carnaval, oración de Semana Santa resistente al pecado; escritura de contacto en “Empleo sí hay…traiga su hoja de vida”… Ahí está la pared, silencio a gritos en lenguaje de calle al decir “!Abajo el mal gobierno!”… A veces el mundo ignora las paredes…Ignora que “estas viven” cuando el cartel es un potencial de noticias, o cuando mueren en el martillo que las golpea y las derrumba y el mundo no sabe más de carteles de muertos y, en el desasosiego de las letras, se vuelven papel de un muerto al que después del sepelio que hay que olvidar…Pared y cartel, cartel y pared , una soledad de esquina. Papel que un borracho arrancará en el lloro rabioso de la última copa y la última moneda… Ahí esta la pared, punto en común que narra a la ciudad, que pinta lo que somos con diferentes tintes…Ironía semiótica de “se busca un perro” y no el aviso de “ se busca a un viejo perdido”… Ahí esta la vieja pared, ladrillo y carteles para pensar…muro de piedra con voz propia, espacio público o no de lo inconforme y, a la par, anuncio del salón de belleza…La pared, voz colectiva del espacio urbano…Palabras de papel en las paredes, anuncio breve de todo un acontecimiento, catarsis a muchas preguntas: quién vende, quién compra, quién se murió, circunstancia salvadora de lo leí un cartel…Pared novela que dice de la ciudad, en lenguaje de mural, la externa correspondencia con una realidad inmediata y minuciosa, esa en que se mueve la urbe; revelación motivadora de actos, creación de visones, vida emocional de un pueblo; referente de una forma de periodismo sin convenciones porque la pared y sus carteles, acusan, aplauden, afirman, niegan, recuerdan…hasta el punto de que en la oscuridad de la noche, se pegan si son represivos o subversivos y entonces, al paso de la gente, al otro día más de uno, por lo leído, lleva cara de perturbación a causa de las letras elaboradas que pegadas en las paredes, sin hablar, hablan alguna verdad…La pared no es responsable de nada, absurdo decirlo. Verdades y mentiras se dicen en cualquier parte …Ella es una rara especie de comunicación muda, que no circula si no que se le lee y que mientras existan paredes, tiene licencia indefinida… Y cómo es de divertido que encima de un cartel venga otro y otro y otro cartel … oficio de “pegadores” que, teniendo el mismo trabajo, poniéndose los ojos en blanco, no parecen pájaros del mismo nido.
El látigo de los carteles en las paredes que hablan contra los corruptos, es de papel… papel que el mismo corrupto arranca desconociendo que de la dura verdad callejera, algo queda porque …Ahí está la pared…
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